martes, 9 de septiembre de 2014

EL REINO ES EN LA TIERRA *


Ahora necesitamos averiguar si el comunismo de los primeros cristianos lo inventaron éstos o se basaron en enseñanzas de Jesucristo y de toda la tradición bíblica. Con otras palabras : nos incumbe ampliar la visión más allá del libro llamado Hechos de los Apóstoles . Y con ello empezaremos a precisar el porqué moral y obligatorio del comunismo. Pero Pero como nos vamos a basar primero en tres autenticas sentencias de Jesucristo relacionadas con el Reino de Dios, y como a muchos el suponer que el Reino es de otro mundo les ha impedido la intelección de esas sentencias, necesitamos anteponer una aclaración que en sí misma es de extrema importancia pero que en el hilo del presente escrito tiene carácter de nota previa.

Para comenzar comparece Mt. 13,11(“ A vosotros os ha sido dado conocer los misterios del Reino de los Cielos “) por una parte , con Mc 4,11 ( “ A vosotros os ha sido dado conocer los misterios del Reino de Dios”) por otra.

Es una muestra. Podríamos alargar la lista de comparaciones entre el texto de Mateo y los textos de Marcos y Lucas. Los estudiosos coinciden en afirmar que Mateo sistemáticamente sustituye la expresión original “Reino de Dios “ por “Reino de los Cielos “, y se han preguntado preguntado el porqué de esta sistemática modificación redaccional . Y también coinciden en la respuesta. Importa destacar esto: todos los exegetas que tocan el asunto, tanto los conservadores como los liberales , tanto los de tendencia ultramundana como los de tendencia terrenal, explican el fenómeno redaccional por la costumbre del judaísmo tardío de evitar toda mención explicita del nombre de “Dios”. Se decía “ los cielos” o incluso “ el nombre” en vez de decir “Dios” . Se creía obedecer así el mandamiento del decálogo que prohíbe tomar el nombre de dios en vano. Hoy nos parece excesivo ese respeto y Cristo mismo no lo observaba, pero el hecho literario no se puede negar porque está sobreabundantemente documentado por escritos rabínicos del siglo primero a.C. y del siglo primero d.C. todavía hoy en nuestra s lenguas occidentales quedan rastros . Decimos a veces “ el cielo te proteja” cuando lo que en realidad queremos decir es “ Dios te proteja”.

Ni siquiera se trata, por tanto de que Mateo por su cuenta tiende a colocar el Reino en otro mundo. Es simplemente el habitual circunloquio del judaísmo tardío que evita lo más posible mencionar el nombre de Dios. O el redactor que llamamos Mateo (que por cierto no es el apóstol) usaba ese circunloquio o lo encontró así en los escritos que utilizó para redactar su evangelio. Y cuando hay motivo especial, el mismo hace excepción.

En cuanto a donde se haya a realizar el Reino , Mateo no tiene dudas . En la parábola de la cizaña (Mt 13, 24-30 y 36-43), que es una parábola sobre el Reino , expresamente dice que “ el campo es el mundo” (v. 38), y al final de la historia no dice que el Reino será trasladado a alguna parte sino que “ el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles que quitaran de su Reino todos los escándalos y a todos los hacedores de iniquidad” (v.41), y entonces “los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre” (v. 43).

Por consiguiente, también para Mateo, lo mismo que para todos los autores sacros conocidos , tanto veterotestamentarios como neotestamnetarios , el Reino es en la tierra . Ahora bien la expresión mateana “el Reino de los Cielos” era la única que les servía de pretexto a los teólogos escapistas para sostener que el reino debería de realizarse en otro mundo. Ni siquiera el hablar de la gloria o de entrar en la gloria les podía servir de apoyo, pues los salmos explícitamente enseñan. “La salvación está cerca para los que Le temen, de suerte que la gloria habitará en nuestra tierra“ (Ps 85,10).

