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miércoles, 6 de octubre de 2010

Ecuador : Golpe o rebelión


EL PCMLE FRENTE A LOS ACONTECIMIENTOS DEL 30 DE SEPTIEMBRE

El Ecuador viene siendo el escenario desde hace algunos meses, de la intensificación y ampliación de las luchas sociales, que diversos sectores del pueblo trabajador, los sindicalistas, indígenas, campesinos, maestros, la juventud estudiantil, servidores públicos, pequeños comerciantes, jubilados, vienen desarrollando, para oponerse a las políticas del gobierno de Rafael Correa que lesionan en los hechos los intereses del país, de los pueblos y de sus organizaciones, refuerzan o consagran las políticas neoliberales, privatizadoras y entreguistas.

Los trabajadores han levantado sus acciones en defensa de los derechos sindicales que han querido ser anulados por parte del gobierno; los pueblos indígenas combatieron en todo el país en defensa del agua como un recurso humano vital; las comunidades campesinas e indígenas oponiéndose a la naturaleza entreguista y depredadora de la Ley de Minería; los maestros exigiendo mejores garantías para la educación nacional, opuestos a unas evaluaciones retaliatorias y excluyentes; los estudiantes y todas las universidades del país, contra una Ley de Educación Superior que elimina la autonomía universitaria, el cogobierno estudiantil, el libre ingreso, otras conquistas y derechos; los servidores públicos se han movilizado defendiendo su estabilidad, sus conquistas alcanzadas tras largas luchas; los jubilados para mejorar sus pensiones y su atención por parte del Seguro Social; los pequeños comerciantes han estado en las calles por una Ley que garantice su derecho al trabajo, la seguridad social y otras conquistas.

Estas movilizaciones y protestas también han denunciado la posición del régimen para favorecer a los monopolios imperialistas petroleros, mineros, de telecomunicaciones; de favorecer el endeudamiento externo, en condiciones desventajosas; de involucrar al país en el Plan Colombia y de impulsar una política lesiva a la soberanía nacional en la suscripción de la Convención de los Derechos del Mar (CONVEMAR).

El Presidente Correa ha respondido a estas acciones de lucha y las denuncias de las organizaciones sociales, con una política represiva que va dejando víctimas fatales, heridos y grandes daños materiales como en los casos del ataque a la población de Dayuma, a los mineros del Azuay, el asesinato del profesor shuar Bosco Wisuma, el desalojo violento a los mineros de Zamora y otros hechos. Dirigentes de organizaciones obreras, indígenas, campesinas, estudiantiles, de maestros, han sido detenidos, enjuiciados y perseguidos; son objeto de abominables ataques y calumnias a través de una sonora y atiborrante campaña de los grandes medios que el gobierno controla, acusándolos de 'mediocres', 'terroristas', 'corruptos', etc.

En el marco de esta situación, el día 30 de septiembre se produce en distintos lugares del país, la rebelión de las tropas policiales, la toma de los cuarteles, su salida a las calles, en respuesta a la aprobación que se diera en la Asamblea Legislativa a la Ley de Servicio Público y al veto presidencial, que significa arrebatarle a este sector una serie de beneficios, conquistas, subsidios, que los habían logrado en el transcurso de varios años.

Las tropas amotinadas denuncian estos hechos, exigen incluso el cambio de la cúpula de la institución, pero en ningún momento se pronuncian por un cambio de gobierno, por su derrocamiento y más bien solicitan el diálogo, el cese de las actitudes autoritarias y que se atienda su situación. En estas condiciones, esa lucha de las tropas policiales, se añade a la de otros sectores populares en defensa de sus aspiraciones, de sus derechos y conquistas.

Los revolucionarios, la izquierda, los comunistas, asumimos como un deber el apoyo a esta y todas las luchas que defiendan los intereses populares y del país. Consideramos que es una falacia acusar de que estas acciones formen parte de una 'conspiración' en contra de la democracia, del gobierno constituido y que sea parte de un intento de 'golpe de Estado' de los 'fascistas', de la 'derecha', con la 'participación de la izquierda', sin que se demuestre para nada estas implicaciones.

La insistente denuncia del régimen sobre el supuesto 'golpe de Estado contra la democracia ecuatoriana' trajo inmediatamente los respaldos del gobierno norteamericano y de la ONU; pero a la vez generó también, los pronunciamientos de la UNASUR, de los gobiernos de la región como Venezuela, Bolivia, Argentina, Paraguay, y también de Colombia, Chile y Perú.

Corresponde señalar que la mayoría de organizaciones sociales que han reivindicado sus aspiraciones, han deslindado campos y denunciado las reales o supuestas acciones de conspiración de la derecha, de la partidocracia, de las oligarquías y el imperialismo. De esta manera se pronunciaron CONAIE, ECUARRUNARI, las Centrales Sindicales, el Frente Popular y todas sus organizaciones, de modo que las acusaciones de conspiración caen por su propio peso.

El mismo Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, General Ernesto González, respaldó el orden constitucional, insistió en el pedido para la revisión o anulación de la Ley de Servicio Público, causante de los conflictos, al comparecer en la cadena indefinida y obligatoria, ordenada por el gobierno a todos los medios de comunicación del país; igual fue la petición de todos los voceros de los policías insubordinados, mientras los canales y medios pudieron recoger esos pronunciamientos para que se atiendan sus necesidades. La famosa 'conspiración contra la democracia' que el gobierno y sus servidores denuncian, no aparece por ninguna parte??

Los acontecimientos eran graves y generalizados, pero se desbordaron, cuando haciendo gala de prepotencia, en abierta actitud imprudente, Correa fue a enfrentarse con los rebeldes y recibió el rechazo, incluso los irascibles excesos, de quienes se hallaban en el Regimiento Quito; quedó asilado en el Hospital de la Policía desde donde en horas de la noche fue sacado en medio de un sorprendente y desproporcionado operativo militar que fuera difundido por radio y TV a todo el país, poniendo en grave riesgo la vida del propio mandatario, provocando varias víctimas fatales de dicha acción, decenas de heridos, graves daños a las instalaciones de esa casa de salud.

Luego de su espectacular salida, Correa llega en medio de aplausos y vítores de sus partidarios a la Plaza Grande, para repetir las poses autoritarias, prepotentes y conminatorias; acusar sin pruebas, deformar la verdad y llama a la 'vindicta pública', que 'no habrá perdón ni olvido' frente a los conspiradores, etc.

Los revolucionarios, los comunistas, los trabajadores y los pueblos, tenemos claro que la democracia es una conquista de las masas a lo largo de centenas de años y por eso la defendemos a pesar de sus limitaciones y exclusiones. La democracia representativa es una expresión del poder de las clases dominantes, resguarda sus intereses; para la gran mayoría, para las clases trabajadoras, sigue siendo una retórica en cuyo nombre se los excluye y atropella. Teniendo claro estos conceptos, la lucha social, las acciones de los trabajadores y los pueblos, la propia rebelión de la tropa de la policía, no se propuso ni plantea quebrar la vida institucional del país y menos es resultado de los afanes conspirativos y golpistas de la derecha, la partidocracia y el imperialismo. El camino de los trabajadores y los pueblos, de la izquierda revolucionaria está claramente definido, es la marcha independiente en busca de su liberación definitiva y cotidianamente en la lucha por sus derechos, aspiraciones, conquistas sociales y democráticas.

Es necesario afirmar, sin embargo, que la prédica gubernamental de que se producía un 'golpe de Estado', tuvo éxito y confundió a un sector de la opinión pública del país y del exterior. En el ámbito popular las cosas están claras. Los acontecimientos de ayer son un nuevo episodio de la lucha social.

