sábado, 27 de febrero de 2010

Morales dice que Bolivia compartirá "lo poco que tiene" con los chilenos


LA PAZ, 27 de febrero. (EUROPA PRESS).— El presidente de Bolivia, Evo Morales, aseguró este sábado que los bolivianos compartirán "lo poco que tienen" con los chilenos tras el devastador terremoto que dejó casi 150 muertos la pasada madrugada en el país andino.

"En ese momento de luto, de sufrimiento, con tantos damnificados, expresar nuestra solidaridad al pueblo chileno, reiterándole la disposición" de Bolivia a ayudar, señaló Morales, según informa la agencia ABI.


Asimismo, expresó su "solidaridad con el pueblo chileno, con la familias, damnificadas, afectadas por este terremoto, con la presidenta (Michelle Bachelet), con el presidente electo (Sebastián Piñera)".

Morales precisó que ha convocado a su gabinete para definir el tipo y cuantía de la ayuda boliviana a los damnificados. "Esta tarde habrá una reunión de emergencia con algunos ministros para hacer algo con el pueblo chileno, especialmente con los damnificados", indicó en rueda de prensa.

Según el presidente boliviano, su país como ya hiciera con Perú en agosto de 2007 tras el terremoto de Pisco (sur) y más recientemente con Haití, lo que hará será "compartir lo poco que tenemos, compartir nuestra pobreza". "Estamos aquí, como pueblo boliviano, compartir lo poco que tenemos con el pueblo chileno, si fuera necesario", aseguró.

Por otra parte, señaló que pudo hablar por teléfono con el ministro del Interior chileno, Edmundo Pérez Yoma, y con la ministra de la Presidencia, Carla Jerez, y subrayó la relación de amistad imperante entre Bolivia y Chile desde 2006. "En los últimos 4 años hemos construido una amistad, una confianza de gobierno a gobierno, de presidente a presidente", resaltó.

viernes, 26 de febrero de 2010

La elevada cultura haitiana y el rol de los comunistas en la misma

Felix Morisseau Leroy *

“La historia de Haití es, sin duda, de una grandeza impresionante:
como que está hecha con la sangre de un pueblo acostumbrado desde su nacimiento a luchar y morir por sus derechos”.
Nicolás Guillén.



Una herramienta importante del imperialismo para justificar su toma militar de esta república, eliminar definitivamente su soberanía y convertirla en una dependencia colonial, es presentar al pueblo haitiano como una banda de salvajes y prehumanos, incapaces de asumir su propio destino. La realidad es otra. Ya José Mártir el padre de Cuba destacó la altura de los intelectuales haitianos. El fundador del Partido Comunista Haitiano (PCH) Jacques Roumain era también un delicado escritor y hombre de ciencia. En su blog la socióloga comunista francesa Danielle Bleitrach dice que sólo ha llorado a lágrima viva con dos lecturas: la primera con la Ilíada cuando el rey Priamo implora a Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo Héctor. La segunda con la novela del médico haitiano y cofundador del PCH Jacques Stephen Alexis Compére général Soleil editada en Gallimard de París en 1955. El protagonista es un niño abandonado de los barrios miseria de Port-au-Prince que no tiene sitio en ninguna parte. En la cárcel se encuentra con un comunista preso. Danielle señala que el texto sube a una apoteosis de dolor similar al de la Ilíada escrito en un francés magnífico.

El camarada Alexis se especializó en neurología en París donde militó en la Juventud Comunista francesa. Conoció a Ho Chi Minh y a Mao Zedong y participó en el Congreso extraordinario de la Unión de Escritores soviéticos (1959). Desembarcó con tres camaradas en su patria mártir para hacer la Revolución y la policía política del tirano Duvalier los capturó y torturó hasta la muerte a todos.

Otros intelectuales haitianos tomaron activo partido por la Revolución además de destacar por su alta calidad:el folklorista y poeta Phillipe Thoby-Marcelin miembro del Partido Socialista Popular (PSP) fundado en 1946 y prohibido por el régimen burgués en 1949, el comunista Camille Roussan autor en 1953 del poema "Havane" en el que presagiaba la revolución cubana, el poeta Felix Morisseau Leroy tradujo al creole Antígona de Sófocles, el poeta y novelista comunista René Depestre que, tras ser encarcelado por Duvalier, se exilia en Praga y La Habana donde publica Poète à Cuba, el escritor y sociólogo Jean Price-Mars que escribe para fortalecer el espíritu nacional haitiano frente a la ocupación haitiana, Gérard Chenet, exiliado en Senegal, el intelectual comunista Gérard Bloncourt líder de la revolución de 1946 y exiliado en Francia donde desarrolla una carrera de pintor y fotógrafo, el poeta Augustere muerto en la prisión duvalierista en 1975, el poeta Anthony Lespès cofundador del PSP muerto en 1978 a resultas de su encarcelamiento, ...Gloria al pueblo haitiano, a su cultura y a su vanguardia comunista que debe ser reconstruida.
* Felix Morisseau Leroy nació en el pueblo de Jacmel en 1912. Algunos críticos lo señalan como una de las más destacadas voces de la historia de la poesía de Haití


http://www.luisemiliorecabarren.cl

miércoles, 24 de febrero de 2010

Grecia, casi paralizada por la huelga general contra el plan anticrisis del Gobierno



ATENAS — Grecia se encontraba este miércoles casi totalmente paralizada por una huelga general, organizada por las grandes centrales sindicales contra las medidas de rigor adoptadas por el gobierno socialista para sacar al país de una crisis financiera y presupuestaria sin precedentes.
Desde medianoche, los transportes aéreos y marítimos estaban paralizados, lo mismo que casi todos los servicios ferroviarios. Los autobuses y una línea de metro funcionaban en Atenas para permitir a los huelguistas ir a las manifestaciones prorgramadas por los sindicatos en el centro de la capital a partir del mediodía.
Los taxistas no participaban en la huelga. Otras manifestaciones debían tener lugar en la grandes ciudades griegas, en particular a Salónica (norte), la segunda ciudad del país. El frente sindical del partido comunista ultraortodoxo, el PAME, llamó a manifestaciones separadas de las otras organizaciones sindicales.

La huelga debía provocar el cierre de las escuelas, administraciones y tribunales, mientras que los bancos, hospitales y grandes empresas del sector público funcionaban a ritmo reducido. El país también está privado de toda información de radios y televisión debido a la participación en el movimiento del sindicato de periodistas, que decidió sancionar a sus miembros si no participaban en la huelga. Los diarios no aparecerán el jueves.

El movimiento es iniciativa de la poderosa Confederación General de los Trabajadores Griegos (con un millón de afiliados) después de que el Gobierno anunciara medidas de austeridad destinada a reducir drásticamente el inmenso déficit del país y que prevé en particular aumentar hasta 63 años y medio la edad de la jubilación.
La federación de funcionarios Adedy (300.000 miembros), que representa la categoría más afectada por las medidas de austeridad, en particular la disminución del monto de los salarios, llamó a sus miembros a unirse a la huelga, después de un primer paro el 10 de febrero.


(AFP)

“nueva OEA sin EEUU”

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, propuso hoy que el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silvia, encabece el futuro bloque regional que instituirán América Latina y el Caribe, una vez que deje el poder el 1 de enero de 2011.

“Yo propongo a Lula para que sea el secretario no sé qué de este cuerpo que se va a formar, tremendo candidato. Que alguien lance un candidato mejor que Lula”, dijo Chávez en la Cumbre de la Unidad que se inauguró hoy en la Riviera Maya mexicana.

El nuevo mecanismo, aún sin nombre, se terminará de concretar en la siguiente cumbre, que tendrá lugar en Venezuela el 5 de julio de 2011.

Ante 25 jefes de Estado y de gobierno participantes, Chávez elogió el desempeño de Lula como presidente de Brasil.

“Lula recibió a Brasil sin reservas casi y lo está entregando como uno de los países más ricos del mundo. Yo no sé para qué se va Lula. Bueno, le va a entregar a Dilma (Rousseff), de todos modos”, señaló.

Rousseff, jefa del gabinete civil de Lula, fue proclamada candidata del Partido de los Trabajadores para las elecciones de octubre.

Sobre el encuentro de la Riviera Maya, Chávez indicó que la cumbre “no está convocada contra nadie”, pero reiteró sus críticas a la Organización de Estados Americanos (OEA), que está formada por todos los países de América, incluidos Estados Unidos y Canadá.

“Solo sé que la OEA ya no sirve para nada. Ahí esta el caso de Honduras (golpe de Estado)”, manifestó, pero dijo que el nuevo bloque “no tiene por qué competir” con el organismo.


El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, llegó este martes a La Habana procedente de México, donde participó en la Cumbre del Grupo Río, indicaron fuentes diplomáticas en el aeropuerto capitalino.

Chávez antecedió a su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, quien era esperado en esta misma jornada en la capital cubana.
Chávez y Lula procedían de Cancún (México), donde asistieron a la cumbre del Grupo de Río.



www.cubadebate.cu

sábado, 20 de febrero de 2010

Falleció el soldado que izó la bandera de la URSS en el Reichtag

Abduljakim Izmáilo, uno de los soldados que izaron la bandera roja con la hoz y el martillo sobre el edificio del Reichstag en Berlín en mayo de 1945, murió a los 93 años en la república norcaucásica rusa de Daguestán, informó un portavoz de la administración local.

“El pueblo de Jasaviurt llora la muerte de este hijo honorífico de Daguestán”, dijo el portavoz a la agencia RIA-Nóvosti.

Abduljakim Izmáilov, que nació el 1 de julio de 1916 en la aldea de Chagorotar, en el distrito daguestaní de Jasaviurt, combatió tras el inicio de la Gran Guerra Patria, como denominan los rusos el periodo de la II Guerra Mundial entre 1941 y 1945, en el frente de Ucrania en las filas de la 82 división de fusileros, precisó.

Ismáilov, que posteriormente sirvió también en la 83 compañía de reconocimiento, resultó herido tres veces durante la guerra: en 1943 y 1944 en el pecho, en 1945, en la pierna, agregó.

Fue condecorado con las órdenes de la Guerra Patria de primer grado, de la Gloria de tercer grado y de la Bandera Roja, con las medallas “Al valor”, “Por la liberación de Varsovia” y “Por la toma de Berlín” y en 1996 le fue conferido el título de “Héroe de Rusia”.

Ismáilov aparece junto con otros soldados en una instantánea captada en el tejado del Reichstag, tomada por el reportero gráfico Yevgueni Jaldéi.

