domingo, 31 de enero de 2010

Instala Estados Unidos una de sus cárceles secretas frente a costas de Haití

En momentos en que numerosos líderes latinoamericanos califican de invasión y de ocupación disfrazada de ayuda humanitaria el despliegue en Haití de más 10 000 soldados estadounidenses, nuevas interrogantes se abren con la llegada del USS Bataan ante las costas haitianas.

Durante los últimos años, el mencionado navío de la marina de guerra estadounidense había sido convertido en prisión secreta flotante, como denunció el diario The Guardian.

Originalmente concebidas para el transporte de tropas de desembarco, sus bodegas de fondo plano fueron remodeladas con la instalación de jaulas y los detenidos en ese navío son sometidos a los mismos experimentos que en la base naval estadounidense de Guantánamo.

Después de haber negado durante mucho tiempo esa realidad, el Pentágono acabó por admitir que el USS Bataan fue efectivamente utilizado como cárcel flotante en diciembre de 2001, agregando que había vuelto a su uso normal desde enero de 2002. Sin embargo, numerosos especialistas desmienten esas declaraciones y estiman que el USS Bataan sigue siendo utilizado actualmente como prisión fuera de las fronteras estadounidenses.

Parece imposible que los prisioneros hayan podido ser trasladados después del terremoto registrado en Haití y que el USS Bataan haya sido sometido a la nueva remodelación que sería indispensable para utilizarlo nuevamente como transporte de tropas.

Gasto militar de Estados Unidos en Haití es más del triple de lo que se destina a asistencia para el gobierno haitiano

La agencia de noticias Associated Press informó que el gobierno de Haití está recibiendo menos de un centavo por cada dólar que Estados Unidos gasta en los esfuerzos de ayuda para ese país.
Treinta y tres centavos de cada dólar son destinados a la asistencia militar de Estados Unidos, más del triple de los nueve centavos por dólar que se gastan en alimentos.
Apenas dos semanas después que el presidente Obama anunciara una ayuda inicial de 100 millones de dólares a Haití, el costo del gobierno de EE.UU. frente a la catástrofe se triplicó a 317 millones de dólares, de acuerdo con el último recuento.
De cada dólar de EE.UU. envió a Haití, 40 centavos van a las fuerzas militares de EE.UU. en el país destinado a la seguridad, los trabajadores de rescate y el buque hospital USNS Comfort.
Otros 36 centavos van a financiar el alivio de desastres, que incluyen generadores y kits de higiene.
La entrega de alimentos a Haití -que incluye el pago del flete, camiones, centros de distribución y de los trabajadores implicados- cuesta 10,5 centavos por cada dólar.
Arrestan a 10 estadounidenses por llevarse 33 niños de Haití
Diez ciudadanos estadounidenses fueron arrestados por la policía de Haití mientras, en el caos posterior al terremoto, estaban buscando sacar del país a 33 niños para meterlos en un posible circuito de adopciones ilegales. Según informaron las autoridades este sábado, el grupo, integrado por cinco hombres y cinco mujeres, fue interceptado en la noche del viernes en Malpasse, el principal paso de la frontera de Haití con República Dominicana.

Los estadounidenses no tenían documentación que pudiese certificar que por los 33 niños, de entre 2 y 12 años, se había iniciado un proceso regular de adopción. Una de las arrestadas dijo integrar una organización llamada “New Life Children’s Refuge”, con sede en el estado norteamericano de Idaho, y negó haber cometido algún delito.

El ministro haitiano para Asuntos Sociales, Yves Cristalin, expresó por su parte que el hecho “está absolutamente fuera de la ley”.

“Ningún niño haitiano puede dejar Haití sin una autorización regular y estas personas no tenían autorizaciones”, precisó. Después del terremoto del 12 de enero, las autoridades bloquearon gran parte de las adopciones para evitar que algunos niños fueran llevados fuera de país en modo irregular.

Tomados de CUBADEBATE

sábado, 30 de enero de 2010

Amy Goodman: Dejen entrar a los haitianos

Jean Montrevil fue esposado, encarcelado y estuvo a punto de ser enviado a Haití. Era 6 de enero, apenas días antes del terremoto que devastaría Haití, la nación más pobre del Hemisferio Occidental. Montrevil llegó a Estados Unidos con un permiso de residencia en 1986, cuando tenía 17 años. Hace veinte años, cuando aún era adolescente, fue procesado por posesión de cocaína y enviado a prisión por 11 años. Tras ser liberado se casó con una ciudadana estadounidense y tiene cuatro hijos que también son ciudadanos estadounidenses, es dueño de una empresa, paga impuestos y es residente legal y permanente. Además es un activista muy respetado de la comunidad haitiana de Nueva York. Pero debido a su procesamiento previo estaba en un programa de supervisión de inmigración que le exigía presentarse ante un funcionario de inmigración cada dos semanas. El 30 de diciembre, durante su visita de supervisión habitual, fue detenido y se le dijo que sería deportado a Haití. Un hombre detenido que sería enviado a Haití junto a él tenía fiebre. La enfermedad del hombre impidió el vuelo, y luego sucedió el terremoto.

El escalofriante número de muertes a raíz del terremoto del 12 de enero en Haití continúa en aumento. La mayoría de los esfuerzos de rescatar personas de los escombros han finalizado. Más de 150.000 personas fueron enterradas, algunas en tumbas improvisadas cerca de las ruinas de las casas donde murieron, pero muchas en tumbas sin marcar, fosas comunes en Titanyen, el lugar donde se produjeron varias masacres durante dictaduras y golpes de Estado previos. Más de un millón de personas están sin hogar, de una población total de 9 millones de habitantes en Haití. El hedor de los cuerpos en descomposición aún es penetrante en la capital del país, Puerto Príncipe, al igual que en las localidades periféricas, que a dos semanas del terremoto vieron llegar poca ayuda del exterior. Fue doloroso ver la ayuda amontonada en el aeropuerto. Los haitianos la necesitan ahora. Repasemos la escena en el aerpouerto, donde vi contenedores con miles de botellas de agua Aquafina allí.

AMY GOODMAN: ¿Hacia donde llevan el agua?

TRABAJADOR HAITIANO: A la Embajada de Estados Unidos.

AMY GOODMAN: A la Embajada de Estados Unidos.

TRABAJADOR HAITIANO: Sí señora.

AMY GOODMAN: Mucha gente ha estado preguntando donde está el agua para el pueblo? Hay miles y miles de botellas.

TRABAJADOR HAITIANO: No lo sé.

Así es, el trabajador me dijo que está llevando el agua a la Embajada de Estados Unidos. Una de las principales fuentes de ingreso nacional en Haití es el flujo de remesas de la diáspora haitiana, cuyo efectivo, enviado mediante transferencias a familiares en Haití, equivale a un tercio del producto nacional bruto del país. Durante años, luego de haber sufrido cuatro grandes huracanes e inundaciones, la comunidad haitiana simplemente ha pedido ser tratada igual que los nicaragüenses, los hondureños y los salvadoreños en circunstancias similares, recibir el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés). El TPS permite a la gente permanecer en Estados Unidos y trabajar legalmente en épocas de conflicto armado o desastre natural, y es parte muy importante de cualquier política humanitaria. Finalmente, luego de la fuerte presión popular que hubo tras el terremoto, el gobierno de Estados Unidos extendió el beneficio del Estatus de Protección Temporal, o TPS, a los haitianos.

Pero el TPS no es suficiente. Se debe permitir el ingreso de los haitianos a Estados Unidos legalmente, compasivamente y de inmediato. Visité hospitales y clínicas en Puerto Príncipe, donde miles de personas esperaban asistencia y se realizaban amputaciones utilizando ibuprofeno o Motrin como anestesia, en el mejor de los casos. La anestesia escasea. Ira Kurzban, un abogado de Miami que representó a Haití durante años, dice que Estados Unidos debe permitir el ingreso inmediato de quienes necesitan asistencia médica, que muy pocos heridos han sido llevados a Estados Unidos. Además, me dijo, Estados Unidos debería traer a mucha más gente de Haití, entre ellos a quienes tienen solicitudes aprobadas por sus familiares. Se trata de alrededor de 70.000 personas. Las solicitudes de estas personas han sido aprobadas, pero están en una lista de espera de varios años para mudarse a Estados Unidos. Kurzban comparó la voluntad y capacidad históricas de Estados Unidos de aceptar refugiados cubanos con lo que denomina una política de “contención” con Haití, que bloquea las costas a través de la Guardia Costera e impide que la gente salga de ese país hacia Estados Unidos. Lo primero que vi cuando viajé a Puerto Príncipe días después del terremoto fueron los patrulleros de la Guardia Costera. No estaban llevando ayuda, ni trasladando personas. Estaban impidiendo que los haitianos salieran de su país.

National Nurses United (NNU, por sus siglas en inglés), el mayor sindicato de enfermeras y enfermeros de Estados Unidos, tiene 12.000 miembros registrados dispuestos a viajar a Haití para ayudar, pero dicen que no pueden obtener ayuda del gobierno de Obama. Entonces llamaron al cineasta Michael Moore, quien me describió la situación de la siguiente manera: “Bueno, esto es bastante patético si tienen que llamarme a mí. Quiero decir, ¿son el sindicato de enfermeras más grande del país. Ustedes son, tengo entendido, uno de los vicepresidentes de la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), de la directiva de AFL-CIO, y no pueden ingresar un pedido en la Casa Blanca para lograr que 12.000 enfermeros vayan hasta ahí?”. NNU está procurando conseguir sponsors individuales a través de su sitio web.

Grupos de base y eclesiásticos de la Ciudad de Nueva York exigieron la libertad de Jean Montrevil, y fue liberado. Ese es el tipo de solidaridad que millones de haitianos que están sufriendo la mayor catástrofe de su historia necesitan ahora, tanto en Haití como en Estados Unidos.
© 2009 Amy Goodman
Democracy Now! en español

jueves, 28 de enero de 2010

Georg Lukacs :LEGALIDAD E ILEGALIDAD

La doctrina materialista, según la cual los hombres son producto de las circunstancias y la educación y que, por consiguiente, los hombres modificados son producto de otras circunstancias y de una educación modificada, olvida que son precisamente los hombres los que modifican las circunstancias y que el educador tiene necesidad de ser educado a en vez.
MARX, Tesis sobre Feuerbach


Para el estudio de la legalidad y la ilegalidad en la lucha de clases del proletariado, como de toda cuestión relativa a las formas de la acción, las motivaciones y las tendencias que se manifiestan son más importantes y más reveladoras que los hechos brutos. El simple hecho de que una fracción del movimiento obrero sea legal o ilegal depende, en efecto, de muchos «azares» históricos cuyo análisis no siempre permite deducir conclusiones de principio. - No hay partido, por oportunista y aun social-traidor que sea, que por las circunstancias no pueda ser constreñido a la ilegalidad. En cambio, se puede concebir perfectamente condiciones en las cuales el partido comunista más revolucionario y más enemigo de los compromisos pudiera temporalmente trabajar de manera casi completamente legal. Puesto que ese criterio distintivo no basta, hay que abordar el análisis de las motivaciones de una táctica legal o ilegal. Tampoco aquí debemos atenernos a la simple comprobación abstracta de los motivos subjetivamente considerados. Si la adhesión a toda costa a la legalidad es, en efecto, completamente característica de los oportunistas, se caería completamente en el error al atribuir mecánicamente a los partidos revolucionarios la voluntad contraria, a saber, la voluntad de la ilegalidad. En todo movimiento revolucionario hay ciertos períodos en que domina o, al menos, se afirma un cierto romanticismo de la ilegalidad. Pero ese romanticismo es claramente una enfermedad infantil del movimiento comunista, una reacción contra la legalidad a toda costa (las razones de ello aparecerán claramente en el curso de la exposición); ese romanticismo debe ser, superado, y lo es seguramente por todo movimiento llegado a la madurez.



I


¿Cómo debe el pensamiento marxista plantear, pues, las nociones de legalidad e ilegalidad? Esta cuestión remite necesariamente al problema general de la violencia organizada, al problema del derecho y el estado y, en último análisis, al problema de las ideologías. En su polémica con Dühring, Engels refuta brillantemente la teoría abstracta de la violencia. Cuando indica, sin embargo, que la violencia (derecho y estado) «descansa originariamente en una función económica y social», esto debe ser desarrollado —en el mismo espíritu de la teoría de Marx y Engels— por la afirmación de que esta conexión halla su expresión ideológica correspondiente en el pensamiento y los sentimientos de los hombres integrados al campo en que se ejerce la violencia. Dicho de otro modo, la violencia organizada concuerda de tal modo con las condiciones de vida de los hombres o se presenta a éstos con una superioridad aparentemente tan insuperable, que aquéllos la experimentan como una fuerza de la naturaleza o como el contorno necesario de su existencia, y por consiguiente se someten voluntariamente a ella (esto no quiere decir en modo alguno que estén de acuerdo con ella). Así como, en efecto, una violencia organizada no puede subsistir si no puede, tan a menudo como sea necesario, imponerse como violencia a la voluntad recalcitrante de individuos o grupos, no podría tampoco subsistir en modo alguno si debiera manifestarse en toda ocasión como violencia. Cuando esta última necesidad se hace sentir, la revolución está dada ya como hecho; la violencia organizada está ya en contradicción con los fundamentos económicos de la sociedad, y esta contradicción se refleja en la cabeza de los hombres, de suerte que, no viendo ya en el orden establecido una necesidad natural, oponen a la violencia otra violencia.

Sin negar que esta situación tenga una base económica, hay que añadir que la modificación de una forma organizada de la violencia no se hace posible sino cuando la creencia en la imposibilidad de otro orden diferente del establecido está ya quebrantada, tanto en las clases dominantes como en las clases dominadas. La revolución en el campo de la producción es la condición necesaria de ello. Sin embargo, la subversión misma debe ser realizada por hombres, por hombres que están intelectual y sentimentalmente emancipados del poder del orden establecido.

