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lunes, 13 de diciembre de 2010

24° Congreso del P C de Chile y el debate respecto a la concepción de gobierno

“Nuestra opción es la constitución de una convergencia de toda las fuerzas opositoras”
G. Teillier

Santiago, 10 Diciembre 2010.- Con la presencia de delegados de todo el país y representantes de diversos partidos y movimientos sociales internacionales, se dio el vamos al XXIV Congreso Nacional del Partido Comunista en el Teatro Municipal de San Miguel. En la ocasión, el Presidente del Partido Comunista, diputado Guillermo Teillier se refirió a las futuras alianzas con otros sectores de la oposición.


El Presidente del Partido Comunista, diputado Guillermo Teillier señaló que “lo primero es alcanzar la unidad de toda la oposición y con eso estaríamos cumpliendo con las expectativas de los trabajadores, de los pobladores, de aquellos que han sufrido con el terremoto y de aquellos que sufren las consecuencias de la agudización del modelo neoliberal. Esa unidad opositora puede dar paso después a una convergencia en la búsqueda de alcanzar una importante mayoría en las próximas elecciones municipales, luego en las parlamentarias y después acceder al gobierno con una plataforma distinta a las que han tenido los gobiernos de la Concertación y por cierto, muy distinta a la de la derecha”.


“Por ello nos preocupa que la Concertación demore las conversaciones con los partidos opositores. Mientras más tarda este inicio, más se consolida la derecha en el gobierno imponiendo con toda facilidad sus políticas, sin que exista un referente claro que exprese una alternativa, pero que sobre todo revierta la sensación de abandono y desencanto que aún persiste en la ciudadanía”, agregó el parlamentario.


Teillier sostuvo que la primera opción de la colectividad “es la constitución de una convergencia de toda las fuerzas opositoras, que incluya a la Concertación, el Juntos Podemos Más, el PRO, el MAS, y el Partido Regionalista del Norte. Es la propuesta gruesa que entregamos a todas las fuerzas que conforman la oposición”.


El parlamentario informó que este lunes se realizará la primera conversación entre los presidentes de los cuatro partidos de la Concertación y el Partido Comunista. A esta reunión también han sido invitados los representantes del PRI, del MAS y del PRO. Al respecto, Teillier indicó que “será muy importante, porque se conocerán los propósitos de cada uno y podrán ser los primeros lineamientos del futuro”.


En este evento se encuentra participando delegaciones de Vietnam, Nicaragua, México, Brasil, Uruguay, Japón, Alemania, Perú, Bolivia, además de diversos dirigentes sindicales y estudiantiles.

mas información en: http://www.pcchile.cl/






¿Gobierno de nuevo tipo o un nuevo tipo en el gobierno?

Manuel Cabieses

El Partido Comunista, que en estos días culmina su 24º congreso, se propone “crear las condiciones para un gobierno de nuevo tipo, que lo vislumbramos como un gobierno que, dejando de lado los errores que cometió la Concertación pueda, a través de un acuerdo, de una convergencia de muchos partidos y movimientos, tanto políticos como sociales, llegar a acuerdos sobre objetivos importantes para el país”, ha reiterado el presidente del PC, diputado Guillermo Teillier.

A simple vista, parece una propuesta impecable, al menos desde la perspectiva de la dirección de ese partido que, en lo esencial, busca asegurarse un espacio de participación en la institucionalidad a través de una telaraña de entendimientos, repartos, omisiones y asociaciones con la Concertación. Sin embargo, lo que es bueno para la dirección del Partido Comunista, no siempre es bueno para la Izquierda aunque el PC -de manera pertinaz- se atribuya su representación en cada coyuntura electoral.

La “estrategia” de forjar un gobierno de nuevo tipo con la Concertación significa dejar para las calendas griegas la misión de la Izquierda: construirse a sí misma en la lucha contra la injusticia y en la solidaridad entre los seres humanos, y a partir de su fuerza social, política y cultural, desarrollar una política de alianzas, ceñida a principios y a los objetivos tácticos de cada periodo. Sólo así sería posible alcanzar un “gobierno de nuevo tipo”, definición que no sólo evoca un pasado bolchevique sino que fabrica un espejismo político que al esfumarse provocará nuevas decepciones y mayores deserciones en las filas revolucionarias.

Cuando no pocos miembros de la Concertación sostienen que esa coalición está muerta, o al menos boqueando, y otros se empeñan en ampliarla rebuscando en el basural del oportunismo, el Partido Comunista acude a reanimar un cadáver insepulto.

La Concertación, al contrario de lo que cree el presidente del PC, no sólo cometió “errores” que puedan dejarse de lado. Lo más grave no fueron sus errores sino su servilismo al capitalismo nacional y extranjero, y sus actos de corrupción. La Concertación es (¿o era?) una coalición política neoliberal. Por eso la Alianza derechista ahora la imita y sigue sus pasos en el gobierno, sin los complejos que padecían los regímenes concertacionistas. Con esa clase de socios -que representan intereses de clase diferentes- es imposible construir un “gobierno de nuevo tipo”.

En rigor, el diputado Teillier precisa que el acuerdo que el PC pretende alcanzar debe “empezar por cuestionar la actual Constitución Política del Estado y todo el aparato institucional”, sobre todo -desde luego- el sistema electoral. Sin embargo, esa condición no es nueva ni difícil de aceptar por la Concertación.

Si el senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle hubiese ganado el 17 de enero la segunda vuelta presidencial, hoy estaría encabezando -aunque usted no lo crea- el primer “gobierno de nuevo tipo”, de acuerdo a las exigencias del PC. En efecto, el comando presidencial de Frei -con la firma de Carolina Tohá- invitó al Juntos Podemos a sumarse a esa candidatura “para derrotar a la derecha”. La carta al Juntos Podemos (agrupación encabezada por el PC) recogía todos y cada uno de los doce solemnes compromisos que pedía el PC para apoyar a Frei. El primer compromiso era una nueva Constitución que incluyera la reforma del sistema electoral, el derecho a voto de los chilenos en el exterior, la posibilidad de los dirigentes sindicales de ser candidatos al Parlamento, reformar el Tribunal Constitucional, etc., etc.

El segundo compromiso era mantener el 100% de la propiedad estatal de Codelco. El tercero, una educación pública de calidad garantizada para todos. El cuarto, el mejoramiento de la atención en el sistema de salud pública. El quinto: “ampliación de los derechos de los trabajadores”; el sexto, “recuperación del carácter nacional del agua”; el séptimo, “democratización de los medios de comunicación”, y así continuaba el rosario de compromisos “por la democratización y el avance social de Chile”, nombre que se dio al documento que el PC presentó como una histórica concesión arrancada a la Concertación.

No está demás agregar que seguramente ningún hombre y mujer de Izquierda votó por Frei creyendo que haría un “gobierno de nuevo tipo”, o que cumpliría los doce compromisos. La votación izquierdista, que tampoco alcanzó para salvar a Frei, se motivó en un aspecto ético que es el sello distintivo de la Izquierda que no se vende ni se rinde, y que jamás dejará el paso libre a la derecha.

El PC, desde luego, merece respeto por su lucha antidictatorial -lo cual no lo exime de la crítica política-. Asimismo, como partido octogenario tiene edad suficiente para hacer lo que le venga en ganas, menospreciar al resto de la Izquierda e imitar -si le place- decisiones que llevaron a su desaparición a los partidos comunistas más grandes de Occidente. Pero el resto de la Izquierda chilena, a pesar de su dramática fragmentación y su extrema debilidad, no tiene que compartir una línea equivocada y nociva para los intereses del pueblo.

Chile necesita una Izquierda independiente, de orientación socialista y leal a los intereses de los trabajadores. Esta necesidad se hace más evidente en un periodo en que el país es gobernado directamente por una derecha que no oculta su nombre ni se avergüenza de sus intenciones. La Izquierda necesaria para Chile perdería el tiempo si se enredara prematuramente en negociaciones electorales y disputas por cuotas de poder burocrático. Eso sería empobrecer sus posibilidades de desarrollo. La Izquierda mendicante siempre recibirá migajas o propinas de partidos como los de la Concertación, que hipotecaron su destino para asociarse con los negocios.

