sábado, 15 de septiembre de 2007
Entrevista a Noam Chomsky: El lavado de cerebros
Más eficaz que las dictaduras
El lavado de cerebros
Compras de grandes diarios -el Wall Street Journal en Estados Unidos, Les Échos en Francia- por hombres adinerados acostumbrados a doblegar la verdad según sus intereses, mediatización desmesurada de Nicolas Sarkozy, canibalización de la información por los deportes, la meteorología y las noticias de policía en medio de un desborde de publicidad: la "comunicación" constituye el instrumento de gobierno permanente de los regímenes democráticos. Es lo que la propaganda a las dictaduras. En una entrevista otorgada al periodista de France Ínter Daniel Mermet, el intelectual estadounidense Noam Chomsky analiza estos mecanismos de dominio y los sitúa en su contexto histórico.
Entrevista con Noam Chomsky
El trabajo que realizamos Edward Herman y yo sobre la manipulación mediatica o la fábrica del consentimiento, no aborda la cuestión de los efectos de los medios sobre el público (1) . Es un tema complicado, pero las pocas investigaciones profundas realizadas al respecto sugieren que, en realidad, la influencia de los medios es más importante sobre los sectores de población más educada. La masa de la opinión pública parece menos tributaria del discurso de los medios. Tomemos por ejemplo la eventualidad de una guerra contra Irán: el 75% de los estadounidenses consideran que su país debería poner fin a sus amenazas militares y privilegiar la búsqueda de un acuerdo por la vía diplomática. Investigaciones realizadas por institutos occidentales sugieren que la opinión pública iraní y la de Estados Unidos convergen también sobre ciertos aspectos de la cuestión nuclear: la aplastante mayoría de la población de ambos países estima que la zona que sé extiende de Israel a Irán debería verse totalmente libre de elementos de guerra nuclear, incluidos los que poseen las tropas estadounidenses en la región. Pero encontrar ese tipo de informaciones en los medios lleva mucho tiempo.
En cuanto a los principales partidos políticos de ambos países, ninguno defiende este punto de vista. Si Irán y Estados Unidos fueran auténticas democracias en las cuales la mayoría determinara realmente las políticas oficiales, sin duda ya habría sido resuelto el diferendo actual sobre la cuestión nuclear. Existen otros casos de ese tipo.
Por ejemplo, respecto del presupuesto federal de Estados Unidos, la mayoría de los estadounidenses desea una reducción de los gastos militares, y en cambio un aumento de los gastos sociales, de los créditos pagados a las Naciones Unidas, de la ayuda económica y humanitaria internacional, y por último, la anulación de las reducciones impositivas decididas por el presidente George W. Bush en favor de los estadounidenses más ricos.
En todos esos temas la política de la Casa Blanca es totalmente contraria a lo que reclama la opinión pública. Pero muy pocas veces los medios publican las encuestas que revelan esa oposición pública persistente. Hasta el punto de que no sólo los ciudadanos son marginados de los centros de decisión política, sino también mantenidos en la ignorancia de la realidad de esa opinión pública.
Existe una inquietud internacional sobre el abismal "doble déficit" de Estados Unidos: el déficit comercial y el déficit presupuestario. Ahora bien, ambos sólo existen en estrecha relación con un tercer déficit: el déficit democrático que no deja de profundizarse, no sólo en Estados Unidos, sino en el conjunto del mundo occidental en general.
Cada vez que se le pregunta a un periodista estrella o a un presentador de informativo televisivo si es objeto de presiones, si a veces es censurado, responden que son totalmente libres, que expresan sus propias convicciones. ¿Cómo funciona el control del pensamiento en una sociedad democrática? En el caso de las dictaduras ya sabemos cómo se hace.
En efecto, cuando los periodistas son cuestionados responden inmediatamente: "Nadie me presionó; escribo lo que quiero". Es cierto. Sólo que, si adoptaran posiciones contrarias a la norma dominante, no escribirían más sus editoriales. La regla no es absoluta, por supuesto; a veces la prensa de Estados Unidos, que tampoco es un país totalitario, publica artículos míos. Pero quien no cumpla con ciertas exigencias mínimas no tendría ninguna posibilidad de ser tenido en cuenta para ocupar un puesto importante de comentarista.
Por otra parte, es una de las grandes diferencias entre el sistema de propaganda de un Estado totalitario y el modo de proceder en las sociedades democráticas. Exagerando un poco, en los países totalitarios el Estado decide la línea a seguir y todo el mundo debe aceptarlo. Las sociedades democráticas operan de otra manera.
La "línea" nunca es enunciada como tal, está sobreentendida. Podría decirse que se trata de un "lavado de cerebro en libertad". Incluso los debates "apasionados" en los medios más importantes se sitúan en el marco de parámetros implícitos consentidos, que mantienen al margen una cantidad de puntos de vista contrarios.
El sistema de control de las sociedades democráticas es muy eficaz; administra casi imperceptiblemente la línea directiva como el aire que respiramos. Uno no se da cuenta, y se imagina a veces estar ante un debate muy duro. En el fondo es infinitamente más eficaz que los sistemas totalitarios.
Tomemos por ejemplo el caso de Alemania a comienzos de la década de 1930. Uno tiende a olvidarlo, pero entonces era el país más avanzado de Europa, a la vanguardia en materia de arte, ciencia, técnica, literatura, filosofía. Pero, en muy poco tiempo, se produjo un trastocamiento completo, y Alemania se convirtió en el Estado más asesino, el más bárbaro de la historia humana.
Todo eso se logró destilando miedo: a los bolcheviques, a los judíos, a los estadounidenses, a los gitanos, en síntesis, a todos aquellos que, según los nazis, amenazaban el núcleo de la civilización europea, es decir a "los herederos directos de la civilización griega". En todo caso es lo que escribía el filósofo Martin Heidegger en 1935. Pero la mayoría de los medios alemanes que bombardearon a la población con ese tipo de mensajes, utilizaron las técnicas de marketing ideadas por... publicitarios estadounidenses.
No olvidemos cómo se impone siempre una ideología. Para dominar, la violencia no alcanza, se necesita una justificación de otro tipo. Así, cuando una persona ejerce su poder sobre otra -ya sea un dictador, un colonizador, un burócrata, un marido o un patrón- necesita una ideología que lo justifique, siempre la misma: esa dominación se hace "por el bien" del dominado. En otras palabras, el poder se presenta siempre como altruista, desinteresado, generoso.
En la década de 1930 las reglas de la propaganda nazi consistían, por ejemplo, en tomar palabras sencillas, repetirlas permanentemente, asociándolas con emociones, sentimientos, temores. Cuando Hitler invadió los Sudetes (en 1938), lo hizo invocando los fines más nobles y caritativos, la necesidad de una "intervención humanitaria" para impedir la "limpieza étnica" de la población de lengua alemana, y para permitir que todos pudieran vivir bajo el "ala protectora" de Alemania, con el apoyo de la potencia más avanzada del mundo en el terreno de las artes y de la cultura.
En materia de propaganda, si bien es cierto que nada cambió desde Atenas, se registraron sin embargo muchos perfeccionamientos. Los instrumentos se afinaron enormemente, en particular -y paradójicamente- en los países más libres del mundo: el Reino Unido y Estados Unidos. Fue allí y no en otro lado donde en la década de 1920 nació la industria moderna de las relaciones públicas, es decir, la fábrica de la opinión, la propaganda.
En efecto, esos dos países habían progresado en materia de derechos democráticos (voto de las mujeres, libertad de expresión, etc.) a tal punto, que la aspiración a la libertad ya no podía ser contenida únicamente mediante la violencia del Estado. Se buscó entonces una solución en las tecnologías de la "fábrica del consentimiento" (2). La industria de las relaciones públicas produce, en el sentido exacto del término, consentimiento, aceptación, sumisión. Controla las ideas, los pensamientos las mentes Comparado con el totalitarismo, es un gran progreso: es mucho más agradable soportar una publicidad que hallarse en una sala de tortura.
En Estados Unidos, la libertad de expresión está protegida a un nivel que creo no existe en ningún otro país del mundo. Es algo bastante reciente. A partir de la década de 1960, la Corte Suprema puso exigencias muy elevadas en materia de respeto de la libertad de palabra, lo que a mi entender expresa un principio fundamental establecido ya en el siglo XVIII por los valores de la Ilustración. La posición de la Corte fue que la palabra era libre, con una sola excepción: su participación en un acto criminal. Si -por ejemplo- yo entro en un comercio para robar, uno de mis cómplices tiene un arma, y yo le digo: "¡Dispara!", esa palabra no está protegida por la Constitución. Por lo demás, el motivo debe ser particularmente grave para que la libertad de expresión sea puesta en tela de juicio. La Corte Suprema ratificó ese principio incluso a favor de miembros del Ku Klux Klan.
En Francia, en el Reino Unido y, me parece, en el resto de Europa, la libertad de expresión está definida de manera muy restrictiva. En mi opinión, la cuestión fundamental es: ¿el Estado tiene derecho a determinar cuál es la verdad histórica, y a castigar a quien se aleje de ella? Pensar así significa alinearse en una práctica propiamente estalinista.