Más allá de las actitudes vengativas, retaliatorias y de las sanciones que aplique el régimen, ello deja profundas heridas en las tropas policiales y en varios sectores sociales; el gobierno de la 'revolución ciudadana' que ahora canta victoria, debe saber que la lucha de los trabajadores, la juventud y los pueblos continúa; porque seguimos en crisis, sigue la injusticia, las desigualdades sociales aumentan, se desborda y no se sancionan los actos de corrupción. La efervescencia, la lucha social y la aspiración del verdadero cambio se va constituyendo en una bandera de cada vez mayores y más grandes sectores de nuestros pueblos. Crece la conciencia popular!

Exijamos la anulación de los vetos presidenciales y de los elementos antipopulares y antinacionales que contienen las leyes conexas como las reformas a la Ley de Hidrocarburos, la Ley de Ordenamiento Territorial, de Servicio Público, Educación Superior, el Código de las Finanzas Públicas y otras que perjudican a los trabajadores, la juventud y los pueblos. Del mismo modo, por la derogatoria inmediata del 'estado de excepción', pues desde el gobierno se señala que no hay ninguna conmoción interna.

Hoy es la hora de trabajar más insistentemente por la unidad de todos los sectores que defendemos nuestras justas aspiraciones, conquistas sociales y derechos; por quienes luchamos un futuro mejor. En esto reside, sin duda, la fortaleza de los pueblos, en ello está la garantía de la victoria!!


PARTIDO COMUNISTA MARXISTA LENINISTA DEL ECUADOR
Comité Central
1º. de octubre de 2010





PC del Ecuador: “Paramos el golpe reaccionario, ahora dar contenido revolucionario al proceso”

Editorial del periódico "El Pueblo" de Ecuador (*)

El 30 de Septiembre del 2010 el pueblo ecuatoriano, las vertientes constitucionalistas de las Fuerzas Armadas y de la Policía y el coraje del Presidente Rafael Correa derrotamos una intentona golpista de sectores policiales, encubierta en reivindicaciones económicas y profesionales en asocio con fuerzas y partidos de derecha de aquellos que no dan un paso sin tener la anuencia del imperialismo y que en su aislamiento y desesperación no descartaron el magnicidio que también les fracasó, pero que si ocasionaron muertos y heridos por los que tendrán que responder.

Es que el imperialismo y la oligarquía, que vienen buscando como revertir los procesos progresistas en Nuestra América, creyeron llegado su momento a partir de la supuesta derrota del Presidente Hugo Chávez en Venezuela -sigan "ganando" así y los desafío al Referendo Revocatorio- les espeto el Comandante de la Revolución Bolivariana cuyas fuerzas lograron mayoría absoluta en la Asamblea; a partir también del lanzamiento de 30 bombas de 250 y 500 kilogramos de explosivos con decenas de aviones y helicópteros sobre el campamento del responsable militar de las FARC-EP conocido como Mono Jojoy; a partir igualmente de la descalificación y la inhabilitación por 18 años de la Senadora Piedad Córdoba que tanto ha laborado por el Acuerdo Humanitario en Colombia.

El proceso que con siete triunfos electorales el pueblo ecuatoriano ha entregado en su conducción al Presidente Rafael Correa tiene como una de sus esencias aflorar las virtualidades y podredumbres de la sociedad y así mismo producir las caídas de las mascaras para que quede expuesto el verdadero rostro de las fuerzas sociales.

No es casual que el imperialismo y la oligarquía escogieran como ariete para la intentona golpista a segmentos de la Policía que hoy es donde está el mejor caldo de cultivo para sus políticas de conspiración e infiltración a pretexto de la generosamente financiada "lucha antidrogas"; no hay que olvidar que cuando el bombardeo, desembarco, masacre y ejecución de las tropas de Uribe en nuestra localidad de Angostura la inteligencia policial reportó primero a la Embajada de los EE.UU. y que también muchos de esos trabajos de inteligencia llegan coordinados con el partido Sociedad Patriótica del ex-presidente Lucio Gutiérrez, de activo papel también en la intentona del 30 de Septiembre, en que además los amotinados gritaban frenéticamente contra el comunismo, contra Fidel y contra Hugo Chávez.

Tampoco es casual que hayan sido el Movimiento Popular Democrático y el Movimiento Pachakutik quienes respalden el intento de golpe reaccionario; el uno de matriz "maoísta" fundado por la CIA en 1964, con vínculos policiales y que en la FEUE de la Universidad de Guayaquil tiene una alianza política y orgánica pública con el Movimiento Madera de Guerrero del Alcalde Jaime Nebot y hoy sigue el mismo camino de los maoístas que en Chile estuvieron contra Salvador Allende y a favor del golpe de Pinochet y de ³Bandera Roja² en Venezuela que está contra el gobierno de Hugo Chávez; y el otro que viene amamantándose de los fondos del Banco Mundial, de la USAID y de la NED, tapadera de la CIA, tanto para sí como organización, cuanto para sus principales dirigentes; postura claudicante que acertadamente no fue asumida por la CONAIE. Corrientes del Partido Socialista acariciaban veladamente el golpe no así su Dirección Nacional.

Los dirigentes sindicales vinculados al financiamiento de CSI y la Coordinadora Sindical Americana CSA -financiadas en conjunto por la AFL-CIO de los EEUU y las centrales socialdemócratas y demócrata cristianas de Europa-, soterradamente respaldaron el golpe también desde sus menguadas reivindicaciones "gremialistas" no así las filiales de la FSM: la FEI, la más antigua organización nacional indígena en que militaron Dolores Cacuango y Transito Amaguaña y la CTE, única matriz de clase, nacida en la Revolución de Mayo de 1944 que volcaron sus militantes y banderas a las calles junto a las fuerzas antigolpistas; en consecuencia por la actitud reaccionaria de los dirigentes de la CEOSL, la CEDOC, la CEDOCUT y la UGTE, el FUT está muerto como opción de unidad y lucha por lo que bien hizo la CTE en marcar claramente la distancia en los acontecimientos del 30 de septiembre.

Los medios de comunicación de la derecha atizaban la escalada golpista, esparcían desinformación que fue frenada por la utilización de las facultades que constitucionalmente entrega el Estado de Excepción legalmente decretado.

Desde la Asamblea Nacional la derecha saltó al tinglado con la consigna de la ³amnistía² y fueron más notorias las debilidades y los cálculos de muchos parlamentarios de PAIS, que deberá ejercitar una autocritica y depuración múltiple para no torpedear el proceso.

La solidaridad internacional fue un factor de fuerte presión antigolpista expresada en rotundas declaraciones de gobernantes de diverso signo, la firme resolución de UNASUR, las manifestaciones al pié de muchas de nuestras Embajadas, las declaraciones de múltiples organizaciones de todo el mundo. Frente a este escenario la mejor alternativa para arrinconar y derrotar definitivamente las maniobras golpistas es mejorar el contenido de clase de proceso y llenarlo de contenido revolucionario en la perspectiva del Socialismo afincándose en las masas organizadas y con conciencia y cultura política.

El Partido Comunista del Ecuador seguirá siendo consecuente al Acuerdo que firmamos con Rafael Correa el 31 de Julio del 2006 y este 30 de septiembre del 2010, junto a la Juventud Comunista, lo demostramos a plenitud y combativamente.

* Órgano del Comité Central del Partido Comunista del Ecuador, edición número 1851
del 5 de Octubre del 2010.



domingo, 2 de mayo de 2010

"La Ciudadanía": otra ficción del arsenal ideológico y político de la burguesía *

Galo Oswaldo Palacios J.