El trabajo de la Izquierda independiente consistirá, por largo tiempo, en levantar un proyecto socialista que remueva la indiferencia y derrote el pesimismo. El objetivo es poner a los trabajadores chilenos en la ruta de los cambios profundos que pueblos hermanos, como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, están protagonizando en América Latina, en el ancho camino que hace medio siglo abrió la Revolución Cubana.

Cuando la nueva Izquierda chilena, vigorosa y creativa, pluralista y tolerante, alcance estatura y experiencia suficientes, habrá llegado el momento de proponer su alternativa socialista a otros sectores democráticos y compartir con ellos un gobierno de nuevo tipo que meta en cintura los excesos del capitalismo.

Editorial de Revista Punto Final
Fuente:elclarin.cl

mas información en: http://www.luisemiliorecabarren.cl/

domingo, 10 de octubre de 2010

Lenin: ENSEÑANZAS DE LA COMUNA *

Después del golpe de Estado que puso fin a la revolución de 1848, Francia cayó durante dieciocho años bajo el yugo del régimen napoleónico, que llevó al país no sólo a la ruina económica, sino también a una humillación nacional. Al sublevarse contra el viejo régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional y la otra de clase: liberar a Francia de la invasión alemana y liberar del capitalismo a los obreros mediante el socialismo. Esta combinación de las dos tareas constituye el rasgo más peculiar de la Comuna.

La burguesía formó entonces el “gobierno de la defensa nacional”, bajo cuya dirección tenía que luchar el proletariado por la independencia de toda la nación. Se trataba, en realidad, de un gobierno “de traición nacional”, el cual consideraba que sumisión consistía en luchar contra el proletariado parisiense. Pero el proletariado, cegado por las ilusiones patrióticas, no se daba cuenta de ello. La idea patriótica arrancaba de la Gran Revolución del siglo XVIII; esta idea se adueñó de las mentes delos socialistas de la Comuna; y Blanqui, por ejemplo, que era sin duda alguna un revolucionario un ferviente partidario del socialismo, no halló para su periódico mejor título que el angustioso grito burgués: “¡La patria en peligro!”

La conjugación de estas tareas contradictorias -el patriotismo y el socialismo- constituyó el error fatal de los socialistas franceses. En el Manifiesto que la Internacional lanzó en septiembre de 1870, Marx puso ya en guardia al proletariado francés contra el peligro de dejarse llevar del entusiasmo por una falsa idea nacional1. Profundos cambios se habían operado desde los tiempos de la Gran Revolución; las contradicciones de clase se habían agudizado, y si entonces la lucha contra la reacción de toda Europa agrupaba a toda la nación revolucionaria, ahora el proletariado ya no podía unir sus intereses a los de las otras clases, que le eran hostiles; la burguesía debía cargar con la responsabilidad de la humillación nacional; la misión del proletariado era luchar por la emancipación socialista del trabajo sometido al yugo de la burguesía.

En efecto, no tardó en verse el trasfondo verdadero del “patriotismo” burgués. Después de concertar una paz vergonzosa con los prusianos, el gobierno de Versalles procedió a cumplir su tarea directa y la emprendió con el armamento -terrorífico para él- del proletariado parisiense. Los obreros respondieron proclamando la Comuna y declarando la guerra civil.

A pesar de que el proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la Comuna fue un ejemplo brillante de cómo el proletariado sabe cumplir unánime las tareas democráticas, que la burguesía sólo sabía proclamar. Sin ninguna legislación complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el poder, llevó a cabo la democratización del régimen social, suprimió la burocracia y estableció la elección delos funcionarios por el pueblo.

Pero dos errores malograron los frutos de la brillante victoria. El proletariado se detuvo a mitad de camino: en lugar de comenzar la “expropiación de los expropiadores”, se puso a soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unificado por una tarea común a toda la nación; no se apoderó de instituciones como, por ejemplo, el banco; las teorías de los proudhonistas2 del “justo cambio”, etc., dominaban aún entre los socialistas. El segundo error consistió en la excesiva magnanimidad del proletariado: en lugar de exterminar a sus enemigos, que era lo que debía haber hecho, trató de influir en la moral de ellos, menospreció la importancia que en la guerra civil tienen las acciones puramente militares y, en vez de coronar su victoria en París con una ofensiva resuelta sobre Versalles, se demoró y dio tiempo al gobierno versallés de reunir las fuerzas tenebrosas y preparase para la semana sangrienta de mayo.

Mas, pese a todos sus errores, la Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento proletario del siglo XIX. Marx concedió un gran valor al alcance histórico de la Comuna: si cuando la pandilla de Versalles emprendió la traicionera tentativa de apoderarse delas armas del proletariado parisiense, los obreros se las hubiesen dejado arrebatar sin lucha, la funesta desmoralización que semejante debilidad hubiera sembrado en las filas del movimiento proletario habría sido muchísimo más grave que el daño ocasionado por las pérdidas que sufrió la clase obrera en el combate por la defensa de sus armas3. Por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la significación de ésta para la lucha general del proletariado las ha compensado: la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la fuerza de la guerra civil, disipó las ilusiones patrióticas y acabó con la fe ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía. La Comuna enseñó al proletariado europeo a plantear en forma concreta las tareas dela revolución socialista.

El proletariado no olvidará la lección recibida. La clase obrera la aprovechará, como ya la aprovechó en Rusia durante la insurrección de diciembre.

La época que precedió a la revolución rusa y la preparó tiene cierta semejanza con la del yugo napoleónico en Francia. También en Rusia la camarilla autocrática llevó el país a los horrores dela ruina económica y de la humillación nacional. Pero la revolución no pudo estallar durante mucho tiempo, hasta que el desarrollo social creó las condiciones precisas para un movimiento de masas. Pese a todo su heroísmo, los ataques aislados al gobierno durante el período prerrevolucionario se estrellaban contra la indiferencia de las masas populares. Tan sólo la socialdemocracia, con un trabajo perseverante y metódico, logró educar a las masas hasta hacerlas llegar a las formas superiores de lucha: las acciones de masas y la guerra civil con las armas en la mano.

La socialdemocracia supo acabar con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y, cuando se logró arrancar al zar el manifiesto del17 de octubre4, en lo que ella participó directamente, el proletariado comenzó a prepararse con energía para la siguiente e inevitable etapa de la revolución: la insurrección armada. Libre de las ilusiones “nacionales”, fue concentrando sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masas: los Soviets de diputados obreros y soldados, etc. Y pese a la gran diferencia que había entre los objetivos y las tareas de la revolución rusa y los dela francesa de 1871, el proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de París fue la primera en utilizar: la guerra civil. Teniendo presentes sus enseñanzas, sabía que el proletariado no debe desdeñar los medios pacíficos de lucha, que sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables en el período preparatorio de las revoluciones. Pero el proletariado jamás debe olvidar que, en determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un exterminio implacable de los enemigos en combates al descubierto. El proletariado francés lo demostró por primera vez en la Comuna, y el proletariado ruso le dio una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre.

No importa que estas dos magnas insurrecciones de la clase obrera fueran aplastadas. Vendrá una nueva insurrección ante la cual serán las fuerzas delos enemigos del proletariado las que flojeen. Esa insurrección dará la victoria completa al proletariado socialista.

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notas

* El artículo Enseñanzas de la Comuna, publicado en el número 2 de Zagraníchnaya Gazeta del 23 de marzo de 1908, es el acta taquigráfica de un informe pronunciado por Lenin. Al publicado, la redacción del periódico dio la siguiente aclaración: "El 18 de marzo se celebró en Ginebra un mitin internacional en conmemoración de tres aniversarios del proletariado: el veinticinco de la muerte de Marx, el sesenta de la revolución de marzo de 1848 y el treinta y siete de la Comuna de París. En nombre del POSDR habló el camarada Lenin, que trató de la importancia de la Comuna". "Zagraníchnaya Gazeta" ("Gaceta del Extranjero"): periódico del grupo de emigrados rusos en Ginebra; apareció en marzo y abril de 1908.