Esta foto pasó a la historia como la imagen símbolo de la victoria sobre la Alemania nazi.




LA HISTORIA DE LA FOTO

Ismailov era el tercer protagonista y el último vivo, de la célebre instantánea con la que el fotógrafo Jaldei inmortalizó la toma de Berlín por el ejército soviético, el 1 de mayo de 1945.

El primero fue el propio Jaldei, el autor de la foto en la que los soldados soviéticos aparecen enarbolando la bandera de la URSS sobre el Reichstag de Berlín. Jaldei, un judío de Donetsk, falleció en 1997. El segundo fue el soldado ucraniano Aleksei Kovoliov, fallecido aquel mismo año, que es quien sostiene la bandera. Ismailov es el que aparece con gorra de plato, aguantando a Kovoliov para que no pierda el equilibrio.

Cuando la foto se hizo, un día lluvioso y tras una ascensión complicada por un edificio
arruinado y resbaladizo por los charcos de lluvia y sangre que había por doquier, ninguno de los tres podía sospechar la relevancia de aquello.

La foto dio la vuelta al mundo e ilustró el segundo tomo de la enciclopedia soviética de fotografía, pero ellos no se convirtieron en leyenda hasta mucho más tarde. Cinco años antes de su muerte, Jaldei me explicó en su destartalado piso de Moscú que en 1985 se había encontrado con Kovoliov, quien le confesó su drama de héroe anónimo. “Cuando explico que yo soy el que sostiene la bandera soviética sobre el Reichstag, noto un escepticismo socarrón alrededor”, le dijo el ucraniano. Nadie se lo creía. Al parecer tuvo que esperar a 1996 para ser reconocido y celebrado como uno de los tres.

En realidad ninguno de ellos fue más héroe que el anónimo “soldado Iván”, genuino vencedor de la guerra, que se decidió en el Este. Allí lo que tuvo lugar fue un pulso a
vida o muerte. Las ciudades y los pueblos eran destruidos. Murieron uno de cada
cuatro habitantes de Bielorrusia, uno de cada tres de Leningrado, Pskov y Smolensk. En total más de 27 millones de soviéticos.

El Tercer Reich perdió en el frente del Este 10 millones de soldados y oficiales muertos, heridos y desaparecidos, 48.000 blindados y vehículos de asalto, 167.000
sistemas de artillería. 607 divisiones fueron destruidas. Todo ello representa el 75% de las pérdidas totales alemanas en la Segunda Guerra Mundial.

Para hacerse una idea, en las playas de Normandía, recordadas en Occidente como cenit de la gloria aliada en el frente del Oeste, se registraron 10 000 muertos aliados, 4.300 de ellos británicos y canadienses y 6.000 norteamericanos. En las grandes batallas del Este, los muertos se contaban en centenares de miles. En la batalla de Moscú participaron unos tres millones de soldados y 2 000 tanques. La URSS utilizó allí la mitad de su ejército, Alemania una tercera parte. Ismaílov fue uno de esos Ivanes, aunque menos anónimo.


(Rafael Poch, La Vanguardia)










martes, 16 de febrero de 2010

Dirigentes de Carabaya impulsan acciones contra hidroeléctrica de Inambari


Puno, 16/02/2010 (CNR) -- Cincuenta representantes de diversos centros poblados del distrito de San Gabán, provincia de Carabaya, se encuentran en Lima, realizando diversas acciones para rechazar la construcción de la central hidroeléctrica del Inambari.

Rosario Linares Valderrama, miembro del Comité de la Sociedad Civil por la Construcción de la Carretera Interoceánica, señaló que los dirigentes que viajaron a la capital de la República han presentando pronunciamientos ante el Ministerio de Energía y Minas (MEM), el Congreso y entidades defensoras de los derechos humanos.

Linares dijo que la Empresa de Generación Eléctrica Amazonas Sur (EGASUR) aún no puede presentar ningún estudio de impacto ambiental, porque ni siquiera han realizado los talleres informativos ni la audiencia pública, tal como piden las leyes.

Señaló que la construcción de la central hidroeléctrica del Inambari debe pasar a un plano político; por ello, afirmó, quienes que dicen que este tema se ha politizado están buscando la división del pueblo.

En tanto, la alcaldesa de Carabaya, Nancy Rosell, ha pedido ha EGASUR explicar que pasará con los 65 kilómetros de la Carretera Interoceánica que quedarían inundados y el impacto ambiental en el Parque Nacional Bahuaja-Sonene.

Por su parte, EGASUR señaló que entre enero y febrero se realizaron hasta seis reuniones informativas con las autoridades y pobladores de la región. No obstante, para Rosell Ángles estas aún resultan insuficientes para los más de 15 mil afectados que dejaría el proyecto.

Fuente: Pachamama Radio

lunes, 8 de febrero de 2010

Howard Zinn y la otra historia

Por Amy Goodman


Howard Zinn, el legendario historiador, escritor y activista estadounidense falleció la semana pasada a los 87 años. Su obra más famosa es “La otra historia de Estados Unidos”. Zinn fue entrevistado por Democracy Now en mayo del año pasado y habló sobre su libro: “La idea de ‘La otra historia’ es ir más allá de lo que aprendí en la escuela o de lo que la mayoría de la gente aprendió en la escuela, y esa es la historia a través de los ojos de los presidentes y generales en las batallas libradas en la Guerra Civil. Y nosotros queremos las voces de la gente, de la gente común y corriente, rebeldes, disidentes, mujeres, negros, asiático-estadounidenses, inmigrantes, socialistas y anarquistas y los agitadores de todo tipo”.

Es pertinente escribir sobre la vida de Howard Zinn justo cuando comienza el llamado “Mes de la Historia Negra”. A pesar de que era blanco, Zinn escribió en forma elocuente sobre la lucha por los derechos civiles y también formó parte de ese movimiento. Hace cincuenta años, el 1° de febrero de 1960, cuatro estudiantes negros ingresaron en la tienda F.W. Woolworth de Greensboro, Carolina del Norte, y se sentaron en el mostrador que era “solo para blancos”. Se les negó el servicio, y regresaron día tras día. Cada día se les sumaban más personas. El movimiento contra la segregación en restaurantes se extendió a otras ciudades del Sur. En julio, el mostrador de Greensboro Woolworth estaba desegregado. Esta semana, se inauguró el Centro y Museo Internacional por los Derechos Civiles en el lugar donde se registró la protesta original.

En el momento de las protestas, Howard Zinn era profesor del Spelman College, una universidad históricamente de mujeres negras en Atlanta. Me contó por qué, luego de siete años de enseñar allí, fue despedido: “Durante las protestas, las estudiantes del Spelman College se alzaron, apartándose de ese ambiente tranquilo y controlado de la universidad. Fueron a la ciudad, fueron arrestadas y regresaron motivadas y decididas a cambiar las condiciones de su vida en la universidad que eran muy, pero muy anticuadas. Vivían en una especie de convento. Entonces se rebelaron contra la administración, las apoyé en su rebelión, y eso fue demasiado para la administración de la universidad.”

Zinn escribió en el epílogo de ‘La otra historia’: “Recién cuando entré al cuerpo docente del Spelman College fue…que comencé a leer a historiadores afroestadounidenses que nunca habían aparecido en mi lista de lecturas en la enseñanza secundaria. En ninguna etapa de mi formación en historia había aprendido acerca de las masacres de los negros, que sucedieron una y otra vez a lo largo de la historia estadounidense, en medio del silencio de un gobierno nacional comprometido por la Constitución a proteger la igualdad de derechos para todos”.

La escritora ganadora del Premio Pulitzer y autora de “El color púrpura”, Alice Walker, fue alumna de Zinn en Spelman. Dijo que Howard Zinn fue uno de sus profesores más divertidos. Recordó por qué había sido expulsado de Spelman hace décadas “Lo expulsaron porque nos amaba, y nos mostraba ese amor simplemente al estar con nosotros. Amaba a sus alumnos. No veía por qué debíamos ser ciudadanos de segunda clase. No veía por qué no podíamos comer donde queríamos y dormir donde queríamos, ni estar con la gente que queríamos estar. Entonces el estaba con nosotros”.

Hace algunos años, Zinn fue invitado a Spelman para dar el discurso de la ceremonia de graduación de ese año y recibir un título honorario.

El reconocido lingüista y disidente político Noam Chomsky, era un viejo amigo de Zinn: “La frase de él que siempre resuena en mi cabeza es su admiración y su estudio detallado de lo que denominó ‘las innumerables pequeñas acciones de gente desconocida’ que provocaron esos grandes momentos que forman parte del registro histórico, un registro que simplemente no se puede comenzar a entender a menos que se tengan en cuenta esas innumerables pequeñas acciones. Y él no solo escribió acerca de ellas en forma elocuente, sino que además participó en ellas”.

Howard Zinn editó, junto con Anthony Arnove, el libro “Las voces de la otra historia de Estados Unidos”, que recopila discursos, cartas y otros materiales originales de esos “desconocidos” que formaron este país. A partir del libro se hizo un documental con la participación de celebridades, que se estrenó en el History Channel apenas semanas antes de la muerte de Zinn. Matt Damon, el productor ejecutivo, le dio una gran difusión popular a ‘La otra historia’ en la famosa película ‘En busca del destino’ (Good Will Hunting, en inglés), cuando su personaje, Will, le recomienda el libro a su psiquiatra. Matt Damon fue vecino de Zinn en Newton, Massachusetts, y lo conocía desde los 10 años.

En mayo del año pasado, cuando entrevisté a Zinn, reflexionó sobre los primeros meses de gestión de Barack Obama: “Ojalá el Presidente Obama escuchara con atención a Martin Luther King. Estoy seguro de que le rinde homenaje verbal, como hace todo el mundo, a Martin Luther King, pero debería pensar antes de enviar misiles a Pakistán, antes de acordar este enorme presupuesto militar, antes de enviar soldados a Afganistán. Debería preguntarse: ‘¿Qué haría Martin Luther King? ¿Qué diría Martin Luther King de esto?’ Y si escuchara a King, sería un presidente diferente del que está resultando ser hasta ahora. Creo que debemos hacer que Obama mantenga su promesa de ser diferente y osado, y producir un cambio. Hasta ahora no ha cumplido esa promesa”. Howard Zinn, 1922 – 2010, te extrañaremos.

______

© 2009 Amy Goodman


domingo, 7 de febrero de 2010

Argentina: Investigar la deuda Enfrentar a la derecha



Otro conflicto de imprevisibles consecuencias ha estallado entre el gobierno y la oposición de derecha.