Ahora bien, los intelectuales franceses tienen problemas para admitir que tal es su inclinación. Pero el rechazo de ese criterio debe ser total. El Estado no debería disponer de ningún medio para castigar a quien pretenda que el sol gira en torno de la Tierra. El principio de la libertad de expresión encierra algo muy elemental: si no se lo defiende en el caso de opiniones que uno detesta, significa que no se lo I defiende. Incluso Hitler y Stalin admitían la libertad de expresión de quienes defendían sus puntos de vista.
Además, estimo que hay algo de penoso y hasta de escandaloso en tener que debatir estos temas dos siglos después de Voltaire, quien, como se sabe, afirmaba: "Odio sus opiniones, pero me haría matar para que usted pueda expresarlas". Y es prestar un muy triste servicio a la memoria de las víctimas del Holocausto adoptar una de las doctrinas fundamentales de sus verdugos.
En uno de sus libros usted comenta la frase de Milton Friedman: "Obtener ganancias es la esencia misma de la democracia"...
En realidad, una cosa y otra son tan opuestas que no hay comentario posible... La finalidad de la democracia es que la gente pueda decidir sobre su propia vida y sobre las opciones políticas que le conciernen. La obtención de ganancias es una patología de nuestras sociedades, adosada a estructuras particulares. En una sociedad, decente, ética, ese interés por la ganancia sería marginal. Tomemos por caso mi departamento universitario (en el Massachusetts Institute of Technology): algunos científicos trabajan duramente para ganar mucho dinero, pero se los considera un poco como marginales, personas perturbadas, casi como casos patológicos. El espíritu que anima a la comunidad académica es más bien el de tratar de hacer descubrimientos, a la vez por interés intelectual y por el bien de todos.
En el libro que Ediciones L'Herne le dedica a usted, Jean Ziegler escribió: "Existieron tres totalitarismos: el totalitarismo estalinista, el nazi, y actualmente el Tina (3)". ¿Usted cree que son comparables?
No los pondría en el mismo nivel. Luchar contra "Tina" es afrontar una empresa intelectual que no se puede asimilar a los campos de concentración ni al gulag. Y de hecho, la política de Estados Unidos genera una oposición masiva a escala del planeta. En América Latina, tanto Argentina como Venezuela se desentendieron del Fondo Monetario Internacional (FMI). Estados Unidos debió renunciar a lo que todavía era la norma hace veinte o treinta años: el golpe militar en América Latina. El programa económico neoliberal que se impuso a la fuerza en toda América Latina en las décadas de 1980 y 1990 actualmente es rechazado en todo el continente. Y hallamos la misma oposición a la globalización económica a escala mundial.
El movimiento global por la justicia, que ocupa el primer plano mediático en ocasión de cada Foro Social Mundial, en realidad trabaja todo el año. Es un fenómeno muy novedoso en la historia, que posiblemente signifique el comienzo de una verdadera Internacional. Ahora bien, su argumento central se basa en la existencia de una alternativa. Por otra parte, ¿qué mejor ejemplo de globalización diferente que el Foro Social Mundial? Los medios de comunicación hostiles llaman "antimundialistas" a quienes se oponen a la globalización neoliberal, cuando en realidad esas personas luchan por otra mundialización, la mundialización de los pueblos.
Se puede observar el contraste entre unos y otros, pues al mismo tiempo tiene lugar en Davos el Foro Económico Mundial que trabaja por la integración económica planetaria, pero únicamente en el interés de los financistas, de los bancos y de los fondos de pensión, potencias que controlan también los medios. Esa es la concepción que tienen de la integración global, pero al servicio de los inversionistas. Los medios dominantes consideran de alguna manera que esa integración es la única que merece la denominación oficial de mundialización.
Ahí tenemos un buen ejemplo del funcionamiento de la propaganda ideológica en las sociedades democráticas. A tal punto eficaz, que incluso algunos participantes del Foro Social aceptan a veces el calificativo malintencionado de "antimundialistas". En Porto Alegre intervine en el marco del Foro, y participé en la conferencia mundial de campesinos. Ellos representan por sí solos la mayoría de la población del planeta...
A usted lo clasifican como anarquista o socialista libertario. ¿Cuál sería el papel del Estado en la democracia tal como usted la concibe?
Vivimos en este mundo, y no en un universo imaginario. Ahora bien, en este mundo existen instituciones tiránicas, las grandes empresas. Son lo más parecido que hay a instituciones totalitarias. No tienen que rendir cuentas al público, a la sociedad; actúan como depredadores cuyas presas son otras empresas. Para defenderse, la población sólo dispone de un instrumento: el Estado. Pero éste no es un escudo muy eficaz, pues en general está estrechamente vinculado con los depredadores. Aunque existe una diferencia nada despreciable entre ambos: mientras que -por ejemplo- General Electric no tiene que rendir cuentas a nadie, el Estado a veces debe dar explicaciones a la población.
Cuando la democracia se haya ampliado al punto que los ciudadanos controlen los medios de producción y de intercambio, que participen en el funcionamiento y en la dirección del marco general en el que viven, entonces el Estado podrá desaparecer poco a poco. Será reemplazado por asociaciones voluntarias situadas en los lugares de trabajo y de residencia de la gente.
¿Sería una nueva forma de soviets? ¿Cuál sería la diferencia con los soviets de la Rusia revolucionaria?
Había soviets. Pero lo primero que Lenin y Trotsky destruyeron, en cuanto se produjo la Revolución de Octubre, fueron los soviets, los consejos obreros, y todas las instituciones democráticas. Al respecto, Lenin y Trotsky fueron los peores enemigos que tuvo el socialismo durante el siglo XX. En tanto marxistas ortodoxos, estimaron que una sociedad atrasada, como era Rusia en su época, no podía pasar directamente al socialismo antes de ser arrojada por la fuerza a la industrialización.
En 1989, cuando se derrumbó el sistema comunista, pensé que ese derrumbe representaba, paradójicamente, una victoria para el socialismo. Pues el socialismo tal como yo lo concibo implica como mínimo -repito- el control democrático de la producción, de los intercambios, y de las otras dimensiones de la existencia humana. Sin embargo, los dos principales sistemas de propaganda se pusieron de acuerdo en afirmar que el sistema tiránico instituido por Lenin y Trotsky, y luego transformado en monstruosidad por Stalin, era el "socialismo". Los dirigentes occidentales no podían sino estar encantados con esa absurda y escandalosa utilización del término, que les permitió durante décadas difamar al auténtico socialismo.
Con idéntico entusiasmo, pero de sentido opuesto, el sistema de propaganda soviético trató de explotar en su beneficio la simpatía y el compromiso que los auténticos ideales socialistas generaban en las masas de trabajadores.
¿No es cierto que todas las formas de auto-organización según los principios anarquistas acabaron derrumbándose?
No hay "principios anarquistas" fijos, una suerte de catecismo libertario al que hay que jurar lealtad. El anarquismo, al menos como yo lo entiendo, es un movimiento del pensamiento y de la acción humanas que trata de identificar las estructuras de autoridad y de dominación, de exigirles que se justifiquen y, si no pueden hacerlo, lo que ocurre a menudo, procura superarlas.
Lejos de haberse "desmoronado", el anarquismo, el pensamiento libertario, va muy bien. Y es fuente de muchos avances reales. Formas de opresión y de injusticia que apenas si eran reconocidas, y menos aun combatidas, ya no son aceptadas. Es un triunfo, un avance para el conjunto del género humano, no un fracaso.
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1 Edward Hermán y Noam Chomsky, Manufacturing Consent, Pantheon, Nueva York, 2002.
2 Expresión del ensayista estadounidense Walter Lippmann, quien a partir de la década de 1920, poniendo en duda la capacidad del hombre común para decidir con cordura, propuso que las élites ilustradas "sanearan" la información antes de que ésta llegara a las masas.