"...Cuando recrudece la movilización y la lucha de los pueblos por sus
reivindicaciones y conquistas sociales y políticas, en la búsqueda de cambios
sustanciales en la vida de la sociedad; cuando se ensancha y dinamiza la
tendencia democrática, progresista y de izquierda protagonizada por los
trabajadores, los indígenas, la juventud, las mujeres y los pueblos, ahí es
donde se intenta implantar estas visiones ficticias y perversas respecto de que
la sociedad actual debe erigirse 'sobre el concepto de la ciudadanía'... "




Durante la historia del régimen capitalista, la burguesía -como clase dominante— ha elaborado, difundido y con­sagrado una serie de ideas, concepciones e instituciones que le han dado los "motivos" para legitimar el poderío eco­nómico político de los capitalistas y de los monopolios; estas elaboraciones tienen la función de presentar al sistema burgués, como "justo", "libertario" y "civilizado" ante los traba­jadores, los pueblos y toda la sociedad.


Desde las proclamas de "Libertad, Igualdad y Fraternidad" que exhibiera la revolución burguesa en Francia de 1789 y un poco antes, a través de las obras de diversos pensadores euro­peos como los "laicos", los "antimonárquicos" y los "enciclo­pedistas" franceses, particularmente, se pueden encontrar los fundamentos de estas ideas y concepciones legitimadoras del dominio burgués —que jugaron a la época de su aparecimiento un carácter progresivo, incluso revolucionario— para oponerse al dominio monárquico, feudal y tiránico, que se expresaba en la autoridad absoluta del rey y de los señoríos de los terratenientes. Pero conforme se fue asentando y consolidando el ré­gimen dominante de los burgueses, afianzando el capitalismo como sistema económico, social y político, esas concepciones sólo sirvieron para afirmar el capital, el dominio del Estado republicano, las nuevas relaciones de clase.


La burguesía ha tratado siempre de presentar sus propues­tas como provenientes de los "principios eternos" del derecho natural, de modo que la ideología y la política burguesas, desde un inicio, se cubren de un ropaje supuestamente "avanzado" y al parecer, científico; proclaman sus ideas y concepciones como "naturales", que se justifican por el carácter propio de la exis­tencia humana.


La propiedad privada, por ejemplo, ha sido mostrada como producto de los grandes esfuerzos y la perseverancia, de la hon­radez, de la iniciativa creadora y de la capacidad de los posee­dores, de los dueños de la misma en este sistema capitalista y en los anteriores, en donde han habido propietarios; para nada, ni en el análisis económico, ni en las visiones políticas, como tampoco en la historia, se ha reconocido el papel de las masas trabajadoras en la generación de la riqueza, en la sustentación que le han dado con su trabajo a los sistemas de dominación.


Debido al "esfuerzo honrado" de los grandes capitalistas, se ha sostenido y sostiene que es enteramente legítima la defensa y la preservación de la propiedad privada con todo el "peso de la ley", poniendo como el guardián de la misma al propio Es­tado, al poder político y para garantizar la defensa de los pa­trimonios, entra en la escena la llamada "fuerza pública", militar y policial, quien jugará el papel dirimente en las confrontaciones sociales, a favor de los propietarios contra los tra­bajadores y los pueblos, usando la violencia propia del sistema, recurriendo a las armas...


Del mismo modo, el sistema sostiene y defiende como un axioma o argumento que no requiere demostración, de que "todos los hombres y mujeres somos iguales ante la ley" y que también "la libertad individual es la que disfrutamos todos los seres humanos en el régimen capitalista, que se asienta (supuestamente, Nota del autor -NdA) en la racionalidad y la justicia".


Según esas mismas concepciones del arsenal de la burguesía, de sus sostenedores y apologistas, se sustenta la visión de la existencia del "ciudadano" con derechos inembargables e irrenunciables; los "derechos de ciudadanía" y su custodia, como la "base de una democracia no formalista y acorde con los principios de la tradición liberal occidental", etc. (Danilo Zolo: "La ciudadanía en la era postcomunista" Università di Firenze. La Política. Pág117. Ed. Paidos Barcelona 2002)...


El derecho burgués y su legalidad, los fundamentos de la sociedad capitalista, tienen como un principio, que el Estado no es sino la expresión jurídica y representativa de todos los miembros de la sociedad; últimamente, en nuestro país se dice reiteradamente en la propaganda oficial que el Estado incluso es "de los ciudadanos" y que juega el papel de "amortiguador" o "mediador" en los conflictos o controversias de las personas (dígase mejor, de las clases sociales antagónicas que existen en el seno de la sociedad capitalista, principalmente de la burguesía, frente al proletariado y a las demás clases trabajadoras).


"La idea de ciudadanía parece ser capaz de llenar el vacío teórico y político —la melancolía democrática— que varios autores veían como la penosa consecuencia de la caída de la utopía comunista..." (obra citada).


Es decir, que para los autores burgueses, para ciertos partidos políticos y gobiernos, como el de Correa, a partir de la sus­tentación de la "ciudadanía", se está hablando de la igualdad social, de un sistema político democrático sin formalismos; en suma, de la superación de las diferencias de clases, de la injusticia y la discriminación, dentro de las propias fronteras del capitalismo, con arreglo a determinadas reformas económicas, políticas, legales, principios constitucionales, etc. que sin al­terar la esencia del sistema económico, social, sirvan para engañar a las masas trabajadoras, adormecer su conciencia proclamando incluso la "revolución ciudadana", para eliminar -supuestamente— las aspiraciones de cambio, reemplazando la revolución social con las reformas.


Vale al respecto recordar lo que se decía, que con la venida del capitalismo, según sus defensores: "la superstición, la injusticia, el privilegio y la opresión serían desplazados por la verdad eterna, por la eterna justicia, por la igualdad basada en la naturaleza y por los derechos inalienables del hombre como ciudadano (...). Hoy sabemos que aquel Reino de la Razón no era más que el Reino de la burguesía idealizado; que la "jus­ticia eterna", encontró su realización en los tribunales de la burguesía; que la igualdad desembocó en la igualdad burguesa ante la ley; que como uno de los derechos más esenciales del hombre, se proclamó la propiedad burguesa". (F.Engels "Anti Dühring" pág. 30. Edic. Pueblos Unidos. Uruguay)



¿Quiénes sustentan y a quiénes sirve el concepto de la ciudadanía?


El tema de la "Ciudadanía" ha vuelto a colocarse en la palestra como "el debate contemporáneo", que sirve de sustento para muchos autores burgueses, filósofos y sociólogos, políticos y publicistas, tanto neoliberales, como socialdemócratas, reformistas y revisionistas, que han vuelto a agitarlo desde sus respectivas trincheras, considerándolo como "una verdadera explosión" (...) ya que "el concepto de ciudadanía está íntimamente ligado, a la idea de derechos individuales y la noción de vínculo con una comunidad particular" (Kymlicka - Norman. Uni­versidad de Ottawa "El retorno del ciudadano", Cuadernos del CLAEH. Montevideo 1998).


Estos enunciados aparecen como propuestas actuales, renovadas, acorde con los cambios y los tiempos, reivindicativas de los derechos humanos y las libertades públicas, planteando como el "papel de la sociedad civil" y "de los ciudadanos", su participación en las decisiones trascendentales de los Estados y gobiernos. Pero dichas propuestas se quedan en ello, porque el carácter mismo de la sociedad capitalista, ahora sumida en la globalización y el neoliberalismo, ha tornado más opresiva y excluyente el carácter de esa sociedad.


Quienes despliegan estas tesis y propuestas novedosas, van desde los organismos internacionales como la ONU, el Banco Mundial, la UNESCO, etc. Estos personajes se recubren de todo un léxico "civilizado", "racional" y lleno de adjetivos supues­tamente avanzados sobre "democracia", "derecho humanita­rio", erradicación de la "exclusión", "combate a la pobreza", etc. para llevar adelante sus políticas que favorecen a los círculos del capital financiero y los monopolios; para engañar a la gente y legitimar sus designios imperialistas.