La iniciativa gubernamental de constituir un fondo especial con una porción de las reservas para garantizar el pago de la deuda externa desató este conflicto. La derecha rechaza este fondo y exige hacer frente a los pagos con las partidas del presupuesto sin tocar las reservas. La diferencia entre ambos bandos son los mecanismos para cumplir con las exigencias de los acreedores.

Pero bajo esta discusión subyace una coincidencia plena: pagar una deuda fraudulenta que ya ha sido pagada varias veces. Este acuerdo ya se manifestó cuando hace pocos meses los legisladores del gobierno y la oposición votaron por unanimidad la derogación de la “ley cerrojo”, que bloqueaba la reapertura del canje con los bonistas que quedaron afuera de ese arreglo. Ninguno de ellos se indignó en ese momento con la “violación de la seguridad jurídica” implícita en la anulación de una disposición que se presentó varias veces como inmodificable.

Unos y otros aceptaron concretar este nuevo ofrecimiento de canje sin reparar que aumenta la deuda (en 7000 millones de dólares) y que incrementará el pago de interés (en 500 millones). La operación incluye, además, elevados pagos de comisión a los bancos intermediarios (Citi, Barclays, Deustche), que además han hecho un gran negocio con la suba del precio de los bonos.

La derecha y el gobierno se enfrentan ahora por la modalidad de pago de una deuda que absorbe el dinero requerido para incrementar los salarios, mejorar las jubilaciones, poner fin al deterioro de los hospitales públicos, asegurar el inicio de clases satisfaciendo las demandas de los docentes u otorgar los fondos que exigen los desocupados que cortan las rutas.

Durante casi tres décadas los legisladores de ambas bancadas han cajoneado todas las investigaciones de este desfalco. Incluso miraron para otro lado cuando la investigación de Olmos y el fallo del juez Ballesteros declaro la inconstitucionalidad de la deuda. A través de las sucesivas renegociaciones y canjes de títulos buscaron borrar las huellas para sepultar el origen de ese negociado. De estas operaciones participaron todos los ex funcionarios del Banco Central, que actualmente protagonizan el debate y estimulan el conflicto, sea a favor de la oposición o del gobierno (González Fraga, Prat Gay, Blejer, Redrado) y que anteriormente sirvieron fielmente a los gobiernos de Menem, la Alianza, Duhalde y los Kirchner. Todos instrumentaron variantes de la misma política de pago de la fraudulenta deuda.

Hay en todo este conflicto una gran hipocresía.


Hipocresía derechista: ajuste con argumentos republicanos


El titular del Banco Central, Martín Redrado, atizó el conflicto al negarse a concretar el Fondo del Bicentenario por 6.569 millones de dólares. Su argumento principal: “cuidar las reservas que son de los argentinos y no del gobierno”, y ha logrado concitar el apoyo incondicional de todo el arco opositor y de los políticos y funcionarios que dilapidaron varias veces esas reservas durante administraciones anteriores.

La derecha considera inadmisible utilizar esos recursos para el pago de la deuda, pero no objetaron el mismo uso para abonarle por adelantado al FMI en el 2005. En ese momento el gobierno canceló toda la deuda con ese organismo, con el mismo mecanismo de decretos de necesidad y urgencia (DNU) y por un monto muy superior, 9.900 millones de dólares ( un 50% más que ahora). Tampoco objetaron el DNU del 2008 que habilitaba el pago, nunca concretado hasta ahora, al Club de París. A muchos cínicos les cuesta explicar porqué hoy rechazan lo que ellos mismos aprobaran una y otra vez.

El segundo argumento es mucho más siniestro: “la autonomía del Banco Central”. Afirman que el gobierno ha violado la Carta Orgánica de “una entidad independiente”, que no está “sujeta al despotismo del Ejecutivo”. Lo que en realidad defienden es el manejo de esa entidad por los banqueros. Postulan que el Banco Central sea autónomo para que los financistas mantengan un control indisputado del mismo. Como sabemos la principal función de esa falaz independencia ha sido justamente asegurar que las reservas internacionales operen como garantía de pago a los acreedores externos. Con esa finalidad los neoliberales introdujeron desde los años ‘70 atribuciones que convierten al BCRA en una institución con poderes y facultades superiores a cualquier otro organismo del Estado.

Las tonterías que pusieron a circular en estos días para justificar esta suerte de virreinato vuelven a la primera plana, nuevamente se reclama que el Banco Central “debe cuidar la moneda” y “proteger el dinero del país” por medio de un grupo de “expertos ajenos a las presiones políticas”. Estos mitos simplemente ocultan que los encargados de cumplir una misión tan noble son el puñado de banqueros que maneja la deuda pública, los mismos que provocaron el colapso y las confiscaciones que sufrió Argentina.

La oposición de derecha simplemente promueve volver a los viejos ajustes de los años ‘90. Como hay un evidente deterioro de la solvencia fiscal ahora buscan recortar el gasto social. Por supuesto que no lo enuncian en estos términos, pero es la misma cantinela que han usado una y otra vez para imponer políticas de austeridad. Su verdadero propósito es volver al FMI y sortear así la crisis fiscal, sometiéndose a los controles y auditorias del organismo internacional.

Hipocresía progresista: desendeudarse para volver a la deuda

Las justificaciones del gobierno para pagar la deuda con reservas son simétricas a las de la oposición de derecha. Afirman que utilizando estos recursos “se liberan fondos excedentes para mantener el gasto productivo y social”. Pero si la intención es utilizar esas partidas presupuestarias que quedarían liberadas es porque ya han definido que la primera prioridad es el giro de fondos a los acreedores. Se da por sentado la legitimidad del pago y la sacralización de su prioridad frente a cualquier otro objetivo económico, luego se considera lógico destinar el sobrante al gasto interno.

Con este razonamiento, que naturaliza el reembolso de un desfalco como dato inamovible, los funcionarios repiten los mensajes de la ortodoxia neoliberal que tanto objetan desde la tribuna. Afirman que “pagar con reservas permite enviar mensajes de seriedad y solvencia a los acreedores” y retoman así los viejos códigos de los ‘90 con posturas que convocan a “hacer los deberes” y “seducir a los financistas del exterior”. Los economistas oficiales utilizan todos los argumentos corrientes del mercado para justificar el uso de las reservas. Hablan de lograr un “retorno al mercado privado de crédito”, olvidando todos los cuestionamientos a ese endeudamiento y explican cómo se “abaratan las tasas”, sin explicar cuál es el beneficio para el país de refinanciar el pago de un pasivo que ya ha sido reembolsado varias veces. Esta actitud demuestra cuánta hipocresía subyace en las disputas verbales con la oposición.

A los hombres del gobierno les toca ahora el rol de objetores de la independencia del Banco Central. No explican porqué sostuvieron durante tantos años esa autonomía, bloqueando incluso los tres proyectos de reforma del sistema financiero que recortaban ese atributo. Ahora remarcan que “el Banco Central debe ajustarse a la política económica”, pero sin aclarar que el centro de esa orientación es la recomposición de las relaciones con el capital financiero.

Por esta razón, la principal asociación de los banqueros del país (ADEBA) tomó partido rápidamente a favor del Ejecutivo en su conflicto con Redrado, y el principal candidato a remplazarlo es nada menos que Mario Blejer, otra gran figura de los ‘90 y la ortodoxia neoliberal, que acredita en su haber dos décadas de trabajo en la crema de las finanzas internacionales. Que esta política se desenvuelva creando un Fondo denominado “Bicentenario” ilustra hasta dónde ha llegado el doble discurso oficial. Un emblema de la independencia nacional es utilizado para recomponer las relaciones con los acreedores foráneos.

Toda la lógica de utilizar reservas para el pago de la deuda está inspirada en el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento. La deuda pública situada en 128.000 millones de dólares luego del canje se incrementó a 145.700 millones en la actualidad. Los vencimientos de los servicios de la deuda (capital e intereses) de los próximos años son muy condicionantes por lo que el gobierno busca sortearlos con prórrogas y canjes. Por esta razón la política de desendeudamiento ya quedó en el pasado y ahora se discute cómo volver a tomar deuda.

A los banqueros les interesa prestar y cobrar. Por eso tratan de atenuar el conflicto actual, promoviendo algún arreglo “para que los mercados no se inquieten”, quieren el menor ruido posible para que los negocios funcionen.



Ofensiva política de la reacción conservadora

Aunque las clases dominantes quieren tranquilidad la crisis en curso puede descontrolarse e incentivar hasta la ingobernabilidad las disputas entre el Ejecutivo y el Legislativo, con el poder Judicial tironeado entre los dos poderes. El trasfondo de la disputa actual es básicamente política, no hay divergencias importantes en la gestión financiera y tampoco choques irreductibles en lo económico. Lo que convierte cualquier episodio menor en un gran descalabro es la gran tensión política que separa gobierno y oposición desde el conflicto del campo.

En esta disputa hay un claro objetivo de la derecha; avanzar sobre medidas de los últimos años que incluyen algún logro social o avance democrático. Busca una reversión reaccionaria especialmente en cuatro áreas: la ley de medios, la nacionalización de las AFJP, los juicios contra genocidas de la dictadura y la política de relaciones con los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.

La reacción conservadora abomina de estos tibios cambios y busca sepultarlos. En esta campaña es activamente acompañada por los grandes medios de comunicación que pretenden perpetuar su impunidad para manipular la información y por toda la elite conservadora que ve la oportunidad para enterrar con represión el legado de protestas sociales que dejó la rebelión del 2001.

Esta acción sintoniza con la contraofensiva imperial que en la región se expresa en el golpe en Honduras y la instalación de nuevas bases en Colombia, la ofensiva contra Lugo en Paraguay y el avance neopinochetista en Chile, y las siempre renovadas presiones sobre Bolivia, Venezuela y Cuba.

Como en el resto del continente la derecha disfraza aquí sus objetivos con campañas institucionalistas y se presentan como custodios de la legalidad. Por el momento sólo busca el desgaste del gobierno para que llegue rengueando a los comicios, mientras disputan entre ellos quién asumirá el liderazgo del sector. Pero la crisis puede desmadrarse y aunque el reiterado tanteo de un juicio político a la Presidente es por ahora sólo conspirativo, tampoco es una pura fantasía. Si en algún momento desconocen abiertamente alguna medida del gobierno con llamados a cacerolazos la tentativa puede hacerse realidad.