Con relación a la evolución económica, esta emancipación no se cumple con un paralelismo y una simultaneidad mecánicos: de un lado la precede y de otro la sigue. Como pura emancipación ideológica, puede estar presente —y a menudo lo está— en una época en que no está dada todavía, en la realidad histórica, sino la tendencia, para el fundamento económico de un orden social, a devenir problemática. En ese caso, la teoría saca de la simple tendencia sus consecuencias extremas y las interpreta como realidad futura, que opone en tanto realidad «verdadera» a la realidad «falsa» del orden establecido (el derecho natural como preludio a las revoluciones burguesas). Por otra parte, es cierto que aun los grupos y las masas inmediatamente interesados, por razón de su situación de clase, en el éxito de la revolución, no se liberan interiormente del antiguo orden sino durante —y muy a menudo después— de la revolución. Tienen necesidad de una lección de las cosas para concebir qué sociedad está conforme con sus intereses y para poder liberarse interiormente del antiguo orden de cosas.

Si estas observaciones valen para todo el tránsito revolucionario de un orden social a otro, son todavía más válidas para una revolución social que para una revolución principalmente política. Una revolución política no hace sino consagrar un estado económico-social que se ha impuesto ya, al menos parcialmente, en la realidad económica. La revolución pone el nuevo derecho «justo» y «equitativo» en el lugar del antiguo orden jurídico sentido como «injusto». El medio social de la vida no sufre ningún trastorno radical. (Los historiadores conservadores de la gran revolución francesa subrayan esta permanencia relativa del estado «social» durante ese período.) Al contrario, la revolución social apunta justamente a cambiar ese medio, y todo cambio en ese campo va tan profundamente contra los instintos del hombre medio, que ve en él una amenaza catastrófica contra la vida en general, una fuerza natural ciega, semejante a una inundación o a un temblor de tierra. Sin poder comprender la esencia del proceso, dirige su lucha contra las manifestaciones inmediatas que amenazan su existencia habitual: es una defensa ciega y desesperada. Al comienzo de la evolución capitalista, los proletarios, educados como pequeñoburgueses, se rebelaron contra la fábrica y las máquinas; la doctrina de Proudhon puede ser considerada igualmente como un eco de esa defensa desesperada del antiguo medio social habitual.

Se discierne particularmente bien aquí el carácter revolucionario del marxismo. Porque determina la esencia del proceso (en oposición a los síntomas y las manifestaciones exteriores), porque muestra su tendencia decisiva, orientada hacia el futuro (en oposición a los fenómenos efímeros), el marxismo es la teoría de la revolución. Es lo que hace de él al mismo tiempo la expresión ideológica de la clase proletaria en vías de emancipación. Esta liberación se cumple primero en forma de levantamientos efectivos contra las manifestaciones más opresivas del orden económico capitalista y su estado. Aislados en sí mismos y no pudiendo nunca, aun en caso de éxito, ser decisivamente victoriosos, esos combates no pueden llegar a ser realmente revolucionarios sino por la conciencia de su relación mutua y su relación con el proceso que empuja sin tregua al fin del capitalismo. Cuando el joven Marx se fijaba como programa la «reforma de la conciencia» se anticipaba así a la esencia de su actividad ulterior. Su concepción no es utópica, pues parte de un proceso que se desenvuelve efectivamente y no quiere poner frente a él «ideales», sino deducir su sentido implícito; debe, al mismo tiempo, superar esos datos efectivos y colocar la conciencia del proletariado frente al cono- cimiento de la esencia y no frente a la experiencia de los datos inmediatos. «La reforma de la conciencia —dice Marx— con­siste únicamente en dar al mundo conciencia de su conciencia, en despertarle del sueño en que está sumido respecto de sí mismo, en explicarle sus propias acciones... Aparecerá entonces que desde hace mucho tiempo el mundo tiene el sueño de una cosa, de la cual debe ahora tener la conciencia para poseerla realmente.» [1]

Esta reforma de la conciencia es el proceso revolucionario mismo. Ese advenimiento a la conciencia no puede producirse en el prole­tariado mismo sino lentamente, a través de duras y largas crisis. Aun si, en la doctrina de Marx, todas las consecuencias teóricas y prácticas de la situación de clase del proletariado han sido sacadas (mucho antes que hayan llegado a ser históricamente «actuales»), aun si todas esas enseñanzas no son utopías extrañas a la historia, sino conocimientos referentes al proceso histórico ello no implica absolutamente que el proletariado —aun cuando, sus acciones particulares corresponden a esa doctrina— haya te­nido conciencia de la liberación realizada por la doctrina de Marx.

En otra parte[2] hemos llamado la atención sobre ese proceso y subrayado que el proletariado puede tener ya conciencia de la necesidad de su lucha económica contra el capitalismo, mientras está todavía desde el punto de vista político enteramente bajo la influencia del estado capitalista. La prueba de que es así es el olvido completo en que ha caído toda la crítica del estado por Marx y Engels: así, los teóricos más importantes de la Segunda Internacional han considerado el estado capitalista como «el» estado y concebido su lucha contra él como «oposición» (esto aparece con la mayor claridad en la polémica Pannekoek-Kautsky en 1912). La actitud de «oposición» significa, en efecto, que en lo esencial el orden establecido es aceptado como fundamento inmutable y que los esfuerzos de la «oposición» apuntan solamente a obtener lo más posible para la clase obrera en el interior de los límites del orden establecido.


Sólo algún insensato que hubiera ignorado todo del mundo hubiese podido, en verdad, poner en duda la realidad del estado burgués como factor de poder. La gran diferencia entre marxistas revolucionarios y oportunistas seudomarxistas es que, para los primeros, el estado capitalista no es tomado en consideración sino como factor de poder, contra el cual el poder del proletariado organizado debe ser movilizado, mientras que los segundos conciben el Estado como una institución por encima de las clases, cuya conquista es la opuesta de la lucha de clases del proletariado y la burguesía. Pero al concebir el estado como el objeto del combate y no como un adversario en la lucha, estos últimos se han colocado ya, en espíritu, en el terreno de la burguesía: han perdido a medias la batalla antes de haberla comenzado. En efecto, todo orden estatal y jurídico y, en primer lugar, el orden capitalista, descansa en último análisis en el hecho de que su existencia y la validez de sus reglas no plantean ningún problema y son aceptadas como tales. La trasgresión de esas reglas en casos particulares no acarrea ningún peligro especial para el mantenimiento del estado en tanto esas trasgresiones no figuren en la conciencia general sino como casos particulares. En sus recuerdos de Siberia, Dostoievski observa pertinentemente que todo criminal se siente culpable (sin por ello experimentar arrepentimiento) y tiene perfecta conciencia de haber trasgredido leyes que valen también para él. Las leyes conservan, pues, su valor para él, aunque motivos personales o la fuerza de las circunstancias le hayan empujado a trasgredirlas. Porque esas trasgresiones en casos particulares no ponen en cuestión sus fundamentos, el estado jamás será desbordado por esas trasgresiones. Ahora bien, el comportamiento de «oposición» implica una actitud semejante respecto del estado: es reconocer que —por su esencia— se coloca fuera de la lucha de clases y que ésta no atenta directamente contra la validez de sus leyes. Dicho de otro modo, bien la «oposición» trata de modificar legalmente las leyes, y las leyes antiguas conservan su validez hasta la entrada en vigor de las leyes nuevas, o bien una trasgresión momentánea de las leyes tiene lugar en un caso particular. El procedimiento demagógico habitual de los oportunistas consiste en intentar un acercamiento entre la crítica marxista del estado y el anarquismo. Ahora bien, no se trata aquí en modo alguno de ilusiones o utopías anarquistas; se trata solamente de examinar y apreciar el estado de la sociedad capitalista como fenómeno histórico mientras existe todavía. Por consiguiente, se trata de ver en él una simple constelación de poder con la cual hay que contar, de una parte, en los límites de su poder, y solamente en los límites de su poder efectivo, y cuyas fuentes de poder, por otra parte, deben ser estudiadas de la manera más precisa y más amplia, a fin de descubrir los puntos en que ese poder puede ser debilitado y minado. Se encuentran los puntos de fuerza o debilidad del estado en el modo con que éste se refleje en la conciencia de los hombres. Así, la ideología no es solamente un efecto de la organización económica de la sociedad; es también la condición de su funcionamiento pacífico.

Notas


[1] Carta de Marx a Ruge; cf. Obras filosóficas, Ed. Costes, tomo V, p. 210. Subrayado del autor.


[2] Cf. el ensayo «Conciencia de clase» en Historia y Conciencia de Clase.



...

Georg Lukacs: LEGALIDAD E ILEGALIDAD II

II


Ese papel de la ideología adquiere tanto mayor importancia para el destino de la revolución proletaria cuanto que la crisis del capitalismo deja de ser una simple enseñanza del análisis marxista para convertirse en una realidad tangible. Se comprende que en la época en que el capitalismo no estaba todavía interiormente quebrantado, grandes masas de la clase obrera hayan permanecido ideológicamente en el terreno del capitalismo. No estaban al nivel de la postura que exigía una aplicación consecuente del marxismo. «Para conocer una época histórica determinada —observa Marx— debemos rebasar sus límites» cuando se trata del conocimiento del presente, esto representa una hazaña intelectual extraordinaria. Para el conocimiento histórico del pasado el presente mismo constituye el punto de partida, pero aquí todo el medio económico, social y cultural debe ser sometido a un estudio crítico, cuyo punto de Arquímedes —el punto de aplicación a partir del cual todos esos fenómenos pueden ser comprendidos— no se presenta sino como una exigencia, algo «irreal», una «simple teoría», en contraste con la realidad del presente. No se trata aquí de la aspiración a algún mundo «mejor» y «más bello», simple exigencia utópica pequeñoburguesa, sino de la exigencia proletaria, que se identifica con el conocimiento y la expresión de la orientación, la tendencia y el sentido del proceso social, y en nombre de ese proceso dirige la acción hacia el presente. La tarea no es sino más difícil. Igual que el mejor astrónomo, a despecho de sus concepciones copernicanas, conserva la impresión sensible de que el sol «se levanta», del mismo modo el análisis marxista más radical del estado capitalista no puede jamás suprimir la realidad empírica de ese estado y no debe tampoco. La teoría marxista debe colocar al proletariado en una actitud de espíritu singular. El estado capitalista debe aparecer en sus concepciones como el momento de una evolución histórica: no constituye, pues, en modo alguno «el medio natural del hombre», sino simplemente un hecho real cuyo poder efectivo hay que considerar, sin su pretensión de determinar interiormente nuestra acción. La validez del estado y el derecho debe, pues, ser tratada como una realidad puramente empírica. Así, por ejemplo, en un barco de vela el marino debe prestar atención a la dirección exacta del viento sin por ello dejar al viento el cuidado de determinar la ruta a seguir, sino, al contrario, para mantener, al afrontar y utilizar el viento, la ruta originariamente fijada. Esta independencia de espíritu, que en el curso de una larga evolución histórica ha adquirido el hombre progresivamente con relación a las fuerzas adversas de la naturaleza, falta hoy todavía ampliamente al proletariado con relación a los fenómenos de la vida social. Es muy comprensible. Por brutalmente materiales que sean de ordinario, en los casos particulares, las medidas coercitivas de la sociedad, ello no impide que esencialmente el poder de toda sociedad sea un poder espiritual, del cual sólo el conocimiento puede liberarnos, no un conocimiento simplemente abstracto y puramente cerebral (muchos «socialistas» poseen tal conocimiento), sino un conocimiento convertido en carne y sangre, es decir, según la expresión de Marx, una «actividad práctica crítica».

La actualidad de la crisis del capitalismo hace posible y necesario tal conocimiento. A consecuencia de la crisis la vida misma pone en cuestión el medio social habitual y nos hace advertir y experimentar su carácter problemático: por ello tal conocimiento es posible. Además, el poder efectivo de la sociedad capitalista está tan quebrantado, que no estaría ya en condiciones de imponerse por la violencia si, conciente y resueltamente, el proletariado le Opusiera su propio poder; por ello tal conocimiento se hace decisivo y, por consiguiente, necesario para la revolución. El obstáculo a tal acción es de naturaleza puramente ideológica. En medio de la crisis mortal del capitalismo, amplias capas del proletariado experimentan todavía el sentimiento de que el estado, el derecho y la economía burgueses son el único medio posible de su existencia: a sus ojos se podría, aportar múltiples mejoras («organización de la producción»), pero constituye, sin embargo, la base «natural» de «la» sociedad.

Tal es la concepción del mundo que está en la base de la legalidad. No es siempre una traición conciente ni aun siempre un compromiso conciente. Es más bien la actitud natural e instintiva hacia el estado, formación que aparece al hombre como el único punto fijo en medio del caos de los fenómenos. Esta concepción del mundo debe ser superada si el partido comunista quiere proveer una base sana a su táctica legal e ilegal. El romanticismo de la ilegalidad, por el cual comienza todo movimiento revolucionario, se eleva, en efecto, raramente, bajo la relación de la lucidez, por encima de la legalidad oportunista. Como todas las tendencias que aspiran al golpe de estado, subestima considerablemente el poder efectivo que posee la sociedad capitalista aun en su período de crisis; esto puede llegar a ser muy peligroso, pero no es todavía sino el síntoma del mal de que padece siempre esta tendencia, a saber, la falta de independencia de espíritu respecto del estado como simple factor de poder, lo que en definitiva tiene su origen en la incapacidad para poner en evidencia las relaciones que acabamos de analizar. Al atribuir, en efecto, a los métodos y ios medios ilegales de lucha una cierta aureola, al darles el acento de una «autenticidad» revolucionaria particular, se reconoce un cierto valor, y no una simple realidad empírica, a la legalidad del estado existente. La indignación contra la ley en tanto que ley, la preferencia concedida a ciertas acciones a causa, de su ilegalidad, significan que a los ojos del que actúa de esa manera el derecho ha conservado pese a todo su carácter esencial de valor y obligación. Si la entera independencia de espíritu comunista respecto del derecho y el estado está presente, entonces la ley y sus consecuencias calculables no tienen ni más ni menos importancia que cualquier otro hecho de la vida exterior con el cual se debe contar cuando se aprecian las posibilidades de ejecutar una tarea determinada; el riesgo de transgredir las leyes no debe, pues, revestir otro carácter que, por ejemplo, el riesgo de perder el tren en el momento de un viaje importante. Si no es así y si se concede patéticamente la preferencia a la trasgresión de la ley, es prueba de que el derecho ha conservado su valor (aunque afectado por el signo inverso) y que la verdadera emancipación no se ha realizado todavía, puesto que el derecho es aún capaz de influir interiormente la acción. A primera vista, la distinción parecerá quizá artificial, pero hay que reflexionar sobre la facilidad con que partidos típicamente ilegales, como, por ejemplo, el de los socialistas revolucionarios rusos, han encontrado el camino de la burguesía. Si se estudia la dependencia ideológica de esos «héroes de la ilegalidad» con relación a los conceptos jurídicos burgueses tal como ha sido descubierta por las primeras acciones ilegales verdaderamente revolucionarias —las cuales no eran ya trasgresiones románticamente heroicas de leyes particulares, sino el rechazo y la destrucción de todo el orden jurídico burgués—, entonces se ve que no se trata de un formalismo abstracto y vacío, sino de la descripción de una situación real. Boris Savinkov combate hoy en el campo de la Polonia blanca contra la Rusia proletaria: ahora bien, éste no fue solamente el célebre organizador de todos los grandes atentados bajo el zarismo, sino también uno de los primeros teóricos del romanticismo de la ilegalidad.