3 Tina: iniciales de "There is no alternative" (no hay alternativa), palabras de Margaret Thatcher que plantean el carácter ineluctable del capitalismo neoliberal, que es sólo una forma posible de "globalización".
martes, 4 de septiembre de 2007
César Vallejo : EJECUTORIA DEL ARTE SOCIALISTA

Los nuevos rusos, después de una etapa de modas y de escuelas tan fugaces como barrocas -akmeistas, nitchevokis, presentistas, centristas, construistas- empiezan a pisar firme y a encontrar un derrotero propio y creador de la nueva cultura socialista. No se conoce a punto fijo el momento en que se inicia la nueva poesía rusa, ni el iniciador auténtico de ella. No es el iniciador Alejandro Blok, cuya obra, como dice Trotski, no es un poema revolucionario, sino el último suspiro del arte burgués. "Blok -afirma Trotsky- no nos pertenece". Tampoco es el iniciador Velemir Khlebnikov, cuyo espíritu saturniano y walpúrgico repugna a la salud natural y a la alegría del trabajo, que Gorki proclama como uno de los caracteres de la nueva vida. Ni Blok ni Khlebnikov han engendrado el arte propiamente socialista. Con solo cantar la rebelión y la lucha por la libertad y la justicia social, como hace Blok, no se crea, en efecto, una nueva estética. Con solo cantar sentimientos maximalistas y antiburgueses, como hace Khlebnikov, tampoco se crea una nueva estética. Para fijar el punto de arranque de la poesía socialista, convendría determinar previamente la naturaleza de esta y su fisonomía peculiar. Por desgracia, la poesía propiamente socialista, aquella en que ha de reposar la cultura universal del porvenir, no existe todavía en forma sustantiva. Ninguno de los poetas jóvenes de Rusia logra trazar, de manera definitiva y seria, los grandes lineamientos de esa estética. Maiakovski es un bufón. Kluef es un burgués indigenista, que ama a la revolución de octubre únicamente por haber emancipado al mujik. Trotski -a quien hemos de citar siempre por ser la mejor inteligencia bolchevique en la materia- exclama ante la obra de Kluef: "¿Qué quedaría de ella si se le quita su paisaneria?... Nada. Su arte carece de perspectiva histórica". Essenin ha sido acaso el que más cerca estuvo de dar una que otra brazada germinal a la poesía socialista. Su suicidio mismo y el proceso final de su espíritu testifican su tragedia de déclassé, su caso de hombre que sentía sinceramente y en el fondo de su propio ser personal, la crucifixión de un mundo que muere y otro que nace. Por haber vivido, precisamente, esta tragedia de encrucijada de nuestra época, Essenin ha sido el espíritu típico de los primeros artistas del socialismo, cuya misma impotencia para sentar las bases definitivas del arte futuro y para vivir plenamente la nueva vida, concuerda con las trágicas dificultades de la nebulosa cultural naciente. Pasternak, Filipchenko, Kasin, Jarov, Lall, no practican más arte socialista que el que reside en los temas, palabras y metáforas. La poesía verdaderamente socialista no se anuncia hasta ahora, más que en la buena intención de los jóvenes rusos y en muy contados y débiles acentos creadores. Porque la estética socialista no debe de reducirse a los temas, al sentido político ni a los recursos metafóricos del poema. No se reduce a introducir palabras a la moda sobre economía, dialéctica o derecho marxista. No se reduce a tejer ideas renovadoras o requisitorias sociales de factura u origen comunista. No se reduce a adjetivar los hechos y cosas del espíritu y de la naturaleza con epítetos traídos por los cabellos, de la revolución proletaria. La estética socialista debe arrancar únicamente de una sensibilidad honda y tácitamente socialista. La estética revolucionaria, aunque no esté en los motivos, en las palabras ni en la tendencia moral o política del poema. Solo un hombre sanguíneamente socialista aquel cuya conducta pública y privada, cuya manera de ver una estrella, de comprender la rotación de un carro, de sentir un dolor, de hacer una operación aritmética, de amar una mujer y de levantar una piedra, de callar o de llevar una migaja a la boca de un transeúnte, es orgánicamente socialista, solo ese puede crear un poema auténticamente socialista. Solo ese creará un poema socialista, en el que no trate de servir a un interés de partido o a una contingencia política de la historia, sino en el que viva una vida personal y cotidianamente socialista. (Digo personal y no individual). En el poeta socialista, el poema socialista deja de ser un trance externo, provocado y pasajero de militante de un credo político, para convertirse en una función natural, permanente y simplemente humana de la sensibilidad. El poeta socialista no ha de ser tal solamente en el momento de escribir un poema, sino en todos sus actos, grandes y pequeños, internos y visibles, conscientes y subconscientes y hasta cuando duerme y cuando se equivoca o se traiciona. Esta y no otra es la ejecutoria de un artista socialista. Que la sepan los desorientados colonos de Moscú en América.
(Variedades, N° 1075. Lima, 6 de octubre de 1928.)
jueves, 30 de agosto de 2007
El cuaderno verde
El cuaderno verde... contiene obras magistrales de Vallejo, Neruda, Guillén y León Felipe
Reúnen en un libro toda la poesía que el Che cargaba en la mochila
Era un mal poeta, pero tuvo humildad para admitirlo: Paco Ignacio Taibo II, autor del prólogo
“La izquierda mexicana necesita una profunda educación sentimental”, asegura el escritor
ARTURO GARCIA HERNANDEZ
Entre los objetos que había en la mochila del Che Guevara al momento de ser detenido en Bolivia, en 1967, estaba el célebre diario –hoy mundialmente conocido– y un cuaderno verde con una serie de poemas que no despertó mayor interés en sus captores. Poco después, el guerrillero fue asesinado en La Higuera y sus pertenencias serían depositadas en una caja de seguridad de la Inteligencia militar boliviana.
En la edición corregida y aumentada de su biografía del Che, Paco Ignacio Taibo II daba noticias de ese cuaderno, cuyo contenido exacto se desconocía.
Una mañana de 2002, Jesús Anaya, editor y viejo amigo de Taibo II, mostró al escritor un paquete de fotocopias con textos cuidadosamente escritos a mano.
–¿Qué es esto? ¿De quién es? ¿Puedes autentificar la letra? –preguntó el librero.
Era, “evidentemente”, la letra del Che Guevara. “El camino del cuaderno verde con letras árabes en la portada era un misterio. ¿Contenía poemas que el Che había escrito a lo largo de la campaña boliviana? ¿Se trataba de poemas que el había copiado en los últimos dos años? ¿Era una mezcla de ambos? ¿Eran los poemas una especie de clave? El reto para mí era fascinante.”
Taibo II se dio a la tarea de identificar los textos, que resultó ser una selección de poemas de César Vallejo, Pablo Neruda, Nicolás Guillén y León Felipe: “una antología hecha por el Che, su antología personal”.
Los textos ahora han sido reunidos en un libro, El cuaderno verde del Che, publicado por Seix Barral, con prólogo de Paco Ignacio Taibo II. Incluye, entre otros, Los heraldos negros, Idilio muerto, Agape, Los dados eternos, de César Vallejo; Farewell, La canción desesperada, Juntos nosotros, de Pablo Neruda; Mulata, Canto negro, Caña, Sensemayá, de Nicolás Guillén, y Noche cerrada, Cristo y La tangente, de León Felipe.
–¿Qué te aportó en el cuaderno al conocimiento del Che?
–Como cuento en el prólogo, fue muy desconcertante la manera en que llegó a mis manos. Pude haber buscado expertos para que identificaran los 65 poemas del cuaderno; conocía algunos, pero no todos. Dije: ‘no, esta es mi bronca’ y me encerré con los tomos de las obras completas de los poetas a localizar. En principio pensé que había más autores. Conforme avanzaba, me desconcertó no ver ahí los poemas favoritos del Che. Por ejemplo, no estaban los poemas de Machado o Stalingrado, de Pablo Neruda, que el Che se sabía de memoria.
“Es una antología muy singular, en la cual lo dominante son poemas intimistas, poemas de amor que desmuestran la doble pulsión que dominó al Che toda su vida: lo que percibía como la necesidad de violencia y su carácter romántico, en el mejor sentido de la palabra, no sólo romántico amoroso, sino romántico ideológico. En términos generales, me pareció que hizo la antología para no traer la mochila repleta de libros, que de todos modos la traía repleta de libros.”
Muchos Chés
–No, forma parte del Che que hemos contado muchas veces, del personaje que tiene, como todos, varios rostros. El libro me interesó por dos cosas: porque completa una visión más del Che y porque es uno de esos títulos que son como puertas que se abren. Pienso en un adolescente guevarista de Iztapalapa que se encuentre con el Cuaderno verde... y vea que no es un ma-nual, sino un libro de poesía, y ahí lo vas a tener leyendo a León Felipe y a Vallejo.
“Creo que la izquierda necesita una profunda educación sentimental; muchas veces es mejor un buen Vallejo que un mal Lenin o que un Lenin descontextuado. También he percibido que la formación más sólida de lo mejor de la izquierda en el país surgió de la cultura y no del panfleto o de un discurso político.
–¿También es una forma de decirle a la izquierda: ‘hay que leer, hay que educarnos’?
–Lo dices tú, pero lo afirmó yo. Una parte de los marxistas que leyeron El Capital en los años sesenta, marxistas de salón, estaba muy orgullosa de eso y terminó trabajando sin bronca en el Fondo Monetario Internacional, la gran máquina de construir miserables en América Latina, y de fabricar ricos. Quienes leímos Los tres mosqueteros seguimos en la oposicion y no hay panista ni priísta que nos pueda comprar el alma. Somos gente de honor. La cultura crea una educación de los sentimientos basada en la construccion de una ética y no en la de una visión política pragmática que cambia con los tiempos.
–¿Fue un poeta frustrado el Che Guevara?