Mientras tanto el gobierno sigue a los tumbos, respondiendo con la misma ceguera que exhibe desde el año pasado. A pesar de la reconstitución de la autoridad estatal, del sostenido crecimiento económico y las buenas previsiones macroeconómicas para el 2010, el kirchnerismo no ha podido mantener el consenso social que logró en el período 2003-2007. Se desgastó al confrontar con la derecha desde las arcaicas estructuras del Justicialismo y con el apoyo de la desprestigiada burocracia sindical cegetista.

No sólo rehuye cualquier sostén popular genuino y encubre a las patotas. Sostiene también a los barones del conurbano e impone una reforma política proscriptiva hacia la izquierda. Hostiliza además a los movimientos sociales (cooperativas sin punteros), se niega a conceder la libertad sindical (subtes-CTA) e incluso ha reprimido las luchas más consecuentes de los trabajadores (Kraft-Terrabussi).

No es posible a priori conocer cómo concluirá el conflicto pero muchos hablan ya de una resolución 126. Hacen referencia así a la ineludible comparación con la confrontación con el campo. Sin embargo es necesario marcar algunas diferencias entre aquella crisis y la actual.

En el plano económico, las retenciones expresaban la captura por el Estado de renta extraordinaria y tenían un carácter indiscutiblemente positivo y progresivo, más allá de su utilización y alcance. Ahora no se discute nada progresivo, sino la forma y el origen de los recursos para pagar la deuda.

En el plano político hay similitudes con la conformación de un bloque opositor con liderazgo de la derecha, pero en el plano social hay una gran incógnita: ¿Podrá la oposición de derecha incentivar nuevamente una movilización conservadora de la clase media? En los últimos meses no han podido reproducirlo y si no recuperan las calles seguramente perderán la pulseada.

Otro camino para superar la crisis
Para quiénes no ubicamos en el arco genuinamente progresista y de izquierda la experiencia de lo ocurrido durante del conflicto con el campo es decisiva para no volver a repetir en esta coyuntura los errores de un emblocamiento con la derecha. Esa política es francamente suicida. Si se repite sepultará a todas las corrientes que aspiran a lograr la superación del kirchnerismo por izquierda, como contrapartida dejará abierta una involución a derecha, por el desprestigio del gobierno actual.

Por el contrario se trata de sacar la discusión del círculo vicioso e interesado en que la han colocado. De señalar otro camino para superar progresivamente esta crisis, que ya varias corrientes políticas y personalidades han planteado, a nuestro entender en forma acertada: Organizar una campaña para colocar el debate de la deuda y el sistema financiero en el centro de la agenda.

Pero esta campaña perdería todo sentido si se acepta la distorsión que imponen los medios de comunicación o si se hace causa común con la derecha en las críticas al gobierno. No sólo importa lo que se dice, sino también cómo y dónde se lo enuncia. La mayoría popular ha quedado convertida en una audiencia que recepta mensajes televisivos y es nefasto que la izquierda aparezca formando parte de una indiscriminada oposición, se pierden los matices, que no son menores, y se hace el juego a la reacción conservadora.

La derecha debe ser objeto de nuestra crítica en cualquier intervención, para que no queden dudas sobre dónde está ubicada la izquierda. Por esta razón es otro error presentar denuncias penales contra el gobierno en pleno clima de judicialización derechista del conflicto, nadie percibe los pormenores diferenciados de esa denuncia en este clima. Mucho peor es repetir directamente los argumentos de los reaccionarios sobre la institucionalidad o la autonomía del Banco Central. Hay que poner el centro en el cuestionamiento de la deuda, pero no hacer comparsa a los reaccionarios. Es totalmente absurdo discutir la cuestión de las reservas como un tema técnico-financiero con abstracción del clima que ha creado la oposición. La batalla contra la derecha no requiere necesariamente de apoyo o consideración hacia el gobierno.

Para la izquierda lo esencial es actuar en forma independiente con una política propia, que es vital para romper con la trampa de reyertas que protagonizan la oposición con el gobierno y que impiden madurar un planteo alternativo.

En este sentido:

Es un verdadero despropósito que mientras se habla de custodiar las reservas se mantengan intactos todos los mecanismos que periódicamente facilitan la fuga de capitales (40.000 millones de dólares desde el inicio de la crisis internacional): el Control de Cambios es la única medida efectiva que puede contener este drenaje de riqueza, solo producida por los trabajadores y de la que otros se apropian y fugan.

Carece de sentido discutir acerca de las atribuciones del Banco Central si no se lo hace en el marco de la discusión de una Reforma Financiera Integral, que apunte a forjar un sistema financiero asentado en la control estatal de los depósitos y plenamente nacionalizado.

Poner la Deuda a Debate requiere la suspensión inmediata de las negociaciones con los bonistas que no ingresaron al canje y con el Club de París.

Resulta indispensable poner en marcha inmediatamente la Auditoría Ciudadana de la Deuda. Es una salida política a la crisis actual, es la forma de retomar la investigación ya realizada de los fraudes y someter todas las operaciones posteriores a una rigurosa verificación de su legalidad y legitimidad. En los casos que correspondan estas medidas deben ser acompañadas por la suspensión de pagos.

Desarmar los perversos mecanismos de la deuda externa es también parte esencial del combate contra la derecha. Para nosotros la disyuntiva vuelve a ser: los acreedores o los trabajadores y el pueblo. Y en esto no puede haber dudas.


Buenos Aires, enero 11 de 2010.

Claudio Katz, Jorge Marchini, Eduardo Lucita.
Integrantes del colectivo EDI-Economistas de Izquierda

domingo, 31 de enero de 2010

Instala Estados Unidos una de sus cárceles secretas frente a costas de Haití

En momentos en que numerosos líderes latinoamericanos califican de invasión y de ocupación disfrazada de ayuda humanitaria el despliegue en Haití de más 10 000 soldados estadounidenses, nuevas interrogantes se abren con la llegada del USS Bataan ante las costas haitianas.

Durante los últimos años, el mencionado navío de la marina de guerra estadounidense había sido convertido en prisión secreta flotante, como denunció el diario The Guardian.

Originalmente concebidas para el transporte de tropas de desembarco, sus bodegas de fondo plano fueron remodeladas con la instalación de jaulas y los detenidos en ese navío son sometidos a los mismos experimentos que en la base naval estadounidense de Guantánamo.

Después de haber negado durante mucho tiempo esa realidad, el Pentágono acabó por admitir que el USS Bataan fue efectivamente utilizado como cárcel flotante en diciembre de 2001, agregando que había vuelto a su uso normal desde enero de 2002. Sin embargo, numerosos especialistas desmienten esas declaraciones y estiman que el USS Bataan sigue siendo utilizado actualmente como prisión fuera de las fronteras estadounidenses.

Parece imposible que los prisioneros hayan podido ser trasladados después del terremoto registrado en Haití y que el USS Bataan haya sido sometido a la nueva remodelación que sería indispensable para utilizarlo nuevamente como transporte de tropas.

Gasto militar de Estados Unidos en Haití es más del triple de lo que se destina a asistencia para el gobierno haitiano

La agencia de noticias Associated Press informó que el gobierno de Haití está recibiendo menos de un centavo por cada dólar que Estados Unidos gasta en los esfuerzos de ayuda para ese país.
Treinta y tres centavos de cada dólar son destinados a la asistencia militar de Estados Unidos, más del triple de los nueve centavos por dólar que se gastan en alimentos.
Apenas dos semanas después que el presidente Obama anunciara una ayuda inicial de 100 millones de dólares a Haití, el costo del gobierno de EE.UU. frente a la catástrofe se triplicó a 317 millones de dólares, de acuerdo con el último recuento.
De cada dólar de EE.UU. envió a Haití, 40 centavos van a las fuerzas militares de EE.UU. en el país destinado a la seguridad, los trabajadores de rescate y el buque hospital USNS Comfort.
Otros 36 centavos van a financiar el alivio de desastres, que incluyen generadores y kits de higiene.
La entrega de alimentos a Haití -que incluye el pago del flete, camiones, centros de distribución y de los trabajadores implicados- cuesta 10,5 centavos por cada dólar.
Arrestan a 10 estadounidenses por llevarse 33 niños de Haití
Diez ciudadanos estadounidenses fueron arrestados por la policía de Haití mientras, en el caos posterior al terremoto, estaban buscando sacar del país a 33 niños para meterlos en un posible circuito de adopciones ilegales. Según informaron las autoridades este sábado, el grupo, integrado por cinco hombres y cinco mujeres, fue interceptado en la noche del viernes en Malpasse, el principal paso de la frontera de Haití con República Dominicana.

Los estadounidenses no tenían documentación que pudiese certificar que por los 33 niños, de entre 2 y 12 años, se había iniciado un proceso regular de adopción. Una de las arrestadas dijo integrar una organización llamada “New Life Children’s Refuge”, con sede en el estado norteamericano de Idaho, y negó haber cometido algún delito.

El ministro haitiano para Asuntos Sociales, Yves Cristalin, expresó por su parte que el hecho “está absolutamente fuera de la ley”.

“Ningún niño haitiano puede dejar Haití sin una autorización regular y estas personas no tenían autorizaciones”, precisó. Después del terremoto del 12 de enero, las autoridades bloquearon gran parte de las adopciones para evitar que algunos niños fueran llevados fuera de país en modo irregular.

Tomados de CUBADEBATE

sábado, 30 de enero de 2010

Amy Goodman: Dejen entrar a los haitianos

Jean Montrevil fue esposado, encarcelado y estuvo a punto de ser enviado a Haití. Era 6 de enero, apenas días antes del terremoto que devastaría Haití, la nación más pobre del Hemisferio Occidental. Montrevil llegó a Estados Unidos con un permiso de residencia en 1986, cuando tenía 17 años. Hace veinte años, cuando aún era adolescente, fue procesado por posesión de cocaína y enviado a prisión por 11 años. Tras ser liberado se casó con una ciudadana estadounidense y tiene cuatro hijos que también son ciudadanos estadounidenses, es dueño de una empresa, paga impuestos y es residente legal y permanente. Además es un activista muy respetado de la comunidad haitiana de Nueva York. Pero debido a su procesamiento previo estaba en un programa de supervisión de inmigración que le exigía presentarse ante un funcionario de inmigración cada dos semanas. El 30 de diciembre, durante su visita de supervisión habitual, fue detenido y se le dijo que sería deportado a Haití. Un hombre detenido que sería enviado a Haití junto a él tenía fiebre. La enfermedad del hombre impidió el vuelo, y luego sucedió el terremoto.

