viernes, 22 de enero de 2010

Chile

Ellos pisarán las calles, nuevamente Por Oscar Taffetani


(APe).- La mayoría de los diarios del mundo describió como un giro a la derecha el resultado de las últimas elecciones chilenas, en donde el candidato de la CC y la UDI Sebastián Piñera logró derrotar por escaso margen al ex presidente democristiano Eduardo Frei (h), representante de la Concertación. Sin embargo, examinando las propuestas de Piñera y de Frei en lo ateniente a empleo, desarrollo social, educación, medio ambiente, institucionalidad, etcétera, veremos que no hay grandes diferencias.

Es que el verdadero giro a la derecha, si cabe, de la política y de la economía chilenas, se produjo de modo violento el 11 de septiembre de 1973, con un golpe cívico militar que clausuró definitivamente el sueño de construir un Chile socialista, donde las riquezas y el control de la economía estuvieran en manos de los trabajadores.

La retirada en orden del dictador Augusto Pinochet –quien llegó a mancillar con su culo una butaca del Senado de la Nación- fue acompañada por una suerte de Pacto de la Moncloa estilo chileno, bendecido por Washington, y que implicó entre otras cosas la no-investigación y el olvido de los crímenes de la dictadura.

Veinte años de democracia en Chile. Pero recién el pasado 11 de enero, poco antes del ballotage, la presidenta Bachelet inauguró el primer Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de ese país. ¿Por qué no lo hicieron antes? Veinte años de democracia en Chile. Pero el crimen del ex presidente Eduardo Frei Montalva –padre del candidato de la Concertación- ocurrido en 1982, recién comenzó a denunciarse, señalándose a los culpables, en diciembre de 2009, durante la campaña electoral. ¿Por qué no lo hicieron antes?

Tranquiliza a algunos pensar que Chile “giró a la derecha” este domingo que pasó. A nuestro entender, el giro se produjo un 11 de septiembre de 1973. Desde entonces no se ha cambiado esa dirección. Parafraseando a Clausewitz (y sin ignorar lo que nos toca como argentinos) podríamos afirmar que la democracia chilena, en muchos aspectos, viene siendo la continuación de la dictadura por otros medios.

“Trabajo, quiero trabajo”

En un contexto mundial que se caracteriza por los saltos tecnológicos aplicados sin transición, por la precarización laboral en rubros históricos y por un explosivo aumento del trabajo informal, son bolilla obligada de cualquier candidato las promesas de empleo y los planes para la creación de nuevos puestos de trabajo.

Sebastián Piñera, quien era un joven estudiante de Economía en Harvard cuando los momios chilenos decidieron interrumpir la pacífica transición al socialismo que lideraba el médico Salvador Allende, dedicó sus primeros esfuerzos, al salir de la universidad, a hacer dinero. Al fin y al cabo, las transformaciones del Chile de Pinochet habían sido pensadas, ejecutadas y garantizadas para gente como él. Invirtió sus dólares, dicen, en supermercados, compañías aéreas, jugadores de fútbol, etcétera. Y amasó una fortuna que hasta un poco antes de la campaña electoral –según la revista norteamericana Forbes- ya supera los mil millones de dólares.

El perfil de Piñera determinó que su voto más firme y fiel en estas elecciones fuera el de las clases altas (viudas, hijos y nietos de Pinochet), el de los profesionales, funcionarios y empleados de las corporaciones (pequeños accionistas del modelo neoliberal chileno) y el de la nueva e incipiente clase media, con sus renovadas aspiraciones de movilidad y ascenso social. Pero para conseguir más de la mitad de los votos, en un país que tiene tradicionales formaciones políticas (el Partido Socialista y la Democracia Cristiana, por empezar, además de radicales y comunistas), era necesario llegar a una masa heterogénea y numerosa, que incluye a una parte de los trabajadores organizados y a los grupos más pobres y vulnerables de la sociedad.

“Un millón de empleos con sueldos justos” fue la propuesta más impactante de Piñera. Su plan comprende un nuevo trato con la PYMES (que son grandes generadoras de empleo), el decreto nacional de una Emergencia de Empleo, un Bono de Intermediación (para ayudar a as personas con baja calificación laboral), una promoción del teletrabajo y del trabajo desde el hogar, un Bono Personal de Capacitación y un Seguro de Cesantía, entre otros beneficios.

De modo que esa locomotora neoliberal que en los ’80 y ’90 arrasó con los convenios y estatutos laborales, con la seguridad social, con el empleo público, con la salud y la educación públicas, ahora se permite aminorar la marcha y le ofrece a los rezagados, de la mano de un empresario exitoso (hoy convertido en político exitoso) un nuevo trato, ya que los grandes dogmas y verdades existenciales del neoliberalismo (como la economía social de mercado) están fuera de discusión.

Así están las cosas, en Chile y en el resto del mundo...
Agencia de Noticias Pelota de Trapo