–Frustrado no, porque sí escribió poesía. Fue un mal poeta, y el se lo dijo a sí mismo. Y ahí están las anécdotas de cuando le publicaron unos textos y dijo en broma a quien los publicó: ‘la próxima vez que lo hagas te fusilo’. No era un buen poeta, pero era un excelente cronista. Tiene una pluma privilegiada. La crónica era el género literario que se le daba mejor, porque había practicado con los diarios de viaje.
–¿Qué tanto tuvo que ver la poesía en lo que fue el Che?
–Es un componente fundamental, pero es uno más. Estamos hablando de un personaje signado por varios rubros: por el romanticismo, la instransigencia contra la injusticia, la lógica del vagabundo que quiere conocer tierras, la irreverencia y el igualitarismo. Pero en la formación sentimental de un personaje así la poesía, sin duda, es fundamental. Construye una manera de percibir el mundo más rica, más sabrosa.
El cuaderno verde del Che se publica simultáneamente en toda Latinoamérica; en México, el tiraje es de 15 mil ejemplares, algo insólito, tratándose de un libro de poesía. En este caso, la poesía que lo acompañó.
La Jornada, Mexico
martes, 28 de agosto de 2007
HUGO CHÁVEZ por Ignacio Ramonet
Lo que no apareció en la edición peruana de Le Monde Diplomatique "el Dipló"
HUGO CHÁVEZ
Pocos Gobiernos en el mundo son objeto de campañas de demolición tan cargadas de odio como Hugo Chávez, presidente de Venezuela. Sus enemigos no han vacilado ante nada: golpe de Estado, huelga petrolera, éxodo de capitales, intentos de atentados... Desde los ataques de Washington contra Fidel Castro no se había visto un ensañamiento semejante en América Latina.
Contra Chávez se divulgan las más miserables calumnias, concebidas por las nuevas oficinas de propaganda -National Endowment for Democracy, Freedom House- financiadas por la Administración del presidente de Estados Unidos George W. Bush. Dotada de recursos financieros ilimitados, esta máquina de difamar manipula repetidores mediáticos (entre ellos los diarios de referencia) y organizaciones de defensa de los derechos humanos, enroladas a su vez al servicio de designios tenebrosos. Sucede también, ruina del socialismo, que parte de la izquierda socialdemócrata sume su voz a este coro de difamadores.
¿Por qué tanto odio? Porque en momentos en que la socialdemocracia pasa en Europa por una crisis de identidad, las circunstancias históricas parecen haber confiado a Chávez la responsabilidad de asumir la conducción a escala internacional de la reinvención de la izquierda. Mientras que en el viejo continente la construcción europea ha tenido como efecto hacer prácticamente imposible toda alternativa al neoliberalismo, en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, inspirados por el ejemplo venezolano, se suceden experiencias que mantienen viva la esperanza de realizar la emancipación de los más humildes.
En ese sentido el balance de Chávez es espectacular. Se comprende que se haya convertido en referencia obligada en decenas de países pobres. ¿No ha refundado la nación venezolana sobre una base nueva, legitimada por una nueva Constitución que garantiza el involucramiento popular en el cambio social, siempre dentro del más escrupuloso respeto de la democracia y de todas las libertades? (1). ¿No ha devuelto a unos cinco millones de marginados, entre ellos las poblaciones indígenas, su dignidad de ciudadanos? ¿No ha recuperado la empresa pública Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA)? ¿No ha desprivatizado y devuelto al servicio público la principal empresa de telecomunicaciones del país como así también la empresa de electricidad de Caracas? ¿No ha nacionalizado los campos petrolíferos del Orinoco? Por último, ¿no ha consagrado parte de la renta petrolera a conseguir una autonomía efectiva frente a las instituciones financieras internacionales, y otra al financiamiento de programas sociales?
Más de tres millones de hectáreas de tierra han sido distribuidas entre los campesinos. Millones de niños y adultos han sido alfabetizados. Se han instalado millares de dispensarios médicos en los barrios populares. Decenas de miles de personas sin recursos con afecciones oculares han sido operadas gratuitamente. Los productos alimentarios básicos son subvencionados y ofrecidos a los pobres a precios inferiores en un 42% respecto de los del mercado. La duración del trabajo semanal ha pasado de 44 horas a 36, mientras que el salario mínimo ascendía a 204 euros mensuales (el más alto en América Latina después de Costa Rica).
El resultado de todas estas medidas es que entre 1999 y 2005 la pobreza disminuyó del 42,8% al 33,9% (2), mientras que la población que vive de la economía informal cayó del 53% al 40%. Este retroceso de la pobreza permite sostener con fuerza el crecimiento, que en el curso de los tres últimos años fue de un 12% promedio, entre los más altos del mundo, estimulado por un consumo que ha aumentado un 18% por año (3).
Ante estos resultados, para no hablar de los logrados en política internacional, ¿cabe sorprenderse de que el presidente Hugo Chávez se haya convertido en un hombre contra el cual disparar para los dueños del mundo y sus agentes?
Notas:
lunes, 27 de agosto de 2007
DETENIDOS Y ENCARCELADOS EN MADRID
miércoles, 8 de agosto de 2007
ENCUENTRO DE ESTUDIANTES DE CIENCIA POLÍTICA
ROSARIO.Informes e inscripción: encuentrodecienciapolitica@yahoo.com.ar
(0341) 4493154 / (0341) 155141145.
Organiza:
MOVIMIENTO MARTIN FIERRO
Fecha del evento: 03/10/2007
martes, 31 de julio de 2007
Evo Morales en Villa El Salvador
con el Presidente Evo Morales
viernes, 20 de julio de 2007
La NED: como adquirir un pais
Lean el siguiente articulo y revisen este enlace: http://www.voltairenet.org/article122880.html
Le Monde diplomatique / el Dipló / Julio 2007
La NED, una respetable fundación estadounidense
Más discreta y tan eficaz como la CÍA
- por Hernando Calvo Ospina*
Irán, Chile, Nicaragua... Desde la década de 1950 las guerras "sucias" de la CÍA alimentan la crónica, y una vez reveladas, incluso hacen escán- dalo en Estados Unidos. Al crear la Fundación Nacional para la Democracia (NED), el presidente Ronald Reagan dio a Washington una herramienta menos controvertida que la CÍA. Pero con el mismo objetivo de desestabilizar a los gobiernos no amigos financiando a la oposición.
"Mucho de lo que hoy hacemos, lo hacía ya hace 25 años la CÍA de manera encubierta (1)." Quien hace estas sorprendentes declaraciones es Alien Weinstein, historiador y primer presidente de la National Endowment for Democracy (NED) -Fundación Nacional para la Democracia—una asociación estadounidense sin ánimo lucrativo y con objetivos particularmente virtuosos: promover los derechos humanos y la democracia.
La NED aún no existía cuando el 26 de febrero de 1967 The Washington Post desató un escándalo con repercusiones internacionales: develaba que la Agencia Central de Inteligencia, CÍA, financiaba en el exterior a sindicatos, organizaciones culturales, medios de comunicación, así como a reputados intelectuales. Por el artículo se supo cómo hacía llegar el dinero. El ex oficial de la Agencia Philip Agee nos lo confirma: "La CÍA utilizó conocidas fundaciones estadounidenses, pero también otras entidades creadas para tal fin y existentes sólo en el papel" (2).
Para reducir la presión, el presidente Lyndon Johnson ordenó una investigación, aunque él sabía que a la CÍA se le encargaban ese tipo de actividades desde su creación en 1947. "Nuestros políticos recurrieron a acciones encubiertas para enviar asesores, materiales y fondos para apoyar medios de comunicación y partidos en Europa, pues aunque se había acabado la Segunda Guerra nuestros aliados seguían confrontados a amenazas políticas" (3). La Guerra Fría comenzaba, y se debía contrarrestar la "influencia ideológica" de la Unión Soviética.
En algunos casos, las organizaciones financiadas lograron debilitar e incluso eliminar a quienes se oponían a los gobiernos amigos de Washington. Al mismo tiempo crearon espacios favorables a los intereses estadounidenses. Esa labor de zapa fue puesta al servicio de golpes de Estado, como ocurrió en Brasil contra el presidente Joao Goulart en 1964/La prueba máxima de que Johnson no había puesto fin a esas actividades fue el derrocamiento del mandatario chileno Salvador Allende, en septiembre de 1973. "Para prepararle el terreno a los militares, precisa Agee, financiamos y canalizamos a las fuerzas de importantes organizaciones de la 'sociedad civil' y medios de prensa. Fue una copia perfeccionada del golpe en Brasil."
A partir de 1975 la CÍA volvió a ser investigada por el Senado de su país, principalmente por su responsabilidad en complots y crímenes contra varios dirigentes políticos en todo el mundo (Patrice Lumumba, Fidel Castro, Salvador Allende, etc.). Paralelamente, los éxitos de varios movimientos revolucionarios en África y América Latina obligaron a Washington a aceptar que aunque la labor de infiltración en las organizaciones de la "sociedad civil" era decisiva, el camino elegido no era el mejor. Se recordó entonces que "para librar la batalla de ideas en foros internacionales, la administración Johnson (...) había recomendado el establecimiento de un mecanismo público-privado para financiar abiertamente actividades en el exterior" (4).