La cuestión de la legalidad o la ilegalidad se reduce, pues, para el partido comunista, a una cuestión puramente táctica y aun a una cuestión de táctica momentánea, para la cual no pueden ser dadas directivas generales, pues la decisión debe depender enteramente de la utilidad momentánea; en esta postura completamente sin principios reside la única manera de negar prácticamente por principio la validez del orden jurídico burgués. No son los únicos motivos de oportunidad los que prescriben esta táctica a los comunistas, dado que su táctica puede adquirir así la mayor flexibilidad de adaptación en la elección de los medios necesarios en un momento dado y los medios legales e ilegales deben alternarse sin cesar o aun a menudo ser empleados simultáneamente en los mismos asuntos para combatir a la burguesía de una manera verdaderamente eficaz; esa táctica debe ser empleada también para que el proletariado haga su propia educación, revolucionaria. El proletariado no puede, en efecto, liberarse de su dependencia ideológica respecto de las formas de vida que el capitalismo ha creado salvo si ha aprendido a actuar de manera que esas formas —tornadas indiferentes como motivación— no sean ya capaces de influir interiormente su acción. Su odio a esas formas y su deseo de aniquilarlas no se aminorarán por ello en lo absoluto. Sólo al contrario, ese desapego interior puede, a los ojos del proletariado, conferir al orden social capitalista el carácter de obstáculo execrable a una sana evolución de la humanidad ' —el carácter de un obstáculo condenado a muerte, pero también mortalmente peligroso—, lo que es absolutamente necesario para, que el proletariado tenga una actitud conciente y permanentemente revolucionaria. Esta educación del proletariado por sí mismo es un proceso largo y difícil que le hace tornarse «maduro» para la revolución; dura tanto más tiempo cuanto que en un país el capitalismo y la cultura burguesa han alcanzado un grado elevado de evolución y, por consiguiente, el proletariado ha sido afectado por el contagio ideológico de las formas de vida capitalistas.

La necesidad de determinar las formas oportunas de la acción revolucionaria coincide felizmente —lo que no es evidentemente por azar— con las exigencias de ese trabajo de educación. Cuando, por ejemplo, las tesis adicionales adoptadas en el II Congreso de la Tercera Internacional respecto del parlamentarismo, afirman la necesidad de una entera subordinación del grupo parlamentario al comité central (eventualmente ilegal) del partido, esto no deriva solamente de la necesidad absoluta de unificar la acción; esto contribuye también a rebajar sensiblemente en la conciencia de las grandes masas proletarias el prestigio del parlamento (prestigio que está en la base de la autonomía del grupo parlamentario, fortaleza del oportunismo). Lo que demuestra la necesidad de esta medida es, por ejemplo, el hecho de que, reconociendo interiormente tales instituciones, el proletariado inglés ha dirigido constantemente su acción por vías oportunistas. Tanto la esterilidad que caracteriza al empleo exclusivo de la «acción directa» antiparlamentaria como la esterilidad de las discusiones sobre las ventajas de uno u otro método muestran que ambos son igualmente, aunque bajo formas opuestas, prisioneros de prejuicios burgueses.

Si es necesario emplear simultánea y alternativamente los medios legales e ilegales, es porque sólo esto permite descubrir, bajo la máscara del orden jurídico, el aparato de coacción brutal al servicio de la opresión capitalista, lo que es la condición de una franca actitud revolucionaria respecto del derecho y el estado. Si uno de los dos métodos es empleado exclusivamente o predomina simplemente, aunque sólo fuera en ciertos sectores, entonces la burguesía conserva la posibilidad de mantener su orden jurídico, como derecho, en la conciencia de las masas. Uno de los fines principales de la actividad de todo partido comunista es obligar al gobierno de su propio país a violar su propio orden jurídico y al partido legal de los social-traidores a apoyar abiertamente esa «violación del derecho». En ciertos casos y principalmente cuando los prejuicios nacionalistas oscurecen la mirada del proletariado, esta «violación del derecho» puede ser ventajosa para el gobierno capitalista, pero es cada vez más peligrosa para él a medida que el proletariado comienza a reagrupar sus fuerzas para la lucha decisiva. De ahí, es decir, de la prudencia reflexiva de los opresores, nacen las ilusiones perniciosas sobre la democracia y el tránsito pacífico al socialismo, y esas ilusiones son fortalecidas por el legalismo a toda costa de los oportunistas, que, a la inversa, permite a la clase dominante adoptar su actitud de prudencia. Sólo una táctica realista y lúcida, que emplee alternativamente todos los medios legales e ilegales, dejándose guiar únicamente por la consideración del objetivo, podrá encaminar por vías sanas esta empresa de la educación del proletariado.

Georg Lukacs :LEGALIDAD E ILEGALIDAD III

III


La lucha por el poder no podrá sin embargo sino iniciar esta educación pero no podrá acabarla. Reconocido hace ya mucho tiempo por Rosa Luxemburgo, el carácter necesariamente «prematuro» de la toma del poder se manifiesta sobre todo en el campo de la ideología. Muchos rasgos de toda dictadura del proletariado en sus comienzos son justamente explicables por el hecho de que el proletariado está obligado a apoderarse del poder en una época y en un estado de espíritu tales, que experimenta todavía el orden social burgués como orden auténticamente legal. Como todo orden jurídico, el del gobierno de los consejos está fundado en su reconocimiento como orden legal por capas de la población bastante amplias para que no se vea obligado a recurrir a la violencia sino en casos particulares. Ahora bien, a primera vista está claro que no puede en ningún caso contar desde el comienzo con este reconocimiento de parte de la burguesía. Una clase habituada tradicionalmente desde numerosas generaciones a mandar y gozar de privilegios no podrá jamás acomodarse fácilmente al mero hecho de una derrota y soportar pacientemente y sin más el nuevo orden de cosas. En primer lugar, debe ser quebrada ideológicamente antes de entrar voluntariamente al servicio de la nueva sociedad y ver en sus leves un orden jurídico y legal, y no ya simplemente la realidad brutal de una relación provisional de fuerzas que, mañana, podrá ser invertida. Es ingenua la ilusión de creer que esta resistencia, manifiéstese en forma de contrarrevolución abierta o en forma de sabotaje latente, podría ser reducida por concesiones de cualquiera naturaleza que fueran. El ejemplo de la república de consejos húngaros demuestra que todas esas concesiones, que en este caso eran también, sin excepción, concesiones a la socialdemocracia, refuerzan la conciencia que tienen las antiguas clases reinantes de su poder, difieren y aun hacen imposible la aceptación interior por ellas del reino del proletariado. Pero ese retroceso del poder de los soviets tiene consecuencias todavía más catastróficas sobre el comportamiento de las amplias masas pequeñoburguesas, pues el estado aparece efectivamente a sus ojos como el estado en general, el estado a secas, como entidad revestida de una majestad abstracta. En esas condiciones, hecha abstracción de una política económica hábil que sea capaz de neutralizar ciertos grupos particulares de la pequeña burguesía, depende del proletariado lograr o no revestir su estado de una autoridad que vaya por delante de la fe en autoridad, de la inclinación a la sumisión voluntaria a «el» estado extendida en ese medio. Las vacilaciones del proletariado, su falta de fe en su propia vocación de mandar pueden, pues, arrojar a esas capas pequeñoburguesas en los brazos de la burguesía y la contrarrevolución abierta.

Bajo la dictadura del proletariado la relación entre legalidad e ilegalidad cambia de función por el hecho de que la antigua legalidad se torna ilegal y a la inversa, pero ese cambio no puede acelerar al máximo sino un poco el proceso de emancipación ideológica comenzado bajo el capitalismo; no puede en modo alguno acabarla de un solo golpe. Igual que una derrota no puede hacer perder a la burguesía el sentido de su propia legalidad, tampoco el solo hecho de una victoria puede elevar al proletariado a la conciencia de su propia legalidad. Esa conciencia, que no ha podido madurar sino lentamente en la época del capitalismo, no terminará sino poco a poco su proceso de madurez durante la dictadura del proletariado. Sólo después de la toma del poder el proletariado se familiariza con la obra intelectual que el capitalismo ha edificado y salvaguardado; no sólo no adquiere sino entonces una comprensión mucho mayor de la cultura de la sociedad burguesa, sino que también amplios medios proletarios tienen conciencia del trabajo intelectual que exige la dirección de la economía y el estado. A esto se añade que el proletariado, falto en muchos aspectos de experiencia práctica y tradiciones en el ejercicio de una actividad independiente y responsable, experimenta a menudo la necesidad de tal actividad menos como una liberación que como un fardo. Finalmente, los hábitos de vida pequeñoburgueses, a menudo aun burgueses, de los medios proletarios que ocupan una gran parte de los puestos dirigentes, le hacen ver el aspecto precisamente nuevo de la nueva sociedad como extraño y casi hostil.

Todos esos obstáculos serían anodinos y podrían ser superados fácilmente si la burguesía no se mostrara, tanto tiempo al menos como el que debe luchar contra el estado proletario, mucho más madura y evolucionada que el proletariado; para ella el problema ideológico de la legalidad y la ilegalidad ha sufrido un cambio de función equivalente. La burguesía, en efecto, tiene el orden jurídico del proletariado por ilegal, con la misma ingenuidad y la misma seguridad que ponía en la afirmación de su propio orden jurídico como legal. Nosotros exigimos del proletariado que lucha por el poder que no vea en el estado de la burguesía sino una simple realidad, un simple factor de poder; es lo que la burguesía hace ahora instintivamente. Pese a la conquista del poder del estado, la lucha es, pues, desigual para el proletariado en tanto no haya adquirido la misma seguridad ingenua de que sólo su orden jurídico es legítimo. Esta evolución, sin embargo, es gravemente estorbada por el estado de espíritu insuflado al proletariado por la educación de los oportunistas en el curso de su proceso de liberación. Como el proletariado se ha habituado a ver las instituciones del capitalismo aureoladas de legalidad, le es difícil no hacer otro tanto respecto de los vestigios de aquellas que duran largo tiempo. Después de la toma del poder, el proletariado permanece todavía intelectualmente prisionero de los límites trazados por la evolución capitalista. Esto se manifiesta, por un lado, en que deja intactas cosas que debiera abatir totalmente y, por otro, en que no destruye ni construye con la seguridad del soberano legítimo, sino alternativamente, con la vacilación y la prisa del usurpador, que en sus pensamientos, sentimientos y determinaciones se anticipa ya interiormente a una inevitable restauración del capitalismo.

No pienso solamente en el sabotaje, más o menos abiertamente contrarrevolucionario, de la socialización por la burocracia sindical durante toda la dictadura de los consejos húngaros, sabotaje cuyo fin era el restablecimiento del capitalismo con el menor número posible de fricciones. Tan a menudo evocada, la corrupción de los soviets tiene aquí igualmente una de sus fuentes principales. Tiene su origen, en parte, en la mentalidad de numerosos funcionarios de los soviets, quienes también esperaban interiormente el regreso del capitalismo «legítimo», y en consecuencia pensaban constantemente en la manera con que eventualmente podrían justificar sus acciones; en parte, en el hecho de que muchos de los que participaban en actividades necesariamente «ilegales» (contrabando de mercancías, propaganda en el extranjero) no llegaban a discernir intelectualmente y, sobre todo, moralmente que, desde el punto de vista decisivo, a saber, el del estado proletario, su actividad era tan «legal» como otra cualquiera. En hombres poco seguros moralmente esa falta de claridad se traducía en la corrupción abierta; en más de un revolucionario honesto, ello se manifestaba en una exageración romántica de la «ilegalidad», una búsqueda inútil de posibilidades «ilegales», la ausencia del sentimiento de que la revolución era legítima y que tenía el derecho de crear su propio orden jurídico.