Casi todos los gobiernos de los países capitalistas desarro­llados, los parlamentos de los países ricos y sus agencias, di­funden estas concepciones y sin duda, hallan bastante eco en los políticos y gobernantes de los países atrasados, dependientes, fundaciones y ONG 's en la actualidad, que van de la mano de las corrientes del pensamiento político burgués en Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Italia, etc.


"El pensamiento conservador y neoconservador de nuestro tiempo, vuelve anacrónicamente al liberalismo clásico, ha­ciendo tabla rasa de las experiencias políticas y sociales de los últimos dos siglos, para forjar un sistema político elitista y excluyente que, en el discurso promete la "profundización de la democracia", pero que, en la realidad, establece miseria, explotación y marginación para la gran mayoría de los seres humanos. (Orietta Caponi, Venezuela. "La construcción de una democracia no liberal". 2005).


Es decir, que sin bien el neoliberalismo, cuya preocupación central es el mercado, la salvaguarda y la ampliación de la propiedad privada, la voracidad por las ganancias y el culto del individualismo, no deja de blandir a través de sus principales voceros —como Obama, Berlusconi o Sarkozy— la defensa de la "democracia", de los "derechos de los ciudadanos", de los "de­rechos individuales" y "civiles", por supuesto teniendo en cuenta que la base de toda esa institucionalidad tiene su punto de partida en el derecho de propiedad de los capitalistas y de los monopolios.


Dicho discurso del imperialismo y sus voceros, encierra un proyecto político propio, que es la legitimación de sus designios opresores y dominadores, orquestados en una maquinación perversa que tiene el propósito de generar una pantalla virtual o una vitrina en la que se proyecten esos paradigmas supuestamente humanitarios, democráticos, reducidos a esquemas formales, para justificar la política de agresión y de guerra librada en contra de la humanidad por las potencias imperialistas, acaudilladas por el régimen estadounidense.


En el escenario real, mientras se habla del "derecho de ciudadanía" como el pilar en que se asienta el sistema político de la "democracia liberal", "igualitaria" y justa", en los propios países imperialistas y en las distintas regiones del mundo se sostienen o redoblan las condiciones materiales para el be­neficio de los monopolios; se fomenta la dispersión social, la xenofobia y el racismo, el indiferentismo, el hedonismo, el predominio de élites gobernantes corruptas, la exclusión y marginación de las personas, grupos sociales, regiones o paí­ses más pobres, al tiempo que las políticas del Estado apuntan al recrudecimiento de la represión y el carácter policial del mismo.


Para justificar todas esas desigualdades e injusticias, se amplifican las proclamas de "libertad", "democracia", "justicia" e "igualdad" con las que quieren encubrirse quienes representan exactamente la negación absoluta de dichos principios.


Toda la historia de anexiones, guerras de conquista, crímenes, intervención y escalada genocida del imperialismo se lo ha hecho para "defender", "salvaguardar" y "propagar" la democracia de los ciudadanos del mundo, los famosos principios de "libertad", "derechos humanos" y la "paz mundial".


Ello muestra que la "democracia" y todas las demás concepciones sobre el "Estado" o la "ciudadanía" jamás deben entenderse —y menos para los trabajadores, los pueblos y los revolucionarios— como entidades que se hallan al margen de las condiciones históricas concretas y al mismo tiempo, que res­ponden a los intereses de una clase u otra.


V.I. Lenin, el gran dirigente de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia, decía que uno de los problemas sobre los cuales los ideólogos y dentistas sociales de la burguesía, los filósofos y sociólogos de las clases dominantes han echado más sombra y lodo para embrollarlo, era la cuestión de la naturaleza y las funciones del Estado, ello porque toca los intereses vitales de las clases. Y afirmaba con precisión:


"El Estado es una organización especial de la fuerza, es una organización de la
violencia para la represión de una clase cualquiera (...) Las clases
explotadoras necesitan la dominación po­lítica para mantener la explotación,
es decir en interés egoísta de una minoría insignificante contra la mayoría
inmensa del pueblo. Las clases explotadas necesitan la dominación política para
destruir completamente toda explotación, es decir, en in­terés de la mayoría
inmensa del pueblo contra la minoría insignificante (los terratenientes y
capitalistas). (V.I. Lenin "El Estado y la Revolución" Moscú
1976.)



La cuestión de la Ciudadanía en el escenario actual



La "teoría de la ciudadanía" —como decimos— ha sido nue­vamente lanzada a la palestra como principal propuesta de los sectores de la burguesía en la versión socialdemócrata y reformista; ciertas formaciones revisionistas, recicladas a las nuevas condiciones que se viven actualmente también "han tomado partido" con las supuestas concepciones renovadoras que ofrece la "ciudadanía"; en otras latitudes, es la enseña de sec­tores de la pequeña burguesía.


En el caso de los círculos políticos y académicos de Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá, la exposición más influyente y difundida que se presenta en la actualidad es la concepción de ciudadanía, planteada desde 1949 por el sociólogo británico Thomas Humphrey Marshall (1893 — 1981), principalmente en su obra "Ciudadanía y Clase Social". Esos conceptos han sido también desarrollados por otros sociólogos como Anthony Giddens (sociólogo inglés 1938, autor de la "Tercera Vía" y del intento de renovar a la social-democracia) J. M. Barbalety David Held.


Según T. H. Marshall, la ciudadanía "consiste esencialmente en asegurar que cada cual sea tratado como un miembro pleno de una sociedad de iguales. La manera de asegurar este tipo de pertenencia consiste en otorgar a los individuos un número cre­ciente de derechos de ciudadanía". Estos derechos —según Marshall— comprenden los derechos civiles, políticos y sociales y que aparecen, en los siglos XVIII, XIX y XX, respectivamente. (T.H. Marshall: Ciudadanía y Clase Social 1965). Los derechos so­ciales son, por ejemplo, la educación pública, la asistencia de salud, los seguros de desempleo y las pensiones jubilares.


Para que la "ciudadanía" pueda afirmarse —según esos con­ceptos— hay que entender que los derechos civiles parten de considerar una derivación directa de la libertad individual pues lo que "el Estado necesita de la ciudadanía no se puede obte­ner mediante la coerción sino solamente por medio de la cooperación y el autocontrol en el ejercicio del poder privado".


"El concepto y la realidad de la ciudadanía son dos de las fuerzas motrices de la era moderna. La reforma política en cada uno de estos dominios puede modificar los aspectos más negativos de la desigualdad económica y puede por consiguiente, hacer que el sistema capitalista moderno sea más ecuánime y justo, sin recurrir a la acción revolucionaria" (T.H. Marshall, obra citada).


"(...) las desigualdades de clase derivadas del sistema de mercado capitalista se pueden moderar en cierta medida, los excesos de las desigualdades se pueden mitigar por medio de desarrollo exitoso de los derechos de la ciudadanía democrática. La ciudadanía puede remodelar el sistema de clases" (obra citada)


Quienes se adhieren, difunden y exhiben actualmente estas propuestas ideológicas y políticas, se reputan así mismos de una visión más humanista y avanzada en diversos sectores de opinión, levantándose como una supuesta alternativa frente a las rígidas y reaccionarias posiciones neoliberales, que han eliminado, reducido o desnaturalizado los derechos humanos, sindicales, de la mujer, de los pueblos originarios, las etnias indígenas, al mismo tiempo que las libertades pú­blicas, en general.


Sin embargo, conviene tener en cuenta una serie de elementos esenciales para el debate y esclarecimiento de estas cuestiones —efectivamente actuales— en el momento que vivimos en el Ecuador y América Latina.


Se plantean estas tesis como supuestamente "nuevas", y se habla de "la ciudadanía" como el símil de la igualdad, aunque ninguno esos autores explica de qué modo se puede lograr esa igualdad, en una sociedad capitalista actual, en donde se desbordan los intereses mezquinos de los poderosos, las acciones agresivas de los monopolios en la "salvaje" competencia y todas las medidas políticas, económicas de los gobiernos que representan y defienden esos intereses.