"No gubernamental"
Sin mencionar que era parte del desarrollo de la Directiva, Reagan presentó la propuesta de la APF al Congreso, llamada "The Democracy Program". Así, el 23 de noviembre de 1983, nació por ley la National Endowment for Democracy, NED. El 16 de diciembre, durante la "ceremonia" realizada para la ocasión en la Casa Blanca, el Presidente diría: "Este programa a largo plazo no estará en las sombras. Se mostrará orgulloso ante los proyectores (...) Y, por supuesto, será coherente con nuestros intereses nacionales" (7).
Cuatro corporaciones constituyen la base de la NED, y responsables de su gestión. Una rama de la central sindical AFL-CIO, Free Trade Union Institute (FTUI), que pasó a llamarse American Center for International Labor Solidarity (ACILS), era la única existente antes que la NED. Las otras se crearon ad hoc: el Center for International Prívate Enterprise (CIPE) de la Cámara de Comercio; el International Republican Institute (IRI) del Partido Republicano; y el National Democratic Institute (NDI) del Partido Demócrata.
Aunque jurídicamente es una asociación privada, su financiamiento es aprobado por el Congreso, figurando en el presupuesto del Departamento de Estado. Además de librar de responsabilidades al gobierno (8), su estatuto tiene otra ventaja estratégica. Para el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, lo "no gubernamental forma parte de la imagen, parte del mito (...) contribuye a mantener en el exterior un grado de credibilidad que una agencia del gobierno de Estados Unidos no podría tener" (9).
En octubre de 1986 se destapó el escándalo que hizo tambalear a la administración Reagan. Se constató que desde la Casa Blanca se organizaba el fínanciamiento ilegal para acabar con el gobierno sandinista de Nicaragua, sobre todo a través del tráfico de cocaína. Coincidencia: coordinada por el coronel Oliver North, bajo la dirección del Consejo Nacional de Seguridad (NSC) toda la estructura se llamaba... "The Democracy Program". Aunque se sabía que el NED había desempeñado un rol primordial en la operación (10), curiosamente las investigaciones se centraron en el financiamiento del aparato militar de los contrarrevolucionarios nicaragüenses, la "contra". Se prestó menos atención a que esta organización "no gubernamental" estuviera supervisada desde su nacimiento y hasta 1987 por Walter Raymond, alto oficial de la CÍA y miembro del Directorio de Inteligencia del NSC.
"Hija del Proyecto Democracia de Ronald Reagan, la NED (...) puso recursos en manos de numerosos grupos latinoamericanos, entre ellos la Fundación Nacional Cubano Americana, FNCA" (11), asegura Jorge Mas Canosa, en ese entonces presidente de la organización extremista anticastrista FNCA, creada por el NSC en la misma fecha que la NED. Bajo la consigna "la libertad de Cuba pasa por Nicaragua", la FNCA actuó contra los sandinistas. Continúa Canosa: "Los orígenes de esta colaboración se dieron cuando Theodore Shackley, ex adjunto de la dirección de operaciones de la CÍA, y jefe de la sección de servicios clandestinos, pidió a los miembros de la FNCA apoyo a la política centroamericana...".
Desde 1987, en medio del escándalo, la NED actúa como pez en el agua. Sus dólares terminaron de construir el frente de organizaciones antisandinistas, que incluyó hasta la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua. Con ese respaldo, Violeta Chamorro, la elegida de la administración Bush y propietaria del diario "independiente" La Prensa, llegó a la presidencia en 1990. Lo realizado por los sandinistas en beneficio de la población se volatilizó con la implantación del modelo neoliberal...
La habilidad demostrada por la NED para la canalización de fondos, la creación de organizaciones no gubernamentales, la manipulación de elecciones y la intoxicación mediática, fue la prueba verdaderamente incontestable de que había heredado la gran experiencia de la CÍA, de la sección del Departamento de Estado encargada de la cooperación (USAID) y de numerosas personalidades de la "élite" conservadora ligadas a la política exterior de los Estados Unidos (12).
Con excepción del terrorismo, el gobierno de Reagan utilizaría los mismos métodos en los países socialistas en Europa del Este. Las fisuras que tenían esos Estados, y la distancia entre gobernantes y gobernados, hicieron la tarea fácil a la NED y a su red de organizaciones. "Una cruzada no gubernamental por los derechos humanos y la democracia con cara menos imperialista" (13). La novedad fueron los miles de "disidentes" de todo tipo reproducidos con dólares y publicidad, quienes al darse el cambio de sistema desaparecieron olvidados sin pena ni gloria.
Entre los triunfos históricos reivindicados por la NED figura Polonia. Ya en 1984 entregaba "asistencia directa" para crear sindicatos, publicaciones y grupos de derechos humanos. Para la campaña presidencial de 1989 la NED dio 2,5 millones de dólares al movimiento "Solidaridad", liderado por Lech Walesa, que ese año llegó al gobierno como poderoso aliado de Washington (14).
Aunque la NED nació como parte del arsenal ideológico estadounidense para la Guerra Fría, el derrumbe del bloque socialista europeo fue el preámbulo de su expansión planetaria. Desde entonces, con dólares y algunos "especialistas", ha sabido inmiscuirse en los procesos sociales, económicos y políticos de unos 90 países en África, América Latina, Asia y Europa del Este. Como dice el investigador Gerald Sussman, intervenir en elecciones es "demasiado importante para los objetivos de política global de Estados Unidos". La NED y otros organismos estadouniden ses se presentan como partícipes en la "construcción de la democracia". Pero como señala Sussman, "si ellos actúan efectivamente de manera menos brutal que la CÍA hasta los años setenta, las formas de manipulación electoral a las que se dedican son demostraciones escénicas de drama moral y dramaturgia política" (15).
Elecciones y negocios
En el curso de las elecciones de 1990 en Haití, la NED invirtió unos 36 millones de dólares en apoyo del candidato Marc Bazin, quien había trabajado en el Banco Mun dial. A pesar de tal ayuda, perdió amplia mente ante Jean-Bertrand Aristide, quien finalmente fue derrocado después de una campaña mediática, también financiada por la NED y la USAID, el 29 de septiembre de 1991. La dictadura que siguió se cobró unas 4.000 vidas...
Durante los primeros diez años de su existencia, "la NED distribuyó unos 200 millones de dólares a través de mil quinientos proyectos para sostener a los amigos de Estados Unidos" (16). Desde 1998 la NED se interesó mucho en Venezuela. "Es una operación silenciosa contra la revolución bolivariana", sostiene el ex agente Agee. Empezo con el presidente (William) ClinClinton, y se intensificó con (George) Bush hijo. Se parece a las acciones llevadas a cabo contra los sandinistas, pero sin terrorismo ni embargo económico, hasta el momento: "Promover la democracia, resolver conflictos, vigilar elecciones, y fortalecer la vida cívica". La abogada estadounidense Eva Golinger descubrió en documentos oficiales que entre 2001 y 2006 más de 20 millones de dólares fueron entregados por la NED y la USAID a los grupos de oposición y medios privados de comunicación en Venezuela (17). Ya The New York Times revelaba el 25 de abril 2002 –unos días después del fracasado golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez- que unos meses antes del golpe el Congreso estadounidense había cuadruplicado el presupuesto de la NED destinado a ese país.
No obstante, donde la NED ha demostrado más constancia ha sido en la lucha contra el régimen cubano. En el curso de los últimos veinte años la Fundación habría invertido unos veinte millones de dólares en promover la "transición democrática" en ese país. Sin contar los 65 millones que desde 1996 ha entregado la USAID. Washington insiste en la utilidad suprema de elecciones "democráticas", aunque en los textos oficiales de la Ley Torricelli (Cuban Democracy Act, 1992), la Ley Helms-Burton (Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act, 1996) y hasta la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre (Commission for Assistance to a Free Cuba, mayo de 2004), se dice que los ganadores deberán ser de su agrado. La casi totalidad de ese dinero se queda en las manos de organizaciones opositoras al gobierno cubano en Estados Unidos y Europa. Los gobiernos de Polonia, Rumania y la República Checa, principalmente, reciben buena parte de tal financiación al estar a la cabeza de las campañas mediáticas y de presión internacional contra Cuba. Tan solo en 2005 la NED entregó 2,4 millones de dólares para ese trabajo en Europa (18).