Claro que el circunloquio mateano “de los cielos” era un mero pretexto. Si no hubieran estado cegados por el desprecio que la teología escapista le dedica a nuestro mundo, el mismo salterio les habría bastado para saber dónde es el Reino. Por ejemplo, en Ps 74, todo dedicado a "Yahvé mi rey desde tiempo antiguo" (v.12), cuyo reinado consiste en salvar "al pobre y al indigente" (v.21), terminan pidiéndole que ataque a todos los opresores (vv.22-23), pues tiene que "realizar salvación en medio de la tierra" (v.12). Y el Ps 10 proclama mirando hacia el futuro: "Yahvé es rey eternamente para siempre, los gentiles han sido barridos de su tierra" (v.16). Lo mismo habrían podido encontrar en el entero capítulo 32 de Isaías, en el Ps 146 y en cientos de textos veterotestamentarios más.

Pero con nada se demuestra tanto la ceguera mencionada como con el hecho de que ni siquiera los impresionara la oración que Cristo nos enseñó y que ellos rezaban todos los días: "Venga tu Reino" (Mt 6,10; Le 11,2). No dice "llévanos a tu Reino" ni "trasládanos hacia tu Reino", sino que dice "venga tu Reino". ¿Adonde había de venir si no es a la tierra, que es donde estamos los que decimos "venga"? Que los escapistas no leyeran el salterio con cuidado, es achaque frecuente aunque indebido; pero que no se fijaran ni en el Padre Nuestro, es realmente el colmo de la obcecación.

Por lo demás, no uno de los contenidos, sino el contenido mismo de la "buena noticia" proclamada por Jesucristo, o sea el contenido del Evangelio en su sentido estricto, es "ha llegado el Reino" (Mc 1,15 y paralelos). ¿Adónde puede haber llegado si no es a la tierra? Incluso se dice "ha llegado a vosotros el Reino de Dios" (Le 11,20; Mt 12,28). Lo único que puede entenderse es que ha llegado a la tierra en la que están los interlocutores a quienes Jesús dice: "ha llegado a vosotros". Por tanto, sostener que el Reino es en otro mundo equivale a negar el contenido mismo del Evangelio. Y decir, como escapatoria desesperada, que el Reino en parte es en este mundo y en parte en otro, es lanzar una tesis totalmente des-provista de apoyo en la enseñanza de Jesucristo.

Incluso el Apocalipsis, en el que se vive hablando de la Jerusalén Celestial, al final nos dice: "Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios" (Apoc 21,2), "Y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, descendiendo del cielo, de junto a Dios" (Apoc 21,10). El Reino se prepara en el cielo o reside temporalmente en el cielo, pero su destinación final es la tierra; por eso dice el vidente que lo "vio bajar"; porque es en la tierra donde tiene que establecerse. Ya nos había di¬cho: "Y los hizo ser Reino y sacerdotes para nuestro Dios y reinarán sobre la tierra" (Apoc 5,10), y al final del libro añade: "y reinarán por los siglos de los siglos" (Apoc 22,5). Si expresamente nos dice que el Reino será sobre la tierra, ocioso resulta preguntar hacia dónde desciende o baja del cielo la nueva Jerusalén.

Referirnos al Apocalipsis en este contexto es importante porque ese libro menciona en 2,7 la palabra "paraíso" que para los escapistas ha sido, equivocadamente, el as en la manga. Antes notemos que el Reino de Dios es en la tierra, como lo demuestran los textos ya citados, y que sobre eso no hay ni el menor titubeo en los autores sacros; qué cosa sea el paraíso o el estar con Cristo o el seno de Abraham o el tesoro celeste, es una cuestión que bien podríamos dejar de lado, porque lo que nos importa es el Reino definitivo que constituye el contenido central del mensaje de Jesucristo; les regalo el paraíso a los escapistas. Pero los pasajes citados del Apocalipsis dan la misma clave que los más autorizados investigadores (Strack-Billerweck y Joaquín Jeremías) han encontrado en la copiosa documentación judía.

Aun sin utilizar el término paraíso, en el Apocalipsis aparece el jardín de Dios como resumen de la gloria y de la plenitud: el Apocalipsis describe la Jerusalén final como paraíso cuando habla de los árboles de la vida y del agua de la vida (22; cf. vv. 14 y 19), de la destrucción de la antigua serpiente (20,2, cf. v.10), de la supresión del sufrimiento, de la necesidad y de la muerte (21,4). El lugar de residencia del paraíso definitivo es, según 21,2.10, la Jerusalén de la tierra renovada (J. Jeremías TWNT V 767).