1 Véase C. Marx. Segundo llamamiento del Consejo General de la Asociación Internacional de losTrabajadores sobre la guerra franco-Prusiana.

2 Proudhonismo: corriente del socialismo pequeñoburgués hostil al marxismo, a la que se dio el nombre de su ideólogo, el anarquista francés Pedro José Proudhon. Proudhon criticaba duramente el capitalismo, pero no veía la salida en la destrucción del modo capitalista de producción que engendra ineluctablemente la miseria, la desigualdad y la explotación de los trabajadores, sino en "perfeccionar" el capitalismo y eliminar sus defectos y abusos mediante una serie de reformas. Proudhon soñaba con eternizar la pequeña propiedad privada, proponía organizar un "banco del pueblo" y un "banco de cambio", con ayuda de los cuales podrían los obreros, según él, adquirir medios de producción propios, hacerse artesanos y asegurar la venta "equitativa" de sus productos. No comprendía la misión histórica del proletariado, adoptaba una actitud negativa ante la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado y negaba con criterio anarquista la necesidad del Estado. Marx y Engels llevaban una lucha consecuente contra las tentativas de Proudhon de imponer sus opiniones la I Internacional. La enérgica lucha de Marx, Engels y sus partidarios contra el proudhonismo en la I Internacional acabó en la victoria completa del marxismo.

3 Véase el juicio que Marx emitió de la Comuna de París, como predecesora de la nueva sociedad, en el trabajo La guerra civil en Francia y en las cartas a L. Kugelmann del 12 y el 17 de abril de 1871.

4 El 17 (30) de octubre de 1905, durante las jornadas de máximo ascenso de la huelga política de octubre en toda Rusia, se promulgó el manifiesto del zar que prometía las "libertades civiles" y una Duma "legislativa". El manifiesto fue una maniobra política de la autocracia cuyo sentido estribaba en ganar tiempo, dividir las fuerzas revolucionarias, frustrar la huelga y aplastar la revolución. Los bolcheviques desenmascararon el contenido verdadero del manifiesto. El 18 (31) de octubre de 1905, el CC del POSDR lanzó un llamamiento "¡Al pueblo ruso!", en el que explicaba toda la falsedad del manifiesto del zar y exhortaba a proseguir la lucha.

jueves, 15 de julio de 2010

Nueva burguesía en Venezuela

Socialización de la economía y la nueva burguesía


Caracas, 04 jul, 2010, Fernando Arribas García*
. Especial para Tribuna Popular.- Todas las definiciones serias del socialismo, independientemente de las diferencias que pueda haber entre ellas en cuanto a las características y modos de organización y funcionamiento de la nueva sociedad, coinciden en que el rasgo principal de su proceso de construcción es la socialización creciente de los medios fundamentales de producción de bienes y servicios.

Hay acuerdo en que se requiere la eliminación progresiva de la propiedad privada de tales medios, a fin de liberar al trabajador de las condiciones objetivas de las que se derivan la explotación y la alienación, y liberar al mismo tiempo las fuerzas productivas de la sociedad de las ataduras a que las somete el orden capitalista y que les impiden una máxima expansión.

La experiencia histórica ha demostrado que el problema de la construcción del socialismo es más complejo que la simple eliminación de la propiedad privada de la base económica de la sociedad.

Se ha hecho evidente que la socialización de la economía, por sí sola, no garantiza la construcción y desarrollo sostenible del socialismo. Pero no hay dudas en cuanto a que dicha socialización es el requisito objetivo ineludible del proceso de construcción socialista.

Y es también indudable que la perduración del régimen de propiedad privada de los medios fundamentales de producción garantiza la perduración de la explotación y, por lo tanto, del capitalismo.

En consecuencia, esta sigue siendo la primera materia a considerar en cualquier definición de socialismo, y la primera tarea a resolver en el proceso de construcción de esa nueva sociedad.

En virtud de lo anterior, una sociedad estará más cerca de sentar las premisas materiales para la construcción del socialismo en la misma medida en que avance el proceso de socialización de sus medios fundamentales de producción de bienes y servicios.

Podemos medir objetivamente el avance o atraso relativo de una sociedad dada en este sentido, observando los niveles de socialización y/o privatización de su economía.

Para ello, hay que observar la evolución de la composición del Producto Interno Bruto (PIB) de la sociedad en cuestión, y determinar trimestre tras trimestre y año tras año qué porcentaje del PIB total del país es producido por el sector privado y qué porcentaje por el sector público.

Esto nos permitirá establecer el peso específico de cada sector en el total de la economía nacional en cada momento particular, y además determinar la tendencia histórica del país.

En una sociedad que esté efectivamente viviendo un proceso revolucionario de transformación de su economía, esto es, que esté sufriendo una transformación más o menos rápida y profunda de su estructura económica, tales porcentajes y tal tendencia histórica mostrarán cambios abruptos y significativos.

Así ocurrió, por ejemplo, en China: para 1952, el sector estatal aportaba sólo el 19,1% del PIB y el sector privado aportaba el 78,7%; pero para 1957, el sector estatal ya aportaba el 33,2% del PIB, los sectores cooperativo y comunal aportaban el 64,0%, y el sector privado apenas el 2,8%.

Otros ejemplos: en Yugoslavia, con un modelo de construcción del socialismo muy distinto del chino, el peso específico del sector privado cayó desde un 58,2% en 1947, a 28,3% en 1956, y a sólo 20,4% en 1964.

Y algo parecido ocurrió también en el caso de Chile, pese a las enormes diferencias históricas, culturales y políticas que existen entre el país sudamericano y los anteriores ejemplos: el peso del sector privado en el PIB no agrícola chileno cayó de más de 85% en 1970 a 61,0% tras apenas tres años de gobierno de Allende y la Unidad Popular.

Queda claro que, independientemente del modelo de socialismo que se busque construir, y de las diferentes vías que se transiten en ese proceso, en todos los casos se da una disminución más o menos rápida y sostenida de la contribución privada al total de la producción nacional, y un crecimiento igualmente rápido y sostenido del aporte de las formas económicas socializadas.

El caso venezolano

Veamos qué ha ocurrido en Venezuela en los últimos 16 años. El gráfico anexo muestra la evolución de la participación porcentual del sector privado en la composición del PIB nacional, trimestre por trimestre desde 1994, esto es, desde el quinquenio final de la llamada «IV República».

Estudio del PIB en Venezuela en los últimos añosLos cálculos han sido hechos sobre cifras tomadas del Banco Central de Venezuela (www.bcv.org.ve).

Este gráfico indica que, a diferencia de los países en que han ocurrido efectivamente transformaciones revolucionarias de la economía con miras al socialismo, en Venezuela no se ha producido hasta ahora una reducción significativa y sostenida del sector privado.

De hecho, el peso específico de este sector no sólo no ha decrecido desde el inicio del gobierno del Presidente Chávez (primer trimestre de 1999, cuando alcanzaba 65,0% del PIB total), sino que ha tendido a crecer y ha alcanzado sus máximos históricos tras ocho años de proceso bolivariano (72,4% en el segundo trimestre de 2007), en momentos en que el país vivía una relativa bonanza.

Es cierto que a partir de 2008 ha habido una disminución de ese valor, por un lado como resultado de la adquisición por el Estado de la mayoría accionaria en algunas empresas que hasta entonces pertenecían al sector privado (CANTV, Electricidad de Caracas, BANVENEZ, SIDOR, CEMEX, algunas contratistas y operadoras petroleras, etc.), y por otro lado como consecuencia de la caída de la actividad privada derivada de la crisis económica global.