Para el gobierno de Estados Unidos, elecciones y negocios deben ir de la mano. Es su sinónimo de democracia. El 20 de enero de 2004, el presidente George W. Bush anunció durante el discurso sobre "El estado de la Unión" que pediría al Congreso la duplicación del presupuesto de la NED para que refuerce "sus nuevos trabajos en la promoción de elecciones libres, del libre intercambio comercial, de la libertad de prensa y de la libertad sindical en el Medio Oriente". O sea, para que el trabajo ideo lógico acompañara la acción militar. En esa región del mundo la presencia de la NED había sido mínima. En 2003 la red de la NED se había establecido en Afganistán. En su web se lee que decidió "establecer y reforzar los negocios para ayudar a construir la democracia y la economía de mercado". Para preparar las condiciones está dando "asistencia a una amplia serie de ONG nacientes". Con los mismos objetivos otras ONG son financiadas en Irak, especialmente al norte de esa nación ocupada. Como en los demás países, las organizaciones nativas se vuelven rápidamente dependientes del financiamiento, y, bajo el credo de la "lucha por la democracia", pasan a trabajar para un sistema cuyos intereses rara vez, coinciden con los de las mayorías de esas poblaciones.
Cada año, o cuando se le requiera, el presidente de la NED debe rendir cuentas ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense. Caso único para una "Organización No Gubernamental". En su comparecencia del 8 de junio 2006, Cari Gershman -presidente de la NED desde abril de 1984— insistió en la urgencia de aumentar el presupuesto para la "asistencia a la democracia". Sostuvo que las ONG en Rusia, Bielorrusia, Uzbekistán, Venezuela y Egipto, necesitan ampliar su trabajo pues se enfrentan a gobiernos "semi-autoritarios". El 7 de diciembre casi utilizó el mismo discurso ante el Parlamento europeo, durante la conferencia "Democracy Promotion: The European Way".
Según William Blum, la filosofía de la NED se basa en la idea de que las sociedades funcionan mejor "con la libre empresa, la cooperación de clases, mínima intervención del Estado en la economía (...). La economía de libre mercado es equiparada con democracia, reformas y crecimiento, enfatizando los méritos de la inversión extranjera (...). Los informes de la NED insisten en la 'democracia', pero ella se reduce a la mecánica electoral, no a la democracia económica, nada que amenace a los poderes establecidos (...). En resumen, los programas de la NED están sincronizados con las necesidades y los objetivos fundamentales de la mundialización económica y del Nuevo Orden Internacional".
Ante la Asamblea General de la ONU de septiembre de 1989, el presidente George Bush expresó que el reto del "mundo libre" era fortalecer los "fundamentos de la libertad". El año anterior el Parlamento canadiense, incentivado por Washington, había creado una fundación afín a la NED: "Rights & Democracy". En 1992, sobre el mismo modelo, el Parlamento británico oficializó la Westminster Foundation for Democracy. Y así fueron llegando la Swedish International Liberal Centre, de Suecia; la Alfred Mozer, de Holanda; y las Robert Schuman y Jean Jaurés, de Francia. La red de fundaciones inspiradas y auspiciadas por la NED tomaba forma.
La guerra global de ideas
En ese marco fue creada la "Democracy Projects Datábase", que coordina "unos 6.000 proyectos" de ONG en el mundo. La NED también es el centro de la Network of Democracy Research Institutes (19), de la que participan "instituciones independientes relacionadas con partidos políticos, universidades, sindicatos, y movimientos por la democracia y los derechos humanos. ..". Su objetivo es facilitar el contacto "entre eruditos y activistas de la democracia". La NED alberga también al secretariado de The Center for International Media Assistance, "un proyecto que se propone unir a una serie de expertos en medios de comunicación con el objetivo de reforzar el apoyo a los medios libres e independientes en el mundo" (20).
En el sitio web oficial del Departamento de Estado, Cari Gershman declara que todas estas fundaciones, personas y organizaciones caminan hacia la "creación de un movimiento mundial pro democracia". Es una "red de redes", cuyo centro es la NED. A este proyecto se han sumado otras fundaciones como la Friedrich Ebert, de Alemania; Olof Palme Internazionella Centrum, de Suecia; Karl Renner Instituí, de Austria; y la Pablo Iglesias, vinculada al Partido Socia¬lista Obrero Español (PSOE).
En 1996, para justificar el aumento del presupuesto de la NED, se presentó al Congreso un informe de apoyo particularmente esclarecedor: "La guerra global de las ideas sigue con ímpetu. Estados Unidos no puede permitirse renunciar a un instrumento tan eficiente en política exterior, precisamente en una época en que sus intereses y valoressoportan un fuerte ataque ideológico de muchas fuerzas antidemocráticas en el mundo (...). Siguen amenazados por regímenes comunistas muy profundamente atrincherados, neocomunistas, dictaduras agresivas, nacionalistas radicales, y fundamentalistas islámicos. Dada esta realidad, Estados Unidos no puede permitirse entregar el campo de batalla ideológico a estos enemigos de una sociedad libre y abierta. La NED necesita un financiamiento continuo como inversión prudente para salvaguardar el futuro" (21). Tres años después, Benjamín Gilman, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, retomó muchos de los elementos de ese informe con el mismo fin.
Democracia, elecciones libres, libertad de expresión... La NED... William Blum no da dos vueltas para concluir: "Se desplazaron muchas de las cosas que hacía la CÍA hacia una nueva organización cuyo nombre suena bien. La creación de la NED ha sido una obra maestra de la política, de las relaciones públicas y del cinismo" (22).
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1 The Washington Post, 22-9-91.
2 Entrevista con el autor, 2005. Ver también la conferencia de Philip Agee, www.rebelion.org/cuba/030919agee.pdf
3 www.ned.org/about/nedhistory.html Sobre el trabajo de la CÍA hacia los intelectuales ver: Francés Stonor Saunders, Who Paid the Piper? The CÍA and the Cultural Cold War, Granta Books, Londres, 2000.
4 www.ned.org/about/nedhistory.html
5 La Friedrich Ebert Stiftung, de los social-demócratas (SPD); la Konrad Adenauer Stiftung, de los demócrata-cristianos (CDU); Hanns-Seidel de la Unión Social-Cristiana (CSU); y la Friedrich-Naumann Stiftung de los liberales (FDP).
6 www.ned.org/about/reagan-060882.html
7 www.ned.org/about/reagan121683.html
8 La Fundación "no será considerada como una agencia o emanación del gobierno de Estados Unidos", estipula el acta del Congreso que creó la NED.
9 William Blum, Rogue State, Common Courage Press, Monroe, 2000.
10.. The New York Times y The Washington Post, 15 y 16-2-87.
11 Alvaro Vargas Llosa, El exilio indomable. Espasa, Madrid, 1998.
12 Entre ellos: Alien Weinstein, Dante Fas-cell, Elliot Abrams, Richard Alien, John Negroponte, Jeane Kirkpatrick, John Bolton, Otto Reich, general Wesley K. Clark, Jorge Mas Canosa, John Richardson, William Middendorf, Frank Carlucci, Francis Fukuyama...
13 Nicolás Guilhot, "Le National Endow-ment for Democracy", Artes de la recherche en sciences sociales, N° 139, París, septiembre de 2001.
14 www.ned.org/about/nedTimeline.html, aquí la NED muestra algunas de sus acciones de financiación, sea directamente o por intermedio de CIPE, IRI, NDI o la rama de la AFL-CIO.
15 Gerald Sussman, "The Myths of 'Democracy Assistance': U.S. Polítical Intervention in Post-Soviet Eastern Europe", Monthly Review, Volumen 58, N° 7, Nueva York, diciembre dé 2006.
16 Nicolás Guilhot op. cit.
17 Eva Golinger, El Código Chávez: Desci¬frando la intervención de los Estados Unidos en Venezuela, Fondo Editorial Question, Caracas, 2005.
18 "Les USA financent des groupes anti-castristes á l'étranger", Associated Press, 29-12-06.
19 www.wmd.org/ndri/ndri.html
20 www.ned.org/about/cima.html
21 James Phillips y Kim R. Holmes, "The Endowment for Democracy: a prudent investment in the future", Foreign Policy y Defense Studies, The Heritage Foundation, "Executive Memorándum", N° 461,13-9-96.
22 William Blum, op. cit.
*PERIODISTA. AUTOR et alia de: BACARDI . CÍA, CUBA ET MONDIALISATION, EPO, BRUSELAS, 2000.
viernes, 6 de julio de 2007
Babeuf
Babeuf: Comunismo y Ley Agraria
El acontecimiento de su designación, ciudadano,2 no es, en mi círculo visual, un pequeño acontecimiento. Siento la necesidad irresistible de detenerme para pensar y calcular sus consecuencias.
Reflexiono sobre lo que cabe esperar de alguien que ha predicado a gente sorda estas verdades memorables, las cuales han tenido por lo menos el efecto de convencerme de que, en cuanto a él, las tenía bien arraigadas en su mente: Que era preciso hacer nuestros esos grandes principios sobre los cuales la sociedad está establecida: la Igualdad, primitiva, el Interés general, la Voluntad común que decreta las leyes y la Fuerza de todos que constituye la soberanía.
¡Hermano! el precepto de la antigua ley: Ama a tu prójimo como a ti mismo; la sublime máxima de Cristo: Haz a los demás todo lo que quieres que te hagan a ti; la Constitución de Licurgo, las instituciones más hermosas de la República Romana, quiero decir, la ley agraria; los principios de usted, que acabo de enumerar; los míos, que le he consignado en mi última carta, y que consisten en asegurar a todos los individuos primeramente el sustento y, en segundo lugar, una educación pareja; todo esto parte de un punto común, y va también a parar a un mismo centro.