El paraíso es la Jerusalén provisionalmente celeste que al final de cuentas descenderá del cielo y se instalará en nuestra tierra por los siglos de los siglos. Según la Biblia, las situaciones fuera de nuestro mundo son transitorias e interinas, tanto si se llaman paraíso como si se llaman seno de Abraham o tesoro celeste o estar con Cristo o tercer cielo. Como el Nuevo Testamento emplea terminología del judaísmo contemporáneo y éste ofrece documentación exuberante, a los estudiosos no les ha quedado la menor duda al respecto.

Por ejemplo, la parábola lucana de Epulón y Lázaro (Lc 16, 19-31) sitúa típicamente al primero en el hades (v.23) que es el termino técnico para designar el lugar de tormento después de la muerte de los injustos, en contraste con géenna que es el lugar definitivo de tormento después del juicio final (cf. Strack- Billerweck II 228 y IV 1040; la terminología en Testamentum Abrahae 20A y en 4 Esdras 7,85-93). El “seno de Abraham” (Lc 16,22), que se usa como pareja y confrontación con hades, es igual mente provisional mientras llega la realización del Reino que incluye resurrección de los muertos.

Asimismo, en Mt 5,12 no se dice mucha recompensa recibiréis en los cielos sino “vuestra recompensa es grande en el cielo” que es el lugar donde provisionalmente se guarda. Comenta Theodor Zahn: “Después de la bienaventuranzas de Mt 5, 3-10 , es obvio que el premio (mencionado en 5,12 ) se les dará a los discípulos sólo en el Reino que hay que establecer en la tierra” (Das Evangelium des Matthäus, Leipzig 1910,197). Y en efecto, si Mateo acaba de decir de los bondadosos que “ ellos heredaran la tierra” (5,5) no puede haber ni un vislumbre de duda al respecto. La idea de Mt 5,12 es la misma de Act 10,4 : Tus oraciones y tus limosnas han subido como recordatorio ante la presencia de Dios.” Esa misma idea ya estaba en Tob 12,12-15.

De la misma manera , la conversación de Cristo crucificado con el buen ladrón demuestra precisamente lo contrario de lo que la teología escapista quisiera : “ cuando vengas a tu Reino” contrasta deliberadamente con “hoy mismo [. . . ] en el paraíso” (Lc 23,42-43). Jesús no niega que después vendrá a su Reino, que por cierto es en la tierra, pues en la tierra está el buen ladrón al decir “ cuando vengas”.

Bueno pero no se crea que una interpretación de la biblia es una construcción conceptual que cada quien invita según su mentalidad y que se exhibe al lado de otras interpretaciones para que el publico escoja entre ellas la que más le convenga. Hablar de un Reino de Dios en otro mundo no sólo es fundar una relación nueva sin relación alguna con la enseñanza de Cristo (ninguno de los textos que la teología escapista esgrime menciona al Reino), es afirmar exactamente lo contrario de lo que Cristo enseña: "Ha llegado a vosotros el Reino" y "Venga tu Reino". El hecho de que la tradición haya enseñado por siglos que el Reino es en otro mundo, sólo demuestra que la tradición traicionó a Jesucristo y fundó otra religión completamente distinta.

Hemos terminado la aclaración que la sección tercera de nuestro presente capítulo se proponía hacer. Era necesaria para lo que sigue, pero considérese la importancia que tiene en sí misma: la resistencia de los conservadores contra la supresión de la propiedad privada en el Reino de Dios, depende de dónde se sitúe el Reino. Incoherencia prodigiosa. Si el Reino se coloca en el cielo, aceptan que los textos relativos al Reino dan por abolida la propiedad privada. Si el Reino se ubica en la tierra, niegan que esos mismos textos den por abolida la propiedad privada. Evidentemente, no pueden sostener que en el cielo persista la propiedad privada. Pero, según Jesucristo, eso que ellos colocan en el cielo, es en la tierra. Para dudarlo necesitan negar al Padre Nuestro y el contenido central y único de la buena noticia, del Evangelio. Con qué conciencia pueda hacerse ese cambio de interpretación de unos y los mismos textos según se trate del cielo o de la tierra, dejamos que el lector lo juzgue.

* Tercera parte del primer capitulo de  Comunismo en la Biblia de José Porfirio Miranda , Siglo XXI editores, 1981.