En la época de la dictadura del proletariado, el sentimiento y la conciencia de la legitimidad deben revelar a la independencia de espíritu respecto del derecho burgués, exigencia de la etapa precedente a la revolución. Pero, pese a esta metamorfosis, la evolución conserva, en tanto que evolución de la conciencia de clase proletaria, su unidad y su dirección en línea recta. Esto aparece de la manera más clara en la política exterior de los estados proletarios, que, frente a las potencias capitalistas, deben —con medios en parte, pero solamente en parte, diferentes— librar la misma lucha que en los tiempos en que preparaban la toma del poder en su propio estado. Las negociaciones de paz de Brest-Litovsk han testimoniado ya brillantemente el alto nivel y la madurez de la conciencia de clase en el proletariado ruso. Aunque hayan negociado con el imperialismo alemán, los representantes del proletariado ruso han reconocido, sin embargo, a sus hermanos oprimidos del mundo entero como sus verdaderos compañeros legítimos en torno a la mesa de negociaciones. Aunque Lenin haya apreciado la relación efectiva de las fuerzas con la inteligencia más elevada y la lucidez más realista, dejó a sus negociadores hablar constantemente al proletariado mundial y en primer lugar al proletariado de las potencias centrales. Su política exterior era menos una negociación entre Rusia y Alemania que un estímulo a la revolución proletaria, a la conciencia revolucionaria en los países de la Europa central. Por grandes que hayan sido los cambios de la política interior y exterior del gobierno de los consejos, por estrecha que haya sido constantemente la adaptación de esa política a las relaciones, reales de fuerzas, el principio de la legitimidad de su propio poder ha seguido siendo un punto fijo en esa evolución: de esa manera, fue también el principio del despertar de la conciencia revolucionaria de clase del proletariado mundial. Por lo que el problema del reconocimiento de la Rusia soviética por los estados burgueses no debe estar ligado solamente a la consideración de las ventajas que Rusia puede sacar de ello, sino también al principio del reconocimiento por la burguesía de la legitimidad de la revolución proletaria consumada. Según las circunstancias en que se efectúa, ese reconocimiento cambia de significación. Su efecto sobre los elementos vacilantes de las clases pequeñoburguesas en Rusia, como sobre los del proletariado mundial, es el mismo en lo esencial, a saber: una ratificación de la legitimidad de la revolución proletaria necesaria para adquirir el sentimiento de la legalidad de las instituciones estatales de la república de los consejos. Los diversos medios de la política rusa —a saber, el aniquilamiento implacable de la contrarrevolución interior, la actitud valiente frente a potencias victoriosas (hacia las cuales Rusia no ha adoptado jamás, como lo ha hecho la Alemania burguesa, el tono de un vencido), el apoyo dado abiertamente a los movimientos revolucionarios, etc.— sirven al mismo fin. Provocan el desmoronamiento de ciertos sectores del frente contrarrevolucionario interior y le hacen inclinarse ante la legitimidad de la revolución. Dan al proletariado una conciencia revolucionaria de sí que refuerza el conocimiento que tiene de su propia fuerza y su propia dignidad.

La madurez ideológica del proletariado ruso se pone de manifiesto precisamente en aquellos aspectos de la revolución que a los ojos de los oportunistas occidentales y sus adoradores de la Europa central pasan por signos de su carácter atrasado, a saber, el aplastamiento claro y sin equívocos de la contrarrevolución interior y la lucha intrépida, tanto ilegal como «diplomática», por la revolución mundial. El proletariado ruso ha llevado su revolución a la victoria no porque las circunstancias le han puesto el poder en las manos (fue éste también el caso del proletariado alemán en el movimiento de 1918 y el del proletariado húngaro en el mismo momento y en marzo de 1919), sino porque, templado por una larga lucha ilegal, ha reconocido claramente la esencia del estado capitalista y ajustado su acción, no a fantasmas ideológicos, sino a la realidad verdadera. El proletariado de la Europa central y occidental tiene todavía un duro camino delante de si. Para llegar, luchando, a la conciencia de su vocación histórica y de la legitimidad de su dominación, debe aprender primero a discernir el carácter puramente táctico de la legalidad y la ilegalidad, desembarazarse, en resumen, tanto del cretinismo de la legalidad como del romanticismo de la ilegalidad.


Julio de 1920.

martes, 26 de enero de 2010

Eligen alcalde que rechaza la instalacion de base militar norteamericana



Susumu Inamune se ha convertido con un ajustado margen de votos en nuevo alcalde de la ciudad japonesa de Nago, donde Estados Unidos pretende realojar su base aérea de Futenma, una mudanza que ha provocado un tenso enfrentamiento con el Gobierno japonés durante los últimos meses.

El primer ministro de Japón, Yukio Hatoyama, ha advertido de que tenía previsto esperar al resultado de estos comicios para decidir sobre la puesta en práctica del acuerdo firmado con Estados Unidos en 2006, firmado con el entonces gobernante Partido Liberal Democrático. Dicho acuerdo estipulaba que la base de Futenma quedaría realojada en el área de Henoko, una idea que el nuevo alcalde rechaza de pleno.

"Hice mi campaña electoral con la promesa de que no se construiría una nueva base en las aguas de Henoko y me atengo a esa promesa con convicción", declaró Inamine ante sus partidarios tras su ajustada victoria por menos de dos mil votos de diferencia sobre su rival y predecesor en el cargo, Yoshikazu Shimabukuro, según informa la agencia oficial de noticias japonesa, Kiodo.

Imamine ha ganado los comicios al obtener 17.950 votos a favor por 16.362 de su oponente. El índice de participación, según los datos recabados por la Junta Electoral de Nago, ha alcanzado el 76,96 por ciento.

Tomdo de EUROPA PRESS

lunes, 25 de enero de 2010

El poder de ricos y pobres

Por: Roger Zuzunaga


¿Qué tienen en común Sebastián Piñera, Silvio Berlusconi, Ricardo Martinelli, Evo Morales y Luiz Inácio Lula da Silva? Pues todos ellos han llegado por voto popular al más alto cargo político en sus respectivos países. Pero la diferencia, además de sus correspondientes matices en asuntos políticos, ideológicos y enfoques económicos, es que los tres primeros son millonarios —incluso Piñera y Berlusconi son considerados billonarios—, mientras que los dos últimos son personas de origen humilde que llegaron al poder con escaso patrimonio material.

UN NEGOCIO REDONDO
En el 2009 la revista “Forbes” ubicó a Sebastián Piñera en el puesto 701 de su ránking mundial de billonarios. En aquella oportunidad su fortuna estaba estimada en US$1.000 millones. Pero tras su elección del domingo pasado como presidente de Chile, ese patrimonio creció sustancialmente y lo ha hecho mucho más rico. Las acciones que posee en varias empresas aumentaron su valor de manera imparable desde el lunes, lo que obligó el miércoles a la suspensión de la venta de estas en la bolsa de valores chilena.

Durante la campaña electoral, el acaudalado Piñera prometió, si era elegido, vender sus acciones antes del 11 de marzo, fecha en la que jurará en el cargo. Solo las acciones que posee en la aerolínea LAN (el 26% de la empresa) aumentaron hasta en 137%, y al venderlas el próximo 5 de febrero obtendría US$1.600 millones, según declaró a la prensa de su país el representante de Piñera y presidente de la sociedad inversora Axxion, Fernando Barros. Además, Piñera posee paquetes accionarios en otras empresas, en el club de fútbol Colo Colo y es propietario del canal de televisión Chilevisión.

Aunque Piñera no ha revelado cuánto gastó en la campaña, se da por descontado que con el negocio accionario recuperará esa inversión. Un negocio redondo para el hombre más rico de Chile.

MILLONES DE PROBLEMAS
Silvio Berlusconi desempeña su tercer período como jefe de Gobierno de Italia en medio de constantes polémicas ligadas con la política, problemas judiciales y con su vida privada. Y también es habitual que su nombre figure en la lista de billonarios de “Forbes”. En el 2009 apareció en el puesto 70, con US$6.500 millones de patrimonio. Pero la crisis financiera hizo adelgazar la billetera de este controvertido ricachón, que en el mismo ránking del año 2008 figuraba con US$9.400 millones (equivalentes al presupuesto de 23 trenes eléctricos limeños).

Un ejemplo de las cifras astronómicas que se mueven en torno a Berlusconi tiene que ver con el proceso de divorcio de su esposa Verónica Lario. Ella le exige la friolera de 3,5 millones de euros de pensión al mes, mientras que “Il Cavaliere” le ofrece 200 mil euros al mes.

El despegue del imperio económico del hombre más rico de Italia se remonta a 1974, cuando fundó el canal de televisión Telemilano. Luego vino Canale 5.

En la actualidad controla el 61% del holding Fininvest, propietario del gigante de las comunicaciones Mediaset, de la editorial Mondadori, del banco Mediolanum y del equipo de fútbol AC Milan. El patrimonio de Fininvest asciende a 4.000 millones de euros, y las acciones de Berlusconi valen unos 3.000 millones de euros. A esto hay que sumarle sus numerosas propiedades inmobiliarias.

DUEÑO DE SUPERMERCADOS
Ricardo Martinelli no es un billonario para “Forbes”, por eso no lo incluye en su lista. Pero es uno de los hombres más ricos de Panamá. Presidente desde el 2008, aunque no ha revelado a cuánto asciende su fortuna, algunos medios de prensa estiman que esta llega a los US$450 millones. Y la oposición calculó que durante su campaña electoral para las elecciones del 2009 gastó US$30 millones.

En 1981 Martinelli entró a trabajar de administrador en Almacén 99, una empresa de abarrotes. Posteriormente la compró y la convirtió en una moderna cadena de supermercados, a la que llamó Super 99, y en el origen de su fortuna.

DURA VIDA
Al otro lado de la orilla están los políticos con menor patrimonio económico. Uno de ellos es el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien se convirtió en mandatario de su país por primera vez en el 2005 y fue reelegido cuatro años después. Morales nació en un hogar humilde de Isallavi, una aldea de Orinoca. Sus padres eran campesinos de escasos recursos que enfrentaron penurias económicas para mantener a su familia. El mandatario suele evocar los tiempos en los que era pastor de llamas y recogía las cáscaras de frutas que arrojaban los viajeros desde los autobuses para comérselas. También vendió helados, trabajó de albañil, fue panadero. En 1980 empezó su carrera sindical al frente de los campesinos productores de hoja de coca. Según datos de la Contraloría General, su patrimonio personal, entre activos y deudas, creció de US$100.000 en el 2006, a unos US$210.000 en el 2009.

Otro caso similar es el de Lula, presidente de Brasil. También de origen humilde, su niñez transcurrió en la indigencia. A los 7 años trabajó como lustrabotas y a los 12 años recién empezó a aprender a leer y escribir y, de manera paralela, laboraba como obrero en una tintorería. Con sus primeros ahorros se compró una bicicleta, que suele evocar como su primer regalo.

Ahora Lula es uno de los presidentes con mayor respaldo popular en el mundo (supera el 80%, según las encuestas) y durante su gestión Brasil se encaminó en un proceso de desarrollo acelerado que sorprende al mundo. No se tienen cifras actualizadas de su patrimonio. Pero cuando se presentó a la reelección en el 2006 declaró bienes por un total de 420 mil dólares, muy por encima de los 192 mil dólares que dijo poseer en el 2002.



OTROS PERSONAJES

El acaudalado alcalde de Nueva York
El magnate de las telecomunicaciones Michael Bloomberg figura en el ránking de billonarios de “Forbes” del 2009 en el puesto 16, con una fortuna de US$16.000 millones, equivalente a la mitad de las reservas internacionales del Perú.

Es el político que más ha gastado en una campaña electoral en la historia de EE.UU., según la revista “Times”. Su tercera elección a la Alcaldía de Nueva York, en noviembre pasado, le costó US$102 millones.

Michael Bloomberg obtuvo un doctorado en la Harvard Business School para trabajar en la firma bursátil Salomon Brothers y fundó en los años 80 el imperio de información financiera llamado Bloomberg LP. También tiene un servicio mundial de noticias, que incluye televisión, radio, Internet y publicaciones impresas.


El candidato Ross Perot
Ross Perot intentó llegar a la presidencia de Estados Unidos en las elecciones de 1992 y 1996, sin mayor fortuna.

En su primer intento, encabezando su Partido Reformista, gastó US$60 millones de su patrimonio personal, y obtuvo un sorprendente 19% del total de votos.

Su fortuna la empezó a forjar en 1962, cuando fundó la empresa Electronic Data Systems, dedicada a vender soportes electrónicos. En 1984 dicha compañía fue comprada por General Motors a US$2.500 millones. Posteriormente, incursionó en los negocios inmobiliario y gasífero. En 1988 fundó Perot Systems, empresa que en el 2004 transfirió a su hijo Ross Perot Jr., quien en el 2009 figuró en el puesto 468 de los billonarios de “Forbes”, con una fortuna de US$1.500 millones.


6.500 millones de dólares es la fortuna de Silvio Berlusconi, según el ránking de multimillonarios de “Forbes” del 2009.


El Comercio, domingo 24 de Enero de 2010



viernes, 22 de enero de 2010

Un acuerdo secreto Préval-Obama cedería el control de Haití a Estados Unidos


El control “de hecho” del aeropuerto de Puerto Príncipe, el Palacio de Gobierno, el Parlamento y demás instalaciones estratégicas de la capital Puerto Príncipe, indican que el Presidente de Haití, René Préval, habría llegado (algunos dicen, incluso, firmado) un acuerdo secreto (paralelo a un memorando de entendimiento) que entrega el control del gobierno haitiano a los Estados Unidos.

Hillary Clinton, primer alto cargo estadounidense que viajó al devastado país, llegó a Puerto Príncipe a primera hora de la tarde del pasado 16 de enero en un avión de carga de la Guardia Costera de EEUU repleto de suministros como agua, jabón, comida y papel higiénico, e inmediatamente se entrevistó con el presidente Préval. La secretaria de Estado viajó acompañada del director de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), Rajiv Shah.

Bajo un "memorando de entendimiento" suscrito entre ambos países, la Fuerza Aérea de Estados Unidos comenzó a controlar el tráfico en el aeropuerto internacional de Puerto Príncipe, un recinto que Hillary Clinton no abandonó en ningún momento, sensible a las sugerencias de que su presencia en Haití podía crear malestar en la población, lo que perjudicaría directamente las operaciones de rescate.

Préval teme su propio derrumbe. La situación de ingobernabilidad es evidente. El palacio del gobierno quedó destruido, al igual que la sede del legislativo. Varios diputados se encuentran desaparecidos. De éste clima de zozobra se agarra EE UU para tomar el control del un país en ruinas.

Hillary Clinton, durante su visita subrayó las dificultades que entraña la situación en Haití, donde el Gobierno no funciona y donde se empiezan a tener preocupantes noticias sobre crecientes casos de violencia y problemas de seguridad.