Y ese centro es siempre el fin único hacia el cual tenderán todas las constituciones de la tierra, cuando se van perfeccionando. Bien se pueden abatir los cetros de los reyes, constituirse en república, proferir continuamente la sagrada palabra de igualdad, sólo se perseguirá un vano fantasma, sin llegar a nada.
Se lo digo bien claro, a usted, mi hermano, y no me atrevería a insinuárselo a otros: esta ley agraria, que los ricos temen y ven venir, y en la que aún no piensan en absoluto las multitudes de los desposeídos, es decir, las cuarenta y nueve cincuentavas partes del género humano, las cuales sin embargo, si no llega pronto, morirán en su totalidad dentro [sic] dos generaciones cuando más (averiguaremos juntos, matemáticamente, esta espantosa predicción en cuanto usted quiera); esta ley que, si recuerda bien, un día en que estaba entre nosotros dos, Mably 3 invocaba ardientemente; esta ley que no asoma jamás en el horizonte de los siglos sino en circunstancias como las que vivimos hoy; es decir, cuando los extremos verdaderamente se tocan; cuando la propiedad de la tierra, la única verdadera riqueza, se encuentra en pocas manos, y cuando la imposibilidad universal de saciar el hambre impulsa a las multitudes a reivindicar el gran dominio del mundo, donde el Creador quiso que cada ser humano poseyese el radio de circunferencia necesario para producir su propio sustento; esta ley, digo, es el corolario de todas las leyes; en ella descansa siempre un pueblo una vez que ha logrado mejorar su constitución en todos los demás aspectos (...) ¿qué digo? Es entonces cuando simplifica asombrosamente esa constitución. Usted se habrá dado cuenta de que, desde que la nuestra comenzó, hicimos cada día cien leyes; y a medida que estas se han multiplicado, nuestro código se ha vuelto cada vez más oscuro. Cuando lleguemos a la ley agraria, preveo que, siguiendo el ejemplo del legislador de Esparta,4 este código demasiado inmenso será entregado a las llamas, y una sola ley de seis o siete artículos nos bastará. Me comprometo a demostrarlo con mucho rigor.
Usted reconocerá sin duda, al igual que yo, esta gran verdad, de que la perfección de una legislación depende del restablecimiento de esa igualdad primitiva que usted canta en forma tan hermosa en sus poemas patrióticos; y, como yo, usted siente sin duda también que marchamos a grandes pasos hacia esta asombrosa revolución.
Precisamente por eso, yo, que soy tan partidario del sistema, no me decido a abandonar las contemplaciones a que me entrego, al ver que sus principios y su energía hacen de usted tal vez la persona más apropiada para preparar esta gran conquista, y que la Providencia parece secundarnos impulsándolo a una carrera conveniente para combatir más ventajosamente en favor de la causa.
Sí, usted estaba tal vez elegido, y quizás lo estábamos los dos, para ser los primeros en sentir y hacerles sentir a los demás el gran misterio, el gran secreto que ha de romper las cadenas humanas. Si así es, ¡cuan grande lo veo entre los legisladores!
Pero, ¿de que modo concibo que, con toda la fuerza de que usted está armado, le será posible dirigir los primeros movimientos para acelerar tan hermosa victoria? ¿Será abiertamente y por un manifiesto preciso como habrá de anunciarse al salvador del mundo? No, sin la menor duda, y no sería bien acogido si propusiese crudamente tales consideraciones a nuestra desgraciada asamblea.5 Su virtud se vería obligada, para combatir la corrupción, a servirse de las armas generalmente introducidas por esta misma; habrá que oponer una política a otra política. Será preciso que las disposiciones principales estén bien disfrazadas, y que no parezcan tender en absoluto hacia el fin concertado.
Pero reflexiono (...) y me digo: no hay casi nadie que no rechace lejos de sí la ley agraria; el prejuicio en relación con ella es mucho peor que con la monarquía, y siempre han acabado ahorcados aquellos que han osado abrir la boca sobre este gran tema. ¿Estoy seguro de que J. M. Coupé estará de acuerdo conmigo en este sentido? ¿No me objetará, al igual que todo el mundo, que de ello resultaría la defección de la sociedad; que sería injusto despojar a todos aquellos que han adquirido legítimamente, y que ya nadie haría nada por los demás; y que, suponiendo que la cosa fuese posible, las modificaciones posteriores restablecerían muy pronto el orden anterior? ¿Quedará satisfecho con mis respuestas: que la tierra no debe ser alienable; que al nacer cada hombre debe encontrar para sí una porción suficiente de ella, tal como sucede con el aire y el agua; que al morir debe legarla, no a sus herederos más cercanos sino a la sociedad entera; que precisamente este sistema de alienabilidad ha sido el que lo ha transmitido todo a unos, y no ha dejado nada para los otros...; que las convenciones tácticas, gracias a las cuales los precios de los trabajos más útiles han sido reducidos a la tasa más baja, mientras que los precios de las ocupaciones indiferentes o incluso perniciosas para la sociedad han sido centuplicados, estas convenciones son las que le han entregado al obrero inútil los medios para expropiar al obrero útil y más laborioso...; que si hubiese existido más uniformidad en los precios de todos los trabajos, si no se les hubiese asignado a algunos de ellos un valor de opinión, todos los obreros serían ricos en igual medida; que por consiguiente una nueva repartición no haría sino volver a poner las cosas en su lugar...; que si la tierra hubiese sido declarada inalienable (sistema que destruye totalmente la objeción del peligro de restablecer la desigualdad mediante las mutaciones, después de la distribución), cada hombre tendría asegurado su patrimonio, y no habríamos dado vida a estas inquietudes, continuas y siempre desgarradoras, por la suerte de nuestros hijos: de ahí la edad de oro y la felicidad social, en lugar de la disolución de la sociedad; de ahí un estado de tranquilidad en relación con nuestro futuro, una fortuna duradera al amparo de los caprichos del destino, todo lo cual debería preferirlo incluso el hombre más feliz de este mundo, si comprendiese bien sus verdaderos intereses (...); que, finalmente, no es cierto que la desaparición de las artes sería necesariamente el resultado de este nuevo ajuste, porque es evidente, por el contrario, que todo el mundo no podría ser labrador; que cada hombre no podría, como no puede hacerlo hoy, procurarse por sí solo todas las máquinas que se nos han hecho necesarias; que no cesaríamos de vernos en la necesidad de realizar un intercambio continuo de servicios y que, aparte de que cada individuo tendría su propio patrimonio inalienable, que constituiría en cualquier momento y en cualquier circunstancia su inatacable reserva contra la miseria, aparte de esto, todo lo que concierne a la industria humana seguiría tal como está hoy?
Voy a probarle, a usted, querido hermano, y al propio tiempo a mí mismo, que usted parte para la Asamblea Legislativa dispuesto a hacer consagrar todo esto como artículos de ley constitucional. Le dije en mi carta anterior que mis deseos serían:
1. Que los legisladores de todas las legislaturas reconociesen, para el pueblo, que la Asamblea Constituyente es cosa absurda; que los diputados designados por el pueblo están encargados en todo momento de hacer todo lo que consideren útil para la felicidad del pueblo... De ahí la obligación y la necesidad de dar el sustento a esta inmensa mayoría del pueblo, que ya no lo tiene, a pesar de su buena voluntad de trabajar. Ley agraria, igualdad real.
2. Que el veto,6 verdadero atributo de la soberanía, sea del pueblo; y con un éxito bastante evidente (ya que hemos visto luego, en la pequeña obra: De la ratificación de la ley,7 que le he comunicado, que mis medios son parecidos a los del autor), he demostrado su posibilidad de ejecución pese a todo lo que ha podido decirse en contra... De este veto del pueblo, no debemos esperar que lo demande la parte más sufrida y siempre expuesta al terrible sentimiento del hambre; un patrimonio asegurado: la ley agraria.
3. Que cese la división de los ciudadanos en varias clases; admisión de todos a todos los puestos; derecho para todos de votar, de expresar su opinión en todas las asambleas; de vigilar estrechamente la asamblea de los legisladores; libertad de reunión en las plazas públicas; supresión de la ley marcial; destrucción del espíritu de cuerpo de los G. Nat. (Guardia Nacional) haciendo participar en ella a todos los ciudadanos, sin excepción y sin otro destino que el de combatir a los enemigos externos de la Patria. De todo esto se derivará necesariamente la extrema emulación, el gran espíritu de igualdad, de libertad, la energía cívica, los grandes medios de manifestación de la opinión pública, y por ende de expresión de la voluntad general que es, en principio, la ley; la reclamación de los primeros derechos del hombre y, por consiguiente, el pan honradamente asegurado para todos: Ley agraria.