El escalofriante número de muertes a raíz del terremoto del 12 de enero en Haití continúa en aumento. La mayoría de los esfuerzos de rescatar personas de los escombros han finalizado. Más de 150.000 personas fueron enterradas, algunas en tumbas improvisadas cerca de las ruinas de las casas donde murieron, pero muchas en tumbas sin marcar, fosas comunes en Titanyen, el lugar donde se produjeron varias masacres durante dictaduras y golpes de Estado previos. Más de un millón de personas están sin hogar, de una población total de 9 millones de habitantes en Haití. El hedor de los cuerpos en descomposición aún es penetrante en la capital del país, Puerto Príncipe, al igual que en las localidades periféricas, que a dos semanas del terremoto vieron llegar poca ayuda del exterior. Fue doloroso ver la ayuda amontonada en el aeropuerto. Los haitianos la necesitan ahora. Repasemos la escena en el aerpouerto, donde vi contenedores con miles de botellas de agua Aquafina allí.

AMY GOODMAN: ¿Hacia donde llevan el agua?

TRABAJADOR HAITIANO: A la Embajada de Estados Unidos.

AMY GOODMAN: A la Embajada de Estados Unidos.

TRABAJADOR HAITIANO: Sí señora.

AMY GOODMAN: Mucha gente ha estado preguntando donde está el agua para el pueblo? Hay miles y miles de botellas.

TRABAJADOR HAITIANO: No lo sé.

Así es, el trabajador me dijo que está llevando el agua a la Embajada de Estados Unidos. Una de las principales fuentes de ingreso nacional en Haití es el flujo de remesas de la diáspora haitiana, cuyo efectivo, enviado mediante transferencias a familiares en Haití, equivale a un tercio del producto nacional bruto del país. Durante años, luego de haber sufrido cuatro grandes huracanes e inundaciones, la comunidad haitiana simplemente ha pedido ser tratada igual que los nicaragüenses, los hondureños y los salvadoreños en circunstancias similares, recibir el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés). El TPS permite a la gente permanecer en Estados Unidos y trabajar legalmente en épocas de conflicto armado o desastre natural, y es parte muy importante de cualquier política humanitaria. Finalmente, luego de la fuerte presión popular que hubo tras el terremoto, el gobierno de Estados Unidos extendió el beneficio del Estatus de Protección Temporal, o TPS, a los haitianos.

Pero el TPS no es suficiente. Se debe permitir el ingreso de los haitianos a Estados Unidos legalmente, compasivamente y de inmediato. Visité hospitales y clínicas en Puerto Príncipe, donde miles de personas esperaban asistencia y se realizaban amputaciones utilizando ibuprofeno o Motrin como anestesia, en el mejor de los casos. La anestesia escasea. Ira Kurzban, un abogado de Miami que representó a Haití durante años, dice que Estados Unidos debe permitir el ingreso inmediato de quienes necesitan asistencia médica, que muy pocos heridos han sido llevados a Estados Unidos. Además, me dijo, Estados Unidos debería traer a mucha más gente de Haití, entre ellos a quienes tienen solicitudes aprobadas por sus familiares. Se trata de alrededor de 70.000 personas. Las solicitudes de estas personas han sido aprobadas, pero están en una lista de espera de varios años para mudarse a Estados Unidos. Kurzban comparó la voluntad y capacidad históricas de Estados Unidos de aceptar refugiados cubanos con lo que denomina una política de “contención” con Haití, que bloquea las costas a través de la Guardia Costera e impide que la gente salga de ese país hacia Estados Unidos. Lo primero que vi cuando viajé a Puerto Príncipe días después del terremoto fueron los patrulleros de la Guardia Costera. No estaban llevando ayuda, ni trasladando personas. Estaban impidiendo que los haitianos salieran de su país.

National Nurses United (NNU, por sus siglas en inglés), el mayor sindicato de enfermeras y enfermeros de Estados Unidos, tiene 12.000 miembros registrados dispuestos a viajar a Haití para ayudar, pero dicen que no pueden obtener ayuda del gobierno de Obama. Entonces llamaron al cineasta Michael Moore, quien me describió la situación de la siguiente manera: “Bueno, esto es bastante patético si tienen que llamarme a mí. Quiero decir, ¿son el sindicato de enfermeras más grande del país. Ustedes son, tengo entendido, uno de los vicepresidentes de la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), de la directiva de AFL-CIO, y no pueden ingresar un pedido en la Casa Blanca para lograr que 12.000 enfermeros vayan hasta ahí?”. NNU está procurando conseguir sponsors individuales a través de su sitio web.

Grupos de base y eclesiásticos de la Ciudad de Nueva York exigieron la libertad de Jean Montrevil, y fue liberado. Ese es el tipo de solidaridad que millones de haitianos que están sufriendo la mayor catástrofe de su historia necesitan ahora, tanto en Haití como en Estados Unidos.
© 2009 Amy Goodman
Democracy Now! en español

jueves, 28 de enero de 2010

Georg Lukacs :LEGALIDAD E ILEGALIDAD

La doctrina materialista, según la cual los hombres son producto de las circunstancias y la educación y que, por consiguiente, los hombres modificados son producto de otras circunstancias y de una educación modificada, olvida que son precisamente los hombres los que modifican las circunstancias y que el educador tiene necesidad de ser educado a en vez.
MARX, Tesis sobre Feuerbach


Para el estudio de la legalidad y la ilegalidad en la lucha de clases del proletariado, como de toda cuestión relativa a las formas de la acción, las motivaciones y las tendencias que se manifiestan son más importantes y más reveladoras que los hechos brutos. El simple hecho de que una fracción del movimiento obrero sea legal o ilegal depende, en efecto, de muchos «azares» históricos cuyo análisis no siempre permite deducir conclusiones de principio. - No hay partido, por oportunista y aun social-traidor que sea, que por las circunstancias no pueda ser constreñido a la ilegalidad. En cambio, se puede concebir perfectamente condiciones en las cuales el partido comunista más revolucionario y más enemigo de los compromisos pudiera temporalmente trabajar de manera casi completamente legal. Puesto que ese criterio distintivo no basta, hay que abordar el análisis de las motivaciones de una táctica legal o ilegal. Tampoco aquí debemos atenernos a la simple comprobación abstracta de los motivos subjetivamente considerados. Si la adhesión a toda costa a la legalidad es, en efecto, completamente característica de los oportunistas, se caería completamente en el error al atribuir mecánicamente a los partidos revolucionarios la voluntad contraria, a saber, la voluntad de la ilegalidad. En todo movimiento revolucionario hay ciertos períodos en que domina o, al menos, se afirma un cierto romanticismo de la ilegalidad. Pero ese romanticismo es claramente una enfermedad infantil del movimiento comunista, una reacción contra la legalidad a toda costa (las razones de ello aparecerán claramente en el curso de la exposición); ese romanticismo debe ser, superado, y lo es seguramente por todo movimiento llegado a la madurez.



I


¿Cómo debe el pensamiento marxista plantear, pues, las nociones de legalidad e ilegalidad? Esta cuestión remite necesariamente al problema general de la violencia organizada, al problema del derecho y el estado y, en último análisis, al problema de las ideologías. En su polémica con Dühring, Engels refuta brillantemente la teoría abstracta de la violencia. Cuando indica, sin embargo, que la violencia (derecho y estado) «descansa originariamente en una función económica y social», esto debe ser desarrollado —en el mismo espíritu de la teoría de Marx y Engels— por la afirmación de que esta conexión halla su expresión ideológica correspondiente en el pensamiento y los sentimientos de los hombres integrados al campo en que se ejerce la violencia. Dicho de otro modo, la violencia organizada concuerda de tal modo con las condiciones de vida de los hombres o se presenta a éstos con una superioridad aparentemente tan insuperable, que aquéllos la experimentan como una fuerza de la naturaleza o como el contorno necesario de su existencia, y por consiguiente se someten voluntariamente a ella (esto no quiere decir en modo alguno que estén de acuerdo con ella). Así como, en efecto, una violencia organizada no puede subsistir si no puede, tan a menudo como sea necesario, imponerse como violencia a la voluntad recalcitrante de individuos o grupos, no podría tampoco subsistir en modo alguno si debiera manifestarse en toda ocasión como violencia. Cuando esta última necesidad se hace sentir, la revolución está dada ya como hecho; la violencia organizada está ya en contradicción con los fundamentos económicos de la sociedad, y esta contradicción se refleja en la cabeza de los hombres, de suerte que, no viendo ya en el orden establecido una necesidad natural, oponen a la violencia otra violencia.

Sin negar que esta situación tenga una base económica, hay que añadir que la modificación de una forma organizada de la violencia no se hace posible sino cuando la creencia en la imposibilidad de otro orden diferente del establecido está ya quebrantada, tanto en las clases dominantes como en las clases dominadas. La revolución en el campo de la producción es la condición necesaria de ello. Sin embargo, la subversión misma debe ser realizada por hombres, por hombres que están intelectual y sentimentalmente emancipados del poder del orden establecido.

Con relación a la evolución económica, esta emancipación no se cumple con un paralelismo y una simultaneidad mecánicos: de un lado la precede y de otro la sigue. Como pura emancipación ideológica, puede estar presente —y a menudo lo está— en una época en que no está dada todavía, en la realidad histórica, sino la tendencia, para el fundamento económico de un orden social, a devenir problemática. En ese caso, la teoría saca de la simple tendencia sus consecuencias extremas y las interpreta como realidad futura, que opone en tanto realidad «verdadera» a la realidad «falsa» del orden establecido (el derecho natural como preludio a las revoluciones burguesas). Por otra parte, es cierto que aun los grupos y las masas inmediatamente interesados, por razón de su situación de clase, en el éxito de la revolución, no se liberan interiormente del antiguo orden sino durante —y muy a menudo después— de la revolución. Tienen necesidad de una lección de las cosas para concebir qué sociedad está conforme con sus intereses y para poder liberarse interiormente del antiguo orden de cosas.

Si estas observaciones valen para todo el tránsito revolucionario de un orden social a otro, son todavía más válidas para una revolución social que para una revolución principalmente política. Una revolución política no hace sino consagrar un estado económico-social que se ha impuesto ya, al menos parcialmente, en la realidad económica. La revolución pone el nuevo derecho «justo» y «equitativo» en el lugar del antiguo orden jurídico sentido como «injusto». El medio social de la vida no sufre ningún trastorno radical. (Los historiadores conservadores de la gran revolución francesa subrayan esta permanencia relativa del estado «social» durante ese período.) Al contrario, la revolución social apunta justamente a cambiar ese medio, y todo cambio en ese campo va tan profundamente contra los instintos del hombre medio, que ve en él una amenaza catastrófica contra la vida en general, una fuerza natural ciega, semejante a una inundación o a un temblor de tierra. Sin poder comprender la esencia del proceso, dirige su lucha contra las manifestaciones inmediatas que amenazan su existencia habitual: es una defensa ciega y desesperada. Al comienzo de la evolución capitalista, los proletarios, educados como pequeñoburgueses, se rebelaron contra la fábrica y las máquinas; la doctrina de Proudhon puede ser considerada igualmente como un eco de esa defensa desesperada del antiguo medio social habitual.