Pero esto no ha evitado que, en el primer trimestre de 2010, el peso específico del sector privado (65,9%) siga siendo algo mayor que al inicio del proceso bolivariano e incluso mayor que el mínimo histórico alcanzado en los años finales de la «IV República» (59,7% en el segundo trimestre de 1996). Y esto tampoco ha alterado de manera significativa la tendencia general hacia la consolidación del dominio privado sobre unos dos tercios del total de la economía nacional.

En términos generales, la economía venezolana hoy sigue siendo predominantemente privada, e incluso más privada que antes del inicio del gobierno bolivariano.

Esta tendencia hacia la consolidación cuantitativa del sector privado podría ser la expresión objetiva de la aparición y fortalecimiento de una «nueva burguesía» surgida a la sombra del gobierno bolivariano, y que ha venido ocupando algunos espacios económicos que la «vieja burguesía» tuvo que abandonar total o parcialmente como resultado de la acción del gobierno desde 1999.

La suma total de los retrocesos sufridos por la fracción históricamente consolidada de la clase burguesa, más los avances obtenidos por la fracción emergente de la misma clase, deja al sector público en su conjunto aproximadamente en un punto similar al que se encontraba hace 11 años, y más atrasada que hace 14. En otras palabras, ha habido una redistribución de espacios y pesos entre dos fracciones distintas de la misma clase burguesa.

Esta transferencia parcial del peso específico que tenía el empresariado privado que dominaba la «IV República», no al pueblo organizado ni al Estado, sino al nuevo empresariado privado que crecientemente va dominando la «V República», parece estar en consonancia con la composición de clases del campo bolivariano y la correlación de fuerzas existente en su seno.

Al fin y al cabo, el actual proceso político venezolano, impulsado por una amplia alianza de clases y fuerzas que incluye a los sectores emergentes y no monopólicos de la burguesía, tiene un carácter antiimperialista, antimonopolista y de liberación nacional, pero no es necesariamente proclive a la perspectiva genuinamente socialista.


*Director del Instituto de Estudios Políticos y Sociales «Bolívar-Marx»


Fuente: Tribuna Popular Nº 178

viernes, 18 de enero de 2008

LAS PROMESAS DE LA IZQUIERDA NACIONAL


LAS PROMESAS DE LA IZQUIERDA NACIONAL [1]
TOMADO DEL PERIÓDICO PATRIA ROJA [2]


Está aún fresca la tinta usada para dar fundamento teórico a lo que en su momento se llamó “nueva izquierda”, cuyos portavoces declaraban su insurgencia para subvertir a la izquierda “dogmática”, estalinista”, “sectaria”, etc., supuesta causante de todos los males, de todas las frustraciones de la revolución en el Perú. Pese a su grandilocuencia, quizás por eso mismo, no pasó de ser estrella fugaz con pretensiones de relámpago que no logró sobrevivir a sus propias ilusiones.

Ahora, en otras circunstancias, con el entusiasmo de quien ha descubierto la pólvora insurge la llamada “izquierda nacional” como corriente renovadora y sustitutoria nada menos que del también “osificado”, “dogmatismo” y “stalinista” marxismo oficial. Si aquella “nueva izquierda” arras­traba tufillos velasquistas, esta otra izquierda,” mas sofisticada y teorizante se arrima demagógicamente bajo las frondas de la herencia mariateguista.

La “forja de una izquierda nacional —dicen los redactores de Amauta” simple y sencillamente significa liberarse de las ataduras de la dependencia de los centros externos... como única manera de limpiar el camino para el desarrollo de una izquierda con reales posibilidades de poder”. Carlos Urrutia, por su parte, concluye qué la “izquierda nacional... sólo puede ser socialista y proletaria”.

Es decir, la “izquierda nacional” vendría a ser algo así como una izquierda marxista autóctona, típico producto nacional... Eso es el “cholocomunista” tan del gusto del Ingeniero Malpica.

¿QUE SE DISCUTE?

Aparentemente el problema en debate entre los ideólogos del “cholocomunismo” y lo que ellos califican de marxismo “dogmático” y “stalinista”, tiene implicancias sólo secundarias. Que, en todo caso, el problema se reduce a que unos (los cholo-comunistas) parten de una posición autónoma, independiente, nacional, para enjuiciar los problemas de la revolución peruana, en tanto que los otros (los “dogmáticos” y “stalinistas”) se hallan sujetos a ataduras dependientes respecto de centros de poder extranjeros y que, en lugar de pensar con la cabeza propia lo hacen con cabeza prestada.

Viendo bien las cosas el problema es mucho más complejo y tiene que ver cues­tiones cardinales de la revolución peruana En realidad son dos maneras diametralmente opuestas de entenderla. El supuesto carácter nacional de unos y el carácter dependiente de otros no pasa de ser pretexto bajo cuya cobertura se encubren diferencias ideológicas, teóricas y políticas que no pueden menos que llevar a conclusiones divergentes, incluso opuestas, respecto de los diversos problemas, básicos de la revolución peruana y respecto del marxismo-leninismo.

No es casual, por ejemplo, que algún os voceros de la llamada “izquierda nacional” hayan comenzado a cuestionar la dictadura del proletariado o que reclamen la “subversión de los partidos revolucionarios siguiendo las huellas del viejo anarquismo. Tampoco es circunstancial la forma cómo idealizan la democracia quitándole su sello clasista y su carácter históricamente determinado. No en vano se trata de sustituir el carácter internacional de la ideología del proletariado con el nacionalismo pequeño burgués, al mismo tiempo que se arrecian los ataques contra la Internacional Comunista fundada por Lenin, exagerando hasta el extremo ciertos errores reales. Finalmente, tampoco es producto de la casualidad que se levante la figura del Amauta J.C. Mariátegui mellando su sello revolucionario proletario, internacionalista; integrador genuino del marxismo-leninismo o las condiciones concretas de a revolución peruana.

UNA IZQUIERDA -NACIONAL AMBIGUA

No cabe duda que los promotores de la llamada “izquierda nacional” buscan proyectarse como alternativa viable de dirección revolucionaria. Pues no hay otra manera de “limpiar el camino” para el desarrollo de una izquierda con reales posibilidades dé poder”. Si la izquierda “dogmática”, “stalinista”, ha dejado de ser una alternativa de dirección revolucionaria y se ha convertido más bien en un obstáculo para su desarrollo, en tanto y en cuanto negación de la herencia mariateguista, por tanto, del carácter nacional de la revolución peruana, si, en consecuencia, el factor básico del estancamiento y de las derrotas de la revolución radica en la crisis de dirección existente; entonces, no cabe duda, el problema decisivo se traslada a la solución de esta crisis de dirección, por lo tanto a la sustitución de las direcciones que han fracasado por otra nueva. Esta nueva dirección superadora de la precedente, capaz de sacar la revolución del atolladero en que se encuentra, no puede ser otra que la, “izquierda nacional”

La autoproclamada “izquierda nacional” deviene así un intento de dar respuesta integral a la crisis de dirección existente y de proponer un proyecto global para la realización del socialismo en el Perú. Si esto no está dicho nítidamente todo autoriza a pensar qué avanzan en esa dirección. Y sin embargo siguen un camino ambiguo, sinuoso, como es el mismo rótulo “izquierda nacional”.

Bajo ese membrete pueden caber diversos tipos de organización, pasando de la izquierda marxista-leninista a la izquierda democrática en boga hoy. ¿Que es, en efecto, desde el punto de vista de clase y de la composición de clase de sus integrantes, tal “izquierda nacional”? El proletariado no necesita revestirse de “izquierda nacio­nal” para adquirir su propia organización política y afirmar su independencia; No fue Mariátegui quien preconizó la conformación de una “izquierda nacional” porque siempre lo creyó una ilusión pequeño burguesa Su polémica con Haya de la Torre tuvo en esta cuestión uno de los puntos decisivos. Mariátegui abogó por un partido de clase; Haya de la Torre por un partido pluriclasista, es decir por una versión más clara, definida y menos vergonzante que la “izquierda nacional” que hoy se ofrece al proletariado como adquisición novísima y original.