4. Que todas las causas nacionales sean tratadas en plena asamblea y que se supriman los comités. Desaparecerá así esa negligencia, esa apatía, esa indiferencia, ese abandono absoluto a la pretendida prudencia de un puñado de hombres que llevan a toda una asamblea y entre los cuales es mucho más fácil intentar la corrupción. De ahí la obligación para todos los senadores de ocuparse esencialmente del objeto cometido a discusión y decidir con conocimiento de causa; de ahí la alerta a todos los defensores del pueblo, y la necesidad de sostener sus derechos más caros y, por consiguiente de velar para que precisamente todos puedan vivir: la ley agraria.
5. Que se conceda ampliamente el tiempo necesario para reflexionar, en la discusión de todos los asuntos. De donde resultará que, no solamente los improvisadores, los aturdidos, los habladores de siempre, la gente que se explaya siempre antes de pensar, no serán los únicos en determinar las resoluciones, sino que además la gente que prefiere meditar un plan antes de pronunciarse ejercerá también su influencia sobre las decisiones. Así, ningún charlatán interesado en combatir todo lo que es justo podrá echar prestamente a un lado una buena proposición por alguna pequeñez sutil y propia únicamente para engañar; y si se habla para aquellos cuyas necesidades más apremian, el hombre honrado puede pesar y apoyar la proposición y obtener el triunfo de la sensibilidad. Gran encaminamiento hacia la ley agraria.
¡Y bien!, hermano patriota, si los principios que acabo de exponer han sido siempre los suyos, hay que renunciar hoy a ellos si no quiere la ley agraria porque, o yo ando muy equivocado, o las últimas consecuencias de estos principios son esta ley. Usted trabaja pues eficazmente en su favor si persiste en estos mismos principios. Con ellos no se tergiversa y, si en su fuero interno usted se propone algo menos que esto en su misión de legislador, se lo repito, libertad, igualdad, derechos del hombre seguirán siendo palabras temibles y expresiones sin sentido.
Lo vuelvo a decir de nuevo: no serían estas las intenciones que habría que divulgar al comienzo; pero un hombre de buena voluntad aceleraría mucho el desenlace si se dedicara a hacer decretar todas nuestras bases antes enumeradas, asentándolas en el fundamento de la plenitud de los derechos de libertad debidos al hombre, principio que siempre se puede invocar y profesar altamente sin correr peligro. Los llamados aristócratas son más listos que nosotros; entreven demasiado bien este desenlace. El motivo de su oposición tan vivaz en el asunto de los tributos8 es su temor de que, una vez que una mano profana haya tocado lo que ellos llaman el sagrado derecho de propiedad, la falta de respeto ya no tenga límites. Manifiestan sus temores de una forma muy general acerca de lo que esperan los defensores de los que tienen hambre, quiero decir, acerca de la ley agraria, para un futuro muy cercano: buen aviso que debemos tener presente.
Me complazco en extenderme sobre este gran tema ante; un alma como la suya, cuya sensibilidad bien conozco. Porque, en definitiva, es del pobre, en el que todavía no se ha pensado; es del pobre, digo, de quien debe tratarse principalmente al regenerar las leyes de un imperio; es él, es su causa, lo que más interesa apoyar. ¿Cuál es el fin de la sociedad? ¿No es acaso el de procurarles a sus miembros la mayor suma de dicha posible? ¿Y de qué sirven, pues, todas nuestras leyes, si como último resultado no logran sacar de la profunda desesperación a esta masa enorme de indigentes, a esta multitud que compone la inmensa mayoría de la asociación? ¿Qué es un comité de mendicidad, que sigue envileciendo a los seres humanos hablando de limosnas y de leyes represivas, tendentes a forzar a la multitud de los desposeídos a cobijarse dentro de sus chozas para morir de agotamiento, para que el triste espectáculo de la naturaleza aquejada no despierte la reclamación de los primeros derechos de todos los hombres que ella misma ha formado para que vivan, y no para que unos pocos acaparen el sustento de todos?
Se ha hablado con frecuencia de entregar una propiedad, tomada de los bienes del clero, a cada soldado austriaco u otro sicario de déspota que renunciara a exponer su vida por la causa del tirano, y viniera a añadirse a nuestras filas. ¿Cómo se ha podido pensar en ser tan generosos con hombres cuyo único interés del momento determinará cesar de hacernos daño, y olvidar que la mayoría de nuestros conciudadanos yacen postrados y privados de todos los recursos necesarios para mantener su existencia?
Legislador, cuyos reconocidos sentimientos humanos han hecho subir al gran escenario en que lo admiro, ¿llegará usted, como yo, a la conclusión de que es verdad que el fin y la coronación de una buena legislación es la igualdad en la posesión de la tierra, y que las miras secretas de un verdadero defensor de los Derechos del Pueblo han de tender siempre hacia ese fin? ¿Cuáles son los hombres que más admiramos? Los apóstoles de las leyes agrarias, Licurgo entre los griegos, y, en Roma, Camilo, los Gracos, Casio, Bruto, y los demás. ¿Por qué fatalidad lo que es motivo de nuestro más profundo homenaje a los otros, habría de ser para nosotros motivo de reprobación? ¡Ah!, ya lo he repetido y lo vuelvo a decir: el que no tenga, como fin último de lo que promueve, las miras que yo proclamo, debe renunciar a expresar de buena fe las sagradas palabras de civismo, libertad, igualdad; debe, para impedir su efecto, acorde con la conducta pura y recta de aquellos que las declaran con sinceridad; debe —digo—, al pronunciarlas, construir sus planes sobre el modelo de los de los Barnave,9 de los Thouret,10 y de tantos otros traidores dignos de sufrir, algún día, el castigo de la justicia nacional.
¡Usted se ha comprometido a seguir a otros émulos, valiente ciudadano! En un proyecto de declaración de los Derechos del Hombre, en 1789 Pétion 11 dedicó un artículo al más importante de estos derechos, que se ha querido olvidar en la Declaración decretada, y era el que tenía como objeto la obligación, por parte de la sociedad, de asegurar a todos sus miembros un decoroso sustento. Analice a Robespierre, lo encontrará igualmente «agrariano» en última instancia; y esos ilustres personajes se ven obligados a dar muchos rodeos, porque saben que el momento todavía no ha llegado. Usted se elevará a la altura de esos respetables filántropos; de sus máximas, vertidas en el proyecto, resultarán declaraciones iguales a las de ellos...
G. Babeuf, Beauvais, 10 de septiembre de 1791.
NOTAS:
1 Cf. la carta de Babeuf a Coupé de l'Oise, de Beauvais, del 10 de septiembre de 1791, en G. Babeuf: La Doctrina des égaux, extraído de las Obras completas publicadas por Albert Thomas, Cornély et Cié, París, 1906.
2 Babeuf dirige esta carta a Coupé, quien acababa de ser elegido miembro de la Asamblea Legislativa, inaugurada, luego el 1 de octubre de 1791: como no podía ser elegido él mismo a causa de los numerosos enemigos que le habían procurado sus polémicas, había apoyado la candidatura del abate Jacques Michel Coupé, llamado Coupé de l'Oise, y del que fue el inspirador: hoy quedan tres cartas de Babeuf al abate. La Biblioteca Nacional de París posee numerosos escritos publicados por Coupé: son, en su mayoría, estudios sobre problemas agrícolas, informes e intervenciones en las Asambleas de París y en la Convención Nacional.
El presente escrito de Babeuf no es sólo el «primero» cronológicamente en esta recopilación: la continua referencia a la «ley agraria» lo sitúa en una fase anterior a todos los demás escritos, así como también las afirmaciones del propio Babeuf, que tendrán su punto culminante unos años más tarde, en ocasión de la Conspiración de los Iguales.
3 Gabriel Bonnot de Mably, utopista, autor de obras de gran resonancia; una edición completa de los escritos de Mably, en 15 tomos, se publicó en vísperas de la conspiración babuvista (1794-1795).
4 Licurgo.
5 La Asamblea Legislativa.
6 La Constitución francesa del 3 de septiembre de 1791 estipulaba, en su tercera sección, art. 1: «Los decretos del Cuerpo Legislativo son presentados al rey, que puede negar su consentimiento»; en los artículos que seguían se describían las formas en que se podía pasar por encima del voto real. Babeuf, y junto con él toda la «izquierda», se declaraba, en su carta, contrario a esta legislación.
7 El opúsculo aquí mencionado no está incluido en el catálogo impreso en la Biblioteca Nacional de París.
8 El diezmo representaba el derecho feudal, de los señores, de obtener una parte de los productos de las tierras sometidas a su jurisdicción: Babeuf, en los primeros tiempos de la Revolución, tomó partido en la lucha para suprimir los diezmos y los derechos feudales, lucha que fue particularmente violenta en Picardía.
9 Antoine-Pierre Batnave (1761-1793), uno de los elementos más representativos de la Asamblea Constituyente, que se pasó a la reacción después de la huida del rey a Varenne.
10 Jacques-Guillaume Thouret (1746-1794), monárquico constitucional, autor de numerosos escritos.
11 Jéróme Petion de Villeneuve, demócrata, luego girondino.



