miércoles, 31 de diciembre de 2008

Un artículo del prof. Julio Mendoza, respondiendo al "incauto" César Levano.
RESPUESTA A CÉSAR LÉVANO SOBRE
“LAS MÁSCARAS DE MAO”
Por Julio Mendoza García

Respecto al artículo “Las máscaras de Mao” de César Lévano, en La Primera del 26/12/2008, quiero expresar algunas apreciaciones.

CL nunca ha simpatizado con Mao. En la gran polémica internacional sobre el movimiento comunista desde 1963 “se cuadró” con Kjrushov.

En las postrimerías de la década de los 70’s CL y algunos dirigentes políticos y dirigentes sindicales, descontentos con su dirección nacional de entonces, se separaron del PCP-Unidad y constituyeron el Partido Comunista “Mayoría” (expresión más española pero sinónima de bolchevique) que desapareció ante la inacción de don César para sacar adelante su organización comunista que insurgió “contra el derechismo del PCP-U”. Allí tuvo, este periodista talentoso, la oportunidad de enseñar cómo se conduce un proceso revolucionario desde un auténtico Partido Comunista (en la interpretació n de Lévano) pero, reitero, esa propuesta de organización revolucionaria murió con mucho más pena y sin absoluta gloria alguna. No conozco autocrítica al respecto de CL sobre esa desastrosa experiencia de lo que debió ser “auténtica conducción revolucionaria” y no fue.

Sin duda, CL es un excelente periodista de izquierda. Debemos reconocer su valía intelectual y su consecuencia con la izquierda aunque no estoy en condiciones de afirmar lo mismo respecto a su militancia comunista. Más todavía, puede, más bien tiene todo el derecho a, discrepar de Mao y Stalin desde posiciones incluso marxistas.

Pero lo que me llama poderosamente la atención son el contenido, la estructura y la argumentación tan deleznables de su artículo que nos ocupa. Pasaré a fundamentar esta afirmación.

Para empezar, señala que Mao y Stalin “encarnaron una época revolucionaria” pero que “atentaron contra su pueblo”. Esto es absolutamente contradictorio. Como marxista (supongo que lo es), como hombre de izquierda (lo es), entonces ¿qué entiende por revolucionario don César?

Al señalar “como ejemplo” (prueba) que Abimael Guzmán “copió al pie de la letra sus ideas simplistas [las de Mao según Lévano] y por eso ideó una ‘guerra popular’ que dirigía desde una cómoda residencia limeña, mientras cientos de jóvenes daban su vida por el ‘Presidente Gonzalo”, CL en su discurso procura, en franca manipulación de los tiempos históricos y espacios geopolíticos, inducir a su lector (a aquel que logre sorprender) que Mao dirigió una guerra desde cómodas residencias mientras cientos (miles serán para las dimensiones de la revolución china) de jóvenes morían por él . No es así, Mao estuvo siempre junto a su pueblo en las penurias de la guerra revolucionaria. Hay pues en esa argumentación una intención malévola o es una demostración de una ignorancia absoluta de CL. Pero quienes conocemos a Lévano (por su práctica social) podemos asumir que no es la ignorancia la que lo lleva a ese tipo de afirmaciones. Igual podemos decir de “la culpa” que don César quiere endilgarle a Mao de la conducción campesinista absoluta (incluso antiobrera) de Pol Pot en la revolución de Kampuchea contra la ocupación del ejército yanqui.

El sistema socialista no fue minado por Stalin (como erróneamente afirma CL). No hay que ser muy erudito en historia de la URSS para reconocer los grandes avances del socialismo durante la conducción de Stalin. Pero, otra vez manipulando, CL pretende inducirnos a sus lectores que Stalin no habría sido ni siquiera bolchevique. Algo que ni los más redomados trotskistas le van a creer.

Así, el articulista, que marra esta vez, utiliza la técnica de la analepsis (“flashback”) y, deliberadamente, confunde los tiempos y redacta de modo que responsabiliza a Stalin de ordenes para las “invasiones a países socialistas”. Pero resulta que la invasión a Hungría (1956) ocurrió tres años después de la muerte de Stalin (1953) y a Checoslovaquia (1968) quince años después de su fallecimiento y quienes las ordenaron y ejecutaron fueron, respectivamente, los “connotados” anti estalinistas Kjrushov y Brézhnev. Y, seguro estoy, que Lévano conoce de la expresa oposición de Mao a la invasión Soviética a Hungría y Checoslovaquia. Lo que no conocemos es qué dijo don César Lévano en 1968 frente a la invasión soviética a Checoslovaquia.
Lévano, convertido en publicista de la escritora chino-británica Jung Chang, la musa de su propio artículo, miente a medias (que es una forma de mentir también) y se refiere a ella sólo como “china” cuando sabe que legal e ideológicamente ahora es más británica que china y quien, además, escribe esos libros con su esposo el anticomunista escritor británico Jon Halliday. Pero lo interesante es que la Jung creció como una comunista y ferviente seguidora de Mao y hoy es una rabiosa anticomunista y anti maoísta conversa. Decía nuestro vate universal, César Vallejo, “¡Cuídate, España […], cuídate del leal ciento por ciento […]”.