No es que Mariátegui evitara la unidad más amplia de las fuerzas democráticas y revolucionarias susceptibles de ser organizadas. O que se opusiera a ella. Sino qué diferenciaba con claridad el partido de clase y el frente único, por tanto defendía ardorosamente la independencia política e ideoló­gica del proletariado como clase de vanguardia.

La “izquierda- nacional” de nuestros días, no importa que vaya membretada de “marxista-leninista”, no deja de ser uña ilusión pequeño burguesa, respecto de la cual podemos decir, parafraseando a Mariátegui, qué hasta el momento no pasa de ser un plan, un proyecto, algunas tendencias individuales, pero que no ha condensando en. una doctrina, ni en una organización, menos aún en un partido.

EL DEBATE ESTA ABIERTO

Con todo sería políticamente erróneo e ideológicamente perjudicial, no tomar en cuenta las cuestiones planteadas al debate. Y si bien los ideólogos de la llamada “izquierda nacional” no han culminado aun la elaboración de sus tesis centrales tanto en lo teórico como en lo programático, ello no debe ser obstáculo para poner al desnudo sus contrabandos seudo-marxistas. Repitiendo una vez más a Mariátegui, desde el momento en que existe como tendencia confusionista .y demagógica, y por lo mismo ambigua, es preciso esclarecer la posición proletaria” aun a riesgo de ser víctima de sus iras “anti-dogmáticas”.

Es clásica la afirmación de Carlos Marx en el Manifiesto Comunista de que “por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional”. Y que, en consecuencia, “es natural que el proletariado de cada país deba acabar en primer lugar con su propia burguesía.

De este modo defendía con extraordinaria precisión el carácter internacional efe la ideología del proletariado como expresión concentrada de una clase social que no tiene fronteras nacionales, precisando al mismo tiempo el carácter particular, si se •„ quiere nacional de las revoluciones, “acabar con la burguesía de cada país” como tarea prioritaria del proletariado, no anula ni reniega del internacionalismo proletario ni menoscaba la vigencia universal del marxismo-leninismo.

Lo internacional y lo nacional en las revoluciones dirigidas por el proletariado son una unidad dialéctica indisoluble. Esta relación dialéctica de contenido y forma nunca le han entendido los ideólogos de la pequeña burguesía Sea en su vertiente trotskista que exclusiviza el carácter internacional sea en su vertiente nacionalista burguesa que sobrevalora lo particular y las formas nacionales de la revolución a costa de renunciar u oponerse a las leyes generales de la revolución proletaria que se antoja “dogmática”.

Pero esa unidad contradictoria no equivale a reconocer que lo internacional y nacional tengan un peso y significado similares. Las luchas revolucionarias del proletariado y de los pueblos atraviesan diversas fases y tienen rasgos o leyes particulares y formas específicas que le son propios.
Sin embargo ninguna de ellas escapa a las leyes generales del desarrollo de la historia universal. De donde se desprende la obligatoriedad para los comunistas de integrar la verdad universal del marxismo-leninismo a la práctica concreta de la revolución en cada país. Sin esta unidad de teoría y práctica ninguna revolución puede producirse.

Los errores de Dogmatismo habidos en la historia del Partido reflejaron precisamente la disociación de teoría y práctica, la traslación mecánica de la experiencia internacional del proletariado y la incapacidad para entender las condiciones peculiares de la revolución peruana. El mérito fundamental de Mariátegui reside, justamente en que partiendo de las premisas teóricas marxista-leninistas ausculto la realidad del país y dio respuesta a los problemas planteada por ella. Esa tradición creadora es la que hay que rescatar en toda-su pureza. Ella continúa siendo una tarea irresuelta y, al mismo tiempo, un reto sin cuya solución la revolución no se realizará pese a la madurez de las condiciones objetivas ni el partido del proletariado podrá plasmarse como un auténtico partido marxista-leninista de masas.

NACIONALISMO EN LUGAR DE INTERNACIONALISMO

Ahora bien; ¿Qué plantean a este respecto los ideólogos de la “izquierda nacional”? La aceptación formal, si se quiere lírica del b carácter internacional de la clase obrera y de la base clasista de su ideología, y su sustitución real por una variedad nacionalista pequeño burguesa, chovinista, que lleva directamente a oponer la forma nacional al contenido internacional de la revolución proletaria y a sostener una alternativa pluriclasista en lugar de la hegemonía de la clase obrera en la revolución.

Uno de los argumentos a que recurren es la necesaria independencia política que deben tener los partidos revolucionarios dé todo centro de poder extranjero. Por lo que al Partido Comunista del Perú respecta siempre hemos sostenido la necesidad y la obligatoriedad de tal independencia de la autonomía de cada partido para definir su línea de acción. Esto es un pre-requisito básico. Sin embargo, la necesaria independencia de los partidos marxista-leninistas nada tiene que ver con la pretendida autonomía de la “izquierda nacional”. Aquella es una política independiente dentro de un objetivo y una base ideológica comunes a los partidos marxista-leninistas, ésta un modo vergonzante de proponer la autonomía que necesita el pequeño burgués para socavar la hegemonía de la clase obrera en la revolución y afirmar la suya.

A los partidos comunistas les basta definir partidos clasistas del proletariado, por­que son eso en efecto. No necesitan recubrirse como el membrete “izquierda” o ''nacional” para afirmar su carácter revolucionario y su particularidad nacional en el sentido de que recogen lo avanzado y revolucionario de las tradiciones históricas del pueblo peruano y expresan sus aspiraciones profundas y su porvenir.

La “izquierda nacional” necesita recu­rrir a la ambigüedad, a la utilización opor­tunista del sentimiento nacionalista de las masas y a los prejuicios chovinistas, para justificarse y para querer, afirmarse como una alternativa sustitutoria de la clase obrera y su base teórica, el marxismo-leninismo.

El concepto “izquierda nacional” es demasiado genérico para .expresar nada concreto ni definido. Una “izquierda nacional” no pasa de ser un rótulo en cuyo trasfondo caben todas las disquisiciones y todos los símbolos. En países con las peculiaridades del Perú tienen allí cabida todos aquellos que afirman una declarada posición democrática y antiimperialista y los que se proclaman socialistas. Es decir sectores sociales disímiles que van desde el proletariado revolucionario hasta sectores democráticos de la burguesía media.
Que al rotulo de “izquierda nacional” se le adicione la palabra “revolucionario” no modifica en nada la cosa. A lo sumo define el carácter revolucionario de esa “izquierda nacional” en lugar de su ambigüedad. Aquí también se olvida que los conceptos “izquierda”, “revolucionario” o incluso izquierda nacional” son términos políticos concretos que definen rasgos específicos de comportamiento respecto de la derecha, el reformismo, o de subordinación externa. Pero de ninguna manera sintetiza ni expresa a cabalidad una alternativa ideológica y política proletaria.

La afirmación mariateguista de la revolución en el Perú no será calco ni copia sino creación heroica del pueblo peruano ratifica los postulados básicos del marxismo-leninismo y desmiente la argumentación de los impulsores de la “izquierda nacional”. La fundación de la CGTP y más tarde del Partido del proletariado por el Amauta testifican un hecho concreto de enorme importancia que sólo la clase obrera erigiéndose en la fuerza dirigente está en capacidad de resolver no sólo las tareas de la revolución social, sino también las tareas democráticas y nacionales pendientes que la burguesía ya no está en condiciones de hegemonizarla. No impulsó la organización de una “izquierda Nacional” como si lo hizo Haya de la Torre, en su lugar propagandizó, organizó y creó el partido de la clase obrera peruana sin perder por ello, su espíritu creador ni renunciar al carácter profundamente nacional de la revolución peruana que él definió magistralmente.

Ser marxista-leninista es ser también revolucionario adentrado en la esencia nacional, sin que ello signifique perderse en los vericuetos del chovinismo nacional. Somos mariateguistas porque somos marxista-leninistas y porque entendemos la revolución peruana en su peculiaridad histórica férreamente entrelazada a la revolución proletaria.