La población abandonada

El mundo entero se ha solidarizado con Haití. Bien sea movidos por la caridad burguesa o por la solidaridad proletaria, la tragedia fue de tal magnitud que tocó el corazón de los habitantes del planeta. No obstante, la ayuda no ha llegado al pueblo de Haití.

El aeropuerto, en manos de EEUU, ha generado un sistema de control y acaparamiento de los alimentos, el agua y toda la ayuda humanitaria que arriba a la isla.

Fuentes que prefieren el anonimato son testigos que un pequeñísimo porcentaje de la ayuda internacional llega a Haití. Muchas veces, los aviones ni siquiera pueden aterrizar en el aeropuerto de Puerto Príncipe porque EEUU no da permiso de aterrizaje, o si lo da, lo otorga cuando las condiciones de vuelo son adversas (horario nocturno, por ejemplo, recordemos que no hay luz eléctrica).

Personal de socorro de Venezuela han tenido que defender con sus propias manos los productos enviados por el gobierno bolivariano, para garantizar que la ayuda del pueblo de Venezuela alimente y calme la sed de sus hermanos caribeños.






Fuente: www.periodicopg.com.ve

Chile

Ellos pisarán las calles, nuevamente Por Oscar Taffetani


(APe).- La mayoría de los diarios del mundo describió como un giro a la derecha el resultado de las últimas elecciones chilenas, en donde el candidato de la CC y la UDI Sebastián Piñera logró derrotar por escaso margen al ex presidente democristiano Eduardo Frei (h), representante de la Concertación. Sin embargo, examinando las propuestas de Piñera y de Frei en lo ateniente a empleo, desarrollo social, educación, medio ambiente, institucionalidad, etcétera, veremos que no hay grandes diferencias.

Es que el verdadero giro a la derecha, si cabe, de la política y de la economía chilenas, se produjo de modo violento el 11 de septiembre de 1973, con un golpe cívico militar que clausuró definitivamente el sueño de construir un Chile socialista, donde las riquezas y el control de la economía estuvieran en manos de los trabajadores.

La retirada en orden del dictador Augusto Pinochet –quien llegó a mancillar con su culo una butaca del Senado de la Nación- fue acompañada por una suerte de Pacto de la Moncloa estilo chileno, bendecido por Washington, y que implicó entre otras cosas la no-investigación y el olvido de los crímenes de la dictadura.

Veinte años de democracia en Chile. Pero recién el pasado 11 de enero, poco antes del ballotage, la presidenta Bachelet inauguró el primer Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de ese país. ¿Por qué no lo hicieron antes? Veinte años de democracia en Chile. Pero el crimen del ex presidente Eduardo Frei Montalva –padre del candidato de la Concertación- ocurrido en 1982, recién comenzó a denunciarse, señalándose a los culpables, en diciembre de 2009, durante la campaña electoral. ¿Por qué no lo hicieron antes?

Tranquiliza a algunos pensar que Chile “giró a la derecha” este domingo que pasó. A nuestro entender, el giro se produjo un 11 de septiembre de 1973. Desde entonces no se ha cambiado esa dirección. Parafraseando a Clausewitz (y sin ignorar lo que nos toca como argentinos) podríamos afirmar que la democracia chilena, en muchos aspectos, viene siendo la continuación de la dictadura por otros medios.

“Trabajo, quiero trabajo”

En un contexto mundial que se caracteriza por los saltos tecnológicos aplicados sin transición, por la precarización laboral en rubros históricos y por un explosivo aumento del trabajo informal, son bolilla obligada de cualquier candidato las promesas de empleo y los planes para la creación de nuevos puestos de trabajo.

Sebastián Piñera, quien era un joven estudiante de Economía en Harvard cuando los momios chilenos decidieron interrumpir la pacífica transición al socialismo que lideraba el médico Salvador Allende, dedicó sus primeros esfuerzos, al salir de la universidad, a hacer dinero. Al fin y al cabo, las transformaciones del Chile de Pinochet habían sido pensadas, ejecutadas y garantizadas para gente como él. Invirtió sus dólares, dicen, en supermercados, compañías aéreas, jugadores de fútbol, etcétera. Y amasó una fortuna que hasta un poco antes de la campaña electoral –según la revista norteamericana Forbes- ya supera los mil millones de dólares.

El perfil de Piñera determinó que su voto más firme y fiel en estas elecciones fuera el de las clases altas (viudas, hijos y nietos de Pinochet), el de los profesionales, funcionarios y empleados de las corporaciones (pequeños accionistas del modelo neoliberal chileno) y el de la nueva e incipiente clase media, con sus renovadas aspiraciones de movilidad y ascenso social. Pero para conseguir más de la mitad de los votos, en un país que tiene tradicionales formaciones políticas (el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, por empezar, además de radicales y comunistas), era necesario llegar a una masa heterogénea y numerosa, que incluye a una parte de los trabajadores organizados y a los grupos más pobres y vulnerables de la sociedad.

“Un millón de empleos con sueldos justos” fue la propuesta más impactante de Piñera. Su plan comprende un nuevo trato con la PYMES (que son grandes generadoras de empleo), el decreto nacional de una Emergencia de Empleo, un Bono de Intermediación (para ayudar a as personas con baja calificación laboral), una promoción del teletrabajo y del trabajo desde el hogar, un Bono Personal de Capacitación y un Seguro de Cesantía, entre otros beneficios.

De modo que esa locomotora neoliberal que en los ’80 y ’90 arrasó con los convenios y estatutos laborales, con la seguridad social, con el empleo público, con la salud y la educación públicas, ahora se permite aminorar la marcha y le ofrece a los rezagados, de la mano de un empresario exitoso (hoy convertido en político exitoso) un nuevo trato, ya que los grandes dogmas y verdades existenciales del neoliberalismo (como la economía social de mercado) están fuera de discusión.

Así están las cosas, en Chile y en el resto del mundo...
Agencia de Noticias Pelota de Trapo

Evo: Guía espiritual de la Nueva Bolivia

Morales se empodera como guía espiritual en ceremonia en Tiawanaku, camino a su segundo mandato en Bolivia

Por Coco Cuba


Tiawanaku, La Paz (BOLIVIA), 21 ene (ABI) - El presidente boliviano Evo Morales recibió el jueves en las ruinas de la civilización Tiawanaku, a 71 km de La Paz, los poderes espirituales para conducir el nuevo Estado Plurinacional de Bolivia, en la antesala de su segundo mandato en que se propone sacar al país andino amazónico de la pobreza y la inequidad sociales.

Enfundado en una túnica blanca tejida a mano con lana de camélido en obrajes indígenas y coronado por un gorro de cuatro puntas, que simbolizan la integración de todas las regiones Bolivia y de los cuatro suyos, en alusión al precolombino Tawantinsuyo, que se expandió sobre gran parte de Sudamérica, Morales anunció una nueva era de progreso para su país y un Pachacuti, un nuevo tiempo para la humanidad marcado por un respeto supremo a la Madre Naturaleza.

"Desde este lugar milenario nace una nueva luz, una luz de esperanza para el pueblo boliviano y para la humanidad", remarcó en medio de una ceremonia de contornos esotéricos en la cuna de la civilización más longeva del continente y en presencia de alrededor de 50.000 personas.

En su vestimenta, el líder indígena boliviano, mandatado para un segundo gobierno de un lustro hasta 2015, enarboló símbolos de los pueblos originarios de Bolivia, tales como la Cruz andina.

Antes de ser empoderado, Morales recorrió los cuatro puntos cardinales de la mítica Pirámide Akapana en compañía de una mujer aymara centenaria, que simboliza el poder diárquico en la cosmovisión andina.

El gobernante reverenció a la "sagrada Tierra, el "Agua sagrado", el Aire sagrado" ante la presencia omnipotente del Cielo".

El rito desarrollaba mientras el sonar ininterrumpido de pututus (cuernos de vacuno) mediatizaba el ritual.

"Gracias abuelas, abuelos. Mira a tu hijo, Evo Morales, que en este momento retoma nuevamente el poder para gobernar esta nación", que de la mano de su primer presidente indígena intenta superar un estado de postración secular, dijo un chamán andino que invocó a los Achachilas, titanes reinantes en la cumbres andinas, mientras guiaba los pasos del gobernante.

Ahora, con Morales en el poder, los indígenas "tenemos una oportunidad de hablar, de ser escuchados y de poder buscar una vida digna, una existencia justa, un futuro", proclamó el amauta (sabio) andino.

Hacia mediodía del jueves, el cielo se cargó de coloraciones crepusculares surcadas por la luminosidad de los rayos solares, lo que acentuó la sensación mítica y telúrica de la ceremonia seguida por representantes diplomáticos, también ataviados con vestidos vernaculares indígenas, de 30 países y de una diversidad de pueblos indígenas de América.

"Y ojalá que ninguno, hermanos y hermanas, caiga en la corrupción, para la justa gobernanza del hermano Evo", postuló el chaman mientras una mesa, un ritual ancestral, ofrecida para alimentar a la Pachamama (Madre Tierra), lanzaba llameradas y chisporoteos, emplazada en el centro ceremonial de Tiawanaku.

"Jallalla Tata Evo" proclamó un amauta, mientras otro sacerdote indígena invocaba: "Madre Tierra, Padre Sol, invocamos fuerza y sabiduría para nuestro gran jefe".

"Jallalla (viva) el Collasuyo (una de las cuatro jurisdicciones del Tawantinsuyo precolombino, donde se asienta el actual territorio de Bolivia), jallalla el Tawantinsuyo", dijo el chamán que ejercitó un ritual con las manos para alejar los malos espíritus y las imprecaciones contra Morales y su gobierno.

Luego, Morales besó una estructura lítica, una roca perfectamente cortada al hielo hace 1.500 años, antes de emplazarse en el portal del sagrado templete del Kalasasaya, donde recibió el reconocimiento de los representantes de los pueblos indígenas de América.

La Premio Nobel de la Paz, la indígena guatemalteca Rigoberta Menchú, destacó le reelección de Morales, antes de tributarle el saludo de los pueblos originarios de su país.

"En un precedente histórico, es una marcha hacia adelante y nada para atrás, es un paradigma, yo creo que nos marca una pauta de la necesidad del poder para los pueblos indígenas vista desde los pueblo indígenas", dijo Menchú.

Antes que dos niños indígenas le impusieran los bastones de mando, suerte de alabardas fabricadas de metal y madera, Morales recibió el saludo de líderes de los indios mapuches de Chile, de los quechuas de Ecuador y Perú, de los aymaras peruanos.

Iconos de pueblos indígenas de Argentina y Canadá también le presentaron sus reverencias, entre otros.

El gobernante, primero entre sus pares de los indios aymaras, quechuas, guaraníes y tupiguaraníes de Bolivia, se plantó en las escalinatas del templete Kalasayaya, un centro ceremonial, religioso y político de Tiawanaku construido en el período de mayor expansión de esta cultura milenaria, entre los siglos VI y VIII después de Cristo, y esgrimió, otra vez, como pautas de conducta pública que regirá su segundo gobierno consecutivo y que inaugurará el viernes, la trilogía de ancestral del buen comportamiento.

El Presidente boliviano anunció que su administración se fundará en los heraldos morales de los pueblos indígenas de su país: Ama Sua (no seas ladrón), Ama Llulla (no seas mentiroso), Ama Qhella (no seas flojo).

Al tiempo de garantizar que el Estado Plurinacional que ayudó a instalar, asegurará la igualdad entre hombres y mujeres, Morales parafraseó al ex presidente boliviano Gualberto Villarroel, inmolado por una turba en 1946, y se dijo "más amigo de los pobres" sin ser "enemigo de los ricos".

"Hoy, hay un Estado colonial que se va y un Estado plurinacional que llega", proclamó, interrumpido con una salva de aplausos proveniente de los cuatro costados del histórico emplazamiento arqueológico.

Evo Morales "despide al Estado colonial en su segunda investidura indígena", reseñó un despacho del País de España.

Morales enunció su discurso en tres idiomas aimara y quechua, posteriormente en castellano.

"Un Estado que murió y un Estado que nació, un Estado colonial que se va y un Estado Plurinacional que llega, un Estado colonial que permitió el saqueo de los recursos de la madre tierra, un Estado discriminador, un Estado colonial que siempre nos han visto a los pueblos indígenas como salvajes. (…) La mejor forma de defender los Derechos Humanos es defender a la madre tierra, si los movimientos sociales no asumimos la responsabilidad seremos cómplices del capitalismo", aseveró la autoridad que volvió a declararse opuesto al capitalismo.

Medio millar de periodistas bolivianos y extranjeros cubrió la ceremonia.

Luego que el dignatario abandonara, tomado de la mano por la longeva y encorvada "warmi", Tiawanaku se entregó a una fiesta de sesgo costumbristas en la que miles de indígenas en traje de fiesta bailaron y cantaron en homenaje a su líder que será investido con los novísimos símbolos plurinacionales, el viernes en La Paz.



Fuente: ABI, Agencia Boliviana de Información

martes, 19 de enero de 2010

“Ciudadanos por el Cambio” anuncian su apoyo a Ollanta Humala

Un colectivo de intelectuales denominado “Ciudadanos por el Cambio” expresó ayer su respaldo público a la candidatura presidencial del líder nacionalista Ollanta Humala y a los postulados del proyecto nacionalista, manifestando que la única forma de profundizar la democracia es construir una nueva República, una nueva Constitución y luchar frontalmente contra la corrupción.

Conforme a un manifiesto publicado el pasado domingo, el analista Alberto Adrianzén, uno de los integrantes del grupo, dijo que renovar la política y ejecutar las reformas integrales en educación, salud, vivienda y promoción del empleo, son algunas de las tareas que apoyarán activamente en beneficio de la población.

Añadió que para vencer el reto de la globalización, el Perú debe convertirse en promotor del proceso de integración de América Latina, apoyando los esfuerzos de la Comunidad Andina, el Mercosur y la Unasur. “Para ello, revisaremos todos los tratados de libre comercio que se opongan al ejercicio de nuestra voluntad soberana y de la integración”, añadió.