Entonces, es el consuetudinario antimaoísmo de Lévano el que lo hace abrazar el libro de la Jung y recomendarlo para la lectura obligatoria de todos los izquierdistas. Claro que estos últimos, sobre todo los marxistas- leninistas, debemos leer todo libro que nos sea posible pero con una lectura dialéctica, analítica, reflexiva, crítica, abierta a nuevos conocimientos científicos y propositiva, así sean libros de los clásicos. Pero el neo dogmatismo de Lévano es realmente sorprendente, por decir lo menos, pues para él, a pie juntillas, la Jung (anticomunista y antimaoísta) es “ya no ya”.

Enceguecido (es lamentable decirlo) por un prejuicioso “análisis” antimaoísta, CL teje una argumentación absolutamente contraria a la verdad, a los hechos históricos y a una mínima lógica. Toma como base la cita de Mao, citada a su vez por la inefable Jung[1], para hacer aparecer al líder Chino como promoviendo la guerra mundial con un “sueño de matanza masiva”, es decir como “un asesino”, como dice la Jung en su obra, lo que quedaría demostrado (según Lévano) con las citas del nefando Abimael Guzmán (que nada tiene que ver en la obra de la Jung pero “todo vale”) y si, por si acaso, eso no fuera suficiente, también entra Fujimori (en el argumento) para esa “demostración”. ¿Qué pasó don César? ¿Se le “chispoteó”? ¿Existe un gran desorden bajo el cielo para sus ideas cuando escribe sobre Mao? “No comments” (para usar una expresión británica que viene al caso).

Pero la verdad histórica es totalmente distinta a las citas de la Jung y a este desaguisado de argumentación de CL. El verdadero pensamiento de Mao sobre el tema de la amenazante III Guerra Mundial se ve en las citas siguientes:

“Deseamos la paz. Sin embargo, si el imperialismo se empeña en desencadenar una guerra, no tendremos otra alternativa que tomar la decisión de combatir hasta el final y reemprender después nuestra construcción. Si se teme la guerra todos los días, ¿qué hacer cuando ésta finalmente se produzca? Primeramente, he dicho que el viento del Este prevalece sobre el viento del Oeste y que la guerra no estallará, y ahora agrego esta explicación acerca de la situación que surgirá en caso de estallar la guerra. De este modo, ambas posibilidades han sido tomadas en cuenta”
Intervención en la Conferencia de Representantes de los Partidos Comunistas y Obreros de Moscú (18 de noviembre de 1957).

En todos los países se discute ahora si estallará o no una tercera guerra mundial. Frente a esta cuestión, también debemos estar espiritualmente preparados y examinarla de modo analítico. Estamos resueltamente por la paz y contra la guerra. No obstante, si los imperialistas insisten en desencadenar una guerra, no debemos sentir temor. Nuestra actitud ante este asunto es la misma que ante cualquier otro desorden: en primer lugar, estamos en contra, en segundo, no lo tememos. Después de la Primera Guerra Mundial apareció la Unión Soviética, con doscientos millones de habitantes; después de la Segunda Guerra Mundial surgió el campo socialista, que abarca a novecientos millones de seres. Puede afirmarse que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial, otros centenares de millones pasarán inevitablemente al lado del socialismo, y a los imperialistas no les quedará ya mucho espacio en el mundo; incluso es probable que se derrumbe por completo todo el sistema imperialista”
Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (27 de febrero de 1957)

Como podrán ver los lectores estas ideas de Mao nada tienen que ver absolutamente con la citas de Abimael Guzmán sobre la repudiable masacre de Lucanamarca. Pero CL se refocila con sus “demostraciones” que no por enmarañadas son menos falaces.