Es un aserto indiscutible el reconocimiento de que las condiciones objetivas que hacen necesaria la revolución en el Perú, están maduras. La revolución antiimperialista, democrática y popular ha devenido “una necesidad práctica, concrete, una exigencia que espera solución. A esa realidad no corresponde sin embargo el desarrollo y la maduración del factor subjetivo, consciente, organizado de la revolución, no obstante los avances logrados a lo largo de estas dos décadas últimas.

Esta contradicción sigue siendo una de las cuestiones fundamentales a resolver, que explícita-hasta cierto punto los reveses sufridos o la incapacidad para explotar debidamente el conjunto de las contradicciones sociales que día a día se tornan más explosivos, aproximando las condiciones de una situación revolucionaria.

Esto es un hecho. Un hecho objetivo que está en la base de la dispersión de las fuerzas revolucionarias y. de las dificultades para articular una respuesta unitaria frente a la ofensiva de la dictadura y la derecha contra el pueblo.

La subsistencia de problemas o errores reales tampoco puede llevarnos a renegar de la experiencia acumulada, o peor aun so pretexto de la “originalidad nacional” renunciar a los principios básicos; del marxismo-leninismo. No hay que olvidar que el viejo revisionismo insurgió en nombre de la lucha contra los “dogmas” marxistas y en nombre de los “nuevos datos sobre el desarrollo económico”. El revisionismo contemporáneo, jruschovista, repite los procedimientos so capa de la “actualización” del marxismo-leninismo, a cuya sombra ataca en realidad lo esencial de la doctrina de Marx y Lenin, sobre todo su teoría y táctica acerca de la revolución proletaria y la dictadura del proletariado.

Desde el momento de su surgimiento como corriente oportunista el revisionismo criollo se ha deslizado por la pendiente reformista de adaptación a la ideología burguesa. Al parecer, si nos atenemos a las declaraciones públicas dé algunos de sus representantes ideológicos, la llamada “izquierda nacional” ha comenzado a rodar por la misma pendiente.


RECUSANDO EL LENINISMO

Sintetizando tesis básicas que el nacionalismo pequeño-burgués opone a los “dogmas” marxista-leninistas, Sinesio López escribe en Amauta 249 una virtual requisitoria contra la “concepción del internacionalismo proletario” que encarnó la III Internacional fundada por Lenin, y contra la “concepción del partido leninista” anterior a 1905 de supuesto origen kautskiano.

Por razones obvias aquí nos interesa el último punto.
En efecto. Lo que aquí se comienza a cuestionar no es el comportamiento de los partidos políticos que tuvieron que ver con ARI, sino un determinado tipo de concepción de partido. Y no cualquier tipo de concepción de partido, sino la concepción leninista, aquella que está resumida en textos clásicos como “¿Qué Hacer?” o “Un paso adelante, dos pasos atrás”, que sentaron las bases ideológicas y organizativas del Partido del proletariado.

Sinesio López llega a afirmar que la “concepción de partido que la división de ARI ha puesto en cuestión (?) es la concepción del partido káutskiana y leninista de la primera hora y no la concepción formulada por el mismo Lenin luego de las experiencias de 1905 y de 1917”. Una “izquierda nacional” supuestamente marxista-leninista que se erigiera sobre esta base, que fundara sus lineamientos ideológicos y organizativos en la repulsa de lo substancial del leninismo en lo que concierne ala construcción del partido, identificando a Lenin nada menos que con el Kautskismo sería cualquier cosa menos una izquierda nacional con base marxista-leninista.

Satanizar las tesis leninistas sobre partido anteriores a la revolución de 1905, o peor aún contraponerlas artificialmente con el Lenin posterior a 1905, no pasa de ser un ardid que lleva directamente al cuestionamiento integral de la concepción leninista del Partido, aperturando las condiciones para su sustitución por otra de base pequeño burguesa, liberal, si se quiere reformista. La revisión del leninismo es pues evidente. Revisión que va hasta el mismo cuestionamiento de la III Internacional fundada por Lenin y la concepción leninista del internacionalismo proletario, maximizando errores reales o bien planteando el problema fuera del contexto histórico.

LA PRUEBA DE LA PRÁCTICA

Toda la experiencia de la revolución anterior y posterior a la Revolución de 1905 ha ratificado las justezas de las tesis leninistas relacionadas con la construcción del partido del proletariado. Sin enterrar las fuentes ideológicas del oportunismo en ese entonces representado por el economicismo y el ala derecha de la social-democracia rusa, demostrando que aquel consiste, ante todo, en la postración ^ ante la espontaneidad del movimiento obrero y en el rebajamiento del papel dé la conciencia socialista en el movimiento proletario, no habría sido posible en Rusia construir un auténtico destacamento revolucionario como fue el partido bolchevique fundado y dirigido por Lenin. Este es, entre otros, el mérito histórico de “¿Qué Hacer?”. Allí mismo y en sus textos inmediatamente posteriores, Lenin traza, por primera vez en la historia del marxismo, la teoría sobre el partido como organización dirigente del proletariado y como arma fundamental de éste, sin la cual es imposible triunfar en la lucha por la dictadura del proletariado.

Las tesis fundamentales elaboradas por Lenin antes de 1905 no han perdido vigencia. Continúan siendo la piedra angular para la construcción de un auténtico partido marxista-leninista; Ello no significa, sin embargo, desconocer las condiciones particulares o las formas peculiares que tiene que asumir él trabajó organizativo en cada una; de las situaciones” de flujo p reflujo de la revolución, de predominio policiaco o de márgenes determinados de democracia de ofensiva o repliegue, aparte de considerar la situación concreta de la correlación de fuerzas y de la situación de la clase obrera y demás sectores populares. Las formas organizativas se desarrollan, perfeccionan y se adaptan a las condiciones concreta de la correlación de fuerzas y de la situación de la clase obrera y demás sectores populares. Las formas organizativas se desarrollan, perfeccionan y se adaptan alas condiciones concretas de la lucha revolucionaria, sin que ello signifique negar principios básicos extraídos de la misma realidad.


ENTENDER LA REALIDAD CONCRETA

Lenin acertó cuando antes de la revolución de 1905 exigía un partido altamente centralizado, rigurosamente disciplinado selecto en su composición social y apto para el combate en condiciones de ilegalidad y clandestinidad. En tales condiciones no podía plantearse otro tipo de partido que no fuera el que diseñó Lenin. Y no puede decirse que no obstante esta situación, el bolchevismo ruso fue un partido de masas y con vínculos sólidos en el seno dé la clase obrera. Acertó también cuando a su retorno a Rusia en noviembre de 1905 plantea la reorganización del Partido desde el momento en que las condiciones en que debía desarrollar su actividad se había “modificado considerablemente”, pues “ha sido, conquistada la libertad de reunión, de asociación, de prensa''. Al mismo tiempo que reconocía la importancia cíe estos cambios y de su utilización revolucionaria, insistía también en la precariedad de estos derechos y llamaba a evitar toda confianza en tales libertades pues ello “sería una locura, sino un crimen”. En las nuevas condiciones existentes Lenin planteó con audacia un viraje en el trabajo organizativo y de asimilación de nuevos militantes, pues había que “organizarse de manera nueva”, “someter a discusión los nuevos métodos” y trazarse de manera audaz y decisiva el “nuevo curso”.

El realismo leninista no significó, sin embargo, renunciar a sus postulados primigenios, negar los principios organizativos anteriores a 1905. Todo lo contrario. La experiencia práctica las había confirmado, al misino tiempo que aportaba nuevos datos y nuevas formas y métodos. Estos principios que ahora la “izquierda nacional” trata de enterrar no son otros que: el centralismo democrático, la disciplina interna; el reconocimiento del partido como una suma de organizaciones y no de individuos, por tanto la militancia obligatoria en organismos de base; la unidad indisoluble de unidad y practica; la lucha irreconciliable contra toda variedad de oportunismo; el reconocimiento del partido marxista-leninista como el destacamento de vanguardia de la clase obrera.