Se discierne particularmente bien aquí el carácter revolucionario del marxismo. Porque determina la esencia del proceso (en oposición a los síntomas y las manifestaciones exteriores), porque muestra su tendencia decisiva, orientada hacia el futuro (en oposición a los fenómenos efímeros), el marxismo es la teoría de la revolución. Es lo que hace de él al mismo tiempo la expresión ideológica de la clase proletaria en vías de emancipación. Esta liberación se cumple primero en forma de levantamientos efectivos contra las manifestaciones más opresivas del orden económico capitalista y su estado. Aislados en sí mismos y no pudiendo nunca, aun en caso de éxito, ser decisivamente victoriosos, esos combates no pueden llegar a ser realmente revolucionarios sino por la conciencia de su relación mutua y su relación con el proceso que empuja sin tregua al fin del capitalismo. Cuando el joven Marx se fijaba como programa la «reforma de la conciencia» se anticipaba así a la esencia de su actividad ulterior. Su concepción no es utópica, pues parte de un proceso que se desenvuelve efectivamente y no quiere poner frente a él «ideales», sino deducir su sentido implícito; debe, al mismo tiempo, superar esos datos efectivos y colocar la conciencia del proletariado frente al cono- cimiento de la esencia y no frente a la experiencia de los datos inmediatos. «La reforma de la conciencia —dice Marx— con­siste únicamente en dar al mundo conciencia de su conciencia, en despertarle del sueño en que está sumido respecto de sí mismo, en explicarle sus propias acciones... Aparecerá entonces que desde hace mucho tiempo el mundo tiene el sueño de una cosa, de la cual debe ahora tener la conciencia para poseerla realmente.» [1]

Esta reforma de la conciencia es el proceso revolucionario mismo. Ese advenimiento a la conciencia no puede producirse en el prole­tariado mismo sino lentamente, a través de duras y largas crisis. Aun si, en la doctrina de Marx, todas las consecuencias teóricas y prácticas de la situación de clase del proletariado han sido sacadas (mucho antes que hayan llegado a ser históricamente «actuales»), aun si todas esas enseñanzas no son utopías extrañas a la historia, sino conocimientos referentes al proceso histórico ello no implica absolutamente que el proletariado —aun cuando, sus acciones particulares corresponden a esa doctrina— haya te­nido conciencia de la liberación realizada por la doctrina de Marx.

En otra parte[2] hemos llamado la atención sobre ese proceso y subrayado que el proletariado puede tener ya conciencia de la necesidad de su lucha económica contra el capitalismo, mientras está todavía desde el punto de vista político enteramente bajo la influencia del estado capitalista. La prueba de que es así es el olvido completo en que ha caído toda la crítica del estado por Marx y Engels: así, los teóricos más importantes de la Segunda Internacional han considerado el estado capitalista como «el» estado y concebido su lucha contra él como «oposición» (esto aparece con la mayor claridad en la polémica Pannekoek-Kautsky en 1912). La actitud de «oposición» significa, en efecto, que en lo esencial el orden establecido es aceptado como fundamento inmutable y que los esfuerzos de la «oposición» apuntan solamente a obtener lo más posible para la clase obrera en el interior de los límites del orden establecido.


Sólo algún insensato que hubiera ignorado todo del mundo hubiese podido, en verdad, poner en duda la realidad del estado burgués como factor de poder. La gran diferencia entre marxistas revolucionarios y oportunistas seudomarxistas es que, para los primeros, el estado capitalista no es tomado en consideración sino como factor de poder, contra el cual el poder del proletariado organizado debe ser movilizado, mientras que los segundos conciben el Estado como una institución por encima de las clases, cuya conquista es la opuesta de la lucha de clases del proletariado y la burguesía. Pero al concebir el estado como el objeto del combate y no como un adversario en la lucha, estos últimos se han colocado ya, en espíritu, en el terreno de la burguesía: han perdido a medias la batalla antes de haberla comenzado. En efecto, todo orden estatal y jurídico y, en primer lugar, el orden capitalista, descansa en último análisis en el hecho de que su existencia y la validez de sus reglas no plantean ningún problema y son aceptadas como tales. La trasgresión de esas reglas en casos particulares no acarrea ningún peligro especial para el mantenimiento del estado en tanto esas trasgresiones no figuren en la conciencia general sino como casos particulares. En sus recuerdos de Siberia, Dostoievski observa pertinentemente que todo criminal se siente culpable (sin por ello experimentar arrepentimiento) y tiene perfecta conciencia de haber trasgredido leyes que valen también para él. Las leyes conservan, pues, su valor para él, aunque motivos personales o la fuerza de las circunstancias le hayan empujado a trasgredirlas. Porque esas trasgresiones en casos particulares no ponen en cuestión sus fundamentos, el estado jamás será desbordado por esas trasgresiones. Ahora bien, el comportamiento de «oposición» implica una actitud semejante respecto del estado: es reconocer que —por su esencia— se coloca fuera de la lucha de clases y que ésta no atenta directamente contra la validez de sus leyes. Dicho de otro modo, bien la «oposición» trata de modificar legalmente las leyes, y las leyes antiguas conservan su validez hasta la entrada en vigor de las leyes nuevas, o bien una trasgresión momentánea de las leyes tiene lugar en un caso particular. El procedimiento demagógico habitual de los oportunistas consiste en intentar un acercamiento entre la crítica marxista del estado y el anarquismo. Ahora bien, no se trata aquí en modo alguno de ilusiones o utopías anarquistas; se trata solamente de examinar y apreciar el estado de la sociedad capitalista como fenómeno histórico mientras existe todavía. Por consiguiente, se trata de ver en él una simple constelación de poder con la cual hay que contar, de una parte, en los límites de su poder, y solamente en los límites de su poder efectivo, y cuyas fuentes de poder, por otra parte, deben ser estudiadas de la manera más precisa y más amplia, a fin de descubrir los puntos en que ese poder puede ser debilitado y minado. Se encuentran los puntos de fuerza o debilidad del estado en el modo con que éste se refleje en la conciencia de los hombres. Así, la ideología no es solamente un efecto de la organización económica de la sociedad; es también la condición de su funcionamiento pacífico.

Notas


[1] Carta de Marx a Ruge; cf. Obras filosóficas, Ed. Costes, tomo V, p. 210. Subrayado del autor.


[2] Cf. el ensayo «Conciencia de clase» en Historia y Conciencia de Clase.



...

Georg Lukacs: LEGALIDAD E ILEGALIDAD II

II


Ese papel de la ideología adquiere tanto mayor importancia para el destino de la revolución proletaria cuanto que la crisis del capitalismo deja de ser una simple enseñanza del análisis marxista para convertirse en una realidad tangible. Se comprende que en la época en que el capitalismo no estaba todavía interiormente quebrantado, grandes masas de la clase obrera hayan permanecido ideológicamente en el terreno del capitalismo. No estaban al nivel de la postura que exigía una aplicación consecuente del marxismo. «Para conocer una época histórica determinada —observa Marx— debemos rebasar sus límites» cuando se trata del conocimiento del presente, esto representa una hazaña intelectual extraordinaria. Para el conocimiento histórico del pasado el presente mismo constituye el punto de partida, pero aquí todo el medio económico, social y cultural debe ser sometido a un estudio crítico, cuyo punto de Arquímedes —el punto de aplicación a partir del cual todos esos fenómenos pueden ser comprendidos— no se presenta sino como una exigencia, algo «irreal», una «simple teoría», en contraste con la realidad del presente. No se trata aquí de la aspiración a algún mundo «mejor» y «más bello», simple exigencia utópica pequeñoburguesa, sino de la exigencia proletaria, que se identifica con el conocimiento y la expresión de la orientación, la tendencia y el sentido del proceso social, y en nombre de ese proceso dirige la acción hacia el presente. La tarea no es sino más difícil. Igual que el mejor astrónomo, a despecho de sus concepciones copernicanas, conserva la impresión sensible de que el sol «se levanta», del mismo modo el análisis marxista más radical del estado capitalista no puede jamás suprimir la realidad empírica de ese estado y no debe tampoco. La teoría marxista debe colocar al proletariado en una actitud de espíritu singular. El estado capitalista debe aparecer en sus concepciones como el momento de una evolución histórica: no constituye, pues, en modo alguno «el medio natural del hombre», sino simplemente un hecho real cuyo poder efectivo hay que considerar, sin su pretensión de determinar interiormente nuestra acción. La validez del estado y el derecho debe, pues, ser tratada como una realidad puramente empírica. Así, por ejemplo, en un barco de vela el marino debe prestar atención a la dirección exacta del viento sin por ello dejar al viento el cuidado de determinar la ruta a seguir, sino, al contrario, para mantener, al afrontar y utilizar el viento, la ruta originariamente fijada. Esta independencia de espíritu, que en el curso de una larga evolución histórica ha adquirido el hombre progresivamente con relación a las fuerzas adversas de la naturaleza, falta hoy todavía ampliamente al proletariado con relación a los fenómenos de la vida social. Es muy comprensible. Por brutalmente materiales que sean de ordinario, en los casos particulares, las medidas coercitivas de la sociedad, ello no impide que esencialmente el poder de toda sociedad sea un poder espiritual, del cual sólo el conocimiento puede liberarnos, no un conocimiento simplemente abstracto y puramente cerebral (muchos «socialistas» poseen tal conocimiento), sino un conocimiento convertido en carne y sangre, es decir, según la expresión de Marx, una «actividad práctica crítica».

La actualidad de la crisis del capitalismo hace posible y necesario tal conocimiento. A consecuencia de la crisis la vida misma pone en cuestión el medio social habitual y nos hace advertir y experimentar su carácter problemático: por ello tal conocimiento es posible. Además, el poder efectivo de la sociedad capitalista está tan quebrantado, que no estaría ya en condiciones de imponerse por la violencia si, conciente y resueltamente, el proletariado le Opusiera su propio poder; por ello tal conocimiento se hace decisivo y, por consiguiente, necesario para la revolución. El obstáculo a tal acción es de naturaleza puramente ideológica. En medio de la crisis mortal del capitalismo, amplias capas del proletariado experimentan todavía el sentimiento de que el estado, el derecho y la economía burgueses son el único medio posible de su existencia: a sus ojos se podría, aportar múltiples mejoras («organización de la producción»), pero constituye, sin embargo, la base «natural» de «la» sociedad.