De este modo, al proclamarse la ciudadanía y la vigencia de los derechos económicos, políticos y sociales que nos hacen "iguales", se intenta describir una ficción de sociedad, como si los "ciudadanos" (sea en su condición jurídica o sea en el sen­tido de pertenecer a una sociedad determinada) se pudieran abstraer o enmascarar como pertenecientes a una clase social u otra, para barnizarse del concepto de "ciudadanos iguales". Como si la condición jurídica de ciudadanos o el sentido de pertenencia a una comunidad determinada, pudiese terminar con sus concretas condiciones económicas, sociales y políticas. Como si los ciudadanos ecuatorianos Joyce de Ginnatta, o Noboa Pontón, podrían igualarse a un sencillo obrero, un modesto cam­pesino o indígena, un profesor o un pequeño comerciante...


Estos planteamientos vienen en sus esencias de las viejas concepciones, ahora remozadas, de los clásicos filósofos, economistas, sociólogos, políticos y publicistas idealistas, liberales y burgueses.



Las fuentes originarias de estas supuestas "nuevas" teorías


Vale analizar cómo fue construida históricamente la demo­cracia liberal: "de", "por" y "para" los propietarios, en de­fensa de sus intereses y en donde la esfera de la propiedad privada —según sus concepciones— constituye un ámbito que el individuo debe defender por derecho y deber, e impedir cual­quier tipo de intromisión externa, que en suma pueda controlar, limitar o poner en peligro aquellos medios de producción que le sirven para generar riqueza.


La democracia liberal ha sido siempre elitista, individualista, excluyente y oligárquica; por ello, Adam Smith (1723-1790. Economista inglés, el más grande representante de la economía política clásica burguesa) afirmaba que el gobierno civil ha sido instituido "para realmente defender al rico del pobre o a quienes tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna". (Adam Smith "La riqueza de las naciones" México 1990).


Por ello es que, durante mucho tiempo (siglos XIX y parte del XX), los gobernantes y pensadores burgueses, se opusieron tenazmente al sufragio universal y si lo aceptaron a regañadientes, buscaban "establecer condiciones de propiedad tanto para ser electores, como para ser elegidos", o bien esta conquista pudo ser ganada por la lucha de los trabajadores o elementos avanzados en la sociedad. (Constant B. Principios de Política cit. Propuesta comunista. Madrid 1991).


Desde la Francia de la Ilustración, que dirigía sus fuegos contra la superstición, el oscurantismo y los privilegios de los señores feudales, desarrollaba un intenso anticlericalismo, a la vez planteaba la consagración teórica —y después con la revo­lución, la consagración práctica— de cuestiones como la pro­piedad privada, a la que se consideraba "sagrada e inviolable" y la proclamación de la igualdad de los ciudadanos ante la ley. (Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789).


Sin embargo, la Constitución de 1791, pese a esas Declaraciones, siguió manteniendo el carácter hereditario del poder real y dividiendo a los ciudadanos en "activos" y "pasivos" respecto del ejercicio del derecho electoral; por ejemplo, de acuerdo como poseyeran o no, y en determinado volumen, los bienes materiales. Es decir, los ricos, los poseedores de for­tuna, eran los "ciudadanos activos", por ello podían ejercer el derecho al voto, elegir y ser elegidos; los pobres, los desheredados de la fortuna, los parias, eran los "ciudadanos pasivos", sin derechos, sin la capacidad de elegir y menos de ser elegidos, con lo cual "la igualdad ante la ley", no pasaba de ser una simple declaración lírica, cuanto no un engaño perverso hacia los explotados...


Se sostenía, por entonces, que "toda sociedad sólo puede ser obra de un convenio libre entre sus miembros" pero que a la vez "sólo los ciudadanos que abonan impuestos como accio­nistas de una gran empresa social, deben hacer uso del derecho electoral" (Parlamentario Sieyés, uno de los principales representantes de la Constituyente francesa).


En la fundamentación de todas estas teorías sobre la socie­dad, el Estado y el derecho, que le sirvieron de soporte a la gran burguesía, está centralmente el pensamiento filosófico y político de Emmanuel Kant (1724 — 1804) quien se constituyó en el progenitor del idealismo alemán de fines del siglo XVIII y principios del XIX.


"El Estado, según Kant, es el resultado de un convenio en el cual todos renuncian a su libertad natural (individual, NdA.) para gozar ésta en calidad de miembros del mismo". Por tanto, es la unión de un mayor o menor número de personas bajo la acción del derecho, siendo el Estado "una organización pura­mente jurídica, en la cual tienen derechos políticos sólo los "ciudadanos activos", es decir aquellos propietarios de bienes patrimoniales y no los "ciudadanos pasivos", entre los que cuenta a los obreros, a los oficiales medios de la artesanía, a las mujeres, a los sirvientes y en general, a todos los que tra­bajan bajo las órdenes de otros."


Al Estado le corresponde colocar impuestos a la propiedad, para así protegerla y por eso, para su defensa es necesaria la policía, que a más de la seguridad pública debe vigilar por la fe­licidad social hasta los umbrales mismos del domicilio". (Cit. "Historia de las Ideas Políticas" pág. 291 ss. Grijalbo. México)


Concibe el desarrollo de la historia como el desarrollo de la libertad humana y la equidad en las relaciones internacionales, comprendiendo los fines del género humano, pero tal es­tructura concordante con la razón, no puede llevarse a efecto mediante una revolución violenta, sino por el curso, sujeto a leyes, de la evolución paulatina.


"La vía del desarrollo, de acuerdo a la razón, no es la revo­lución, sino la evolución", (op. cit. pág. 294).


Estas ideas permiten esclarecer la verdadera posición que el "ciudadano" tiene frente al poder civil, frente al Estado; es decir, una situación diferente y diferenciada, que no la resuelve la famosa proclama burguesa de la "igualdad ante la ley". Esa diferenciación está dada por la manera cómo se halla organizada la sociedad, que ubica a unos individuos como propietarios de la riqueza, de los principales medios de producción y por lo tanto, como detentadores del poder y a otros, como ca­rentes de los medios de producción principales, subordinados al poder político y a la dominación de clase.


Mientras esta diferenciación no desaparezca, no desapare­cerán la desigualdad, la injusticia, la exclusión, por más que los gobernantes, o los políticos burgueses o pequeño burgueses extremen sus discursos y su demagogia, hablando de la posibilidad de que en el capitalismo sea posible erigir una "sociedad de ciudadanos iguales" o como dice el gobierno de Correa que "la Patria ya es de todos", o en un repetido "spot" de la TV: "el poder lo tienes tú"...


Vale repetir entonces, que los comunistas, los revolucionarios, no nos hemos "inventado" la división de la sociedad en clases sociales, la diferenciación de las mismas y la constante confrontación entre ellas; la concepción objetiva de que el poder político ha sido y es —cada vez con más claridad— la ex­presión de la dominación de las clases dominantes...


El discurso socialdemócrata y reformista actual, no ha de­jado las ideas esenciales de esas viejas teorías; insiste en ubicar a los llamados "derechos ciudadanos" como la expresión de la justicia, como el camino para instaurar una sociedad de "derechos plenos", "equitativa" y "civilizada".


Pero es indispensable mirar cómo la propia sociedad capita­lista, por su naturaleza, los intereses y ambiciones de las clases y los grupos dominantes, levanta una visible frontera que limita, frena y algunos casos elimina esos derechos. Por ejemplo, se otorga el derecho al voto a los "ciudadanos" para elegir a sus mandatarios, pero no se permite disentir a través de caminos di­versos, con una política tal o cual de los gobernantes y menos a participar activamente en las decisiones nacionales.


