jueves, 30 de agosto de 2007

El cuaderno verde

El cuaderno verde... contiene obras magistrales de Vallejo, Neruda, Guillén y León Felipe



Reúnen en un libro toda la poesía que el Che cargaba en la mochila



Era un mal poeta, pero tuvo humildad para admitirlo: Paco Ignacio Taibo II, autor del prólogo
“La izquierda mexicana necesita una profunda educación sentimental”, asegura el escritor



ARTURO GARCIA HERNANDEZ


Entre los objetos que había en la mochila del Che Guevara al momento de ser detenido en Bolivia, en 1967, estaba el célebre diario –hoy mundialmente conocido– y un cuaderno verde con una serie de poemas que no despertó mayor interés en sus captores. Poco después, el guerrillero fue asesinado en La Higuera y sus pertenencias serían depositadas en una caja de seguridad de la Inteligencia militar boliviana.



En la edición corregida y aumentada de su biografía del Che, Paco Ignacio Taibo II daba noticias de ese cuaderno, cuyo contenido exacto se desconocía.



Una mañana de 2002, Jesús Anaya, editor y viejo amigo de Taibo II, mostró al escritor un paquete de fotocopias con textos cuidadosamente escritos a mano.



–¿Qué es esto? ¿De quién es? ¿Puedes autentificar la letra? –preguntó el librero.



Era, “evidentemente”, la letra del Che Guevara. “El camino del cuaderno verde con letras árabes en la portada era un misterio. ¿Contenía poemas que el Che había escrito a lo largo de la campaña boliviana? ¿Se trataba de poemas que el había copiado en los últimos dos años? ¿Era una mezcla de ambos? ¿Eran los poemas una especie de clave? El reto para mí era fascinante.”



Taibo II se dio a la tarea de identificar los textos, que resultó ser una selección de poemas de César Vallejo, Pablo Neruda, Nicolás Guillén y León Felipe: “una antología hecha por el Che, su antología personal”.



Los textos ahora han sido reunidos en un libro, El cuaderno verde del Che, publicado por Seix Barral, con prólogo de Paco Ignacio Taibo II. Incluye, entre otros, Los heraldos negros, Idilio muerto, Agape, Los dados eternos, de César Vallejo; Farewell, La canción desesperada, Juntos nosotros, de Pablo Neruda; Mulata, Canto negro, Caña, Sensemayá, de Nicolás Guillén, y Noche cerrada, Cristo y La tangente, de León Felipe.



–¿Qué te aportó en el cuaderno al conocimiento del Che?



–Como cuento en el prólogo, fue muy desconcertante la manera en que llegó a mis manos. Pude haber buscado expertos para que identificaran los 65 poemas del cuaderno; conocía algunos, pero no todos. Dije: ‘no, esta es mi bronca’ y me encerré con los tomos de las obras completas de los poetas a localizar. En principio pensé que había más autores. Conforme avanzaba, me desconcertó no ver ahí los poemas favoritos del Che. Por ejemplo, no estaban los poemas de Machado o Stalingrado, de Pablo Neruda, que el Che se sabía de memoria.



“Es una antología muy singular, en la cual lo dominante son poemas intimistas, poemas de amor que desmuestran la doble pulsión que dominó al Che toda su vida: lo que percibía como la necesidad de violencia y su carácter romántico, en el mejor sentido de la palabra, no sólo romántico amoroso, sino romántico ideológico. En términos generales, me pareció que hizo la antología para no traer la mochila repleta de libros, que de todos modos la traía repleta de libros.”



Muchos Chés



–¿Es su biografía emocional?



–No, forma parte del Che que hemos contado muchas veces, del personaje que tiene, como todos, varios rostros. El libro me interesó por dos cosas: porque completa una visión más del Che y porque es uno de esos títulos que son como puertas que se abren. Pienso en un adolescente guevarista de Iztapalapa que se encuentre con el Cuaderno verde... y vea que no es un ma-nual, sino un libro de poesía, y ahí lo vas a tener leyendo a León Felipe y a Vallejo.



“Creo que la izquierda necesita una profunda educación sentimental; muchas veces es mejor un buen Vallejo que un mal Lenin o que un Lenin descontextuado. También he percibido que la formación más sólida de lo mejor de la izquierda en el país surgió de la cultura y no del panfleto o de un discurso político.



–¿También es una forma de decirle a la izquierda: ‘hay que leer, hay que educarnos’?



–Lo dices tú, pero lo afirmó yo. Una parte de los marxistas que leyeron El Capital en los años sesenta, marxistas de salón, estaba muy orgullosa de eso y terminó trabajando sin bronca en el Fondo Monetario Internacional, la gran máquina de construir miserables en América Latina, y de fabricar ricos. Quienes leímos Los tres mosqueteros seguimos en la oposicion y no hay panista ni priísta que nos pueda comprar el alma. Somos gente de honor. La cultura crea una educación de los sentimientos basada en la construccion de una ética y no en la de una visión política pragmática que cambia con los tiempos.



–¿Fue un poeta frustrado el Che Guevara?



–Frustrado no, porque sí escribió poesía. Fue un mal poeta, y el se lo dijo a sí mismo. Y ahí están las anécdotas de cuando le publicaron unos textos y dijo en broma a quien los publicó: ‘la próxima vez que lo hagas te fusilo’. No era un buen poeta, pero era un excelente cronista. Tiene una pluma privilegiada. La crónica era el género literario que se le daba mejor, porque había practicado con los diarios de viaje.



–¿Qué tanto tuvo que ver la poesía en lo que fue el Che?



–Es un componente fundamental, pero es uno más. Estamos hablando de un personaje signado por varios rubros: por el romanticismo, la instransigencia contra la injusticia, la lógica del vagabundo que quiere conocer tierras, la irreverencia y el igualitarismo. Pero en la formación sentimental de un personaje así la poesía, sin duda, es fundamental. Construye una manera de percibir el mundo más rica, más sabrosa.



El cuaderno verde del Che se publica simultáneamente en toda Latinoamérica; en México, el tiraje es de 15 mil ejemplares, algo insólito, tratándose de un libro de poesía. En este caso, la poesía que lo acompañó.



La Jornada, Mexico