Tal es la concepción del mundo que está en la base de la legalidad. No es siempre una traición conciente ni aun siempre un compromiso conciente. Es más bien la actitud natural e instintiva hacia el estado, formación que aparece al hombre como el único punto fijo en medio del caos de los fenómenos. Esta concepción del mundo debe ser superada si el partido comunista quiere proveer una base sana a su táctica legal e ilegal. El romanticismo de la ilegalidad, por el cual comienza todo movimiento revolucionario, se eleva, en efecto, raramente, bajo la relación de la lucidez, por encima de la legalidad oportunista. Como todas las tendencias que aspiran al golpe de estado, subestima considerablemente el poder efectivo que posee la sociedad capitalista aun en su período de crisis; esto puede llegar a ser muy peligroso, pero no es todavía sino el síntoma del mal de que padece siempre esta tendencia, a saber, la falta de independencia de espíritu respecto del estado como simple factor de poder, lo que en definitiva tiene su origen en la incapacidad para poner en evidencia las relaciones que acabamos de analizar. Al atribuir, en efecto, a los métodos y ios medios ilegales de lucha una cierta aureola, al darles el acento de una «autenticidad» revolucionaria particular, se reconoce un cierto valor, y no una simple realidad empírica, a la legalidad del estado existente. La indignación contra la ley en tanto que ley, la preferencia concedida a ciertas acciones a causa, de su ilegalidad, significan que a los ojos del que actúa de esa manera el derecho ha conservado pese a todo su carácter esencial de valor y obligación. Si la entera independencia de espíritu comunista respecto del derecho y el estado está presente, entonces la ley y sus consecuencias calculables no tienen ni más ni menos importancia que cualquier otro hecho de la vida exterior con el cual se debe contar cuando se aprecian las posibilidades de ejecutar una tarea determinada; el riesgo de transgredir las leyes no debe, pues, revestir otro carácter que, por ejemplo, el riesgo de perder el tren en el momento de un viaje importante. Si no es así y si se concede patéticamente la preferencia a la trasgresión de la ley, es prueba de que el derecho ha conservado su valor (aunque afectado por el signo inverso) y que la verdadera emancipación no se ha realizado todavía, puesto que el derecho es aún capaz de influir interiormente la acción. A primera vista, la distinción parecerá quizá artificial, pero hay que reflexionar sobre la facilidad con que partidos típicamente ilegales, como, por ejemplo, el de los socialistas revolucionarios rusos, han encontrado el camino de la burguesía. Si se estudia la dependencia ideológica de esos «héroes de la ilegalidad» con relación a los conceptos jurídicos burgueses tal como ha sido descubierta por las primeras acciones ilegales verdaderamente revolucionarias —las cuales no eran ya trasgresiones románticamente heroicas de leyes particulares, sino el rechazo y la destrucción de todo el orden jurídico burgués—, entonces se ve que no se trata de un formalismo abstracto y vacío, sino de la descripción de una situación real. Boris Savinkov combate hoy en el campo de la Polonia blanca contra la Rusia proletaria: ahora bien, éste no fue solamente el célebre organizador de todos los grandes atentados bajo el zarismo, sino también uno de los primeros teóricos del romanticismo de la ilegalidad.

La cuestión de la legalidad o la ilegalidad se reduce, pues, para el partido comunista, a una cuestión puramente táctica y aun a una cuestión de táctica momentánea, para la cual no pueden ser dadas directivas generales, pues la decisión debe depender enteramente de la utilidad momentánea; en esta postura completamente sin principios reside la única manera de negar prácticamente por principio la validez del orden jurídico burgués. No son los únicos motivos de oportunidad los que prescriben esta táctica a los comunistas, dado que su táctica puede adquirir así la mayor flexibilidad de adaptación en la elección de los medios necesarios en un momento dado y los medios legales e ilegales deben alternarse sin cesar o aun a menudo ser empleados simultáneamente en los mismos asuntos para combatir a la burguesía de una manera verdaderamente eficaz; esa táctica debe ser empleada también para que el proletariado haga su propia educación, revolucionaria. El proletariado no puede, en efecto, liberarse de su dependencia ideológica respecto de las formas de vida que el capitalismo ha creado salvo si ha aprendido a actuar de manera que esas formas —tornadas indiferentes como motivación— no sean ya capaces de influir interiormente su acción. Su odio a esas formas y su deseo de aniquilarlas no se aminorarán por ello en lo absoluto. Sólo al contrario, ese desapego interior puede, a los ojos del proletariado, conferir al orden social capitalista el carácter de obstáculo execrable a una sana evolución de la humanidad ' —el carácter de un obstáculo condenado a muerte, pero también mortalmente peligroso—, lo que es absolutamente necesario para, que el proletariado tenga una actitud conciente y permanentemente revolucionaria. Esta educación del proletariado por sí mismo es un proceso largo y difícil que le hace tornarse «maduro» para la revolución; dura tanto más tiempo cuanto que en un país el capitalismo y la cultura burguesa han alcanzado un grado elevado de evolución y, por consiguiente, el proletariado ha sido afectado por el contagio ideológico de las formas de vida capitalistas.

La necesidad de determinar las formas oportunas de la acción revolucionaria coincide felizmente —lo que no es evidentemente por azar— con las exigencias de ese trabajo de educación. Cuando, por ejemplo, las tesis adicionales adoptadas en el II Congreso de la Tercera Internacional respecto del parlamentarismo, afirman la necesidad de una entera subordinación del grupo parlamentario al comité central (eventualmente ilegal) del partido, esto no deriva solamente de la necesidad absoluta de unificar la acción; esto contribuye también a rebajar sensiblemente en la conciencia de las grandes masas proletarias el prestigio del parlamento (prestigio que está en la base de la autonomía del grupo parlamentario, fortaleza del oportunismo). Lo que demuestra la necesidad de esta medida es, por ejemplo, el hecho de que, reconociendo interiormente tales instituciones, el proletariado inglés ha dirigido constantemente su acción por vías oportunistas. Tanto la esterilidad que caracteriza al empleo exclusivo de la «acción directa» antiparlamentaria como la esterilidad de las discusiones sobre las ventajas de uno u otro método muestran que ambos son igualmente, aunque bajo formas opuestas, prisioneros de prejuicios burgueses.

Si es necesario emplear simultánea y alternativamente los medios legales e ilegales, es porque sólo esto permite descubrir, bajo la máscara del orden jurídico, el aparato de coacción brutal al servicio de la opresión capitalista, lo que es la condición de una franca actitud revolucionaria respecto del derecho y el estado. Si uno de los dos métodos es empleado exclusivamente o predomina simplemente, aunque sólo fuera en ciertos sectores, entonces la burguesía conserva la posibilidad de mantener su orden jurídico, como derecho, en la conciencia de las masas. Uno de los fines principales de la actividad de todo partido comunista es obligar al gobierno de su propio país a violar su propio orden jurídico y al partido legal de los social-traidores a apoyar abiertamente esa «violación del derecho». En ciertos casos y principalmente cuando los prejuicios nacionalistas oscurecen la mirada del proletariado, esta «violación del derecho» puede ser ventajosa para el gobierno capitalista, pero es cada vez más peligrosa para él a medida que el proletariado comienza a reagrupar sus fuerzas para la lucha decisiva. De ahí, es decir, de la prudencia reflexiva de los opresores, nacen las ilusiones perniciosas sobre la democracia y el tránsito pacífico al socialismo, y esas ilusiones son fortalecidas por el legalismo a toda costa de los oportunistas, que, a la inversa, permite a la clase dominante adoptar su actitud de prudencia. Sólo una táctica realista y lúcida, que emplee alternativamente todos los medios legales e ilegales, dejándose guiar únicamente por la consideración del objetivo, podrá encaminar por vías sanas esta empresa de la educación del proletariado.

Georg Lukacs :LEGALIDAD E ILEGALIDAD III

III


La lucha por el poder no podrá sin embargo sino iniciar esta educación pero no podrá acabarla. Reconocido hace ya mucho tiempo por Rosa Luxemburgo, el carácter necesariamente «prematuro» de la toma del poder se manifiesta sobre todo en el campo de la ideología. Muchos rasgos de toda dictadura del proletariado en sus comienzos son justamente explicables por el hecho de que el proletariado está obligado a apoderarse del poder en una época y en un estado de espíritu tales, que experimenta todavía el orden social burgués como orden auténticamente legal. Como todo orden jurídico, el del gobierno de los consejos está fundado en su reconocimiento como orden legal por capas de la población bastante amplias para que no se vea obligado a recurrir a la violencia sino en casos particulares. Ahora bien, a primera vista está claro que no puede en ningún caso contar desde el comienzo con este reconocimiento de parte de la burguesía. Una clase habituada tradicionalmente desde numerosas generaciones a mandar y gozar de privilegios no podrá jamás acomodarse fácilmente al mero hecho de una derrota y soportar pacientemente y sin más el nuevo orden de cosas. En primer lugar, debe ser quebrada ideológicamente antes de entrar voluntariamente al servicio de la nueva sociedad y ver en sus leves un orden jurídico y legal, y no ya simplemente la realidad brutal de una relación provisional de fuerzas que, mañana, podrá ser invertida. Es ingenua la ilusión de creer que esta resistencia, manifiéstese en forma de contrarrevolución abierta o en forma de sabotaje latente, podría ser reducida por concesiones de cualquiera naturaleza que fueran. El ejemplo de la república de consejos húngaros demuestra que todas esas concesiones, que en este caso eran también, sin excepción, concesiones a la socialdemocracia, refuerzan la conciencia que tienen las antiguas clases reinantes de su poder, difieren y aun hacen imposible la aceptación interior por ellas del reino del proletariado. Pero ese retroceso del poder de los soviets tiene consecuencias todavía más catastróficas sobre el comportamiento de las amplias masas pequeñoburguesas, pues el estado aparece efectivamente a sus ojos como el estado en general, el estado a secas, como entidad revestida de una majestad abstracta. En esas condiciones, hecha abstracción de una política económica hábil que sea capaz de neutralizar ciertos grupos particulares de la pequeña burguesía, depende del proletariado lograr o no revestir su estado de una autoridad que vaya por delante de la fe en autoridad, de la inclinación a la sumisión voluntaria a «el» estado extendida en ese medio. Las vacilaciones del proletariado, su falta de fe en su propia vocación de mandar pueden, pues, arrojar a esas capas pequeñoburguesas en los brazos de la burguesía y la contrarrevolución abierta.