En una presentación realizada en el hotel Bolívar, los intelectuales, entre quienes se cuenta además de Adrianzén, Omar Chehade, Nicolás Lynch, Roger Rumrrill y Sinesio López, hicieron hincapié también en renovar el mercado nacional, recuperar el control de los recursos naturales, promover una nueva industrialización y terminar con la discriminación económica, que hace a unos más ricos y a otros más pobres.

El ex procurador Chehade indicó que para vencer la desigualdad necesitamos enfrentar los privilegios de unos pocos y promover políticas sociales universales y no caritativas ni privatizadas como las del neoliberalismo. Planteó “la recuperación de los derechos laborales arrebatados por la dictadura fujimorista y negados hasta hoy”, agregó.

Expresó también que la propuesta que apoyan se basa en el no continuismo de la reelección presidencial y que propugnan la alternancia de poderes.

A su turno, Ollanta Humala agradeció el apoyo del colectivo de intelectuales a su candidatura y a los postulados del proyecto nacionalista, que –según dijo– durante los últimos años ha sido objeto de campañas de demolición gestadas desde las cumbres del poder político y económico, sin lograr desaparecerlo.

“Nuestra propuesta la hemos mantenido y enriquecido a lo largo de estos años, atendiendo el reclamo de los más humildes que aspiran a poner punto final al saqueo y al pillaje al que nos han tenido acostumbrados los gobiernos de turno. Por ello, enfatizó, es hora de poner freno al remate desvergonzado del país, de cuyas migajas y faenones sólo pueden disfrutar los corruptos.

Entre los integrantes de “Ciudadanos por el Cambio” figuran también Félix Jiménez, Raúl Wiener, Salomón Lerner Ghitis, Ricardo Soberón y otros.
tomado de LA PRIMERA



martes, 12 de enero de 2010

EL CAPITAL: UNA OBRA REVOLUCIONARIA *

Marta Harnecker

Hace ya algo más de cien años, el 16 de agosto de 1867, a las 2 de la madrugada, Marx anuncia a Engels que acaba de terminar la corrección de la última página de su libro: el primer libro de El Capital.

"He terminado este volumen. Sólo á ti debo el haber podido hacerlo. Sin la dedicación que me has prestado, no me habría sido posible realizar los trabajos requeridos por estos tres volúmenes. Te abrazo con el corazón lleno de gratitud... Saludos mi querido, mi muy querido amigo".

A través de esta obra el proletariado internacional pudo conocer las razones de su miseria y los medios para acabar con ella de manera revolucionaria. Los prodigiosos descubrimientos de Marx y Engels iban a permitir que las masas obreras dieran una orientación correcta a sus luchas. El sistema capitalista había sido puesto al desnudo, se analizaban las condiciones de su nacimiento, de su desarrollo y de su supresión. Se señalaba así cuáles eran las condiciones objetivas de la revolución. La época de las utopías había terminado.

Pero después de 100 años de su aparición ¿sigue teniendo El Capital la validez que tuvo en su época, sobre todo cuando estos años han sido testigos de una modificación tan grande del Capitalismo? ¿Acaso la teoría marxista no pertenece ya a las reliquias del pasado?

La respuesta a esta pregunta pone en tela de juicio a los intelectuales, a los teóricos marxistas ¿no serán ellos sacerdotes de una religión superada?

Y, lo que es más grave y de mucho mayor trascendencia, pone además en tela de juicio todo el problema del movimiento comunista internacional y su repercusión en la línea política de los partidos comunistas de los distintos países.

Si la teoría marxista conserva su validez, es decir, si ella es capaz de dar cuenta de las nuevas realidades en sus raíces más profundas, haciendo con ello posible su transformación, reducir al silencio algunos de sus principios es caer en el oportunismo político, descartar algunos de ellos para reemplazarlos por otros "más actuales" es caer en el revisionismo. Oportunismo, revisionismo: plagas del movimiento popular, que lo debilitan reduciéndolo a consignas reformistas que, aunque reflejan sus intereses inmediatos, conscientes, no hacen sino someterlo a la estrategia de las clases dominantes, haciéndole olvidar que su verdadera liberación está en la destrucción del sistema, origen de todos sus males.

La importancia de esta cuestión exige una respuesta rigurosa. Para ello es necesario preparar el terreno tratando algunas cuestiones previas:
1°) Marx habla continuamente en El Capital de "MODO DE PRODUCCIÓN" (capitalista, feudal, etc...) ¿qué significación tiene este concepto introducido por Marx en el estudio de las sociedades? ¿Se reduce sólo a la producción de bienes materiales?
2°) ¿Cuál es el objeto del Capital?, ¿es un objeto económico (la economía capitalista) o un objeto histórico (el estudio de la Inglaterra capitalista del siglo XIX)?
3°) ¿La teoría marxista se reduce a El Capitán ¿Hay alguna diferencia entre una teoría científica y una ciencia empírica?
4°) ¿Cuál es el estado actual de la teoría marxista?

1) EL CONCEPTO DE MODO DE PRODUCCIÓN

Empezaremos tratando de aclarar el concepto de MODO DE PRODUCCIÓN.

No se debe confundir la expresión "MODO DE PRODUCCIÓN de bienes materiales" con el concepto MODO DE PRODUCCIÓN. La primera expresión es empleada por Marx y Engels para describir una forma de producción de bienes materiales: es una expresión descriptiva. El segundo es un concepto teórico que incluye además del nivel de la producción de bienes materiales (nivel económico), los otros niveles de la realidad social: jurídico-político e ideológico.

Marx y Engels no han definido nunca el concepto de MODO DE PRODUCCIÓN que tan a menudo emplean. La mayoría de los autores marxistas utilizan esta expresión sin definirla, y los que la definen limitan su significación al solo nivel económico. Nosotros estimamos, sin embargo, siguiendo a Louis Althusser, que la reducción de este concepto al solo nivel económico limita el sentido implícito que Marx le da en El Capital, su obra más acabada[1].

El concepto de MODO DE PRODUCCIÓN es el concepto que nos permite pensar y conocer una totalidad social. Hay una gran diferencia entre describir una cosa —mostrar sus características visibles— y conocer una cosa. Cuando un enfermo expone al médico lo que él siente, no hace sino describir los síntomas de su enfermedad. El médico es capaz de diagnosticar, a partir de estos síntomas, una enfermedad determinada; por ejemplo: apendicitis. Resume en una palabra la larga descripción de síntomas hecha por el enfermo. Esta palabra implica un conocimiento de la enfermedad. Para llegar a diagnosticar una enfermedad determinada es necesario captar la unidad que permite comprender los diferentes síntomas. De la misma manera, para llegar a definir un objeto es necesario ser capaz de descubrir la unidad o la forma de organización de los elementos que sirven en un primer momento para describirla.

Se puede describir una sociedad; decir, por, ejemplo, que en toda sociedad existen industrias, campos cultivados, correos, escuelas, ejército, policía, leyes, corrientes ideológicas, etc. Pero la organización de estos elementos en diferentes estructuras (estructura económica, jurídico-política, ideológica) y la determinación del papel que cada una de estas estructuras juega en la sociedad, nos permite pasar de la descripción al conocimiento de una realidad social, establecer las leyes de su desarrollo y, por lo tanto, la posibilidad de guiarlo conscientemente.

En la época de Marx todo el mundo veía, describía los síntomas de la "enfermedad capitalista": la pobreza de las masas, la riqueza de pequeños grupos, la explotación de la mujer y de los niños, etc. Algunos se rebelaban, otros buscaban explicar esta situación recurriendo a las leyes divinas: "Siempre habrá pobres entre vosotros...". Pero Marx y Engels supieron pasar de la descripción al conocimiento de las causas y de las leyes del desarrollo capitalista, conocimiento que permitió, más tarde, a los partidos marxistas hacer la revolución y establecer regímenes sociales nuevos.
Después de lo dicho anteriormente se puede comprender mejor la afirmación que habíamos hecho: el concepto de MODO DE PRODUCCIÓN es el concepto teórico que permite pensar la totalidad social.

Todo MODO DE PRODUCCIÓN está constituido por:
1°) UNA ESTRUCTURA GLOBAL formada por tres estructuras regionales:
—Estructura económica.
—Estructura jurídico-política (leyes, Estado, etc.).
—Estructura ideológica (ideas, costumbres).
2°) En esta estructura global, una de las estructuras regionales domina siempre a las otras.

Es importante señalar aquí que no es el nivel o estructura económica la que juega siempre el papel dominante, como lo pretenden, a menudo, los vulgarizadores del marxismo. Marx nos lo dice claramente en una nota en el primer libro de El Capital[2] Marx dice en esa nota que si lo económico domina en El Capitalismo, no se puede negar que en la Edad Media dominaba el catolicismo (es decir una estructura ideológica) y en Atenas y Roma, la política. Pero, dice "son las condiciones económicas de entonces las que explican... por qué en un caso el catolicismo y en el otro la política jugaban el papel principal (o dominante)".

3°) En esta estructura global, la estructura económica es siempre la determinante en última instancia.

Como lo indica el texto que acabamos de citar, son las condiciones económicas las que determinan cuál de las estructuras regionales jugará el papel dominante.

La distinción entre papel dominante y papel determinante en última instancia es una distinción fundamental, a la que Althusser ha dado todo su peso. En Marx y Engels es difícil encontrar formulaciones explícitas sobre ella, debido a que su objeto de estudio es el modo de producción capitalista donde ambas determinaciones coinciden; el nivel económico juega en este modo de producción, no sólo el papel de determinación en última instancia, sino también el papel dominante.

Precisemos más lo que entendemos por estructura dominante. Consideramos dominante a aquella estructura que juega el papel fundamental en la reproducción del modo de producción determinado. En el caso del modo de producción servil, por ejemplo, la reproducción de las relaciones de explotación sólo se logra mediante la participación de factores superestructurales, ("extraeconómicos"). En este caso, será, por lo tanto, la estructura ideológica o la estructura jurídico-política la que dominará dependiendo del peso relativo que cada una de ellas tenga en la reproducción de las relaciones de producción. Esto nos hace pensar que no pueden existir leyes económicas de reproducción de este modo de producción.

En el modo de producción capitalista, por el contrario, es la estructura económica la que determina y fija las leyes de reproducción del sistema, desempeñando los factores superestructurales sólo un papel secundario.

4º) Por último, lo que caracteriza a todo MODO DE PRODUCCIÓN es su dinámica, es decir, la continua REPRODUCCIÓN de sus condiciones de existencia. El modo de producción capitalista, por ejemplo, al mismo tiempo que produce bienes materiales en una forma muy determinada, que implica la división de los hombres de esa totalidad social en capitalistas y obreros, y que da origen a toda una ideología que favorece este tipo de producción y a una forma de poder que la defiende y la estimula, va continuamente reproduciendo sus condiciones de producción. Al mismo tiempo que produce bienes materiales reproduce las relaciones de producción capitalistas. Al mismo tiempo que produce bienes materiales en mayor cantidad, reproduce en forma más extensa la división de los hombres en capitalistas y obreros.

Para finalizar debemos insistir en que el núcleo estructurador del modo de producción son las relaciones de producción. Son estas relaciones las que explican el tipo característico de articulación de las distintas estructuras regionales en cada modo de producción, son ellas las que determinan cual de ellas ocupará el papel dominante. recordemos que Marx dice explícitamente que es "la relación directa existente entre los propietarios de los medios de producción y los productores directos" la que nos revela "el secreto más recóndito, la base oculta de toda la construcción social"[3], (El Capital, III, p. 733).

2) EL CONCEPTO DE FORMACIÓN SOCIAL.

Antes de responder a la pregunta ¿cuál es el objeto de El Capital? debemos detenernos un momento en el concepto de formación social.

El concepto de MODO DE PRODUCCIÓN se refiere a un objeto abstracto, a una totalidad social pura, "ideal", en la que la producción de bienes materiales se efectúa en forma homogénea. Pero en la mayor parte de las sociedades históricamente determinadas la producción de bienes materiales no se efectúa de una manera homogénea. En una misma sociedad se puede encontrar diferentes tipos de relaciones de producción.

La Rusia analizada por Lenin en su artículo sobre "El impuesto en especies" (que corresponde, más o menos, al período que va desde 1917 hasta 1929) es un ejemplo de la combinación de diferentes sistemas económicos. Veamos la enumeración que hace Lenin:

1. economía campesina patriarcal, es decir, natural en una gran medida;
2. pequeña producción mercantil (esta categoría comprende a la mayor parte de los campesinos que venden trigo);
3. capitalismo privado;
4. capitalismo de Estado;
5. socialismo.

Rusia es tan grande y tan variada que todas estas diversas formas económicas y sociales se mezclan en ella. En esto consiste la originalidad de la situación.

Otro ejemplo es la Francia analizada por Marx en El 18 Brumario. En ella se encuentra una combinación de diferentes modos de producción de bienes materiales: feudal, patriarcal, pequeño-mercantil y capitalista.

Ahora bien, estas diversas relaciones de producción que coexisten en una sociedad históricamente determinada no lo hacen en forma anárquica ni aisladas unas de otras, una de ellas ocupa una situación dominante, imponiendo a las demás sus propias leyes de funcionamiento.

En la Introducción a la crítica de la economía política, Marx dice lo siguiente:
En todas las formas de sociedad, es una producción determinada y las relaciones engendradas por ella las que asignan a todas las otras producciones y a la relaciones engendradas por ellas su rango y su importancia [4].

Si estudiamos, por ejemplo, los diversos países de América Latina, encontramos que existen diversas relaciones de producción que van desde las relaciones capitalistas más desarrolladas hasta aquellas que caracterizan a una economía casi autárquica en ciertas regiones dominando en la mayor parte de ellos, si no en todos, las relaciones de producción capitalista. Estas someten a sus leyes de desarrollo a las otras relaciones que le están subordinadas.

