martes, 18 de enero de 2011

Túnez o la historia imprevista



Pepe Gutiérrez-Álvarez
www.kaosenlared.net

Sobre el papel, no había el menor indicio de que una revuelta pudiera estallar en Túnez, y que lo hiciera de una forma espontánea, con un ímpetu tal que ha enviado al dictador del FMI al exilio y está conmoviendo socialmente toda la región.

Inmersos en el vivir de cada día, se suele aceptar la creencia que esto es lo que hay, que no hay más cera que la que arde, y que la situación nunca va a cambiar. No obstante, la historia suele tener giros imprevistos y los ejemplos son abundantes y no tan conocidos como debieran.

Anotemos algunos al vue
lo: en vísperas de la revolución de febrero de 1917, un Lenin pesimista declaraba que no parecía probable que su generación llegara a ser testigo de la revolución; hay testimonios de que apenas un año antes de la instauración de la II República en el Estado español, la monarquía asistía a un baño de muchedumbres…Días
antes del estallido de las barricadas de mayo del 68 en Francia, un conocido locutor dictaminaba que Francia se aburría; en el momento de los primeros brotes de la “revolución de los claveles” en abril de 1974 en Portugal, Laureano López Rodó, luego uno de los “padres” de la Constitución española, y por entonces ministro de Franco, se permitió declarar algo así que las noticias recibidas no podían ser, y además eran imposibles.

La verdad es qu
e, sobre el papel, nadie o muy poca imaginaba algo de lo que ha sucedido. Hace unos diez años que tuve ocasión de pasar una semana, y estuve viajando de un extremo a otro del país. En ese tiempo no recuerdo haberme tropezado con ninguno de los indicios como pintadas aquí y allá, algo que era de los más normal en la españa de Franco desde principios de los años sesenta. Me di varias vueltas por las librerías, y no encontré nada que permitiera pensar
sobre la existencia de una contestación cultural. Interrogando al guía, un muchacho que sabía varios idiomas y que tenía una cultura considerable, lo único que arranqué en un momento dado fue una exclamación según la cual aquello era una m…de dictadura. No hace muchos, a partir de mis artículos sobre cine y revolución en Kaos, me llegó una propuesta de unas jornadas sobre el cine y la guerra española en la universidad, pero la última noticia fue que no habían obtenido e permiso debido.

Además, se puede afirmar sin miedo al error que “nuestros “diarios nunca, o al menos muy raramente, dijeron nada sobre la situación en que se vivía en tan vecino país, y desde luego, ninguna de esos plumíferos que dedican buena parte de su tiempo ha clamar por el “Estado de Derecho” en Cuba, dedicó nunca ni media línea a la situación de la mayoría trabajadora, de las mujeres y de la juventud en un país que para nosotros se había convertido en tierra de turismo…

Por el contrario, sí se podrá encontrar en dichas hemerotecas datos como los que suministra Juan Goytisolo en un artículo en El País, noticias sobre la estrecha cooperación del gobierno de Felpe González con la dictadura, de cómo éste “reformador” estuvo en Túnez, y no tuvo la menor atención con sus compañeros de la Internacional llamada socialista, y del entusiasmo de Moratinos (que ahora dice que si lo eligen presidente de la FAO podría acabar con el hambre en el mundo, demostrando una vez más lo poco que cuesta hablar- con el régimen, lamentando que Europa no le dé el trato referencial que le está dando a Marruecos, país amigo sobre el que ni editorialistas ni tribunalistas han mostrado nada que objetar. Durante estas semanas, los silencios sobre lo que estaba sucediendo en la calle se han hecho clamorosos. Nuestro gobierno ha mostrado una vez más a quien obedece, de su seguimiento de la política colonial europea. Zapatero ha sido tan miserable como Sarkozy al que –que nadie lo olvide- le echó un capotazo en el sucio asunto de los gitanos rumanos.

Sin embargo, aunque tampoco se diga nada de ello en nuestros medias, seguro que ahora sí que tendrá lugar una intervención al mayor nivel con la finalidad de que el levantamiento de masas contra la dictadura y su política económica –que no es otra que la del FMI-, no vaya más allá de un cambio en la fachada, y no han faltado los opositores que han evocado el ejemplo de la Transición española lo que puede traducirse en el encauzamiento de las movilizaciones desde abajo hacia un Estado que cambia lo secundario para mantener lo fundamental: el poder político y económico bao el control de los poderosos ahora legitimados por la “democracia”. Sin embargo, no parece que la maniobra vaya resultar tan fácil, sobre todo porque lo que hay detrás de todo es un punto final a la resignación, amén de una demostración de que cuando un pueblo die basta es capaz de llegar muy lejos. Ocurre pues que se acaba un ciclo, y comienza otro que conecta con lo los brotes de indignación juvenil que ya se ha manifestado en otros países del Magreb, y que también se había mostrado con violencia en la misma Europa.

La historia ha demostrado que el tiempo de las ocupaciones coloniales como las que ha protagonizado Estados Unidos después de la caída del muro, ya no son posibles. Esto ya resultó más que evidente en el Vietnam, y también en Argelia. La evolución histórica ha dado lugar a un desarrollo del movimiento obrero y democrático nacional que, cuanto menos, no permite lo que sí fue posible a lo largo del silo XIX y principios del siglo XX. Lo que ahora está en la agenda es otra demostración: el capitalismo no puede apretar la tuerca impunemente, una y otra vez. Ni tan siquiera puede hacerlo con los instrumentos policiales de las dictaduras, llega un momento en el que el pueblo llano, aparentemente sometido por la suma de derrotas y por las exigencias de supervivencia cotidiana, dice NO.

Se está agotando la creencia de que no existen alternativas, y se está agotando porque la realidad la están haciendo cada vez más insoportable. No hay alternativas cuando el pueblo se resigna, pero llega un momento en el que esta enfermedad que ha acabado con toda la izquierda institucional incluso como medos de mejoras parciales, se acaba, y todo comienza de nuevo. Los que hemos visto las masas sublevadas en los puestos de trabajo y en las calles, sabemos que el mundo puede cambiar, De hecho, ya lo está haciendo.