Bajo la dictadura del proletariado la relación entre legalidad e ilegalidad cambia de función por el hecho de que la antigua legalidad se torna ilegal y a la inversa, pero ese cambio no puede acelerar al máximo sino un poco el proceso de emancipación ideológica comenzado bajo el capitalismo; no puede en modo alguno acabarla de un solo golpe. Igual que una derrota no puede hacer perder a la burguesía el sentido de su propia legalidad, tampoco el solo hecho de una victoria puede elevar al proletariado a la conciencia de su propia legalidad. Esa conciencia, que no ha podido madurar sino lentamente en la época del capitalismo, no terminará sino poco a poco su proceso de madurez durante la dictadura del proletariado. Sólo después de la toma del poder el proletariado se familiariza con la obra intelectual que el capitalismo ha edificado y salvaguardado; no sólo no adquiere sino entonces una comprensión mucho mayor de la cultura de la sociedad burguesa, sino que también amplios medios proletarios tienen conciencia del trabajo intelectual que exige la dirección de la economía y el estado. A esto se añade que el proletariado, falto en muchos aspectos de experiencia práctica y tradiciones en el ejercicio de una actividad independiente y responsable, experimenta a menudo la necesidad de tal actividad menos como una liberación que como un fardo. Finalmente, los hábitos de vida pequeñoburgueses, a menudo aun burgueses, de los medios proletarios que ocupan una gran parte de los puestos dirigentes, le hacen ver el aspecto precisamente nuevo de la nueva sociedad como extraño y casi hostil.

Todos esos obstáculos serían anodinos y podrían ser superados fácilmente si la burguesía no se mostrara, tanto tiempo al menos como el que debe luchar contra el estado proletario, mucho más madura y evolucionada que el proletariado; para ella el problema ideológico de la legalidad y la ilegalidad ha sufrido un cambio de función equivalente. La burguesía, en efecto, tiene el orden jurídico del proletariado por ilegal, con la misma ingenuidad y la misma seguridad que ponía en la afirmación de su propio orden jurídico como legal. Nosotros exigimos del proletariado que lucha por el poder que no vea en el estado de la burguesía sino una simple realidad, un simple factor de poder; es lo que la burguesía hace ahora instintivamente. Pese a la conquista del poder del estado, la lucha es, pues, desigual para el proletariado en tanto no haya adquirido la misma seguridad ingenua de que sólo su orden jurídico es legítimo. Esta evolución, sin embargo, es gravemente estorbada por el estado de espíritu insuflado al proletariado por la educación de los oportunistas en el curso de su proceso de liberación. Como el proletariado se ha habituado a ver las instituciones del capitalismo aureoladas de legalidad, le es difícil no hacer otro tanto respecto de los vestigios de aquellas que duran largo tiempo. Después de la toma del poder, el proletariado permanece todavía intelectualmente prisionero de los límites trazados por la evolución capitalista. Esto se manifiesta, por un lado, en que deja intactas cosas que debiera abatir totalmente y, por otro, en que no destruye ni construye con la seguridad del soberano legítimo, sino alternativamente, con la vacilación y la prisa del usurpador, que en sus pensamientos, sentimientos y determinaciones se anticipa ya interiormente a una inevitable restauración del capitalismo.

No pienso solamente en el sabotaje, más o menos abiertamente contrarrevolucionario, de la socialización por la burocracia sindical durante toda la dictadura de los consejos húngaros, sabotaje cuyo fin era el restablecimiento del capitalismo con el menor número posible de fricciones. Tan a menudo evocada, la corrupción de los soviets tiene aquí igualmente una de sus fuentes principales. Tiene su origen, en parte, en la mentalidad de numerosos funcionarios de los soviets, quienes también esperaban interiormente el regreso del capitalismo «legítimo», y en consecuencia pensaban constantemente en la manera con que eventualmente podrían justificar sus acciones; en parte, en el hecho de que muchos de los que participaban en actividades necesariamente «ilegales» (contrabando de mercancías, propaganda en el extranjero) no llegaban a discernir intelectualmente y, sobre todo, moralmente que, desde el punto de vista decisivo, a saber, el del estado proletario, su actividad era tan «legal» como otra cualquiera. En hombres poco seguros moralmente esa falta de claridad se traducía en la corrupción abierta; en más de un revolucionario honesto, ello se manifestaba en una exageración romántica de la «ilegalidad», una búsqueda inútil de posibilidades «ilegales», la ausencia del sentimiento de que la revolución era legítima y que tenía el derecho de crear su propio orden jurídico.

En la época de la dictadura del proletariado, el sentimiento y la conciencia de la legitimidad deben revelar a la independencia de espíritu respecto del derecho burgués, exigencia de la etapa precedente a la revolución. Pero, pese a esta metamorfosis, la evolución conserva, en tanto que evolución de la conciencia de clase proletaria, su unidad y su dirección en línea recta. Esto aparece de la manera más clara en la política exterior de los estados proletarios, que, frente a las potencias capitalistas, deben —con medios en parte, pero solamente en parte, diferentes— librar la misma lucha que en los tiempos en que preparaban la toma del poder en su propio estado. Las negociaciones de paz de Brest-Litovsk han testimoniado ya brillantemente el alto nivel y la madurez de la conciencia de clase en el proletariado ruso. Aunque hayan negociado con el imperialismo alemán, los representantes del proletariado ruso han reconocido, sin embargo, a sus hermanos oprimidos del mundo entero como sus verdaderos compañeros legítimos en torno a la mesa de negociaciones. Aunque Lenin haya apreciado la relación efectiva de las fuerzas con la inteligencia más elevada y la lucidez más realista, dejó a sus negociadores hablar constantemente al proletariado mundial y en primer lugar al proletariado de las potencias centrales. Su política exterior era menos una negociación entre Rusia y Alemania que un estímulo a la revolución proletaria, a la conciencia revolucionaria en los países de la Europa central. Por grandes que hayan sido los cambios de la política interior y exterior del gobierno de los consejos, por estrecha que haya sido constantemente la adaptación de esa política a las relaciones, reales de fuerzas, el principio de la legitimidad de su propio poder ha seguido siendo un punto fijo en esa evolución: de esa manera, fue también el principio del despertar de la conciencia revolucionaria de clase del proletariado mundial. Por lo que el problema del reconocimiento de la Rusia soviética por los estados burgueses no debe estar ligado solamente a la consideración de las ventajas que Rusia puede sacar de ello, sino también al principio del reconocimiento por la burguesía de la legitimidad de la revolución proletaria consumada. Según las circunstancias en que se efectúa, ese reconocimiento cambia de significación. Su efecto sobre los elementos vacilantes de las clases pequeñoburguesas en Rusia, como sobre los del proletariado mundial, es el mismo en lo esencial, a saber: una ratificación de la legitimidad de la revolución proletaria necesaria para adquirir el sentimiento de la legalidad de las instituciones estatales de la república de los consejos. Los diversos medios de la política rusa —a saber, el aniquilamiento implacable de la contrarrevolución interior, la actitud valiente frente a potencias victoriosas (hacia las cuales Rusia no ha adoptado jamás, como lo ha hecho la Alemania burguesa, el tono de un vencido), el apoyo dado abiertamente a los movimientos revolucionarios, etc.— sirven al mismo fin. Provocan el desmoronamiento de ciertos sectores del frente contrarrevolucionario interior y le hacen inclinarse ante la legitimidad de la revolución. Dan al proletariado una conciencia revolucionaria de sí que refuerza el conocimiento que tiene de su propia fuerza y su propia dignidad.

La madurez ideológica del proletariado ruso se pone de manifiesto precisamente en aquellos aspectos de la revolución que a los ojos de los oportunistas occidentales y sus adoradores de la Europa central pasan por signos de su carácter atrasado, a saber, el aplastamiento claro y sin equívocos de la contrarrevolución interior y la lucha intrépida, tanto ilegal como «diplomática», por la revolución mundial. El proletariado ruso ha llevado su revolución a la victoria no porque las circunstancias le han puesto el poder en las manos (fue éste también el caso del proletariado alemán en el movimiento de 1918 y el del proletariado húngaro en el mismo momento y en marzo de 1919), sino porque, templado por una larga lucha ilegal, ha reconocido claramente la esencia del estado capitalista y ajustado su acción, no a fantasmas ideológicos, sino a la realidad verdadera. El proletariado de la Europa central y occidental tiene todavía un duro camino delante de si. Para llegar, luchando, a la conciencia de su vocación histórica y de la legitimidad de su dominación, debe aprender primero a discernir el carácter puramente táctico de la legalidad y la ilegalidad, desembarazarse, en resumen, tanto del cretinismo de la legalidad como del romanticismo de la ilegalidad.


Julio de 1920.

martes, 26 de enero de 2010

Eligen alcalde que rechaza la instalacion de base militar norteamericana



Susumu Inamune se ha convertido con un ajustado margen de votos en nuevo alcalde de la ciudad japonesa de Nago, donde Estados Unidos pretende realojar su base aérea de Futenma, una mudanza que ha provocado un tenso enfrentamiento con el Gobierno japonés durante los últimos meses.

El primer ministro de Japón, Yukio Hatoyama, ha advertido de que tenía previsto esperar al resultado de estos comicios para decidir sobre la puesta en práctica del acuerdo firmado con Estados Unidos en 2006, firmado con el entonces gobernante Partido Liberal Democrático. Dicho acuerdo estipulaba que la base de Futenma quedaría realojada en el área de Henoko, una idea que el nuevo alcalde rechaza de pleno.

"Hice mi campaña electoral con la promesa de que no se construiría una nueva base en las aguas de Henoko y me atengo a esa promesa con convicción", declaró Inamine ante sus partidarios tras su ajustada victoria por menos de dos mil votos de diferencia sobre su rival y predecesor en el cargo, Yoshikazu Shimabukuro, según informa la agencia oficial de noticias japonesa, Kiodo.

Imamine ha ganado los comicios al obtener 17.950 votos a favor por 16.362 de su oponente. El índice de participación, según los datos recabados por la Junta Electoral de Nago, ha alcanzado el 76,96 por ciento.

Tomdo de EUROPA PRESS