Se busca —como es el caso del actual régimen del Presidente Correa— una participación de algunos individuos, o personas de excepción, en determinadas instancias del poder, haciendo de ello toda una ponderación, que supuestamente ya es la "democracia participativa", pero las personas designadas por el llamado sistema de la "meritocracia", no tienen en la mayoría de los casos, siquiera un compromiso gremial o sectorial, una representatividad de organizaciones sociales o de comunida­des, etnias o sectores, sino sólo la afinidad o en otros casos la docilidad con el gobierno. Eso ha sucedido por ejemplo, en los organismos de "participación ciudadana", en la regionalización que se empuja, sin ninguna consulta; o en la composición de los organismos dirigentes para las universidades, la autoridad para la solución de los recursos hídricos, la administración de los recursos mineros, etc.


Por ello muy bien podemos afirmar que la universalización de los derechos, y la aplicación rigurosa de los preceptos cons­titucionales avanzados, no son posibles en una sociedad de cla­ses como el capitalismo y no hay democracia verdadera en las iniciativas o acciones que asume la política burguesa.


Cuando recrudece la movilización y la lucha de los pueblos por sus reivindicaciones y conquistas sociales y políticas, en la búsqueda de cambios sustanciales en la vida de la sociedad; cuando se ensancha y dinamiza la tendencia democrática, progresista y de izquierda protagonizada por los trabajadores, los indígenas, la juventud, las mujeres y los pueblos, ahí es donde se intenta implantar estas visiones ficticias y perversas respecto de que la sociedad actual debe erigirse "sobre el concepto de la ciudadanía", que supuestamente establece, ciudadanos "iguales ante la ley; iguales para el goce de los derechos económicos, políticos y sociales"; "iguales en una sociedad igualitaria, democrática, donde se ha erradicado la división clasista, del odio de clases y donde se ha abierto la posibilidad de conseguir los cambios de modo pacífico"...



¿Cómo se adecúa este pensamiento en la realidad del ecuador?


Estas visiones y elaboraciones que se las difunde, como en el caso del Ecuador, por parte del propio Presidente Correa y su gobierno, se las propagandiza todos los días a través de poderosos medios de difusión al servicio del mismo gobierno, intentan convencernos de que estamos viviendo "un cambio de época", una "irreversible revolución ciudadana", "un socia­lismo siglo XXI" y que para todo ello sólo ha bastado que el pueblo apoye y continúe haciéndolo, todas las iniciativas del régimen, sin necesidad de "intermediarios" (léase organizaciones sociales populares y políticas), sólo confiando en las ejecutorias del Primer Mandatario quien es el "elegido" para decidir por las mayorías y en beneficio de ellas.


Entonces, la "revolución ciudadana" consiste en realizar algunas reformas legales, económicas, tributarias, vía Constitución; aprobar unas nuevas leyes en las cuales se tratan de incorporar reformas que lesionan derechos fundamentales de los trabajadores, consagrados internacionalmente, como el de organización, contratación colectiva, reclamo y huelga, (ahí está el Decreto 1701, la Ley de Empresas Públicas y otros instrumentos); leyes que afectan derechos de organización, de defensa profesional y de representatividad de los maestros, así como elementos sustanciales de la educación; otros que lesionan la autonomía universitaria, la gratuidad de la enseñanza, la representación gremial en las decisiones de los Centros de Educación Superior, el cogobierno universitario; los derechos eco­nómicos de los jubilados, de los trabajadores tercerizados, etc. Tratando todo ello de adornarlo con las frases repetidas hasta el cansancio de que "la revolución ciudadana está en marcha" o de convencer que "el poder está en tus manos" (refiriéndose a la gente sencilla), o que "la Patria ya es de todos"...


Al mismo tiempo, se empaqueta en la categoría de la "revolución ciudadana", el incremento del "bono de la pobreza" a 35 dólares; el desayuno escolar; la entrega del "kit agropecuario" en algunas comunidades campesinas; o el reemplazo de los "focos ahorradores" por los incandescentes; la venta de la urea con precio subsidiado o la gratuidad en la atención hospitalaria; que si bien constituyen algunos beneficios para la gente pobre, se trata de inducir a que eso es la "revolución", mientras que los grandes privilegios de la oligarquía y el beneficio a los monopolio internacionales, en el petróleo, la minería, el pago de la deuda externa, sigue latente.


En medio de esa prédica de los "derechos ciudadanos", de la "revolución ciudadana" y del "socialismo Siglo XXI" —que podría verse superficialmente hasta como útil para oponerse a la derecha y el neoliberalismo— se están desnaturalizando o deslizando en el seno del movimiento de las masas trabajadoras y en la izquierda, ciertas concepciones extrañas, que corresponde señalarlas, criticarlas y contraponerlas desde el punto de vista de clase, para impedir que generen confusiones, ter­giversaciones o ilusiones que serían —cualquiera de ellas— nocivas y fatales, para el desarrollo del movimiento revolucionario de los trabajadores y de los pueblos, tanto en el Ecuador, como en escala internacional.


Estos elementos que los hemos esbozado en el presente artículo, constituyen según nuestra opinión, un cuestión de principios alrededor de la cual la ideología del proletariado, el marxismo leninismo, debe desplegar una dura batalla ideológica, política, en la acción directa con las masas trabajadoras, en los ámbitos del debate y la fundamentación teórica, en la propaganda, para afirmar las posiciones de clase. Con respecto a estas tesis de la "ciudadanía" y de la "revolución ciudadana" se presenta un nuevo escenario para nuevas batallas en el campo de la teoría, de las concepciones políticas y de la prác­tica social, frente las corrientes de derecha, desarrollistas, reformistas y revisionistas.


Octubre 2009.


* Tomado de: Política Revista Teórica del Comité Central del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador. Edición Nº 25 . Noviembre 2009

sábado, 24 de abril de 2010

Invitación al XIV Seminario Internacional Problemas de la revolución en América Latina



Durante estos 14 años, las organizaciones políticas y sociales, las instituciones y personalidades democráticas y de izquierda, hemos realizado un trabajo conjunto para impulsar el Seminario Internacional “Problemas de la Revolución en América Latina” que llega ahora a su décima cuarta edición y en cada una de ellas, hemos contado con la presencia y participación valiosa de un conjunto de voluntades, individuales y colectivas, que le han dado realce a este evento internacional.

Por ello, el Seminario ha cobrado la trascendencia de una importante tribuna de expresión del pensamiento y de las experiencias de lucha y organización de los trabajadores, campesinos, maestros, de la juventud y las mujeres, de la izquierda revolucionaria, principalmente latinoamericana y del Caribe.

Con estos razonamientos, nos es grato para el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador y el Movimiento Popular Democrático, organizaciones de izquierda revolucionaria, INVITAR a Ustedes para la realización del Décimo Cuarto Seminario Internacional, que con el tema: “Frente a la crisis: ¿Revolución o Reformismo?”, se llevará a cabo desde el lunes 12 al viernes 16 de julio del presente año, en la ciudad de Quito. Les solicitamos que acrediten una delegación de su organización o participar individualmente. Las organizaciones sociales o políticas participantes pueden presentar una PONENCIA basada en el Tema Central de máximo 8 páginas que debe ser enviada con anticipación al evento, para poder copiarla y entregar a los seminaristas; además podrán efectuar una alocución de máximo veinte minutos para presentar la ponencia durante las sesiones plenarias.

Solicitamos el envío de sus Ponencia y recabar información a las siguientes direcciones: pcmle@j ournalist. com mpdl 5dn@interactive.net. ec oswpal@yahoo. com y a los siguientes teléfonos móviles: 099234491 (O. Palacios) 096 804 199 - 098 779 541 (Fabiola Bohórquez - MPD) Convencionales: 022526111-022503580 O, en las sedes provinciales y nacionales de las organizaciones sociales.