Está claro que las formas organizativas se desarrollan y perfeccionan de continuo. Seria un simple absurdo pensar la construcción del partido del proletariado como un todo uniforme, sometido a reglas fijas e inmutables, a manera de una secta, a sabiendas de las condiciones cambiantes de la lucha. Pero también, es cierto que en nombre de las necesidades concretas, de las peculiaridades nacionales, no se puede ni se debe renunciar a determinados principios básicos, cuya renuncia lleva inevitablemente a la carencia de principios y al terreno fangoso del oportunismo y el liberalismo tan de gusto de la intelectualidad que se resiste a organizarse y que por el contrario introduce sus tendencias anárquicas y disolventes.

Aquellos ''innovadores” de gabinete continúen construyendo sus castillos de arena. La vida es más fuerte que los sueños de verano y la revolución reclama contingentemente continuar la batalla. Nosotros, comunistas, optamos y nos quedamos con Lenin y el leninismo. Y estamos seguros que la clase obrera nos seguirá en este combate.


[1] LAS PROMESAS DE LA IZQUIERDA NACIONAL, es tomado del folleto EL DEBATE SOBRE LA IZQUIERDA NACIONAL, Ediciones Guillermo Lobatón, en cuya presentación firmada por los editores el 4 de septiembre de 1980 se afirma que se trata de una publicación de artículos relativos al debate MARIÁTEGUI Y LA IZQUIERDA PERUANA el cual se desarrollo entre diciembre de 1979 y abril de 1980 entre quienes defienden la tesis de la Izquierda Nacional (Carlos Iván Degregori, Carlos Urrutia, Sinesio López, Alberto Flores Galindo y la revista Amauta) y quienes se oponen a ella ( Manuel Dammert, Gustavo Espinoza y el Periódico Patria Roja)

[2] Esta referencia aparece como un supertitulo, avisamos que los editores advierten que algunos títulos originales no han sido respetados y en otros casos los artículos han sido recortados

jueves, 20 de diciembre de 2007

un agitado mes

Pedimos sinceras disculpas por la ausencia de más de un mes. Lamentamos por nosotros la falta de comunicación pues el principal motivo de este blog siempre ha sido el poder expresar nuestra opinión o aquellas con las que concordamos referente a los sucesos políticos y sociales que consideramos resaltantes.

La arbitrariedad de los temas tratados depende sobretodo de nuestra capacidad para abordarlos y de la impresión que nos determine la subjetividad así en este periodo de ausencia nos hubiese gustado pronunciarnos acerca de los hechos relacionados con la Republica Bolivariana de Venezuela y de su presidente el Comandante Hugo Chávez puesto que después del real exabrupto (que graficamos con una ilustración española que refiere a otro encuentro memorable en su historia como diplomático, la muerte del Oso Mitrofan) se siguieron produciendo declaraciones en torno al intervencionismo extranjero en las republicas sudamericanas en especifico respecto al papel jugado por el ex presidente español José Maria Aznar en el golpe de estado de abril de 2002 maquinado desde Estados Unidos. Con Posterioridad a ello se vino desarrollando el debate acerca de la reforma constitucional en Venezuela y el proceso de mediación y dialogo para un canje humanitario de secuestrados y presos políticos proceso que debido a la decisión unilateral del gobierno de Álvaro Uribe fue “liquidado” prefiriendo de acuerdo a la estrategia yanqui la vía militarista para la solución de este tremendo problema que afecta a la población de la hermana republica de Colombia (mas allá del caso particular de la señora Ingrid Betancourt, y de la intervención del Presidente francés Nicolás Zarkosy).

El Referéndum constitucional de Venezuela de 2007 fue una propuesta hecha inicialmente por el presidente venezolano Hugo Chávez y luego ampliada por la Asamblea Nacional de Venezuela con el objeto de modificar 69 artículos de la Constitución de 1999.

Entre las reformas más importantes Propuestas por el comandante estaban las referidas a la jornada laboral diurna de 6 horas diarias o 36 horas semanales, la extensión de los beneficios sociales a los trabajadores no dependientes, la consolidación de la soberanía venezolana, reforma de la forma de gobierno en la medida que se reconoce al poder popular como Consejos del Poder Popular, modificación del periodo presidencial. Además la Asamblea Nacional de Venezuela agrego artículos que desarrollan las propuestas básicas de Chávez consolidando la reforma estatal y la dación de más poder para el pueblo.

El resultado oficial preliminar del Proyecto de Reforma Constitucional se dio a conocer a la 1:07 a.m. del 3 de diciembre por la presidenta del CNE Tibisay Lucena indicando que “al analizar las transmisiones realizadas hasta el momento se determinó y se comprobó que es una tendencia que no es reversible. Es decir, que la votación se mantendrá con las actas aún faltantes y la tendencia se mantiene”. Luego Chávez nuevamente da una lección a su oposición al aceptar democráticamente los resultados internamente tiene que reconocer que las condiciones aun no estaban dadas para esta reforma sobretodo por la cantidad de municipios que se oponían a esta reforma por miedo a dar el paso cualitativo , sin embargo el pueblo ha visto quienes son aquellos que se llenan la boca con la palabra democracia pero que no toleran que se les reduzca la cuota de poder a favor de los verdaderos mandantes que son el pueblo.

jueves, 25 de octubre de 2007

Rechaza Cuba cada palabra del presidente Bush

La Habana, 24 oct (PL) El canciller Felipe Pérez Roque aseveró hoy aquí que Cuba rechaza una por una cada palabra de amenaza y de chantaje contra la isla, cada frase llena de odio del presidente de Estados Unidos, George W. Bush.









En conferencia de prensa en la sede de la Cancillería, Pérez Roque respondió las declaraciones de Bush esta tarde, en las que insistió en su política agresiva, que incluso deja entrever el uso de la fuerza, para derrocar a la Revolución cubana.
"Reaccionamos con indignación, pero con serenidad, no amenazamos. Nos preparamos", sostuvo el ministro cubano de Relaciones Exteriores.
Aseguró que "no hay, ni habrá fuerza en el mundo capaz de hacer desistir a los cubanos de su sistema de justicia, libertad e independencia. Somos una Revolución victoriosa".
La Revolución cubana no podrá ser derrotada y se lo decimos aquí al presidente del imperio que amenaza a Cuba, señaló Pérez Roque y resaltó que tenemos el apoyo consciente, voluntario del pueblo cubano, que no puede ser engañado, amenazado ni rendido.
Le decimos al presidente de Estados Unidos que lo que está llegando es el día en que el pueblo estadounidense y el mundo se libren de él, indicó.
"Lo que está llegando es el día en que se levante el bloqueo y que sus amenazas no nos sacarán del rumbo de la construcción de una sociedad más justa, más humana, más libre, de más socialismo y de más revolución", subrayó el canciller cubano.
Ese es el mensaje que tenemos para el presidente imperial que amenaza con guerras en las que él no va a participar, que amenaza con invasiones que él ordenará desde la retaguardia de sus confortables refugios, apuntó Pérez Roque.
Refirió que en vez de esa política agresiva, el presidente Bush debe proponerse 12 medidas, como respetar el derecho de los cubanos a su independencia y a su soberanía, cesar de inmediato su política de agresiones y amenazas contra Cuba, por demás inútiles.
Asimismo, prosiguió, dejar de intervenir groseramente en los asuntos internos de Cuba, poner fin a las acciones subversivas contra Cuba y a la guerra radial y televisiva contra nuestro país, desmontando las mal llamadas radio y televisión Martí.
También, levantar de inmediato y sin condiciones el bloqueo genocida contra Cuba, eliminar la prohibición de los viajes a Cuba de los norteamericanos y a las visitas familiares de los cubanos residentes en ese país.
Dejar de estimular la emigración ilegal desde Cuba, la criminal ley de Ajuste cubano y la política de pies secos y pies mojados, que estimulan el tráfico de personas, resulta la séptima medida recomendada por Pérez Roque al mandatario norteamericano.
Además, cesar las agresivas campañas de propaganda sucia y de mentiras contra Cuba, liberar a los cinco luchadores antiterroristas cubanos, presos políticos en las cárceles norteamericanas, y extraditar a Venezuela o enjuiciar en Estados Unidos al terrorista Luis Posada Carriles son otras dos medidas.
Finalmente, el canciller instó a Bush a cerrar de inmediato el centro de torturas en su ilegal Base naval de Guantánamo y devolverle ese territorio a Cuba, y cesar las presiones contra la comunidad internacional para que apoye la política de su régimen contra Cuba.
En ese sentido, el canciller cubano le vaticinó el fracaso, porque -apuntó- "Usted puede encontrar unos pocos aliados, que por miedo o falta de valor se les unan, pero Usted no tiene apoyo para esa política".
Reiteró que los planes de Bush se estrellarán contra el coraje del pueblo cubano y aseveró que Cuba no será puesta de rodillas.