Por lo tanto, en la mayor parte de las sociedades históricamente determinadas nos encontramos con la existencia de varias relaciones de producción, siendo siempre una de ellas dominante, es decir, aquella cuyas leyes de funcionamiento y desarrollo tienen una influencia decisiva sobre las demás. Pero en esta diversidad existe siempre una relación de producción que es dominante y cuyas leyes de funcionamiento tienen una influencia decisiva sobre las demás.

De lo expuesto anteriormente se deduce que la dominación de un tipo determinado de relaciones de producción, no hace desaparecer en forma automática todas las otras relaciones de producción, éstas pueden seguir existiendo, aunque modificadas y subordinadas a las relaciones de producción dominantes.

Podemos afirmar, por ejemplo, que desde la época de la conquista los países de América Latina han estado sometidos al sistema capitalista mundial en un comienzo bajo la forma de capitalismo comercial y luego a través de relaciones de producción propiamente capitalistas (en la mayor parte de ellos); pero afirmar que este sistema capitalista mundial domina no significa negar que existían y que todavía existen, en forma muy difundida, relaciones precapitalistas de producción: relaciones de producción que se acercan a las de la comunidad primitiva en algunos lugares aislados, relaciones semiserviles en muchas zonas campesinas y una difusión bastante grande de la pequeña producción artesanal[5].

Ahora bien, las relaciones de producción dominantes no sólo imponen sus leyes de funcionamiento a las otras relaciones de producción que le están subordinadas sino que también determinan el carácter general de la superestructura de dicha sociedad.

La complejidad de la estructura económica y el carácter dominante de una de las relaciones de producción que coexisten en ella explica el carácter complejo de las estructuras ideológicas y jurídico-políticas de toda sociedad históricamente determinada.

Para designar esta realidad social históricamente determinada empleamos el concepto de FORMACIÓN SOCIAL. Este concepto se refiere, como hemos visto, a una realidad concreta, compleja, impura, como toda realidad, a diferencia del concepto de MODO DE PRODUCCIÓN que se refiere a un objeto abstracto, puro, "ideal".

Llamaremos FORMACIÓN SOCIAL a una totalidad social concreta históricamente determinada.
Esta totalidad social concreta, históricamente determinada, puede corresponder a un país determinado o a una serie de países que tienen características más o menos similares y una historia común. Se puede hablar así de la formación social chilena, mexicana, etc. como también de la formación social latinoamericana.

Ahora bien, como toda totalidad social, esta totalidad social concreta, históricamente determinada, está compuesta de una estructura económica, una estructura ideológica y una estructura jurídico-política; pero a este nivel ellas tienen un carácter mucho más complejo. Por lo tanto, en toda formación social, salvo muy escasas excepciones, encontramos:

1. Una estructura económica compleja, en la que coexisten diversas relaciones de producción. Una de estas relaciones ocupa un lugar dominante, imponiendo sus leyes de funcionamiento a las otras relaciones subordinadas;

2. Una estructura ideológica compleja formada por diversas tendencias ideológicas. La tendencia ideológica dominante, que subordina y deforma a las demás tendencias corresponde generalmente a la tendencia ideológica de la clase dominante, es decir, a la tendencia ideológica propia al polo explotador de la relación de producción dominante.

3. Una estructura jurídico-política compleja, que cumplía la función de dominación de la clase dominante.

La formación social es, por lo tanto, una estructura compleja, compuesta por estructuras regionales complejas articuladas a partir de la estructura de relaciones de producción. Es necesario estudiar cada estructura regional en su autonomía relativa de las demás y de acuerdo a sus características propias.

El concepto de modo de producción se refiere a una totalidad social abstracta (capitalista, servil, esclavista, etc.). El concepto de formación social se refiere a una totalidad social concreta. Esta no es una combinación de totalidades sociales abstractas, o ideales, es una realidad concreta, históricamente determinada, estructurada a partir de la forma en que se combinan las diferentes relaciones de producción que coexisten a nivel de la estructura económica.

Por lo tanto, al estudiar una formación social, al estudiar un país determinado, debemos empezar siempre por diagnosticar qué tipo de relaciones de producción existen, cómo se combinan, cuál es la relación de producción dominante, cómo ejerce su influencia sobre las relaciones de producción subordinadas.

Sabemos que la tesis fundamental del materialismo histórico consiste en explicar el conjunto de los procesos históricos que se producen en una sociedad a partir de su infraestructura económica y, por lo tanto, a partir de una estructura económica compleja en la que se combinan diferentes relaciones de producción. Esta tesis no implica, sin embargo, que el marxismo niegue la importancia de los otros niveles de la sociedad. La estructura económica determina, en última instancia, el desarrollo social, pero no produce nada automáticamente. Los niveles ideológicos y público-políticos tienen una autonomía relativa, dentro de los márgenes que le permite la estructura económica, es decir, sus propias leyes de desarrollo. Su desarrollo puede estar adelantado o retrasado con respecto a la estructura económica.

El estudio de una formación social es fundamentalmente un estudio empírico. Es necesario tener datos concretos, estadísticos o de otro tipo, los que deben ser sometidos a un estudio crítico. Nunca se puede deducir de la infraestructura económica las otras estructuras de la sociedad. Lo económico sólo sirve de hilo conductor, de guía en la investigación detallada y específica de las estructuras ideológicas y jurídico-políticas.

Por último, a nivel de la formación social, la totalidad social históricamente determinada toma la forma de "individualidad concreta" que conserva una cierta identidad a través de sus transformaciones. Un país o un grupo de países se distingue de otro país o grupo de países por sus características individuales y por su historia. En esta historia se pueden distinguir distintas fases de desarrollo; lo que determina el paso de una fase a otra es un cambio en la forma en que se combinan las diversas relaciones de producción que coexisten en ellas. Las relaciones de producción que ocupan el lugar dominante en la estructura económica determinan el carácter de la fase y, además le dan un nombre. Cuando se habla, por ejemplo, de países capitalistas o países semi-feudales, se está pensando en las relaciones de producción dominantes en la formación social, pero ello no excluye la existencia de otras relaciones de producción que ocupan un lugar subordinada. Si se empleara un lenguaje riguroso, debiera decirse: formación social a dominante capitalista y formación social a dominante semifeudal.

3) ¿CUÁL ES EL OBJETO DE EL CAPITAL?

Con estos dos conceptos: MODO DE PRODUCCIÓN y FORMACIÓN SOCIAL podemos, responder a la pregunta acerca del objeto del Capital. Ahora podemos formularla de manera más precisa en la siguiente forma: El objeto del Capital ¿es el estudio del modo de producción capitalista (objeto abstracto) en su conjunto, o sólo el estudio de la estructura económica de este modo de producción, o es un estudio de una formación social, es decir, de una realidad social históricamente determinada: la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX?

Veamos lo que dice Lenin al respecto en ¿Quiénes son los amigos del pueblo?:

"...El Capital —cuyo único objeto es estudiar precisamente la sociedad capitalista— implica un análisis materialista de esta sociedad y de sus supraestructuras".

"...Si otros rasgos del régimen económico de la Edad Media han sido dejados de lado es porque pertenecen al modo de producción feudal "mientras que Marx estudia" el modo de producción capitalista..." el proceso de desarrollo del capitalismo ha comenzado efectivamente (por ejemplo, en Inglaterra) mediante un régimen de pequeños productores de mercancías diseminados, y por su propiedad individual, fruto de su trabajo".

En estos textos Lenin señala en forma precisa los límites del estudio de Marx: el régimen, sistema u organización social capitalista, es decir, un objeto abstracto, puro.

Veamos ahora lo que Marx mismo dice acerca del modo de producción capitalista y de Inglaterra: "En esta obra estudio el modo de producción capitalista, y las relaciones de producción e intercambio que le corresponden. Como Inglaterra es el lugar clásico de esta producción saco de este país los hechos y los ejemplos principales que sirven de ilustración al desarrollo de mis tesis"[6].

Marx estudia, por lo tanto, en El Capital un objeto abstracto: el MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA. La Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX figura en esta obra sólo como un ejemplo que sirve para ilustrar las afirmaciones teóricas de Marx, debido a que es el país en el que El Capitalismo está más avanzado.

Pero ¿podemos decir que El Capital estudia todo el modo de producción capitalista?
En realidad, El Capital, tal como lo conocemos, es una obra inconclusa, representa el estudio científico del "nivel económico" del modo de producción capitalista, y a ello se debe que se le considere generalmente como un obra de tipo económico. Marx pretendía analizar también el derecho, el Estado y la ideología del modo de producción capitalista, como lo deja ver en el plan de trabajo que presenta en la Introducción a la Crítica de la Economía Política, pero no alcanzó a
hacerlo. Sin embargo, es necesario señalar que esta teoría del "nivel económico" del modo de producción capitalista supone necesariamente, si no la teoría desarrollada, al menos ciertos elementos teóricos que se refieren a las otras instancias de este modo de producción: ideológica y jurídico-política. Por lo tanto, El Capital no se limita sólo a la economía. Sobrepasa ampliamente la economía, conforme a la concepción marxista de la realidad económica, que sólo puede ser comprendida como un nivel, una parte, una estructura regional inscrita orgánicamente en la totalidad de un modo de producción. A ello se debe que, a pesar de que el análisis de Marx permanece fundamentalmente a nivel de la economía capitalista, se puedan encontrar en su obra elementos teóricos importantes para poder elaborar la teoría de los otros niveles de este modo de producción, elementos que hasta este momento no han sido elaborados.

Por último, es necesario señalar que El Capital se limita a estudiar en forma científica y acabada el nivel económico del modo de producción capitalista, en su fase competitiva, que se caracteriza fundamentalmente por la libre competencia de los capitalistas individuales. A pesar de que Marx descubre la tendencia a la concentración de los capitales y a la formación de los monopolios, no puede realizar un análisis científico de esta etapa del desarrollo capitalista, debido a que, como todo pensador, está limitado en sus elaboraciones por la problemática de su época. ¿Tienen razón, entonces, aquellos que consideran el marxismo como una reliquia del pasado?

4) EL MATERIALISMO HISTÓRICO: UNA TEORÍA CIENTÍFICA.

En las páginas anteriores hemos visto que la obra más acabada de Marx: El Capital tiene por objeto de estudio el modo de producción capitalista, es decir, un objeto abstracto que no se encuentra nunca en estado puro en la realidad. Hemos visto también los límites de este estudio: nos da un conocimiento científico del nivel económico del modo de producción capitalista en su fase premonopolista. Marx no pudo realizar su proyecto inicial: el estudio de todos los niveles del modo de producción capitalista.

Pero, ¿Que es lo que guía a Marx en el estudio científico del modo de producción capitalista? ¿Cuál es su "hilo conductor"?

Su "hilo conductor" es la teoría materialista de la historia enunciada por él de manera muy esquemática en su Prefacio a la Crítica de la economía política.

Detengámonos un momento a analizar el significado de esta palabra teoría tan empleada en el lenguaje científico.

De la misma manera que en el proceso de producción material se pretende transformar una materia prima determinada (por ejemplo: el cobre) en un producto determinado (por ejemplo: cañerías, cables eléctricos, etc.) mediante la utilización por parte de los trabajadores de medios de producción especializados (máquinas, instrumentos, etc.); en el proceso de producción de conocimientos se pretende transformar una materia prima determinada (una percepción superficial, deformada de la realidad) en un producto determinado (un conocimiento científico, riguroso de ella). Esta transformación la realizan los trabajadores intelectuales utilizando instrumentos de trabajo intelectual determinados; fundamentalmente la teoría y el método científicos. Se llama teoría al cuerpo de conceptos más o menos sistemático de una ciencia (por ejemplo: teoría de la gravedad, teoría de la relatividad, teoría freudiana del inconsciente, etc.). Se llama método a la forma en que son utilizados estos conceptos.

Toda teoría científica, por lo tanto, tiene el carácter de instrumento de conocimiento, ella no nos da un conocimiento de una realidad concreta, pero nos da los medios o instrumentos de trabajo intelectual que nos permitan llegar a conocerla en forma rigurosa, científica. La teoría de la gravedad, por ejemplo, no nos da un conocimiento inmediato de la velocidad con que cae una piedra desde una altura determinada, pero nos da los medios para poder realizar este cálculo concreto.

Cuando se habla, entonces, de teoría marxista de la historia (o materialismo histórico) se está hablando de un cuerpo de conceptos abstractos que sirven a los trabajadores intelectuales como instrumentos para analizar, en forma científica, las diferentes formaciones sociales.

Este cuerpo de conceptos del materialismo histórico es el siguiente: fuerzas productivas, relaciones sociales de producción, infraestructura, superestructura, estructura ideológica, estructura jurídico-política, modo de producción, formación social, determinación en última instancia por la economía, autonomía relativa de los otros niveles, clases sociales y lucha de clases relacionadas a las relaciones sociales de producción, transición y revolución, etc.

Aunque este cuerpo de conceptos nunca fue desarrollado en forma sistemática por Marx, fue, sin embargo, utilizado por él en el estudio del modo de producción capitalista permitiéndole pasar de una simple descripción del sistema a una comprensión profunda de sus leyes, de su dinámica y de sus perspectivas futuras.

Existe una gran desigualdad en la elaboración posterior que han sufrido estos conceptos. Los conceptos pertenecientes a la infraestructura, por ejemplo, han sido mucho más elaborados que los pertenecientes a la superestructura. Esto no se debe a un azar, sino al hecho de que estos son los conceptos que han sido utilizados a menudo por Marx en el análisis de la estructura económica del modo de producción capitalista. Estudiando cómo Marx los emplea en El Capital, los teóricos marxistas han podido elaborarlos de una manera más profunda, aunque todavía muy insuficiente en muchos aspectos. Los otros conceptos, por el contrario, permanecen en estado de "conceptos prácticos" (más que dar conocimientos indican las líneas generales que deben guiar la investigación). El concepto de superestructura, por ejemplo, permanece aún bastante imperfecto. Partiendo de los elementos teóricos no-desarrollados que se encuentran en El Capital y en las obras políticas de Marx y Engels, los investigadores marxistas deben producir los conceptos generales de los niveles jurídico-político e ideológico.