Esperamos la confirmación de su participación que será muy útil para la unidad y el avance de las fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda revolucionaria y de los proyectos emancipadores en nuestro país y el continente.



lunes, 13 de octubre de 2008

Nueva Constitución, un gran paso... pero aún insuficiente

publicado el 9 de octubre de 2008 *

El pueblo ecuatoriano tiene una nueva Constitución política; se dio así mismo una Carta magna que encierra elementos conceptuales, jurídicos, políticos nuevos de claro contenido progresista, que seguramente le convierten en una de las constituciones más avanzadas del continente. Alumbró con el referéndum del 28 de septiembre y es resultado de un proceso político que va mucho más allá de los ocho meses de labores de la Asamblea Nacional Constituyente, e inclusive de lo que va del gobierno de Rafael Correa.


La exigencia de convocar a una Asamblea Constituyente tomó forma y fuerza al calor de las diversas acciones de lucha libradas por nuestro pueblo como los levantamientos populares en contra de gobiernos corruptos, las movilizaciones en defensa de la soberanía, contra el entreguismo de las oligarquías a intereses foráneos, en fin. Pero más aún, mucho del contenido de la nueva Constitución fue, en distinto momento, bandera de combate de diversos sectores sociales. El movimiento obrero ha debido librar una constante resistencia y lucha en contra de la flexibilización laboral, y ahora se ha puesto fin al esclavizante sistema de la tercerización e intermediación laboral; el magisterio y la juventud estudiantil han mantenido una constante exigencia para que presupuestariamente se atienda bien a la educación, encontrando que la mejor fórmula para ello era relacionar el presupuesto de esta actividad con el monto global del Producto Interno Bruto, criterio similar asumido por los trabajadores de la salud en relación a ese ámbito; nació del espíritu patriótico de nuestro pueblo el planteamiento de impedir definitivamente la presencia de ejércitos extranjeros en nuestro territorio, elementos que ahora forman parte de los preceptos constituciones.

Lo anterior apenas recoge algunos ejemplos, pero podríamos hablar de los derechos de la mujer, de los jóvenes, la seguridad alimentaria, la participación popular y un largo etcétera. En definitiva, esta Constitución ha sido concebida y escrita por el pueblo con su acción.

Contar con un instrumento político-jurídico de esa índole es muy importante, constituye una gran victoria para los trabajadores y pueblos del Ecuador, y explica la nueva situación que se vive en el país.

Es importante, pero aún insuficiente. Todo ese articulado no es en sí el cambio por el que nuestro pueblo ha peleado; apenas es el instrumento que delimita los contornos de lo que puede ser el Ecuador de los próximos años... si se lo aplica a plenitud.

Así como la movilización popular desembocó en la instauración de la Asamblea Constituyente, orilló a los asambleístas al recogimiento de varios aspectos que no querían hacerlo y llevó al triunfo del Sí, esa misma movilización debe ser el eje transversal del accionar de las masas para que los preceptos constitucionales, los derechos políticos y sociales, etc. se conviertan en realidad y materialicen la aspiración popular de conquistar la patria nueva.

Los adversarios a ello no tardarán en aparecer, la derecha no dará su brazo a torcer y buscará la forma de impedir que el proceso político avance; inclusive, no faltarán timoratos que, desde la esfera gubernamental y de la tendencia progresista, dubiten en la cabal aplicación de lo que la Constitución establece, a pretexto de no provocar la reacción de la burguesía, o simplemente porque no están de acuerdo con algunos aspectos.

Si nuestro pueblo aspira que se cumpla con el cambio -como efectivamente así lo desea-, debe predisponerse a una constante presión política por sus derechos y en contra de los enemigos de la transformación. No hay que olvidar que son las masas quienes llevan adelante los procesos políticos.

* Tabloide EN MARCHA Organo Central del PCMLE




sábado, 3 de noviembre de 2007

Contradicciones de Heinz Dieterich


En el discurso de Heinz Dieterich se encuentran varias contradicciones y los límites de su pensamiento. Asegura que no es momento para el socialismo, sino que la alternativa al neoliberalismo es el keynesianismo.



La vehemencia con la que los defensores del denominado socialismo del siglo XXI plantean su “teoría” y las críticas a quienes propugnamos las tesis del socialismo científico-revolucionario, por la supuesta incapacidad en ejecutar nuestras propuestas, hacen creer de la radicalidad de sus planteamientos. Mas su alharaca es grande, vacía y llena de contradicciones.

Dieterich, al que hemos citado en artículos anteriores, es un ejemplo de aquello. En agosto del año pasado, Yásser Gómez (de la Revista Mariátegui de Perú) lo entrevistó respecto de la salida frente al neoliberalismo, y esta fue la respuesta: “La salida estratégica al Neoliberalismo es, por supuesto, el socialismo, es decir una civilización post capitalista, pero en estos momentos tu no tienes condiciones para hacer el socialismo, porque en primer lugar no tienes el proyecto histórico del nuevo socialismo divulgado masivamente, ... si no tienes la teoría divulgada entre la gente, si no tienes movimientos de masas ni vanguardias para implementarla, será una quimera hablar del socialismo como una alternativa al capitalismo neoliberal. La alternativa inmediata es el keynesianismo, el capitalismo desarrollista de Estado. (el subrayado es nuestro) ...se tienen que combinar los dos elementos, porque los campesinos, los desempleados quieren una respuesta inmediata y no puede ser el socialismo la respuesta inmediata. Se tienen que vincular los dos proyectos históricos: el keynesianismo y el Socialismo del Siglo XXI”. Los comentarios sobran. Y no se trata de un lapsus, porque en la misma entrevista afirma que tanto Bolivia como Venezuela van camino de ese keynesianismo.

Pero esto último no es lo que más llama la atención. El inefable Dieterich (inefable por inexplicable, y no por extraordinario), en otra entrevista, esta vez con Cristina Marcano, publicada en http://www.aporrea.org/, a la pregunta de si existen condiciones para implementar el socialismo del siglo XXI en Venezuela respondió de la siguiente manera: “Sí, ahora sí las hay. Menciono solo algunos. Dos tercios de la población votaron por el Presidente con pleno conocimiento de su bandera del Socialismo del Siglo XXI. Esto es un mandato sustancioso de los ciudadanos. El avance del sistema educativo, económico y de la conciencia del pueblo han sido notables. La integración latinoamericana y la destrucción de la Doctrina Monroe parecen ya imparables. Las Fuerzas Armadas ahora son confiables y tres sectores claves de la economía nacional están en manos del gobierno: el Estado, PdVSA-CVG, y más de cien mil cooperativas”. Hacemos notar que esta respuesta la dio apenas cinco meses después de la brindada a Yasser Gómez. Podría ocurrir que las cosas han madurado tan rápidamente o también que respondió así para alagar a los lectores de Aporrea, medio electrónico venezolano.

Ya que nos introducimos en observar estas posiciones contradictorias, veamos una más.

Cristina Marcano, inicia la entrevista antes citada preguntando a Dieterich, si él inventó el concepto “Socialismo del Siglo XXI”. Éste afirmó que sí, que lo elaboró a partir de 1996, y que “desde el 2001 ha sido asimilado en todo el mundo. Presidentes como Hugo Chávez y Rafael Correa lo utilizan constantemente, al igual que movimientos obreros, campesinos, intelectuales y partidos políticos”.

Al leer su libro “El socialismo del siglo XXI” encontramos la siguiente formulación: “En esa recuperación del pensamiento crítico se inscribe la presente obra que tiene sus antecedentes sistemáticos en el libro interdisciplinario ‘Fin del capitalismo global. El Nuevo Proyecto Histórico’, que organicé a finales de los noventa.