Tomado de : Prensa Latina



En la lucha es el blog de los comunistas de la Facultad de Derecho y Ciencia Politica de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Para los Cuadros Políticos


El 11 de diciembre de 1937, la víspera del día de las elecciones, el camarada Stalin habló en su distrito electoral, tocando en su discurso el problema de las condiciones que debían reunir los hombres elegidos por el pueblo como diputados del Soviet Supremo de la U.R.S.S.

"Los electores, el pueblo -dijo el camarada Stalin- deben exigir de sus diputados que estén a la altura de su misión; que, en su trabajo, no desciendan al nivel de los filisteos políticos; que permanezcan en sus puestos de hombres políticos de tipo leninista; que sean hombres políticos tan lúcidos y tan preciosos como lo era el propio Lenin. Que sean tan intrépidos en el combate, tan implacables con los enemigos del pueblo, como lo era el propio Lenin. Que sean refractarios a todo pánico; a toda sombra de pánico, cuando las cosas empiezan a complicarse y en el horizonte se divisa algún peligro. Que sean, como lo era el mismo Lenin, refractarios a toda sombra de pánico. Que, cuando se trate de resolver problemas complejos, que necesitan la orientación en todos sus aspectos y tener en cuenta todas las ventajas y todas las desventajas, se muestren tan prudentes, tan ponderados y reflexivos, como el propio Lenin. Que sean siempre tan veraces y tan honrados, como era Lenin. Que amen a su pueblo, como lo amaba Lenin".


de: Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la U.R.S.S.


En el partido se designan, cada vez que hay elecciones de algún tipo, algunos militantes para que participen en estas lides, sin embargo, una vez terminado este proceso electoral, a pesar que de manera general se ha dado la orientación para que se proceda a acumular políticamente estos “cuadros” públicos desaparecen en el anonimato , son ganados por los terribles males que se han identificado en el partido, pierden el ímpetu y la audacia que caracterizan a los comunistas y aplican la “Política del Corcho”. Recordarles, con esta lectura, como es la actitud de un comunista, tiene la fraterna intención de aportar con la crítica al desarrollo orgánico y regular del partido.



martes, 4 de septiembre de 2007

César Vallejo : EJECUTORIA DEL ARTE SOCIALISTA

Leer a Vallejo: Una tarea agradable


Los nuevos rusos, después de una etapa de modas y de escuelas tan fugaces como barrocas -akmeistas, nitchevokis, presentistas, centristas, construistas- empiezan a pisar firme y a encontrar un derrotero propio y creador de la nueva cultura socialista. No se conoce a punto fijo el momento en que se inicia la nueva poesía rusa, ni el iniciador auténtico de ella. No es el iniciador Alejandro Blok, cuya obra, como dice Trotski, no es un poema revolucionario, sino el último suspiro del arte burgués. "Blok -afirma Trotsky- no nos pertenece". Tampoco es el iniciador Velemir Khlebnikov, cuyo espíritu saturniano y walpúrgico repugna a la salud natural y a la alegría del trabajo, que Gorki proclama como uno de los caracteres de la nueva vida. Ni Blok ni Khlebnikov han engendrado el arte propiamente socialista. Con solo cantar la rebelión y la lucha por la libertad y la justicia social, como hace Blok, no se crea, en efecto, una nueva estética. Con solo cantar sentimientos maximalistas y antiburgueses, como hace Khlebnikov, tampoco se crea una nueva estética. Para fijar el punto de arranque de la poesía socialista, convendría determinar previamente la naturaleza de esta y su fisonomía peculiar. Por desgracia, la poesía propiamente socialista, aquella en que ha de reposar la cultura universal del porvenir, no existe todavía en forma sustantiva. Ninguno de los poetas jóvenes de Rusia logra trazar, de manera definitiva y seria, los grandes lineamientos de esa estética. Maiakovski es un bufón. Kluef es un burgués indigenista, que ama a la revolución de octubre únicamente por haber emancipado al mujik. Trotski -a quien hemos de citar siempre por ser la mejor inteligencia bolchevique en la materia- exclama ante la obra de Kluef: "¿Qué quedaría de ella si se le quita su paisaneria?... Nada. Su arte carece de perspectiva histórica". Essenin ha sido acaso el que más cerca estuvo de dar una que otra brazada germinal a la poesía socialista. Su suicidio mismo y el proceso final de su espíritu testifican su tragedia de déclassé, su caso de hombre que sentía sinceramente y en el fondo de su propio ser personal, la crucifixión de un mundo que muere y otro que nace. Por haber vivido, precisamente, esta tragedia de encrucijada de nuestra época, Essenin ha sido el espíritu típico de los primeros artistas del socialismo, cuya misma impotencia para sentar las bases definitivas del arte futuro y para vivir plenamente la nueva vida, concuerda con las trágicas dificultades de la nebulosa cultural naciente. Pasternak, Filipchenko, Kasin, Jarov, Lall, no practican más arte socialista que el que reside en los temas, palabras y metáforas. La poesía verdaderamente socialista no se anuncia hasta ahora, más que en la buena intención de los jóvenes rusos y en muy contados y débiles acentos creadores. Porque la estética socialista no debe de reducirse a los temas, al sentido político ni a los recursos metafóricos del poema. No se reduce a introducir palabras a la moda sobre economía, dialéctica o derecho marxista. No se reduce a tejer ideas renovadoras o requisitorias sociales de factura u origen comunista. No se reduce a adjetivar los hechos y cosas del espíritu y de la naturaleza con epítetos traídos por los cabellos, de la revolución proletaria. La estética socialista debe arrancar únicamente de una sensibilidad honda y tácitamente socialista. La estética revolucionaria, aunque no esté en los motivos, en las palabras ni en la tendencia moral o política del poema. Solo un hombre sanguíneamente socialista aquel cuya conducta pública y privada, cuya manera de ver una estrella, de comprender la rotación de un carro, de sentir un dolor, de hacer una operación aritmética, de amar una mujer y de levantar una piedra, de callar o de llevar una migaja a la boca de un transeúnte, es orgánicamente socialista, solo ese puede crear un poema auténticamente socialista. Solo ese creará un poema socialista, en el que no trate de servir a un interés de partido o a una contingencia política de la historia, sino en el que viva una vida personal y cotidianamente socialista. (Digo personal y no individual). En el poeta socialista, el poema socialista deja de ser un trance externo, provocado y pasajero de militante de un credo político, para convertirse en una función natural, permanente y simplemente humana de la sensibilidad. El poeta socialista no ha de ser tal solamente en el momento de escribir un poema, sino en todos sus actos, grandes y pequeños, internos y visibles, conscientes y subconscientes y hasta cuando duerme y cuando se equivoca o se traiciona. Esta y no otra es la ejecutoria de un artista socialista. Que la sepan los desorientados colonos de Moscú en América.


(Variedades, N° 1075. Lima, 6 de octubre de 1928.)