Ahora bien, los conceptos generales del materialismo histórico empleados en El Capital son diferentes de los conceptos específicos que constituyen la teoría del nivel económico del modo de producción capitalista desarrollada en esta obra. Estos conceptos específicos: trabajo abstracto y trabajo concreto relacionados a valor de cambio y valor de uso, plusvalía, capital constante y variable, etc., son conceptos que sólo sirven para estudiar específicamente el nivel económico del modo de producción capitalista; el estudio del nivel económico del modo de producción servil o del modo de producción socialista, requiere otros conceptos específicos [7].

5) TEORÍA GENERAL Y TEORÍAS REGIONALES.

Podemos concluir entonces que para realizar un estudio del modo de producción capitalista, se necesita una teoría más general, un cuerpo de conceptos más abstractos. Estos conceptos generales son los instrumentos de trabajo que permitirán la producción del conocimiento del modo de producción capitalista.

Debemos, por lo tanto, distinguir en el materialismo histórico:
1) una TEORÍA GENERAL: el cuerpo de conceptos generales empleado en el estudio diferencial de cada modo de producción.
2) TEORÍAS REGIONALES: de los diferentes modos de producción (esclavista, servil, capitalista, etc.) y de la transición de un modo de producción a otro.

Si queremos, por ejemplo, situar precisamente la teoría marxista de la dictadura del proletariado, debemos señalar que ella no pertenece a la teoría general del materialismo histórico, sino a una teoría regional: la teoría del paso del modo de producción capitalista al modo de producción socialista, y más precisamente a la subregión de la instancia jurídico-política de esta etapa de transición.
Con estos elementos podemos volver a nuestra pregunta central: el marxismo ¿es una reliquia del pasado?

Si el objeto del marxismo fuera, una sociedad histórica determinada, la Inglaterra o, si se quiere, la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, la respuesta sería evidentemente afirmativa. Pero, Marx no estudia en El Capital un objeto concreto, una formación social dada, sino un objeto abstracto: el modo de producción capitalista, que no se encuentra nunca, en la realidad, en estado puro, sino siempre combinado con otros modos de producción de bienes materiales en las formaciones sociales concretas. Más aún, en países como los nuestros de A. L. en que amplios sectores de la economía no corresponden al desarrollo capitalista estudiado por Marx, su teoría sigue siendo válida como instrumento de trabajo para estudiar el sector capitalista, que a pesar de ser, en muchos casos, cuantitativamente menos desarrollado, es cualitativamente dominante, es decir, es un sistema que impone sus leyes de funcionamiento a los demás sistemas más atrasado. Si se quiere estudiar, por ejemplo, la estructura agraria en Chile, no se la puede aislar de la dominación efectuada por el sistema capitalista imperante, sistema que está íntimamente relacionado o, mejor dicho, que es la consecuencia directa del sistema capitalista imperialista mundial.

Por otra parte, al no reducirse el marxismo a la teoría regional del modo de producción capitalista, no puede hablarse de reliquia del pasado, más bien cabría hablar de insuficiencia de desarrollo.

En lugar de reliquia del pasado, podría hablarse de una teoría con grandes perspectivas pero que, como todo gran descubrimiento, y sobre todo cuando se trata de un descubrimiento, y sobre todo cuando se trata de un descubrimiento que pone en peligro la existencia de las clases dominante, sufrió una gran represión histórica. Basta para ello analizar el lugar que se le ha dado en los programas de estudio de las Universidades europeas, por ejemplo.

Además de esta represión histórica realizada por las clases dominantes, es necesario reconocer que durante muchos años los mismos países socialistas frenaron la investigación por razones conocidas por todos.

Nos queda, por último, preguntarnos: ¿qué relación existe entre esta teoría científica de la historia y las revoluciones sociales? ¿Acaso no hay tantos teólogos en el infierno como marxistas instalados en el sistema burgués?

6) TEORÍA MARXISTA Y ACCIÓN REVOLUCIONARIA.

Hemos visto en las páginas anteriores que el materialismo histórico, como toda teoría no nos da un conocimiento de un objeto concreto, una sociedad históricamente determinada, pero nos da los medios (instrumentos de trabajo intelectual) más eficaces para conocer este objeto concreto. Por lo tanto, si el materialismo histórico no es utilizado en el análisis de realidades concretas, puede ser considerado como una teoría amputada, que no cumple su objetivo como una flecha que se hace girar entre los dedos sin lanzarla jamás. Esta imagen es de Mao Tse-tung, quien la utiliza para explicar la relación que debe existir entre la teoría marxista y la acción revolucionaria. Veamos lo que dice:

"La relación recíproca que existe entre el marxismo-leninismo y la revolución china, es semejante a la acción recíproca que existe entre la flecha y el fin. Ahora bien, algunos de nuestros camaradas "lanzan la flecha sin tener un objetivo", tiran al azar. Tales camaradas pueden perjudicar fácilmente la causa de la revolución. Existen otros camaradas que se contentan con tener la flecha, hacerla girar entre los dedos, alabarla sin descanso. ¡Mirad esta flecha! ¡Qué magnífica flecha!, pero no quieren de ninguna manera lanzarla. Estos camaradas son aficionados a las curiosidades de museo, y en el fondo no se preocupan en absoluto, de la revolución. Nosotros debemos lanzar la flecha del marxismo-leninismo, teniendo por objetivo la revolución china. Si no aclaramos esto, el nivel teórico de nuestro partido no se elevará nunca y la revolución china no podrá triunfar jamás[8].

Por lo tanto, el marxismo —teoría revolucionaria— sólo es consecuente con sus propios fines si se pone al servicio de los movimientos revolucionarios, los que todavía preparan y los que ya han realizado revoluciones victoriosas.

Pero estos movimientos revolucionarios no pueden "aplicar" simplemente, de una manera mecánica, la teoría marxista, es necesario que la "apliquen" en forma creadora, y para ello es preciso que estudien la historia de sus países, las características y la evolución de su propia formación social.

Un ejemplo de la utilización del materialismo histórico como instrumento de trabajo que permite analizar una formación social determinada, la Rusia de fines del siglo 19, es el extraordinario libro de Lenin: El desarrollo del capitalismo en Rusia. No se debe al azar que Lenin haya terminado de escribir este libro en enero de 1899, y que sólo a fines de ese mismo año haya formulado el primer proyecto de programa del Partido Social Demócrata (nacido el año anterior).

Conocer una formación social o un país determinado, es conocer aquello que lo caracteriza esencialmente, conocer su estructura económica compleja, conocer cuál es el modo de producción de bienes materiales dominante, conocer cómo sus leyes de desarrollo influyen sobre los modos de producción de bienes materiales subordinados y, por lo tanto, conocer la etapa del desarrollo en que se encuentra; conocer la estructura del poder y las formas ideológicas dominantes y aquellas que potencialmente pueden desarrollarse, etc.

Pero para realizar una acción revolucionaria justa, no basta aplicar la teoría marxista al conocimiento de una formación social determinada en su etapa actual de desarrollo. Es necesario avanzar aún más en el análisis y determinar lo que Lenin llama "el momento actual" o la "coyuntura social y política", la que es definida fundamentalmente por la "correlación de las fuerzas presentes", internas y externas. Esto es muy importante, ya que toda formación social es una realidad en movimiento, movimiento que no depende sólo de sus propias leyes internas de desarrollo, sino de su inserción en la coyuntura mundial.

El gran aporte de Mao Tse-tung al estudio de la coyuntura, es haber mostrado que la coyuntura puede analizarse en forma científica considerándola como un sistema de contradicciones en el que las contradicciones secundarias se encuentran determinadas e influidas por la contradicción principal[9].

El análisis correcto de este sistema de contradicciones permite fijar el criterio para efectuar la alianza de la clase obrera con las demás fuerzas revolucionarias en cada etapa de la revolución.

Por lo tanto, el conocimiento adecuado de la coyuntura es una condición fundamental para conducir una acción revolucionaria justa.

Resumiendo lo que acabamos de decir, podemos distinguir dos niveles en la aplicación creadora del materialismo histórico:

1. El nivel del análisis de las formaciones sociales, es decir, de sociedades históricamente determinadas, en una cierta etapa de su desarrollo.

2. El nivel del análisis de la coyuntura, es decir, del "momento actual" de una formación social, definido por la "correlación de fuerzas presentes".

El conocimiento de estos objetos concretos no se puede deducir de la teoría marxista; para obtenerlo es necesario un estudio empírico, concreto: hacer encuestas, utilizar críticamente el máximo de datos que se refieran a esa realidad (estadísticos u otros). No bastan las "citas célebres", se necesita una aplicación creadora de la teoría marxista.

Lenin critica duramente a los políticos que se aferran a las citas de los libros sin hacer un esfuerzo por enfrentarse en forma creadora a la realidad:

"Ellos son como aquellos eruditos cuyo cráneo es un cajón lleno de citas que pueden extraer, pero que en el momento en que se presenta una nueva combinación, no descrita en los libros, se sienten perdidos y toman de su cajón justamente aquella que no les sirve"[10]

Mao Tse-tung no es menos duro. Dice: "Nuestros camaradas deben comprender que quien no ha hecho encuestas no tiene derecho a hablar"[11].

Pero si el conocimiento correcto de nuestro país y de la coyuntura política que estamos viviendo es una condición fundamental para realizar una acción revolucionaria justas, este conocimiento, por sí solo, no la produce; para que ello ocurra es necesario que exista la mediación de una organización revolucionaria ligada a las masas, ya que son las masas y no los hombres, las que hacen la historia. No podemos, en este momento, detenernos en este punto, pero queremos al menos señalar su alta significación política: para llevar a cabo una verdadera acción revolucionaria, para hacer avanzar las fuerzas revolucionarias, no basta un análisis justo de la realidad ni un programa de acción justo; es necesario que exista un movimiento político organizado en tal forma, que permita educar y movilizar a las masas en la lucha revolucionaria.
Ser marxista no es, por lo tanto, equivalente a ser revolucionario.

"No porque un señor se apellide Águila, necesariamente debe tener alas y plumas..." (Fidel). Pero todo verdadero revolucionario de nuestra época, es o llega a ser marxista. Aquí la historia tiene la palabra.

NOTAS

* Primera parte de El Capital: conceptos fundamentales (1971). Definición de los conceptos de modo de producción, formación social, y breve desarrollo del materialismo histórico como teoría científica; plan de lectura, esquemas y bibliografía que ayudan a una lectura de El capital de Marx. Se agrega como anexo un texto muy claro sobre los conceptos fundamentales del capital del Manual de economía Política de Lapidus y Ostrovitianov, URSS. 1929. Publicado en: México, Siglo XXI Editores, 1a ed., 1971 (16 ed. hasta 2001).

[1]Ver, por ejemplo, el texto de El Capital, Libro III, p. 735, donde se refiere explícitamente a los factores jurídicos supraestructurales como elementos indispensables a todo modo de producción.
[2]El Capital, Libro I, p. 46 (Nota).
[3]Pensamos, por lo tanto, que no es correcto afirmar, como lo hace Poulantzas en su libro: Clases sociales y poder político en el Estado capitalista, Siglo XXI, México, 1969, que la matriz del modo de producción es el tipo de articulación de sus distintos niveles. Si, como el mismo Poulantzas lo señala (p. 22), son las relaciones de producción (propiedad, apropiación real) las que determinan el tipo de articulación de los niveles del modo de producción, este tipo de articulación no es sino un efecto de aquello que constituye realmente la matriz de este modo: las relaciones de producción. Pensamos que esta concepción de Poulantzas constituye el punto nodal estratégico de acerca del concepto de clases sociales.
[4] Einleitungzur Kritik der politischen Ökonomie, p. 637.
[5] A nuestro parecer, el grave error de Gunder Frank, en sus primeros libros y artículos acerca de América Latina, es creer que para afirmar la dominación del sistema capitalista mundial es necesario negar la existencia de cualquier tipo de relación precapitalista. Se confunde la dominación del capitalismo en las relaciones de intercambio con la dominación a nivel e las relaciones de producción. Este error impide analizar en forma correcta las clases sociales en América Latina.
[6]El Capital, Libro I. Prefacio a la 1a ed. alemana, p. XIV.
[7]Marx distingue claramente estas dos categorías de conceptos cuando habla en la Introducción a la Crítica de la Economía Política del "plan que hay que adoptar para el estudio de la sociedad burguesa".
[8] Mao Tse-tung: "Para un estilo correcto de trabajo en nuestro partido".
[9] Por ejemplo: en la sociedad capitalista, las dos fuerzas opuestas, el proletariado y la burguesía, constituyen la contradicción principal Las otras contradicciones, como por ejemplo las que existen entre la clase feudal remanente y la burguesía, la pequeña burguesía campesina, la burguesía liberal y la burguesía monopolista, la democracia burguesa y el fascismo burgués, así como entre los mismos países capitalistas, entre el imperialismo y las colonias, etc.; están determinadas e influidas por esta contradicción principal". Mao Tse-tung: "Sobre la contradicción".
[10] Lenin: " Discurso al primer Congreso de enseñanza extraescolar". Obras completas, T. 29 marzo-agosto, 1919.
[11] Mao Tse-tung: "Reformemos nuestro estudio". La cita completa es la siguiente: "Plantear como tarea, delante del partido, es estudio sistemático y completo de la realidad que nos rodea. Someter a encuestas (investigaciones) y a un estudio minucioso, según la teoría y el método marxista-leninista, las actividades de nuestros enemigos, las de nuestros amigos y las nuestras, en el terreno económico, financiero, político, militar, cultural y en el de la vida de los partidos político; luego sacar las conclusiones lógicas y necesarias. Con este fin dirigir la atención de los camaradas a las encuestas y a los estudios concernientes a los hechos reales. Hacerles comprender que la tarea fundamental de los órganos dirigentes del P.C. consiste en dos cosas importantes: conocer la situación tal cual existe y saber aplicar bien la política. Ello significa respectivamente, conocer el mundo y transformarlo. Nuestros camaradas deben comprender que quien no ha hecho encuestas no tiene derecho a hablar".