Fueron las aportaciones de estos intelectuales comprometidos las que permitieron delinear científicamente los contornos de la civilización postcapitalista. Entre ellos merece especial mención el economista e historiador Arno Peters, de la República Federal Alemana, profesor emeritus y genio renacentista, quien descubrió el principio económico de la nueva sociedad socialista que es la clave de toda propuesta seria sobre un sistema no-capitalista...” Por lo que sería Peters el ideólogo y no Dieterich, pero éste se presenta como “dueño” de la idea, por haberla puesto el nombre. Una última cita de su libro nos aclara qué es lo que quiere: “...cada cambio de época en la historia moderna fue precedido (necesariamente) por documentos o manifiestos programáticos que unificaron las diversas fuerzas sociales en pos de objetivos comunes: las tesis de Lutero en 1517, las declaraciones sobre Derechos Humanos en Estados Unidos (1776) y Francia (1789), fueron documentos programáticos de la burguesía; el Manifiesto Comunista fue la bandera del movimiento socialista histórico. Los documentos constitutivos del Nuevo Proyecto Histórico (es decir del ‘Socialismo del siglo XXI’, nota nuestra) cumplirán con la misma función. Vaya pretensión.
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Reproducimos este artículo del tabloide EN MARCHA por el poder popular y el socialismo , Organo Central del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador, con el unico afán de reafirmarnos en el programa del Partido Comunista del Perú , como una posición política con personalidad propia heredada deJosé Carlos Mariátegui, y precisamente cuando la caída del revisionismo ruso y la resistencia latinoamericana a los imperialismos de diverso cuño, empieza a forjar en nuestro país una ruta propia hacia el socialismo, aparece otra novedad intelectual que no sistematiza estas luchas sino que busca imponer un molde a las luchas con la agravante que como meta no plantea el Socialismo como transito al Comunismo. El debate hara que las ideas se esclarescan y que las luchas se fortalescan con una teoria que tome en cuenta sus experiencias.

sábado, 6 de octubre de 2007

una foto del recuerdo


CONFIRMADO


El partido de Rafael Correa obtiene un 70,85% de los votos con un 76,71% de los sufragios escrutados


06/10/2007 09:03
QUITO, 6 (EUROPA PRESS)


El partido de Rafael Correa encabeza los porcentajes de voto con una diferencia de 63,22 puntos sobre el siguiente partido, con un 76,71% por ciento de los votos escrutados, según datos del Tribunal Supremo Electoral.


Con el 76,71% por ciento de los votos escrutados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Ecuador, la alianza PAIS, del actual presidente, Rafael Correa, aventaja ampliamente a sus opositores con un porcentaje del 70,85%, lo que equivale en votos a 2.223.948 de personas.

El partido Sociedad Patriótica (SP) ha obtenido hasta el momento un 7,63% de los votos (239.590 de los votantes), lo cual le dejaría en segundo lugar, por delante del Partido de Renovación Institucional Acción Nacional (PRIAN) que tiene un porcentaje del 5,95 (186.842 votos).

miércoles, 3 de octubre de 2007

Del MPD* sobre las elecciones a la Constituyente.


TRIUNFO DE LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

El Movimiento Popular Democrático es el único partido político que hasta el momento ha logrado elevar su votación respecto al 2006, hasta el momento se ha confirmado el triunfo de tres Asambleístas; Jorge Escala, Lenin Hurtado y Abel Ávila aún por confirmar otros cuatro escaños en; Manabí, Pichincha, Imbabura y Cotopaxi.

Los partidos de la derecha como el PSC, PRIAN, ID, UDC, sumados a estos varios movimientos “ciudadanos”, se convirtieron en los principales perdedores de la contienda electoral del pasado domingo 30 de septiembre. A la luz de las cifras, los partidos tradicionales representantes del neoliberalismo son el blanco de las secuelas más severas. Desde el regreso a la democracia en 1979, es la primera vez que reciben un golpe de esta magnitud lo que los ha colapsado.

El triunfo del MPD responde a la continúa lucha emprendida por hombres y mujeres genuinos representantes de la izquierda revolucionaria, quienes fieles a sus principios, jamás han claudicado en búsqueda de una Patria Nueva y el Socialismo.
* El Movimiento Popular Democratico (MPD) es un frente politico de izquierda revolucionaria cuyo principal promotor es el Partido Comunista Marxista-Leninista del Ecuador (PCMLE)
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veamos que dice el Partido Comunista Marxista-Leninista del Ecuador
¿Por qué respaldar a Correa?

publicado el: 14 de septiembre de 2007 por el PCMLE


La coincidencia con sus posturas de defensa de la soberanía, combate a la oligarquía corrupta, su política orientada a mejorar las condiciones de vida de los pueblos y su voluntad inquebrantable de ir a la Asamblea nos ubican en el mismo andarivel del cambio.

“MPD a la Asamblea para respaldar al gobierno de Correa”, es la consigna que corea la militancia de Unidad Popular MPD 15 en el fragor de la campaña electoral. Esta frase representa su claro posicionamiento en el escenario político actual sustentado en fundamentos programáticos muy concretos y, como es de conocimiento público, no tiene nada que ver con una colaboración dentro del equipo de gobierno, pues, como lo expresan, en forma reiterada, sus dirigentes, no hay ni un empleado emepedista dentro de él.

Por qué respaldamos a Correa? Porque, sin ser nuestro proyecto, recoge algunos elementos patrióticos, democráticos y progresistas, con los cuales coincidimos, expresados en tesis y propuestas referidos a soberanía, acciones antioligárquicas, en defensa de las condiciones de vida dignas para los pueblos, entre otras.

En materia de soberanía e independencia conviene destacar algunos lineamientos muy significativos. Así, en soberanía territorial, es clara la postura del presidente Correa en el sentido de no renovar el Convenio para el uso de la Base de Manta por parte de los norteamericanos, así como, su oposición al Plan Colombia. En el ámbito económico, restringir y limitar el pago de la deuda externa y la no suscripción del TLC; defensa de áreas estratégicas y recursos naturales como el petróleo, propendiendo a una explotación racional a fin de garantizar esa riqueza en beneficio del desarrollo económico del país y, a la vez, la preservación del ambiente, tal es el caso de la política adoptada en torno a los campos ITT del Parque Nacional Yasuní; el impulso de mega proyectos hidroeléctricos. En soberanía alimentaria sus esfuerzos se dirigen a dinamizar la actividad del mediano y pequeño productor -cuya actividad abastece el consumo interno- con programas de crédito como el denominado 5-5-5; no admite la eliminación de subsidios. En cuanto a soberanía monetaria es clara su postura de impulsar el crecimiento económico y el desarrollo del aparato productivo, como premisas necesarias para abandonar, en un proceso, la dolarización.

En lo relativo a defensa de las condiciones de vida de los pueblos, las políticas aplicadas hablan por sí solas, así, duplicó los bonos de la vivienda y de desarrollo humano; capitalizó el BNF; subsidia la urea en beneficio del sector agrícola; aplica un programa para la rehabilitación del ferrocarril; plantea cerrar el anillo vial de la troncal Amazónica con la de la Costa; como es obvio, todo esto generará fuentes de empleo. En derechos laborales propone eliminar la tercerización y restringir el trabajo por horas.

En posiciones antioligárquicas su práctica es elocuente a través del cobro de impuestos a los empresarios acostumbrados a eludirlos y perjudicar al fisco; combate la actividad usurera de la banca, así como también la acción de los monopolios de los grandes medios de comunicación.
Junto a todo lo señalado, la coincidencia plena, en la teoría y en la práctica, para impulsar la Asamblea Constituyente y proceder a la disolución del Congreso, por ser la expresión más genuina de la corrupción de la institucionalidad del Estado burgués.