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martes, 3 de mayo de 2011

Después del congreso del Partido Comunista de Cuba

Por Guillermo Almeyra






Algunos datos sobre la dirección del PCC: sobre los 115 miembros del Comité Central, 78 eran ya dirigentes nacionales y 18 provienen de las Fuerzas Armadas y del Minint (Ministerio del Interior); 20 eran ya dirigentes provinciales y ocho dirigentes municipales; dos son rectores de universidades y sólo siete trabajan en la producción y en los servicios. Entre los 15 miembros del Buró Político (la casi totalidad varones) el promedio de edad oscila cerca de los setenta años, hay una sola mujer y no hay jóvenes de menos de 45. En las vicepresidencias de los comités estatales o de gobierno, sobre ocho miembros sólo uno es mujer. En el secretariado del Comité Central (CC), sobre cuatro miembros hay uno de sexo femenino; entre los primeros secretarios provinciales hay dos mujeres sobre 10; entre los primeros secretarios municipales hay seis mujeres sobre seis. Entre los jefes de departamento del Estado o del partido, las mujeres son cuatro sobre nueve, y entre los ministros, dos sobre ocho. Entre los miembros del CC ocho son generales de ejército, 12 generales de división y sólo dos rectores universitarios (un hombre y una mujer, responsable de la educación física).

Se puede decir pues, por la composición del CC, que es una dirección de burócratas militares, burócratas estatales, burócratas de la cultura que superan la media edad y que están mechados por unos pocos tecnócratas más jóvenes y del aparato estatal y partidario que cuenta con poquísimas mujeres y jóvenes.

Como planteé en un artículo anterior, en el congreso el sector más eficaz y productivo de la burocracia (el militar) impuso sus reglas sobre el más conservador y dogmático –el de la burocracia partidaria– y lo subordinó al funcionamiento estatal, que el primer sector asegura en nombre de la eficiencia y del cambio burocrático de la burocracia.

Lo importante, sin embargo, es que la amplia discusión popular sobre el proyecto presentado desde las cumbres del sistema, aunque tuvo que hacerse sobre algo ya cocinado y en vía de ejecución, de todas maneras sirvió para dar una vía deformada de expresión a las inquietudes populares (y para que el aparato las sondeara directamente).

Esas discusiones, por ejemplo, hicieron desaparecer algunos de los aspectos más aberrantes del proyecto, como la creación de zonas especiales con plena libertad para el capital, a la china, o los insultantes clubes de golf en un país con poco agua y escasez de viviendas populares, o la propuesta de permitir que los empresarios recurran a mano de obra asalariada (como en cualquier país capitalista). En esa discusión hubo propuestas de mantener la libreta como instrumento estatal para el control de los precios y no fue abolida de inmediato, sino que lo será gradualmente. Esta es otra expresión de la inquietud popular, ya que la libreta fue presentada como ejemplo claro de un llamado igualitarismo nocivo, muy arraigado en el imaginario colectivo, que se niega a aceptar como si fuese ética la distribución por el mercado, según el dinero de los compradores, y también la caridad estatal para los más pobres.

El congreso, según la experiencia cubana, ni siquiera consideró que la participación de los trabajadores sea un elemento político y económico decisivo. No se habló de presupuestos participativos, resultados de la libre discusión de los trabajadores. No se habló de cómo organizar la autogestión, que aumentaría sin duda la productividad y daría rienda suelta a la creatividad y al ahorro de materiales que se deben importar y entre los contratos de diverso tipo, exigidos como reguladores; ni se habló de dar vida a los contratos de trabajo con las empresas o el Estado firmados por sindicatos democratizados y con participación consciente en la producción. Se siguió hablando, en cambio, de combinar "la planificación" con el "mercado" cuando este último, por definición, es incontrolable por ser mundial y caótico y, por consiguiente, no es posible planificarlo sino, a lo sumo, establecer algunos laxos planes sectoriales y controlarlos mediante el sistema de prueba, error y corrección.

No hubo una discusión seria sobre en cuál contexto mundial (económico, político, ecológico) deberán aplicarse las resoluciones del congreso. Tampoco hubo siquiera una referencia autocrítica al por qué, en el momento más difícil para la Revolución Cubana, el congreso se postergó durante nueve años. Ni tampoco sobre los errores del pasado cometidos, por otra parte, por los mismos dirigentes que ahora intentan una rectificación in extremis y en plena oscuridad teórica total.