Es en esa posición de Mao (según las citas que mostramos), en el contexto de 1957, en plena guerra fría, cuando el peligro de una III guerra mundial era inminente, que contextualizamos la cita (recortada y descontextualizada) de Jung y que cobra coherencia en el mismo sentido del análisis (y no deseo) de Mao. Y no tanto porque lo diga Mao, sino porque los hechos le dan la razón, el gran timonel chino estuvo en lo correcto. Le diríamos que argumentar hay que tener más cuidado.

Respecto a las discusiones que podamos sostener con don César Lévano, “primero no las deseamos, segundo no las tememos”. Pero, incluso cuando se dan, no olvidamos que las contradicciones con él son en el seno del pueblo y que en este amplio espacio don César Lévano ocupa un destacado sitial. La impronta de La Primera, bajo su dirección, a favor del pueblo y la izquierda así nos lo dice.

De lo que sí estamos convencidos es que es bueno debatir en la izquierda, que es necesaria la lucha de ideas en el seno del pueblo (porque con lo enemigos del pueblo es lucha ideológica firme), que las apreciaciones sobre la obra de Mao y Stalin pueden ser discutidas entre los marxistas, entre los izquierdistas. Lo que no aceptaremos es crítica destructiva y prejuiciosa sin argumentación consistente. Argumentación consistente es cuando se considera lo histórico y lo lógico como nos enseñara Lenin, También somos vigilantes contra el dogmatismo ciego y anticientífico.

Soy marxista-leninista, admiro la obra de Stalin y Mao pero no soy “estalinista” ni “maoísta” (explicarlo llevaría mayor espacio), estoy convencido que también cometieron errores y algunos realmente graves, pero, en cada caso, de conjunto, son auténticos revolucionarios triunfantes que lucharon por la clase obrera, por su pueblo y por su patria.

Julio Mendoza García

Las máscaras de Mao

Por César Lévano (Diario LA PRIMERA, 26/12/08)

El 26 de diciembre de 1893 nació Mao Zedong, el líder comunista chino que encarnó, con Stalin, una época de lucha revolucionaria y también de abuso del poder.
Mao, como Stalin, no sólo atentó contra su pueblo. Su autoritarismo encontró discípulos que copiaron al pie de la letra sus ideas simplistas y sus métodos de culto a la personalidad y eliminación física de opositores.
Pol Pot en Kampuchea y Abimael Guzmán en el Perú son vivo ejemplo. Este último ideó una “guerra popular” que dirigía desde una cómoda residencia limeña, mientras cientos de jóvenes daban su vida por el “Presidente Gonzalo”.
Jung Chang, escritora china, ha escrito una documentada biografía de Mao que toda persona de izquierda debería leer: Mao, la historia desconocida.
Los crímenes y los abusos de la era stalinista, minaron el socialismo en el inmenso país donde los bolcheviques encabezaron, en 1917, el asalto al Palacio de Invierno.
Después, el furor represivo contra otros países socialistas, a los que se invadió para deponer a gobernantes revolucionarios pero que no aceptaban el sometimiento a Moscú, resultó inútil y contraproducente.
Chang cita un párrafo del discurso que pronunció Mao en Moscú, en noviembre de 1957, en una reunión de 64 partidos comunistas:
“Veamos cuánta gente moriría si estallara la guerra. Hay 2,700 millones de personas en el mundo. Tal vez desaparecería una tercera parte o tal vez algo más, puede que la mitad (…) lo que quiero decir es que, en la situación más extrema, la mitad viviría y la mitad moriría, pero el imperialismo quedaría borrado de la faz de la tierra y el mundo entero se convertiría en socialista”.
No es lo mismo la violencia revolucionaria, que puede ser inevitable en momentos cruciales, que el sueño de matanza masiva.
Tengo a la vista la llamada “Entrevista del siglo” en la edición de El Diario senderista del 24 de julio de 1988. Allí se lee, página 19:
“Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria le respondimos con una acción: Lucanamarca”.
Fue un crimen en que los senderistas mataron a 80 ancianos, mujeres y niños.
“Ahí hubo exceso, pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos”, continuó Guzmán. “Fue la propia Dirección Central la que planificó la acción y dispuso las cosas”
.Así que, porque todo en la vida tiene dos aspectos, se puede matar a inocentes. Crímenes como éste hicieron que, al final, los campesinos derrotaran a Sendero.
Alguien me dijo: “El camarada Abimael no podía saber todo lo que hacían sus militantes”.
Con ese mismo argumento se puede defender, y se defiende, a Fujimori. En todo caso, lo de Lucanamarca demuestra hasta dónde pueden llevar el violentismo, el endiosamiento del líder, la intolerancia.
Contra eso estoy, estuve y estaré. Así como contra los crímenes del otro lado.