¿A dónde irá Cuba sobre todo si siguen aumentando los alimentos importados y el petróleo? ¿A más capitalismo de Estado?, porque lo que el gobierno califica de "empresas estatales socialistas", basadas en el trabajo asalariado, no son más que empresas estatales y basta. ¿A una imposible y reaccionaria vía "china" –libertad de mercado, millonarios "socialistas" y partido único "comunista"– como parece indicar el inmediato sostén de Beijing al gobierno cubano? ¿Los dogmáticos inmovilistas seguirán igual, con su represión y sus chicanas? ¿Para maniobrar un sistema "chino" sin estar en China y en la pobreza no se cerrarán los espacios de discusión?

La clave de la situación está en manos de los trabajadores cubanos, hasta hoy convidados de piedra y objetos de las opciones que les llueven desde arriba. La falta de incentivos socialistas, de ideales y perspectivas revolucionarias causan, sin embargo, decepción, desmoralización y conducen a la búsqueda de salidas individuales en vez de llevar a la búsqueda de soluciones colectivas. El pragmatismo "de arriba" debe ser contrarrestado por una discusión sobre los principios y sobre la historia misma del proceso revolucionario cubano. Los cheques en blanco llevan siempre a la quiebra.





La Jornada, Mexico








miércoles, 20 de febrero de 2008

Raúl Castro

Su hermano, su sucesor




de: Redacción BBC Mundo





Se le atribuye la creación de lemas como: "Donde sea, como sea y para lo que sea, Comandante en Jefe, ordene" y "¡Fidel, pa'trás ni pa'coger impulso!".




Hermano menor de Fidel, Raúl Castro Ruz fue el brazo derecho del Jefe Máximo hasta el anuncio de su renuncia este martes 19 de febrero.


Actualmente presidente interino de Cuba Raúl, de 76 años, es el heredero más obvio del poder.

De hecho, ha sido el número dos en todas las instancias oficiales del poder en Cuba -jefatura del Estado, Partido Comunista y ejército- y ocupaba automáticamente el lugar de Fidel Castro en caso de desaparición o dimisión, según establecen las leyes cubanas.



Pisando las huellas


Desde pequeño, Raúl empezó a seguir los pasos de su hermano mayor.


En 1953 fue uno de los asaltantes del cuartel de Moncada y, junto con su hermano, quedó detenido y condenado a 13 años de cárcel.


Una vez liberado y en su exilio en México, ayudó a planear el regreso a bordo del yate Granma y fue uno de los pocos que sobrevivió el desembarco en la costa cubana, escapando a las montañas desde donde continuó luchando hasta el triunfo de la Revolución.


En la sierra conoce a la que será su esposa, la guerrillera Vilma Espín.


Al frente de las Fuerzas


"Este pueblo nunca ha dejado de luchar en condiciones muy difíciles y la última etapa de la lucha contra Batista lo demostró", dijo Raúl en una entrevista para el periódico cuyo nombre viene del barco en que realizó ese fatídico viaje del exilio al hogar: Granma.


"Pero yo pienso", continuó, "que lo ha demostrado mejor después. Más masivamente después. Desde el mismo triunfo de la Revolución".


En ambas luchas, Raúl Castro ha estado al frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) desde su fundación, el 16 de octubre de 1959.


Algunos alegan que siempre fue comunista al contrario de su hermano. Como prueba, señalan el hecho de que durante los primeros meses de la llegada de los guerrilleros al poder, Raúl fue mantenido lejos del foco de atención, pues se consideraba que su militancia no era conveniente.


Se habla también de paternalismo, sometimiento y complejo de inferioridad.


Sin embargo, nada de esto -de existir- ha impedido una relación fraternal estrecha que, como otras cosas en sus vidas, desafió el paso del tiempo y el cambio de circunstancias.


Raúl se convirtió en presidente interino de Cuba el 31 de julio de 2006, cuando su hermano le delegó el poder provisionalmente a raíz de una grave enfermedad intestinal.


Una figura de bajo perfil, sin la oratoria ni el carisma de su hermano, se le considera como un excelente organizador y se cree que, de ser confirmado en el poder, encabezará un gobierno mucho más pragmático.